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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19981101

Título: Hay que vestirnos de amor y de vida en este dia de la fiesta de Todos los Santos

Original en audio: 18 min. 11 seg.


Queridos Amigos:

Contemplando este paisaje lleno de colorido con los rostros, vestidos, sombrillas, disfraces, sonrisas, ¿cómo no relacionarlo con el texto que acabamos de escuchar en el Apocalipsis? El Apocalipsis nos dijo que Juan, ese vidente, había visto una multitud de toda raza, lengua, pueblo o nación, una multitud que llegaba, que entraba a una plenitud de la gloria de Dios en los cielos.

Y cada vez que nosotros nos reunimos en la Eucaristía, especialmente en una circunstancia como esta, llena de color y de diversidad, se cumple una partecita del Apocalipsis, tenemos como una muestra de lo que Dios quiere hacer con nosotros.

Cada uno de nosotros ha salido de su casa, de su barrio, de su grupo. Cada uno ha venido aquí para celebrar, con todos sus hermanos, en familia, esta presencia maravillosa de Dios que nos ha transformado, que nos ha cambiado, que promete cambiarnos más, que promete renovarnos, que promete llevarnos hasta su plenitud en los cielos. Todos y cada uno de nosotros hemos recibido una llamada de Dios, hemos sido tocados por el amor de Dios. Así será el cielo.

Cuando nosotros nos reunimos en la Eucaristía, tenemos una imagen de lo que va a suceder en los cielos, este es el primer pensamiento que quería compartir con ustedes. Primera idea: la Eucaristía es un adelanto para el cielo y cuando llegamos a la Eucaristía y somos tan distintos, pero al mismo tiempo somos tan hermanos, tenemos una idea, tenemos un adelanto de lo que es el cielo. Esa es la primer idea en esta tarde: la Eucaristía es un adelanto del cielo, bendito sea Dios.

Vamos con la segunda idea: hoy estamos aquí congregados, en una reunión de la familia de Dios y, por consiguiente, esta Eucaristía se parece a todas; es el mismo Cristo, claro, pero esta vez, por la multitud de las personas nos congregamos aquí en esta plaza de Banderas, es una Eucaristía campal, es una Eucaristía a campo abierto.

Y yo no sólo me acuerdo del Apocalipsis que acabamos de escuchar, sino que me acuerdo también de Jesús, porque muchas veces Jesucristo tuvo que predicar así, a campo abierto.

No me vaya a tomar como un regaño, por favor, pero yo veía hace rato a una de las niñas que están aquí en la Eucaristía, una niña pequeña comiéndose su colombina con la mayor naturalidad del mundo, desde luego, que si esa niña estuviera dentro de una Iglesia, yo creo que no se comería esa colombina, no me lo vaya a tomar como regaño a esa niña, no lo digo por eso, sino lo digo porque me acordé de Jesucristo.

Yo me acordé que Cristo predicaba también así a campo abierto, y mientras yo escuchaba las lecturas que nos estaban proclamando ahorita, yo decía: ¿cuál sería ese secreto de Jesucristo? Quién sabe que hacía Jesucristo para atraer la atención de las personas, porque aquí hay algo que es difícil.

Es atraer y conservar la atención de las personas cuando uno está a campo abierto: el carro que pasa, el ave que vuela, que el sol sale, que se oculta, una nube, el viento, el calor, la gente que se mueve, todo parece distraernos. Entonces yo pensaba en esa Palabra maravillosa de Jesús.

Yo quisiera que Jesús me diera algo de sus palabras maravillosas; yo quisiera que Jesús me regalara, como predicador, como sacerdote, como lo pido para todos mis hermanos sacerdotes, que nos regale a nosotros su palabra fascinante, su palabra encantadora, su palabra maravillosa.

Que Jesús nos regale a todos nosotros, predicadores, esa palabra maravillosa que atrae la atención, precisamente cuando es más difícil, precisamente cuando nos encontramos así, a campo descubierto.

¿Y por qué es tan difícil predicar a campo descubierto? Pues ya lo he dicho, porque todo parece distraernos; pero hay aquí, mis amigos, una enseñanza, y es la segunda enseñanza que quiero compartir con ustedes.

En medio de todas las distracciones del mundo, Jesucristo tiene una palabra capaz de cautivar, capaz de atraer el corazón, capaz de llamarnos a una vida distinta. Lo que está pasando en esta Eucaristía, sirve también como una imagen de lo que Jesús hace en toda nuestra vida, porque las distracciones no están sólo aquí en la plaza de Banderas, las distracciones no están sólo aquí en el final de este sábado que, litúrgicamente, ya lo celebramos como domingo.

Las distracciones no están sólo en este lugar ni en este tiempo. Si nosotros pensamos en nuestra vida diaria, cuántas cosas hay que nos atraen, que nos retraen y nos distraen; cuántas cosas que podrían hacernos olvidar de jesucristo. Y por eso, nuestra segunda enseñanza es: en medio de la confusión del mundo presente, la voz de Jesucristo nos atrae hacia el Padre.

En medio de todas las cosas que nos podrían distraer, como en este momento que estamos en la Misa, cuántas cosas podrían distraernos en medio de la confusión del mundo presente; en medio de todo lo que sucede, de la gente que pasa, de la gente que va y que viene, del que compra y del que vende, en medio de todo, Jesús, la voz de Jesús, nos atrae hacia el Padre.

Nuestra primera eseñanza era: la eucaristía es una anticipación del cielo, la segunda enseñanza es: en medio de la confusión del mundo presente, que con una y con otra cosa intenta como robarnos la atención, en medio de esa confusión, está la voz de Jesucristo y la voz de Jesús puede atraer nuestro corazón, puede llevar nuestro corazón hasta el Padre.

Por eso es importante que nosotros despertemos el oído a esa voz, a esa voz maravillosa del Señor, porque en medio de la confusión del mundo, la voz de Cristo, como una soga, como un lazo tendido, para que no nos ahoguemos, nos pueda atraer y nos pueda llevar hasta el Padre; y esta es precisamente la vida de santidad, esta es precisamente la vida que Cristo ha querido para cada uno de nosotros.

Vamos con un tercer pensamiento, con una tercera y última reflexión en esta Eucaristía de familia, en esta hermosa Eucaristía. Estamos en una fiesta muy particular, la fiesta de Todos los Santos, pero por aquellas costumbres que tiene la "Familia Minutos de Dios", esta Eucaristía del último sábado del mes, siempre toma las lecturas del siguiente domingo, es decir, hoy estamos celebrando la fiesta de mañana domingo.

Y mañana es primero de noviembre y estamos celebrando la fiesta de Todos los Santos, pero aquí hay una particularidad que no sucede en los otros sábados y que no sucede en los otros días y es que la víspera del primero de noviembre se llama treinta y uno de octubre, y considero que es un éxito maravilloso que todos estos niños vestidos de alegría, porque ellos no están disfrazados, ellos están vestidos de alegría.

Aquí está toda la jungla, vea: aquí puede uno ver conejos, tigres, osos, ahí, por ejemplo, hay un osito dormilón, un osito descansando; un ratoncito, un obispo que tiene unos seis años, levántenlo, por favor, para que se vea, pero quítenle esa calabaza horrible que tiene en la mano, ¡qué calabazas ni qué nada!, levante al señor obispo.

"¿Pero, Fray Nelson, usted no sabe calcular que el obispo tiene año y medio?" Tenemos también reinas de belleza, mariachis; aquí tenemos de todas las razas, tenemos gente llanera; aquí tenemos una señorita con antenitas de vinilo, y están viniendo una multitud de niños, maravilloso me parece, muchos niños hermosos, esto es hermoso; hay también hormigas, una oveja, otro niño, disfrazado del Divino Niño, tiene un precioso rosario al cuello.

Bueno, les quiero contar que hoy es treinta y uno de octubre y que en, la "Familia Minuto de Dios", hemos querido que los niños aprenda a disfrazarse de alegría, de vida, de amor, de santidad, por eso tenemos angelitos; también por allá estaba otra preciosa niña vestida de la Virgen María; esta es una fiesta preciosa.

Estamos mostrando, con la alegría de estos niños, con su felicidad y con la participación de sus familias, que nosotros podemos vestirnos de alegría, que nosotros podemos vestirnos de vida. Esta fecha, de una tradición lamentable, se ha venido asociando con cosas tenebrosas, de diablos, de brujas, de calabazas, de esqueletos. Yo le pido a Dios que se multipliquen las fiestas de la alegría y de la vida, que se multipliquen las fiestas de amor y santidad, ¡y que mueran las fiestas de la brujería, del satanismo!

Por eso, a estos papás y mamás que han vestido a sus niños de alegría, de indígenas, de campesinos, de angelitos, de conejitos, que los han vestido de ternura y amor, ¡ustedes papás merecen un aplauso! Ustedes se merecen un aplauso, porque ustedes les están enseñando a los niños que la alegría que la vida, el amor y la ternura tienen su espacio y tienen su lugar junto a Dios, y es bien importante. Esto es la inmensa importancia, mis amigos.

Por eso, nuestra tercera enseñanza, nuestro tercer mensaje de esta tarde es, precisamente, eso. Por eso, mis amigos, vamos a enseñarle a los niños la cultura de la vida, de la fe y del amor. A estos niños que estuvieron aquí, a estas preciosas niñas campesinas, mariachis, ángeles, caciques, religiosas, vírgenes; a estas niñas no se les va a olvidar lo que han vivido en esta tarde. Y estos niños y estas niñas quedan comprometidos, ustedes, oíganme bien: quedan comprometidos a ver a todos estos niños disfrazados.

Bueno, niños, yo tengo un mensaje para ustedes, pónganme mucha atención: ustedes hoy están vestidos de santidad y de gozo; ustedes están vestidos de amor y de ternura. Niños oíganme bien lo que les tengo que decir: ¡jamás se dejen vestir de odio, de brujas, de muerte, de diablo!; tenemos que ser perseverantes, hay unos que sí entendieron y otros no.

Pero repito, porque quiero que este mensaje nos quede muy claro para todos los que estamos hoy aquí, para toda la "Familia Minutos de Dios": hoy ustedes están vestidos de amor y de alegría; ¡nunca, jamás!, ¡nunca se dejen vestir de odio! ¡nunca se dejen disfrazar de diablos ni de brujas!, ¡nunca jamás!; ustedes son de Dios, ¿ahora sí me entendieron los niños?

Estas son las tres enseñanzas de esta tarde: la Eucaristía es una anticipación del cielo. En medio de la confusión de este mundo, la voz de Jesús nos lleva hacia el Padre. Vamos a enseñar a los niños la cultura de la vida, de la fe y del amor.

¡Gloria a Dios! ¡Que viva Jesucristo! ¡Que viva la Virgen María!