Suma Conversación 010
Predicación original en video o audio
Interlocutores de Santo Tomás
Pienso que a lo largo de nuestras anteriores ediciones de la Suma Conversación, hemos ido descubriendo cómo para comprender a un pensador, como Santo Tomás de Aquino, ciertamente necesitamos bastante contexto, pero espero que ustedes y yo estemos de acuerdo en que el esfuerzo bien merece la pena.
En efecto, un hombre como Tomás de Aquino ha dedicado de su tiempo y de su talento para comprender lo mejor posible, no solamente su propia tradición, en este caso cristiana y católica, sino también otras tradiciones, es decir, él no se alimenta únicamente de sus fuentes, sino que, como decíamos en otra oportunidad, tiene como lema la verdad, dígala quien la diga viene del Espíritu Santo, y esto supone una búsqueda permanente, supone la conciencia de que la luz divina no está encarcelada únicamente dentro de una biblioteca o dentro de un templo o dentro de un libro.
Esta búsqueda universal de la sabiduría le permite también a Tomás entrar en diálogo con grandes pensadores de otras épocas y eso es lo que queremos hacer en este momento, mirar brevemente algunos de estos interlocutores, ya sea de la tradición judía, musulmana o pagana.
Empecemos con un hombre muy interesante, un sabio que en varios aspectos puede compararse con Tomás de Aquino, estamos hablando de Moisés Maimónides (1135-1204) nacido en Córdoba, al sur de España. Maimónides es un judío.
Es tremendamente compleja la historia de España a los comienzos del segundo milenio, es decir, siglos X, XI y XII; porque se da la relación a veces amistosa, a veces tensa, a veces francamente violenta entre las tres grandes religiones monoteístas que han tenido un impacto en occidente. Es decir, cristianos, judíos y musulmanes coexisten especialmente en el sur de España y bien sucede que en algunos poblados la fuerza predominante es primero musulmana; pero luego pasa a manos cristianas y aunque los judíos no suelen tener una gran preponderancia desde el punto de vista del poder político real, su influencia se deja sentir de muchas maneras, especialmente en el área económica.
Dentro de esos ires y venires y dentro de esas tensiones, pues Maimónides tiene que experimentar, ya en su juventud, la persecución por parte de los musulmanes. Él nace en la primera mitad del siglo XII hacia el año 1135 y cuando se hace demasiado fuerte la presión musulmana, este hombre, lo mismo que su familia, tienen que salir de España.
Esa región tan querida para ellos a la que ellos llaman Al-Andaluz, va a dejar de ser la casa de Maimónides y entonces él emigra hacia Egipto, en cierto modo conectando con la antigua y grande tradición intelectual del norte de Egipto. No debemos olvidar que Alejandría fue uno de los polos de desarrollo teológico, filosófico y científico en la antigüedad.
Pues Maimónides va hacia Egipto y va como judío; pero al mismo tiempo, sus intereses se han ampliado y dilatado bastante, de modo que ya no le interesa únicamente su propio saber, si no que abre su atención y abre su memoria y su reflexión, por ejemplo, a los escritos de Aristóteles, por quien llega a profesar una tremenda admiración.
De hecho, con Maimónides se inaugura, podemos decir, esa posibilidad de reconocer entre los paganos (es decir, entre los no-judíos) la grandeza de la obra de Dios. Esa expresión que elogiosamente utilizan los judíos, a veces para referirse a un no-judío, que sin embargo vive de una manera recta y virtuosa, esa expresión “justo entre las naciones” de algún modo tiene que ver con opiniones como la que Maimónides tenía sobre Aristóteles.
Pero sus dos obras más importantes son una recopilación de comentarios a la ley judía, lo que se llama la Mishné Tora, la Tora es la ley judía y la Mishné palabra relacionada con Mishná es el comentario lo que hace Maimónides. En cierto modo, es una labor enciclopédica colosal, reuniendo comentarios, reuniendo fuentes y creando lo que podríamos llamar un estándar de interpretación de la ley judía, ya en una circunstancia muy distinta de la que podían encontrarse por ejemplo los rabinos en Palestina. Este estándar de Maimónides, va a permanecer como una especie de faro, como un criterio para muchos otros judíos.
Hay que destacar también una segunda obra suya de tipo filosófico, que es La guía de perplejos, es aquí sobre todo donde el muestra su admiración por Aristóteles; pero también donde toma postura como intérprete de Aristóteles y por consiguiente, toma postura en lo que podríamos llamar la gran discusión sobre Aristóteles en el mundo occidental; porque su interpretación, por supuesto no va a ser la única, tendrá que encontrarse con las interpretaciones de musulmanes y de otros judíos y también de cristianos y es en este contexto en el que Tomás de Aquino también tiene que hacer sus propias decisiones y plantear sus propios puntos de vista.
Maimónides muere a principios del siglo XIII unos veinte años antes del nacimiento de Tomás de Aquino. Sus escritos brillantes, amplios, de una solidez comprobada tendrán un gran impacto en la comunidad judía, pero también fuera del judaísmo y éste es uno de los interlocutores de Tomás de Aquino.
Contemporáneo de Maimónides y nacido también en la ciudad de Córdoba en España es el musulmán Averroes (Ibn Rushd) nace hacia el 1125 y muere en las estribaciones de ese siglo XII hacia el año de 1198. Averroes es conocido en el mundo medieval como el comentador ¿comentador de qué? De las obras de Aristóteles.
Averroes en efecto dedicó la mayor parte de su talento al estudio de la medicina y de la filosofía. En su amor por Aristóteles y en su práctica de la medicina, tuvo sin embargo ya un antecesor, también dentro de los musulmanes, estamos hablando de Avicena.
Avicena nace en la segunda mitad del siglo X y muere a comienzos del siglo XI, lo más importante de Avicena dentro del conjunto del mundo árabe, es que es como el gran precursor de la entrada franca del pensamiento aristotélico dentro de los árabes.
Avicena que escribió más de 450 libros también sobre medicina y filosofía, confesó haber leído más de 40 veces la metafísica de Aristóteles y afirmar sin embargo que no tenía todavía una completa comprensión de ese libro.
Era inevitable que los árabes, o más específicamente los musulmanes, tuvieran que afrontar el reto aristotélico. En efecto, las religiones y sobre todo las religiones monoteístas tienen una característica omnicomprensiva.
Finalmente una religión es una postura frente al mundo, es una postura frente a todo lo que existe, lo visible y lo invisible como decimos en el Credo. Una religión tiene que ver con los animales, con las plantas, con la naturaleza, con las estrellas, con el ser humano, con la sociedad, con el comportamiento, eso es lo que quiere decir la expresión omnicomprensiva.
Pero resulta que no es el único modo de afrontar el conjunto del universo. El gran desafío que plantea Aristóteles es que también él es omnicomprensivo, sólo que lo es de una manera diferente, no sobre la base de un Credo, de una fe, que sería una fe religiosa sino sobre la base de la razón.
Por eso, un hombre como Avicena en esos siglos X y XI o un hombre como Averroes en el siglo XII, tienen que ocuparse, tienen que entrar en un diálogo que a veces será favorable y a veces será tenso, con este gran pensador de la antigüedad.
Es que Aristóteles, como vamos a verlo un poco más adelante, escribió prácticamente sobre todo; el hombre tiene que ver con los minerales, los fenómenos meteorológicos, con las plantas, los animales, con la ética, con la organización de la sociedad, con la física, con la metafísica, con el alma.
Y esa variedad, esa increíble capacidad de crear un sistema es lo que convierte a Aristóteles en alguien tan atractivo, pero al mismo tiempo, tan desafiante para Avicena y luego para Averroes.
Averroes es importante en su lectura de Aristóteles porque toma un pensamiento y podemos decir que lo eleva a la categoría de Gran Principio y ese pensamiento es que el intelecto humano tiene dos dimensiones.
Hay un entendimiento que llamamos agente o activo (más activo) es el encargado de la abstracción y hay otro entendimiento que es pasivo y ese entendimiento pasivo es el que finalmente recibe los conceptos es el que hace que nosotros podamos, como se dice popularmente, tener en la cabeza el mundo.
Aquella frase de Aristóteles “el alma es, en cierto modo, todas las cosas”, va a tener una interpretación muy característica después de Averroes; porque se va a relacionar con el entendimiento llamado pasivo.
Averroes es un pensador, es un hombre inteligente y racional; pero es también un musulmán y a él le interesa que su interpretación de Aristóteles no entre en colisión con los principios de su propia fe.
Averroes por eso habla de dos verdades y en ese sentido hace toda una escuela o crea una escuela. Habría una verdad que es la verdad racional, es una verdad que tiene que ver con las cosas de este mundo como considerarse en sí mismas y hay otra verdad, según Averroes, que es la verdad llamémosla eterna y esa verdad eterna, esa expresión de la voluntad de Alá, es la que aparece propiamente en el Corán. De este modo, Averroes trata de evitar una colisión entre su razón y su fe.
Otra estrategia que utiliza Averroes es referirse al entendimiento agente o el entendimiento activo (el que hace la abstracción, la operación intelectual de la abstracción) como algo que es común a toda la especie humana. Esto es muy propio de la mentalidad musulmana, muy propio, decir que existe una sola manera de ver el mundo, existe una sola manera de encontrar la verdad; porque de hecho, la enseñanza más propia del Corán, es que esa única manera y esa única verdad, se encuentran precisamente en el libro sagrado de ellos.
Así, para Averroes, solamente existe un entendimiento agente, solo hay una manera de llegar a la verdad y esa manera finalmente depende del pensamiento de Dios.
Por supuesto, este modo de obrar, este modo de razonar y de presentar las cosas, dejan una gran interrogante sobre la inmortalidad personal; porque da la impresión de que si hay un sólo modo de entender las cosas, entonces mi inteligencia no es mía, es algo que acontece en mí pero no es mío. Y como el argumento para la inmortalidad del alma, según lo presenta Aristóteles, depende fundamentalmente de la función intelectual, entonces parece, dentro de la visión de Averroes, que no es indispensable o no es forzoso afirmar la inmortalidad de cada ser humano.
Es un tema complejo, que hizo de Averroes un personaje sospechoso. Por eso dentro del seno de la comunidad musulmana, él fue perseguido, él fue expulsado incluso, se puede decir. Y tuvo que salir de España, de su muy querida Córdoba, y de ese ambiente intelectual. Finalmente fue reivindicado después, pero murió en el país de Marruecos, cosa que indica, hasta cierto punto, su rehabilitación; pero también las tensiones que creó su pensamiento.
Tomás de Aquino con mucha frecuencia, sobre todo en estos temas de la inteligencia y de la antropología teológica, tiene que vérselas con Averroes y paradójicamente el mismo Tomás resulta acusado de lo que se llama Averroísmo.
Se habla del averroísmo latino, que esencialmente es repetir aquella “teoría de las dos verdades”. Yo puedo por decirlo así, con la mitad de mi cabeza pensar el mundo y con la otra mitad acoger la palabra de Dios. Esa es una caricatura que quiere indicar lo que significa el averroísmo latino y Tomás fue criticado de esa clase de pensamiento.
Por supuesto eso no es Tomás de Aquino; pero eso indica cómo y hasta dónde Tomás asumió seriamente la reflexión, el comentario de Averroes. Creo que es uno de los pensadores que ha tenido mayor influencia en el mundo musulmán y sobre todo es el pensador que hizo que los cristianos descubrieran que no podían evitar el impacto del pensamiento aristotélico dentro del conjunto de su propia reflexión.
Hasta ahora nos hemos referido a algunos de los grandes pensadores en la tradición judía, vale decir Maimónides y de la tradición musulmana vale decir Avicena y Averroes. Es necesario dirigir ahora nuestra atención a lo que podemos llamar el mundo pagano y del mundo pagano pues los dos personajes que sobresalen en la Grecia antigua, son por supuesto Platón y Aristóteles.
Se ha dicho mucho que Tomás de Aquino recibe la influencia de Aristóteles y también “bautiza” a Aristóteles. Para mucha gente Tomás lo único que hizo fue traducir a categorías cristianas y a un lenguaje compatible con el Credo lo que había dicho Aristóteles.
Y puesto que Aristóteles y Platón se encuentran como en polos opuestos cuando se trata especialmente de la metafísica, entonces, para mucha gente es obvio que Platón no tiene nada que ver con Tomás de Aquino. Creo que este mito es lo primero que tenemos que abordar en este momento.
Pero no vamos a referirnos a Platón sino que vamos a empezar por un personaje que resultó de enorme impacto en Tomás de Aquino, no tanto creo yo, por sus escritos mismos sino por un mal entendido. Porque en la historia de los grandes personajes también hay malos entendidos.
Estamos hablando de un hombre llamado Dionisio y la historia va en que en el libro de los Hechos de los Apóstoles en la Biblia, en el capítulo 17 se cuenta que el apóstol San Pablo predicó en el Areópago, que era como la plaza pública, como el lugar de la discusión de los griegos allá en Atenas.
Pablo predicó una pieza oratoria magnifica; pero que tuvo muy poco resultado. Los atenienses, por lo visto, estaban más ocupados en buscar entretenimiento que en buscar la verdad. Amorosos de novedades y poco preocupados por la verdad de las cosas, no tenían demasiados oídos para el gran predicador San Pablo.
Sin embargo, sí hubo gente que se convirtió y el libro de los Hechos de los Apóstoles menciona por su nombre a dos. A una mujer llamada Dámaris y a otro hombre llamado Dionisio. Como este Dionisio tenía el derecho de participar oficialmente en las discusiones públicas en Atenas, que sucedían en ese lugar (el areópago), era llamado Dionisio el areopagita.
Sucede que muchos siglos después, empiezan a aparecer una serie de obras de un Dionisio areopagita y Tomás de Aquino vivió y murió pensando que esas obras habían sido escritas por este hombre de la Atenas del siglo I. Este que fue convertido por San Pablo, del cual, según tradiciones, aparentemente fidedignas, se cree que llegó a ser obispo y luego mártir. Ese sería el verdadero Dionisio areopagita.
Y Tomás creía que obras, como una que se llama “Sobre los nombres de Dios” y otra obra que se llama “De la jerarquía celeste” que trata de los ángeles, que esas obras eran escritas por ese hombre, el del siglo I, el que fue convertido por San Pablo. Ese mal entendido hizo que Santo Tomás le diera un tremendo peso, un gran aprecio a esas obras.
Pero sucede que hay muchos modos de encontrar las épocas en que fue escrita una obra y los mejores y más juiciosos análisis históricos parecen demostrar que esas obras no son del siglo I, ni del segundo, ni del tercero.
Los que logran presentar un argumento más o menos sólido, hablan de esas obras como provenientes del siglo V e incluso del siglo VI, en todo caso, parece difícil situarlas en el cuarto. Además esas obras, como “De los nombres de Dios” y “La jerarquía celeste” son deudoras de una tradición filosófica, que por supuesto no tenía que ver con San Pablo.
Es que todo indica que Tomás veía en Dionisio areopagita, una especie de puerta de acceso a la enseñanza de San Pablo, o un cuerpo de enseñanza de San Pablo, que aparentemente se habría perdido y no había quedado en la Biblia, por eso, repito, le daba él tanta importancia a estos textos.
Pero resulta que ese autor, que ahora ya no se le llama Dionisio areopagita sino Pseudo-Dionisio, es decir, el falso Dionisio, ese autor pertenece a una tradición teológica que es propia de Bizancio, es decir, de Constantinopla. Es lo que se llama los comienzos de la teología Bizantina y además tiene una tremenda influencia de una escuela filosófica llamada neoplatonismo.
El neoplatonismo tiene como personaje más destacado a un hombre llamado Plotino. Plotino fue una especie de monje de la filosofía, un hombre fascinado por la unidad del ser, por la perfección del Dios único y verdadero. Pero Plotino no fue cristiano, sin embargo, sus escritos e incluso su manera de vivir, tuvieron una gran influencia, un gran impacto. Podemos decir que es casi lo más parecido que tenemos a un santo dentro del mundo pagano, porque era un hombre supremamente recto, desprendido de todo, muy puro, era un hombre casto, generoso, dedicado al estudio, a la sabiduría y por eso Plotino tuvo un gran impacto.
Y la filosofía neoplatónica, que es una filosofía que indudablemente toma de los antiguos escritos de Platón, también tuvo su influencia y tuvo su impacto. Entonces esta filosofía neoplatónica y ahí cabe de nuevo la expresión bautizada por el movimiento teológico de Bizancio, es lo que viene a marcar los escritos del Pseudo-Dionisio, escritos que, repito, tuvieron una gran influencia en Santo Tomás por las razones que hemos dicho.
Hay que destacar también que el Pseudo-Dionisio le aportó a Tomás una especie de complemento en su manera de presentar la teoría del conocimiento y la teoría misma de la verdad. Porque cuando se toma la teoría del conocimiento, el estudio del problema del conocimiento, como llegamos a conocer en los escritos de Aristóteles, pues se llega a lo que había dicho Averroes, que existe el entendimiento agente y el entendimiento pasivo.
Y luego viene la tremenda discusión de si el entendimiento agente es único o no en la especie humana. Y casi cualquier cosa que digas va a ocasionar problemas; porque si tú dices que el entendimiento agente no es único sino que cada persona tiene que hacer por sí misma esa tarea de encontrar los conceptos y luego elaborar los juicios y hacer los razonamientos, entonces tienes un grave problema, y es explicar cómo se hace posible el lenguaje entre seres humanos. Es decir, si cada uno de nosotros hace los conceptos por su propia cuenta, ¿cómo sabemos que estamos hablando de lo mismo cuando utilizamos las mismas palabras? es lo que se puede llamar el problema del lenguaje.
Y si uno dice en cambio, como dijeron Averroes y sus seguidores, que el entendimiento agente es único para toda la especie humana, entonces todo el argumento sobre la inmortalidad del alma, que tiene por supuesto muchísimo que ver con los efectos de la redención de Cristo en cada uno de nosotros, también cae por tierra, así que es un problema arduo.
La solución de Tomás no es enteramente aristotélica. Lo que presenta Tomás es que ciertamente nuestro entendimiento agente es, y cada uno tiene el suyo, es el que hace esa obra de abstracción y de llegar al concepto.
Pero el entendimiento agente no está solo en ello, sino que obra por participación y esta es la palabra que viene desde Platón, ésta es la palabra que Tomás hereda también del Pseudo-Dionisio. La participación y el concepto de participación indica, según esa expresión del Salmo que tanto le gustaba a Santo Tomás, que la luz de Dios es la que nos hace ver la luz.
Nosotros llegamos a conocer con nuestra propia cabeza, pero nuestra capacidad cognitiva no se desprende de la luz divina sino que tiene siempre una participación del mismo conocer de Dios y así se garantiza, a la vez, que cada uno piensa con su propia cabeza, pero que es Dios también el que nos está dando esa capacidad y por eso Dios es el garante último de la verdad y el garante último del conocimiento y del lenguaje.
Es un dato muy interesante, cómo Tomás realmente se apoya no sólo en Aristóteles sino que toma esta idea platónica y neoplatónica la participación. Además hay que reconocer que la obra sobre La jerarquía celeste tiene un impacto grande en la metafísica de Santo Tomás.
Es una visión que también lo han escrito o sobre la que han escrito también otros autores como el famoso Porfirio y esta visión que presenta el universo como una especie de pirámide, tiene una enorme importancia en la manera como Tomás habla en su tratado de los ángeles y tiene una gran importancia también al definir qué es el ser humano.
Para Tomás, el ser humano va a ser el horizonte en un cierto punto de esa jerarquía cósmica universal. El ser humano es el horizonte mismo entre lo visible y lo invisible. Estos son impactos de la jerarquía, del pensamiento jerárquico del Pseudo-Dionisio y otros autores en Tomás de Aquino.
Aunque Maimónides, Avicena, Averroes y el Pseudo-Dionisio tuvieron todos alguna influencia en Santo Tomás de Aquino, no cabe duda que el pensador que tuvo un mayor impacto fue Aristóteles.
Nacido en el año 384 a.C. en la ciudad de Estagira, por eso se le llama también el estagirita, murió en la isla de Eubea, en el año 322 a.C.; Aristóteles es contemporáneo de uno de los más grandes jefes militares de la historia antigua, de Alejandro Magno, del cual fue preceptor. Pero la razón por la que se recuerda mayormente a Aristóteles es por el conjunto de sus obras. Se conservan 31 tratados de Aristóteles, de los cerca de 380 que se presume escribió, es decir, que la mayor parte de su obra, lamentablemente se ha perdido.
Aristóteles escribió sobre el pensamiento mismo, sobre la manera correcta de pensar, esto es lo que se llama la lógica, pero él le dio el nombre órganon, es decir, el instrumento eso es lo que quiere decir esa palabra en griego.
El instrumento del pensamiento y esta parte de sus escritos ya había llegado al occidente cristiano mucho antes del nacimiento de Santo Tomás, sin embargo, lo que tuvo un mayor impacto fue la metafísica de Aristóteles*. La metafísica que se había abierto paso en el mundo árabe a través de Avicena, como ya dijimos, y que había sido popularizada por Averroes, era ahora el gran desafío en el centro intelectual por excelencia del siglo XIII. Estamos hablando de la Universidad de París, adonde enseñó Santo Tomás y contemporáneamente también San Buenaventura.
Era inevitable hablar de la metafísica de Aristóteles, por una parte se trata de un pensador muy fino, muy profundo y muy extenso, tremendamente sistemático en un tono sereno y omnicomprensivo.
Por otra parte, Aristóteles llega al occidente cristiano mediado por la interpretación, por la lectura y por la presentación de los árabes, lo cual hace que ese Aristóteles, que es el Aristóteles averroísta, o tal vez habría que decir averrorizado, ese Aristóteles, se convierte en una “amenaza” para el mundo cristiano. Porque Aristóteles por ejemplo, habla del alma y en la interpretación averroísta no parece nada claro que el alma tenga una supervivencia, ni siquiera que haya una inmortalidad garantizada a partir de la operación intelectual del alma.
Es comprensible que las autoridades de la Iglesia Católica miraran con recelo a Aristóteles y es comprensible entonces que intentaran impedir el estudio de Aristóteles, pero por decirlo de una manera informal, ya el daño estaba hecho.
Los dominicos, empezando por San Alberto Magno y luego por su discípulo Santo Tomás de Aquino, toman una opción diferente, como se dice popularmente en Colombia y supongo que por otros sitios, toman el toro por los cuernos.
El problema directo es Aristóteles, pues ¡hay que estudiar a Aristóteles! Y en efecto, hay muchas huellas del pensamiento aristotélico en Santo Tomás. Yo no creo que se deba decir ni que Tomás es un discípulo de Aristóteles, algo así como un sucesor o continuador de Aristóteles, no lo es; ni tampoco creo que se deba pensar que la mejor interpretación de Aristóteles es la que da Tomás de Aquino.
Pienso que con estos grandes escritores, con estos grandes pensadores como Aristóteles, hay muchos temas que permanecen siempre abiertos y creo que debemos mirar con buenos ojos, que en los grandes centros de estudio del mundo, como pueden ser universidades como Cambridge o la universidad de Oxford, se sigue estudiando Aristóteles y sigue habiendo debate sobre muchas de las interpretaciones, a veces llegando a la conclusión de que lo que pensaron o vieron o leyeron los medievales no necesariamente era el pensamiento aristotélico.
Esa discusión técnica y erudita sin embargo no la tenemos que tener nosotros ahora mismo, más bien, lo que nos interesa es qué recibió Tomás de Aristóteles. ¡Fue muchísimo! Yo me permito destacar tres enormes aportes de Aristóteles.
En primer lugar aquella teoría que Aristóteles desarrolló para resolver el problema del movimiento, el problema del cambio, que era hasta cierto punto el gran problema de la filosofía griega antigua. Esa teoría que es la del acto y la potencia, resulta de enorme importancia en los escritos de Tomás.
Es que sucede que los antiguos griegos tenían como dos posturas. Por una parte estaba Parménides que exaltaba tanto la permanencia del ser infinito e inmutable, que prácticamente no permitía ningún tipo de cambio y luego tenemos en el otro extremo a un Heráclito, para el cual todas las cosas están cambiando continuamente.
Entonces entre cambio permanente y la inmovilidad del ser ¿cómo es posible explicar racionalmente lo que vemos y conocemos? La explicación, el aporte que hace Aristóteles es que ese cambio es como el desarrollo de la potencia hacia el acto. Es decir, hay cosas que están en potencia pero que se van actualizando.
Por decirlo de un modo popular, una semilla es un árbol en potencia y cuando esa semilla se desarrolla tenemos al árbol en acto. Esa teoría del acto y la potencia tiene una gran importancia en los escritos de Tomás de Aquino, entre otras razones, porque para Tomás, Dios puede ser visto, filosóficamente hablando, como acto puro.
Otra influencia de Aristóteles en Tomás la encontramos en la teoría de materia y forma, cuando se trata decir qué son las cosas, pues hay que hablar de dos cosas por lo menos o de dos causas de las cosas por lo menos y sobre esto volvemos en un minuto.
Por un lado las cosas son lo que son, porque están hechas, de lo que están hechas y eso es la materia. La materia se refiere a aquello de lo cual están hechas las cosas. Pero la materia no explica completamente el ser de las cosas. Esa materia tiene que tener una configuración, tiene que tener una estructura y tiene que habilitar para un cierto funcionamiento.
Y estas ideas de estructura y de función, aunque no son las que utiliza Aristóteles, son palabras que nos ayudan a descubrir lo que quiere decir la forma. Y ese concepto es tremendamente importante en Tomás, porque resulta que el alma humana es la forma del cuerpo; y en los sacramentos también tenemos materia y forma; y al hablar de materia y forma también tenemos un acceso a lo que queremos decir con el conocimiento de algo que, sin embargo, no es visible.
Todos aquellos reduccionistas antiguos o modernos, que quieren mirar el conocimiento humano únicamente como lo percibido por los sentidos, creo que necesitan revisar mejor esta antigua, pero muy fecunda teoría aristotélica, la de la materia y la forma.
Otro gran aporte de Aristóteles, dentro del conjunto del pensamiento de Tomás, es la teoría de las causas. Resulta que cuando nuestra mente hace preguntas sobre el mundo, parece que lo que está buscando son causas.
La causa es aquello que debe servir de respuesta a un porqué, y por eso se habla de una causa material, que es la materia, una causa formal, que es la forma; pero también hay otras causas, hay una causa final, el para qué, hay una causa ejemplar, aquello que sirve como de modelo.
Y es muy importante recordar la causa ejemplar, porque es como uno de los nexos, como uno de los puentes, entre el pensamiento aristotélico y el pensamiento platónico. La causa ejemplar hasta un cierto punto puede servir de puente o de nexo entre la idea de la participación platónica y la idea de la causalidad aristotélica.
Y además, existe la causa instrumental y de ese modo, por ejemplo, la humanidad de Jesucristo es causa instrumental de nuestra redención. Santo Tomás habla de la humanidad de Cristo como instrumento pleno, perfectamente unido a la Divinidad, a la Persona Divina, al Verbo Eterno de Dios.
Bueno, la teoría del acto y potencia, la teoría de materia y forma, la teoría de las causas, son grandes aportes y son muchos más con los que Aristóteles viene a dar una estructura a Tomás.
Repitámoslo, esto no significa que la interpretación sea la única o que sea necesariamente la mejor, lo que sí podemos decir es que Tomás abordó seria y profundamente el pensamiento aristotélico y podemos decir también, que enseñó a pensar o ha enseñado a pensar a muchísimas generaciones de cristianos y no-cristianos. Y yo creo que con ese sólo aporte ha hecho un bien inmenso en la historia de la humanidad.
Cerramos así esta brevísima consideración, interlocutores de Tomás. Algo hemos podido decir de Aristóteles, de Platón, de Plotino, del Pseudo-Dionisio, de Avicena, de Averroes, de Maimónides. El elenco es amplio. Se trata indudablemente de mentes privilegiadas y se necesitaba otra mente privilegiada, como la de Tomás, para dar razón de todo ello.
Personalmente le doy gracias a Dios por haber concedido a nuestra Iglesia un hombre de tantos talentos y de tanta humildad y amor para ponerlos al servicio de la causa del Evangelio. Cerramos así esta introducción general y queremos, con el favor del Señor, abordar textos mismos de Tomás a partir de nuestra siguiente edición de la Suma Conversación.