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Fecha: 19961101
Título: La santidad es un proceso, un camino en el que todos podemos avanzar
Original en audio: 24 min. 26 seg.
Hermanos:
Roguemos la gracia del Espíritu Santo para mis palabras, para sus oídos, para nuestros corazones, de modo que Dios pueda hacer toda su obra en esta noche.
La visión de la Apocalipsis, que hemos escuchado en esta noche, nos invita a presenciar en nuestra mente una multitud inmensa de todos aquellos que han blanqueado sus vestido en la Sangre del Cordero, pero la Sangre es roja y sin embargo el rojo de esta Sangre, que es la Sangre de Cristo, trae la blancura de la gloria.
En el cielo, sólo es blanco, sólo es resplandeciente, lo que ha pasado con la Sangre de Cristo; en el cielo sólo tiene brillo de gloria aquello que ha pasado por la noche de la Cruz, y por eso el rojo de esta Sangre brilla como blanco de gloria en el cielo.
Esas palabras del Apocalipsis contrastan con otras que nos ofrecía el Evangelio en estos días. Uno al fin no sabe qué pensar, porque el Evangelio decía no hace mucho: "Esforzaos por entrar por la puerta estrecha" San Lucas 13,24.
Y decía: "¿Serán muchos los que se salven?" San Lucas 13,23, y respondía Cristo: "Esforzaos por entrar en la puerta estrecha, porque muchos querrán entrar y no podrán" San Lucas 13,24.
Ese evangelio sugiere la idea de que son como muy poquitos los que atinan con el verdadero camino, pero la lectura que hemos escuchado del Apocalipsis, nos presenta una multitud que nadie podría contar y entonces uno queda preguntando, "¿al fin como será lo de la llegada al cielo?"
Cuando se piensa en la misericordia de Dios, uno dice: "Carpa abierta, hay amplio espacio; con tanta piedad como tiene Dios, imposible, imposible, que yo por lo menos no vaya a caer en ese inmenso grupo". "Si era una multitud que nadie podía contar, ¿pues qué tal que resulte yo de los que no?", "habiendo tanta misericordia, ¿cómo no voy a caber yo allí?"
Pero cuando luego se piensa en la altura de la santidad de Dios y cuando se miran los aspectos más concretos y reales de nuestra vida; cuando uno se revisa y se descubre tan egoísta, tan envidioso, tan vanidoso, tan orgulloso, tan prepotente, tan perezoso para el bien, tan duro para orar, tan difícil para perdonar.
Cuando uno descubre que pasan los años y a veces se escurren como agua entre los dedos las ocasiones de hacer el bien, ¿quiénes de nosotros podemos sentir, en un día como hoy que celebramos a Todos los Santos, las manos llenas de buenas obras? ¿Quiénes de nosotros podemos sentir que de verdad hemos cumplido la voluntad del Padre? Y dice Dios: "Sin santidad nadie ve a Dios" Carta a los Hebreos 12,14.
Pues bien, si no se puede ver a Dios sin santidad, si sólo los limpios de corazón pueden contemplarlo, ¿qué será entonces de nosotros, sometidos a tantas distracciones, a tantas perezas, a tantas vanidades? Y por eso repito: uno no termina de dar con el chiste de la santidad, ¿al fin qué? ¿Es tan difícil que nadie lo logra? ¿O es tan sencillo que tampoco hay que afanarse tanto?
La pregunta se vuelve aguda cuando uno piensa, por ejemplo, en una asamblea como esta; cuando hablamos de la misericordia, por ejemplo, en el congreso de la misericordia uno siente que nos vamos a ir para el cielo yo creo que todos.
Pero si uno mira una asamblea como esta, yo me permito preguntar: ¿hay entre ustedes algún santo? Y no lo pregunto para que lo diga usted de usted mismo, ¿hay alguien, entre los aquí presentes, del cual usted diría ese es un santo?
Después de que suceda el bautismo, vamos a tener tres santos, allí vamos a tener tres santos, de esos, tenemos la certeza de la perfecta gracia, ¿pero de las demás personas? ¿Hay alguien que usted conozca bien y que sin embargo diga ¿es un santo? Porque de pronto, de lejos, las personas dan como un cierto aspecto de reverencia.
Y quizás alguien entre ustedes, con mucha piedad y generosidad en las palabras diría: "No, yo estoy seguro de que fulano de tal o fulanita de tal es un santo"; ¿has estado lo suficientemente cerca de esa persona como para asegurar eso?
Hay veces que las personas, sobre todo, para pedir oraciones dicen eso, digamos de un sacerdote, digamos de un servidor: "Usted que es como tan santo, usted que le ruega tanto a Dios"; pero mis hermanos de comunidad, los frailes de aquí del convento, ¿sí creerán en la santidad de Fray Nelson?
Tal vez no tanto, no sólo los hermanos de comunidad, hay muchas personas que están cerca de uno por razones de trabajo, o amistad, o por otras razones, a esas personas habría que preguntarles: "Si se muere Fray Nelson en esta noche, ¿usted mañana le reza? ¿Usted le suplicaría? ¿Usted está dispuesto a rogar a esa persona? ¿Usted le pediría?" Allí no siente uno tan cerca la santidad.
Cuando se habla entonces de misericordia, de la piedad de Dios, uno dice que sí vamos a llegar más o menos todos al cielo; pero cuando se piensa en esta otra dimensión, como en esa percepción y plenitud de vida espiritual, entonces más bien cambiamos el lenguaje: "Bueno, yo santo no soy".
Eso más bien le da como a uno ciertos derechos de tener algunas mediocridades, porque si yo fuera una santo, me tocaba perdonar todo, y yo no voy a ser tan bobo, tengo que dejar cierto margen para desquitarme también; no voy a ser tan tonto, hay que dejar un jardincito donde haya derecho al pataleo, donde haya derecho a darse algunos gustos que no sean así demasiado ortodoxos; necesitamos dejar un espacio para no ser tontos.
Entonces, al fin, ¿cómo será el asunto de la santidad? La primera Lectura nos presenta una visión de intenso optimismo: una multitud incontable que alaba a Dios, pero ¿nos ayuda a resolver el problema de cómo es así la cantidad? El Santo Evangelio nos presenta las bienaventuranzas.
Desde hace mucho tiempo se mira las bienaventuranzas algo así como la constitución fundamental de la santidad, y eso es otro texto y es un poquito complicado.
Porque miren lo que aquí dice: "Dichosos los pobres" San Mateo 5,3, ¿qué tendrá de bueno la pobreza? "Dichosos los sufridos" San Mateo 5,5, ¿no será esta una especie de ideología de la Iglesia para mantener su zapato encima de la pobre gente?
"Dichosos los que lloran" San Mateo 5,5, ¿no será, acaso, que están aquí tratando de darme un contentillo tonto? "Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia" San Mateo 5,6; "dichoso los limpios de corazón y los misericordiosos y los perseguidos" San Mateo 5,7-9.
¿Por qué llama Jesús dichosos a todas esa personas? ¿Y si eso son los santos, tiene uno que parecerse a esos señores? La pregunta es complicada.
¿Si la santidad consiste en eso, entonces mis anhelos de desarrollo profesional, por ejemplo? ¿Si yo tengo ganas de ser un hombre de éxito, entonces no puedo ser santo de acuerdo con este evangelio? ¿Entonces no puedo ser santo? ¿Entonces en qué queda la santidad? Dichosos los que lloran, dichosos los sufridos, dichosos los misericordiosos, ¿y mi gusto por el éxito?
Entonces esto así tiene una manera de resolverse. El Opus Dei, por ejemplo, la propuesta que hace es: "Usted cumpla cabalmente con sus deberes", esto significa: "Busque la excelencia, aléjese de la mediocridad; cuando usted haga apropiadamente lo que tiene que hacer, y este es el verdadero sentido del éxito, cuando usted llegue alcanzar este éxito, usted será plenamente un cristiano, y esa es la santidad obrando en las cosas de cada día".
Nosotros preguntémonos a qué clase de santidad aspiramos, ¿cómo se imagina usted santo? A ver, haga ese ejercicio, ¿como se imagina usted santo? Haga usted la extrapolación, a ver, ¿cómo es? A ver, ¿cómo resulta esa santidad?
¿Ser santo para usted qué es? ¿Es algo así como cumplir apropiadamente, generosamente, cabalmente todo lo que usted tiene que hacer y ser excelente en eso? ¿Esa es más o menos su proporción, más o menos su idea de santidad?
Desde luego que el cumplimiento de nuestros deberes es una condición necesaria, no es que sea una condición suficiente, "dichosos los sufridos porque ellos heredarán la tierra" San Mateo 5,10. ¿Ese sufrimiento es solamente el sufrimiento de cumplir el deber?
"Dichosos los que lloraran" San Mateo 5,5, ¿ese llanto es solamente porque no me pagan a tiempo? "Dichosos los misericordiosos" San Mateo 5,7, ¿esa misericordia es solamente porque atiendo a la gente a sus horas?
Lo que yo quiero decir es que el cumplimiento de los deberes se entiende como parte de la santidad, pero la santidad tiene que ser algo más que eso, la santidad no es simplemente portarse bien; hay un misterio en la santidad: es una comunicación de la vida y de la verdad de Dios en nuestra vida, ¿qué significa ser santo? ¿Qué quiere decir ser santo? ¿De qué modo puede aspirar uno a la santidad?
Casi siempre en los santos que recordamos hay exageraciones, entonces voy a irme al otro extremo, ustedes disculparán que haya puesto al Opus Dei como ejemplo de un extremo, voy a irme al otro extremo.
En el otro extremo están los santos que han pasado por pruebas insoportables, entonces me dicen que Santa Rita tenía una paciencia inmensa con el esposo, el esposo era un amargado, un neurótico, era un caso patológico, y esta mujer, así lo cuenta la crónicas, soportaba con inmensa paciencia, con perfecta y plena paciencia.
Y entonce uno mira esa calidad de santidad y uno dice: "No, yo para esa santidad, no". Pregúntele a las mujeres hoy, ¿no? "Pínteme otra, pínteme otra santidad, porque para aguantarle al caballero las barbaridades, no". Se nos presenta la santidad inalcanzable, de unas terribles penitencias.
Estamos cerca de la fiesta de San Martín de Porres, tres de noviembre. De Martín de Porres se cuentan unos milagros espectaculares, rarísimos, por ejemplo, la bilocación, el estar en dos lugares al tiempo, eso es es inexplicable, pero los testimonios históricos dicen esto.
Bien, he dibujado los dos extremos de un péndulo. Unos dicen que la santidad consiste simplemente en realizar todo lo que uno tiene que hacer y hacerlo bien de manera ordinaria, es decir, extraordinariamente lo ordinario, no ser un ordinario, sino hacer extraordinariamente lo ordinario, lo común de la vida; eso hacerlo bien.
Otros, en cambio, ven la santidad sólo en las cosas extrañas, hay unos prolongadísimos milagros inexplicables, heroísmo sin cuento.
¿Qué puede decirnos a nosotros eso de la santidad? Porque si la santidad va consistir solamente en ese portarte bien porque hay que creer en Dios; para ser un buen profesional, para hacer las cosas al derecho no se necesita Dios, y para hacer cosas extrañas, para eso existe también la magia y la brujería, y cosas extrañas se ven en todas partes y en todas las religiones.
¿Qué quiere decir entonces ser santo hoy? ¿Cómo serán los santos de hoy? ¿A qué clase de gente van a canonizar después? ¿Alguno de nosotros será canonizado? Aunque se dice precisamente que la celebración que tenemos hoy, el día de Todos los Santos no canonizados, en los que no ha sido declarados así por la Iglesia.
Después de escuchar las intervenciones de ustedes, yo no me siento capaz ni de resumir, ni de dar una palabra última, definitiva, pero sí quiero compartir con ustedes elementos que considero esenciales.
En primer lugar, tanto en la Sagrada Escritura es un adjetivo que sólo se aplica a Dios, sólo de Dios se dice que es Santo y sólo aquel que está unido a Dios, llega, empieza a participar de esa santidad; esto quiere decir que sólo el Dios Santo puede santificarnos.
Dios santifica a través de la acción de su Espíritu en nosotros, ese Espíritu que, precisamente, es llamado el Espíritu Santo. La comunicación del Espíritu en nosotros va obrando progresivamente, ésta es otra afirmación esencial.
La santidad no es un hecho, es un camino; la santidad es un progreso; la santidad es un proceso, y dentro de ese proceso de santificación, esa enseñanza común de la Iglesia, en la que nadie hay que no pueda crecer, que nadie hay que no pueda aumentar en su unión con Dios, en su amor a Él.
Por otro lado, santidad, está resumido por el mismo Señor Jesucristo: "Amarás a Dios sobre todas las cosas y amarás al prójimo como a ti mismo" San Marcos 12,33, como lo escuchábamos precisamente el domingo pasado en la Ecuaristía.
De todos los preceptos que tenía la Ley judía, le preguntan a Jesús: "¿Qué es lo más importante?" San Marcos 12,28, y Él responde: "Lo esencial, lo fundamental es el amor, el amor a Dios y el amor al prójimo" San Marcos 12,33.
Por otra parte, ese amor no se puede quedar ni en palabra ni en sentimiento; ese amor se traduce en realidades concretas y que han transformado y que van transformando la vida de la persona, esto significa que sin virtudes, sin virtudes reales y comprobables, no se puede hablar de santidad; pero no son estas virtudes las que hacen santa a la persona, sino la santidad la que hace virtuosa a la persona.
Por otra parte, la Iglesia a la que pertenecemos, decimos que es una Iglesia santa, católica y apostólica.
Hay una santidad en la Iglesia. Antes de celebrar el heroísmo más o menos visible de una u otra persona, la santidad que la Iglesia celebra es la presencia eficaz del Espíritu en ella misma; la santidad que la Iglesia celebra no es solamente la esperanza de llegar a ser santo, sino la certeza de que el Espíritu de Cristo es indefectible en su obra dentro de la misma Iglesia.
Por último, la obra de la santificación o la obra de la santidad nos une en un lazo de caridad con muchas otras personas, tanto vivas en esta tierra como vivas en la gloria del cielo; esa unión de caridad que traspasa las barreras y las culturas y que llega a todo género de personas, a esa unión la llamamos la "comunión de los santos".
Esto significa que la vida divina que hay en estos corazones de oración, de virtudes, de adoración, de generosidad, esa vida divina nunca se queda sólo para ellos, sino que de alguna forma, a través de la caridad que nos une a todos; como decía Martín Lutero: "Todo corazón que se eleva, eleva al mundo".
Somos solidarios los unos de los otros; y por eso el bien y la conversión de una persona redunda en bien y conversión y en santidad también para otras personas.
Hay que decir una palabra de las Bienaventuranzas, que como se ve, son el gran quebradero de cabeza, ¿qué quiere decir? ¿Qué podemos decir de estas Bienaventuranzas?
Dentro de las muchas interpretaciones y explicaciones, creo que es importante recordar ésta: las Bienaventuranzas son eso, son Bienaventuranzas, porque muestran que la felicidad está cerca de aquel, que no apoyándose en lo que podría ser su certeza, su seguridad, busca, necesita, requiere y sabe que requiere el apoyo de Dios.
Si los pobres son llamados dichosos o bienaventurados, si los que lloran son llamados dichosos o bienaventurados, no es porque Dios prefiera ese tipo de dolor, ni es porque Dios quiera vernos emproblemados; si son llamados dichosos, es porque en la medida en que renuncian en apoyarse en su propia alegría, o en su propia riqueza, o en su propia prepotencia, se hace disponibles para la obra de Dios, y cuando Dios obra en esas personas, la alegría que ellos viven es mayor que cualquier alegría que les hubiera podido brindar cualquier criatura.