Suma Conversación 011

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Predicación original en video o audio

Teología, filosofía, ciencia y sabiduría

¡Bienvenidos todos! En nuestro primer volumen de la SUMA Conversación, presentamos la figura, la vida de Santo Tomás, en sus momentos más relevantes y después presentamos las características de su obra cumbre La Suma de Teología dentro del contexto de la edad media en que él vivió.

Estamos empezando con este capítulo, el tercer volumen de nuestro recorrido. Y este tercer volumen tiene un objetivo muy específico, se trata de ver de qué trata, qué es la teología, en la mente de uno de los más grandes teólogos de todos los tiempos.

Efectivamente ya hemos visto que Santo Tomás es considerado en la Iglesia Católica como El Doctor Común. La palabra “doctor” –también eso lo hemos dicho– quiere decir “el que enseña”; tiene relación con el verbo docere, enseñar. Entonces de algún modo Santo Tomás, es el que nos enseña a todos. Pues bien, que nos enseñe qué es la teología.

Cada volumen de esta colección tiene cinco capítulos, es decir, nos encontramos al comienzo del tercer volumen, nos encontramos en el capitulo número 11. Eso también significa que tendremos que hacer referencia a cosas a las que ya hemos aludido antes.

Gracias Dios, todo este material está disponible para ustedes en Internet y también en DVD (o de-uve-dé como dicen en otros lugares). Por favor ten presente eso, para que sin temor complementes lo que se va diciendo, con lo que ya se ha dicho.

Empecemos por caer en cuenta de un detalle muy sencillo. Las palabras son como monedas y van pasando de mano en mano. Una palabra como “teología” ha sido utilizada en centenares de contextos culturales e intelectuales muy distintos. La palabra teología cuenta miles de años. Nuestra vida, la tuya o la mía, resulta significativamente minúscula en su recorrido, en su número de años, cuando pensamos en cuántos siglos esta palabra ha caminado.

Otro tanto sucede con otras palabras que estaban en uso en tiempo de Santo Tomás y que también nosotros seguimos utilizando. La palabra “ciencia”, por ejemplo, la palabra “filosofía”, la palabra “sabiduría”.

La verdad es que nosotros recibimos las palabras del mundo en el que nos encontramos . Y el mundo no es simplemente una colección de objetos naturales y artificiales. Mundo es ante todo el mundo del sentido.

Nosotros no nos aproximamos a las realidades simplemente en un encuentro inmediato. Las cosas empiezan a significar para nosotros, eso lo aprendemos de nuestros padres, de nuestros profesores en la escuela primaria.

Luego un indígena, por ejemplo, puede haber aprendido una enorme reverencia hacia esa luz inmensa que aparece cada mañana, es un objeto sagrado para él. No se enfrenta directamente con lo que nosotros llamamos sol, sino que hay una mediación entre la persona y el objeto conocido, y esa mediación, ese puente, es el significado. Y ese significado hace que ese objeto sea distinto para él de lo que podría ser para nosotros .

Muy probablemente lo que nosotros hemos aprendido sobre el sol, está en términos de una realidad simplemente científica. Hay un fenómeno, ese fenómenos se llama “fusión nuclear” y ése es el responsable de la cantidad colosal de energía en forma de calor, luz y otras ondas electromagnéticas que son emitidas por ese sol. Para nosotros entonces el sol es como una especie de horno, como una especie de máquina o una bomba termonuclear que de su enorme masa transforma cantidades gigantescas en energía cada segundo. Eso es lo que hemos aprendido, eso es lo que hemos visto y esa es la manera como nosotros nos enfrentamos al sol.

Así que las palabras tienen camino, tienen historia y por eso lo que nosotros vamos a hacer en ésta y las siguientes lecciones de este volumen tercero, es darnos cuenta de esa distancia de sentido, de esa distancia de significado. Pero ¡cuidado! No debemos pensar que nuestros significados son necesariamente mejores o más perfectos o más precisos. De hecho hay muchas palabras que se puede decir que se han desmejorado, se han empobrecido con el curso del tiempo.

Se puede decir seguramente que la palabra “amor” ha terminado por desgastarse hasta un punto en el que en algunas lenguas puedes encontrar una expresión como “¡Amo el chocolate!”. Cuando pensamos que ese mismo verbo lo utilizamos para decir: “¡Amo la Eucaristía! ¡Amo la libertad!”. Pues no debemos estar tan seguros que todos los usos de la palabra “amor” enriquecen la palabra “amor”.

Es un tema fascinante esto de la historia de las palabras, la historia de su significado, el camino que van recorriendo con nosotros; en buena parte haciéndonos. No es solamente que nosotros hacemos las palabras, es que las palabras nos hacen a nosotros.

Aquel que aprendió a adorar al sol, tomó una actitud, una determinada actitud, no la única posible, no la mejor, probablemente tampoco la peor, delante de esa maravilla que salía cada amanecer a saludarle.

En nuestro caso, por supuesto que la palabra que más nos interesa es “teología” y hay otras cuatro palabras que nos van a interesar mucho. Todo este tema en el volumen tercero de la SUMA Conversación que estamos comenzando ahora, todo este tema sobre qué es teología, lo tomamos fundamentalmente de la cuestión primera de la Suma Teológica.

Santo Tomás empieza su Suma Teológica, o su Suma de Teología, con una cuestión. Ya sabemos que una cuestión es una suma coherente de preguntas, no es una sola pregunta, es una serie coherente de ellas.

La cuestión que le interesa a Santo Tomás, es lo que él llama “La Sagrada Doctrina”. Doctrina –una vez más– del verbo docere, quiere decir enseñanza; donde se ve que para Tomás que la primera aproximación a la teología es, exactamente, La Sagrada Doctrina, es una enseñanza sagrada.

Ya eso marca una marcada diferencia con otros autores. Hay gente, por ejemplo, que considera que la teología es algo así como un organizar y reorganizar ideas que tienen fuente en unos textos y para hacer ese proceso de organización y de preguntas y respuestas y de sistematización y de nuevas hipótesis y nueva sistematizaciones, para todo eso, no se necesita mayor convicción ni mayor fe. Pero para Tomás la cosa es distinta, para él es una enseñanza sagrada. ¿Qué palabras rodean a esta “T” de teología? He querido escribirlas por lo menos con sus letras iniciales. Lo que encontramos en el tablero es la letra “T” de Teología (en el centro de un cuadrado), rodeada por otras cuatro letras iniciales de áreas de sentido, campos de significación. Las otras letras se disponen, cada una, en los vértices del cuadrado.

Así tenemos la letra “B” de la Biblia (extremo superior izquierdo), tenemos la letra “F” de Filosofía(extremo superior derecho), la letra “S” de la Sabiduría (extremo inferior izquierdo) y la letra “C” de la Ciencia (extremo inferior derecho). Creo que estaremos de acuerdo en que estos cuatro campos siguen siendo tan significativos en nuestro tiempo como lo fueron en el siglo XIII.

La “B” de Biblia tiene una influencia directa sobre la Teología (B --> T), hasta el punto que a veces la teología se utiliza como un sinónimo de la Sacra Pagina, es decir, la Escritura Santa. La teología es como una continuación. Hermosamente lo dijo el padre Marie Dominique Chenu, O.P.: “La teología es eco de la Palabra en la historia”. Eso lo representamos con una flecha entre la “B” y la “T”.

Es un poco más compleja la relación entre la Teología y la Filosofía. Nos damos cuenta que la filosofía debe tener una influencia sobre la teología (F --> T) porque el rigor del pensamiento y el ejercicio de la razón, son parte integral del quehacer teológico.

Pero también es un hecho que la teología ha influido y sigue influyendo dentro de la filosofía (F <-- T). Así, por ejemplo, conceptos como libertad, persona, trascendencia, son conceptos filosóficos, pero conceptos que no son ajenos a una historia de fe, a una historia incluso de religión, entonces la relación entre la “F” y la “T” lleva dos flechas en sentido recíproco (F <---> T)

La Teología tiene que ver con la Ciencia. Vamos a ver, dentro de poco, cómo estas palabras tenían distinto sentido en el siglo XIII y en nuestra época. Pero tiene una relación. Tiene una relación, entre otras cosas, porque el saber científico se precia de tener un carácter de estructura, un carácter de organización; esto quiere decir, que no se trata simplemente de datos sueltos, sino que la ciencia, tanto en la comprensión del siglo XIII como en la comprensión del siglo XXI, requiere sistema, conexión, estructura, dependencia mutua.

Así por ejemplo yo no puedo entender lo que es un átomo sin hacer alusión a lo que es energía. Yo no puedo entender en biología lo que es una especie, sino hago alusión a lo que significa un ecosistema y así sucesivamente. Entonces hay estructura en la teología y hay estructura también en la ciencia. Por supuesto habrá preguntas que hacer y de eso se trata ¡Las vamos a hacer!

Entonces, creemos que hay influencia de la Ciencia hacia la Teología, o por lo menos, hay una exigencia de la Ciencia hacia la Teología (C --> T) ¿Tiene una influencia la teología sobre la ciencia? Pues en sí misma, la ciencia, sobre todo la ciencia moderna, pretende prescindir completamente del sujeto y por consiguiente de sus convicciones. Pero en esto, también en nuestra época, hay cuestionamientos. No se nos debe olvidar que la teoría científica más exitosa de todos los tiempos es la “Mecánica Cuántica” y una de las cosas sorprendentes de la mecánica cuántica es que el acto de la observación queda siempre inseparablemente unido de los fenómenos* observados, y esto significa que una completa distancia entre sujeto y objeto es imposible, más bien, impensable en la mecánica cuántica.

Pero yo debo, de todas maneras, dibujar esta otra flecha entre la “T” y la “C” (C <-- T), porque para Santo Tomás la teología no es sólo ciencia, sino que es la ciencia más eminente. ¿Y quién es el Verdadero Científico? El mismo que es el Verdadero Teólogo… Dios. Si esto suena un poco extraño, pues de eso se trata, de aprender a extrañarnos, la extrañeza no es simplemente para juzgar lo que nos parece distinto, sino para preguntarnos nosotros mismos, si lo que nos perece familiar es lo único que se puede pensar.

Y luego tenemos esta relación que también será compleja entre la Teología y la Sabiduría (flecha recíproca, S <---> T). La otra gran obra de Santo Tomás es la llamada “Suma contra gentiles” y hemos dicho en su momento que la Suma contra gentiles es como un camino de diálogo. Pero cuando nos preguntamos cómo se puede dar un diálogo entre personas que tienen puntos de partida quizás radicalmente distintos, pues la cosa no es tan sencilla.

¿Qué nos puede unir, llamémoslo, como especie humana? Si queremos hablar con musulmanes, con hinduistas, con confucionistas, con ateos, ¿es posible encontrar algunos puentes? Para Santo Tomás esa clase de puentes llevan siempre el sello de la sabiduría. Es la sabiduría la que hace posible

Pero también hay otras relaciones que se pueden dar entre estos campos semánticos independientemente incluso de la teología. Es decir, casi debería yo dibujar otras flechas que nos ayuden a conectar por ejemplo la ciencia con la filosofía o incluso deberían haber algunos puentes que llevaran a una conexión entre la filosofía y la sabiduría.

Hablemos un poco de qué cambia en la manera como Santo Tomás trata estas palabras. El mayor cambio no se encuentra en la Biblia, ése no es el mayor cambio; el mayor cambio está en la filosofía, en la ciencia y en la sabiduría. Entonces describamos de manera breve para cerrar este capítulo qué es lo que él entiende por cada una de estas actividades humanas.

Para nosotros, la filosofía es una especie de saber esotérico, y con esotérico quiero decir desconectado de la conversación común de muchas personas o de la mayoría de las personas. Un saber esotérico que alude a cosas como el ser, el conocimiento, la realidad, o tal vez también, el bien, lo realmente valioso. Indudablemente para nosotros, la filosofía –lo que nosotros entendemos por filosofía– es el resultado de un proceso que precisamente empezará poco después del tiempo de Tomás. Ese proceso es el que ha hecho que muchos de lo que se consideraba filosofía ya no se considerara después de esa manera.

Yo creo que un caso muy típico es el de la llamada “filosofía natural”. Cuando Isaac Newton (1642-1727) escribe su libro donde enuncia las leyes del movimiento le pone este título: “Principios matemáticos de filosofía natural”. De modo que él entendía por filosofía natural algo así como lo que nosotros llamamos hoy física teórica. Hoy la gente asociaría la física teórica únicamente con las matemáticas. Para Newton eso era filosofía natural.

Pero pronto, ya incluso en vida de Newton, este campo del saber más científico, el saber más cercano a la física y al mundo material, vino como a desmembrarse de la filosofía. Y le siguieron otros estudios que también fueron absorbidos por lo que se llamó ciencia en ese momento. Así, por ejemplo, siguió después de la física, la biología ya no es simplemente el estudio del ser vivo en cuanto a vivo; la clase de reflexiones de qué es la vida, reflexiones hechas únicamente desde una mente que piensa, interesan poco a los biólogos. Al biólogo le interesa mucho más cuáles son los fenómenos observables, verificables.

Entonces, en general, se ha ido dando un proceso en el cual la filosofía ha ido perdiendo terreno, se ha ido achicando y la ciencia se ha ido expandiendo; a su vez la ciencia ha ido expandiéndose en volumen pero ha ido reduciéndose en sus supuestos más fundamentales.

Pero antes de ver lo de la ciencia miremos lo que sucedió con la filosofía. ¿Qué le quedo a la filosofía después de “perder” la física, la biología, la psicología, la sociología? ¿Qué queda para la filosofía? Pues hay gente que cree que la filosofía ya no tiene ningún papel, los que así piensan suelen suscribirse en el grupo de los positivistas –de los cuales ya hemos hablado–

Otros en cambio piensan que sí hay lugar para la filosofía, y de la antigua filosofía, de lo que era filosofía para Santo Tomás, consideran que todavía tiene vigencia lo propio de tal vez la lógica, tal vez la metafísica, algo del estudio del conocimiento y las posibilidades del conocimiento; el estudio, la consideración del ser; lo real, qué es lo real (eso se suele llamar metafísica) y también algo sobre los grandes principios éticos.

Pero la mayor parte de estas áreas, consideradas filosóficas desde cierto ángulo, sigue siendo terreno disputado. Y es que hay personas que por ejemplo creen que la ética debe basarse simplemente en los resultados de la ciencia. Otros son completamente enemigos de esa idea y dicen –¿Pero cómo puede hacerse ética desde la ciencia, siendo que la ciencia habla de lo que hay y no de lo que debe haber?– La ciencia habla de lo que es, no de lo que debe ser.

Se ve que el terreno es bastante discutido y seguramente discutible. Eso es lo que queda de filosofía en nuestro tiempo. Entonces, ¿qué era lo que unificaba la palabra filosofía en tiempos de Santo Tomás? Lo unificaba la razón, saber racional; allí donde entra la razón humana y, en principio, sólo la razón humana, ahí se puede hablar de filosofía, es muchísimo. Eso es lo que Tomás entiende por filosofía. ¡Muchísimo! Adonde pueda llegar la razón humana, allá hay algo de filosofía. Así se pensaba en tiempos de Tomás y así piensa él mismo.

¿Y qué pasó con la ciencia? Dijimos que la ciencia en un proceso largo que tiene sus grandes figuras como Newton, como Galileo, como Képler; y luego más recientemente tantos otros, el más conocido, Albert Einstein. En ese proceso ¿Qué ha pasado con la ciencia? Repito, se ha expendido en términos de contenido, pero se ha reducido en términos de los que podríamos llamar sus principios básicos de conocimiento.

A ese proceso de reducción precisamente se le llama a veces: Reduccionismo. Es un término bien interesante pero que no nos corresponde analizarlo aquí. Reduccionismo, básicamente quiere decir, que el ser humano se puede estudiar como el resultado de la biología; es decir, la psicología es fruto de la biología y por biología entendemos interacción de neuronas, agentes bioquímicos, estructuras de tejidos, cosas parecidas.

La suma de anatomía, más fisiología, más cosas así parecidas, eso es lo que da razón de la psicología. Entonces la psicología queda reducida a la biología; pero luego, la biología dentro de la misma ciencia –piensan algunos– se puede reducir a la química porque, finalmente, los tejidos que conforman el cuerpo humano todos se pueden estudiar en términos de biología. Pero esa biología nos habla finalmente de substancia y esas substancias pues las estudia la química; y luego, las leyes de la química, finalmente, dependen de los elementos de la naturaleza que estén allí presentes y de las leyes de la física.

Luego la psicología se reduce a la biología, la biología se reduce a la química, la química se reduce a la física. Así que la ciencia moderna, en los ojos de muchas personas, queda reducida esencialmente a la física, a las leyes de la física. Y según esa perspectiva, el que tenga muchísimo conocimiento de la física podrá explicar todas las reacciones químicas. Y el que tenga mucho conocimiento de la química podrá explicar todas las posibilidades de la biología. Y el que sepa muchísima biología podrá explicar todo lo correspondiente al comportamiento.

Entonces, el concepto de ciencia para nosotros, es un concepto bastante reducido porque además se pide que todo lo que se exprese en esas leyes finalmente se pueda cuantificar, es decir, se pueda poner en términos de números y de matemáticas y de fórmulas. Quizás fórmulas complicadas, quizás fórmulas estadísticas, quizás fórmulas aproximadas. Quizás fórmulas que hagan recurso de algunos de los “animales” más exóticos del mundo matemático. Entonces se habla de tensores y se habla de vectores en espacios multidimensionales. Pero finalmente son conceptos matemáticos, y hay la idea de lo que no se pueda expresar así, no es ciencia.

Ya esto está presente a finales del siglo XVIII a comienzos del siglo XIX, cuando un hombre como Malthus cree que para hacer plausibles sus posiciones tiene que describirlas en términos de progresiones aritméticas y geométricas, eso ha sucedido con la ciencia.

¿Y qué era la ciencia en tiempo de Santo Tomás? Pues la ciencia era aquel conocimiento que se puede considerar fundado, conocimiento fundado y estructurado, lo que no es simple opinión. En ese sentido Santo Tomás utiliza el concepto de ciencia que tenía Aristóteles. Aristóteles hablaba de la episteme en contraposición de la doxa.

La palabra doxa en griego alude entre sus varios significados a la opinión, en cambio la episteme es lo que no es opinión, es lo que es firme, fundado. Lo que no depende simplemente de gusto, de deseo –diríamos nosotros “subjetivismo”–

Pues ése es el concepto que tiene Santo Tomás sobre la ciencia. Ciencia es aquel conocimiento que está fundado y que no depende de las preferencias, los gustos, la imaginación, las suposiciones de algún sujeto. Ya vemos en cambio lo que significa ciencia para muchísimas personas hoy: es toda una realidad social con un poder inmenso pero a la vez con esa clase de suposiciones como las que ya hemos dicho, esa reducción de todo a la física y esa reducción de todo, o casi todo, al método de la matemática.

En cuanto a la Sabiduría para Tomás consiste, básicamente, en la búsqueda de las primeras causas y la búsqueda de los últimos fines; la búsqueda de los primeros orígenes y la búsqueda de las últimas consecuencias. Lo propio de la sabiduría es ese propósito de llegar a lo más fundante y llegar también a lo más relevante. Esa orientación de la mente es la que produce sabios y por eso para Tomás hay que relacionar la teología con la sabiduría.

Bueno, hemos empezado nuestra andadura en este tercer volumen. Demos gracias a Dios y sigamos viendo qué es lo que plantea Tomás en esa cuestión primera de La Suma Teológica.