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Fecha: 20000524
Título: El aroma de Santo Domingo
Original en audio: 6 min. 41. seg.
Con ocasión de algo tan sencillo, casi tan accidental como fue este cambio de sepulcro, nosotros tenemos desde antiguo la ocasión de meditar en nuestro carisma.
Fue aquella la oportunidad, y lo recordamos bien, en la que los restos mortales de Santo Domingo exhalaron ese misterioso perfume, un perfume que libera hoy en día y que quedaba como prendido en las personas que estuvieran ahí cerca, o las personas que tocaron ese primer sepulcro donde estuvo Santo Domingo.
Este es el día en el que Jordán hace la hermosa comparación y dice que "Domingo era buen olor de Cristo", aplicando las palabras del Apóstol San Pablo.
Y no hay muchas ocasiones en las que se pueda meditar sobre perfumes, aromas, olores. El sentido del olfato no tiene mayor espacio dentro de la liturgia, aunque hay reminiscencias para él en esos textos, donde se habla de la oblaciones y las víctimas de suave olor.
Ese aroma que aplaca a la divinidad. Hoy, sin embargo, tenemos esa buena oportunidad: meditar sobre el aroma es meditar sobre aquello que resulta como más personal, como más propio.
La mayor parte de nosotros, especialmente de los que estamos aquí, dedicados por vocación al servicio de Dios, somos, yo diría, pudorosos con respecto a esto de los aromas, de modo que lo que uno prefiere, en general, es no comunicar su aroma a otras personas y estar recibiendo de nadie.
Es algo tan propio, es algo como tan de uno, que va unido al mismo ser, y queda tan en el espacio propio de nuestra personalidad, que no es como para nadie más.
Cuando Santo Domingo comparte ese aroma, o lo deja sentir por la gracia de Dios, como que nos abraza. Sólo en el abrazo del Padre común se puede producir ese perfume, que no el propio de los cansancios y fatigas de esta tierra, sino es el propio de la gloria y de la estrella de los cielos. Por eso es hermoso pensar que este es el día del abrazo de Santo Domingo, el día de la cercanía de Domingo.
Y aunque nosotros no estuvimos ahí cuando se destapó esa caja con los restos mortuorios, sí percibimos el aroma de Domingo cuando nos sentimos abrazados como íntimos de él. Este es el momento para descubrir esta circunstancia, este hecho particular.
Indudablemente, los que tuvieron esa experiencia quedaron conmovidos por la santidad de nuestro padre y confirmados en su vocación, los que eran Dominicos.
Eso sí también puede pasarnos a nosotros. La santidad de Domingo nos conmueve, y el estilo, el amor y el perfume de Domingo nos confirma lo que somos. Podemos decir entonces, que como una aplicación de este hermoso día a nuestra vida, cuando nosotros descubrimos aquí la cercanía de Domingo.
Notemos que las palabras necesariamente se vuelven distantes, las palabras, la palabra se puede enviar desde lejos, como por teléfono, como por Internet, se pueden enviar la palabra a miles de kilómetros de distancia.
La imagen se puede mandar desde lejos, para eso está la televisión o los satélites, pero hasta ahora no ha habido manera de mandar el olor y el perfume, eso no se puede mandar lejos.
¿Qué clase de cercanía tenemos en Santo Domingo? Alguna una imagen nos llega desde lejos vía satélite del Siglo XIII y algunas palabras nos llegan traducidas por radio, por prensa, desde hace muchos siglos, o tenemos la cercanía del que ha recibido el abrazo de Domingo y sabe a qué huele este carisma y sabe cuál es su rol y cuál es supremio y se siente confirmado en su vocación.
Que Dios hoy nos haga experimentar esta hermosa cercanía de Domingo, nos confirme en nuestra vocación y nos haga sentir eso que no se puede sentir así desde distante, sino sólo en la proximidad del Padre amado.