Suma Conversación 006

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Ratio e Intellectus en Santo Tomás

Este es el capítulo sexto de nuestra SUMA Conversación y vamos a dedicar este capítulo y seguramente algunos de los próximos, a mirar con más detalle, aquellas palabras que son fundamentales para el pensamiento de Santo Tomás, palabras que nosotros seguimos utilizando, pero que seguramente han cambiado en su significado.

Se ha dicho que las palabras son como organismos vivos: tienen su nacimiento, crecimiento, muchas veces se reproducen, o también tienen mutaciones y hay casos en que mueren. Entonces, si estamos tratando con organismos vivos que son las palabras, conviene que tomemos las debidas precauciones para no imaginar que cuando utilizamos la palabra ciencia en el siglo XXI es lo mismo que significaba ciencia en el siglo XIII. O cuando hablamos de inteligencia en el tiempo de Santo Tomás, no nos imaginemos que es exactamente lo mismo que quiere decir inteligencia en el siglo XX o en el siglo XXI después de tantos experimentos y análisis.

Esto no necesariamente significa que los conceptos en su versión más antigua sean mejores ni tampoco que los conceptos más recientes sean más perfectos. De algún modo, el lenguaje tiene que cumplir una función, llamémosla, social y práctica, y en la medida que es un instrumento de comunicación de personas vivas responde también a las preguntas, a los problemas, a los intereses de esas personas. En ese sentido, podemos esperar que mucho de lo que nos dice el lenguaje del siglo XIII, habla de cómo eran esas personas y mucho de lo que encontramos en nuestro tiempo habla de cuáles son nuestras actuales condiciones.

Yo creo que todos estaremos de acuerdo en que tanto en ese tiempo como en este tiempo había cosas buenas y había cosas malas. Por eso, no conviene canonizar lo antiguo porque es antiguo, pero tampoco celebrar e idolatrar lo nuevo porque es nuevo.

Con esta introducción hablemos de cuáles palabras pueden resultar más importantes. Yo escogería por lo menos la palabra razón, que en latín decimos ratio. Esta palabra, razón, y las que siguen, relacionadas con ella (la palabra Verdad, la palabra Ciencia, la palabra Filosofía y algunas otras) han cambiado profundamente en su significado y es necesario ver qué quería decir en el siglo XIII.

Ratio tiene como dos áreas de significación en aquel tiempo. Áreas de significación, queremos decir como las acepciones que están en el diccionario. Si yo busco en el diccionario una palabra, normalmente encuentro, numeradas incluso, una serie de vertientes de significados o áreas de significación. Esas son las acepciones. Pues bien, tenemos distintas acepciones o tenemos distintas áreas de significación con Ratio. Ratio puede significar en algún momento el Principio Iluminador, el Criterio Organizador de algo.

Nosotros los dominicos, por ejemplo, tenemos lo que se llama una Ratio Studiorum, literalmente sería una Razón de Estudios, pero pues nadie lo traduce de esa manera. La traducción usual, por ejemplo al español, es un Plan de Estudios. Esa es la Ratio Stodiorum. Ahí se está utilizando la palabra Ratio en el significado de Criterio Organizador, como si yo tuviera delante de mí el Plan de Estudios de los dominicos y preguntara, –Bueno, pero ¿cuál es la razón por la que esto se organiza así? – Debe haber una razón para que esto tenga esta estructura. Ese es el significado de ratio como principio iluminador, como criterio organizador. Es decir, ratio es aquello que le da un sentido, le da un lugar a un cuerpo de ideas o incluso de objetos o de realidades.

También dice Santo Tomás, refiriéndose a la teología, que la teología estudia a Dios y que estudia las demás cosas Sub ratione Dei, literalmente quiere decir bajo razón de Dios. Es una expresión muy difícil de traducir a nuestro español contemporáneo pero podríamos intentarlo. Sub ratione Dei quiere decir que si yo tomo a Dios como referencia, si ese es el criterio con el que quiero organizar el cuerpo de conocimientos que se llama Teología, entonces yo busco, por así decirlo, lo teológico, lo que tiene una referencia a Dios en las cosas que estoy estudiando.

Así por ejemplo, puedo tomar el caso de la vista, la mirada, y entonces yo puedo estudiar la mirada desde el punto de vista de la fisiología y de la anatomía, puedo tomar los tejidos que hacen posible esa maravilla que llamamos ver, ese es un modo de estudiar la vista. Pero a un teólogo, tal vez, no es ese el enfoque que más le interesa. Más bien le interesa lo que yo haga con los ojos. Mis ojos pueden expresar amabilidad, o mis ojos pueden caer en impureza, mis ojos pueden ser una expresión de indiferencia o de juzgar a la otra persona. Entonces aparece un carácter, aparece un aspecto que es lo que hace que esa mirada tenga una referencia a Dios. Porque en la medida en que ya hablamos de un comportamiento, ya hablamos de lo bueno y lo malo, entonces, necesariamente, hay una referencia a Dios.

Si reconocemos que Dios es el creador de cuanto existe y si reconocemos que este Creador ha querido darnos unos caminos que son finalmente para nuestro bien y que son, por ejemplo, los mandamientos, entonces vemos que en esa mirada hay una connotación o hay una referencia que mira hacia Dios. Esto es lo que quiere decir Sub ratione Dei: si yo conservo a Dios como punto de referencia, si yo conservo a Dios como criterio de mi cuerpo de conocimiento, entonces sub ratione Dei, es decir, en referencia continua a Dios como criterio que unifica mi conocimiento, yo podré hablar, por ejemplo de la mirada, o de la palabra, o podré hablar de las distintas facetas, de los distintos modos de comportamiento humano. Entonces, este es el primer significado de ratio. Ratio es el criterio organizador, es el principio iluminador de algo.

Pero hay otro modo de hablar de ratio. Ratio también quiere decir aquello que hace referencia a las razones o los argumentos o al proceso mismo de argumentar. Y aquí hay algo muy interesante y es la diferencia que hace Santo Tomás entre ratio e intellectus. Intellectus es lo que suele traducir por entendimiento. Intellectus no es exactamente lo que nosotros llamaríamos inteligencia. Esta palabra como tal no es, ni mucho menos, propia del pensamiento de Tomás. Intellectus o entendimiento, tiene que ver con ratio pero hay una precisión muy importante que hacer.

Vayamos a la palabra Intellectus según la etimología que propone el filósofo español Xavier Zubiri, nosotros tenemos por una parte el leer que es el verbo légere y por otra parte tenemos la preposición intus, entonces este hombre propone que intellígere es intus—légere, es como leer adentro. El intelligere, es decir, el inteligir es lo que sucede cuando leemos adentro. Esta definición, que puede parecer extraña, esta definición del intellectus es muy importante, porque nos muestra que en el intellectus de lo que se trata es de la apropiación del conocimiento y la apropiación de una verdad, de una realidad que no es necesariamente aparente. Por eso se habla de intus, de adentro, es buscar cuál es la verdad, cuál es la realidad de algo.

Obsérvese el contraste tan grande con lo que se suele llamar inteligencia hoy. La definición de inteligencia en la psicología contemporánea, es decir, siglo XX siglo XXI, prácticamente equivale a la capacidad de resolver problemas; entonces si un computador resuelve problemas es ‘inteligente’. Si un chimpancé apila unas cajas para alcanzar una banana es ‘inteligente’. Hay una gran diferencia entre esa manera de ver la inteligencia y lo que quiere decir el intellectus aquí.

El intellectus tiene que ver con llegar a una verdad, llegar a lo que las cosas son en sí. Es buscar el ‘de suyo’ de las cosas, lo que son de por sí, lo que son en sí las cosas. Esta clase de preocupación, esta clase de búsqueda en el caso nuestro, de los seres humanos, es una búsqueda procesual. Yo no llego directamente a la verdad sino que tengo que avanzar un camino, tengo que hacer un proceso. Entonces ratio es la manera de nuestro intellectus, –ya estamos metiendo bastante latín aquí, ¿ah?— entonces, la razón es lo propio de nuestro entender.

Nuestra manera de entender es procesual, requiere un avance, dice Santo Tomás, requiere un discurso. La palabra discurso está relacionada, por supuesto, con cursus y cursus es una carrera, es un recorrido. Entonces, nuestra manera de llegar a la verdad es discursiva. Nosotros tenemos que avanzar a base de argumentos, razones, certezas parciales, nuevas preguntas. Hay toda una búsqueda. Y esa búsqueda es lo que corresponde a lo que se llama un discurso, es un discurrir. Ese verbo también lo utilizamos en español. Discurrir es avanzar con el pensamiento. Discurrir es buscar la verdad a partir de evidencias parciales, a partir de certezas parciales, eso es discurrir.

Entonces nosotros tenemos un entendimiento que es una apertura a la verdad, a la realidad de las cosas en sí mismas. Pero esa apertura está condicionada por nuestro ser temporal. Nosotros no recibimos la verdad de un modo instantáneo, esos sería la intuición. Nosotros no llegamos a la verdad de un modo intuitivo, sino llegamos a la verdad procesualmente y ese proceso incluye argumentos, incluye razones, cuestionamientos, incluso, en algunas oportunidades llegar a callejones sin salida.

En el terreno de la ciencia, podríamos recordar el caso del famoso éter. Sucede que hacia fines del siglo XIX se hablaba de una especie de sustancia que era con unas características muy especiales y era la responsable de la transmisión, por ejemplo, de la luz; la luz se supone que era una vibración de esa sustancia llamada éter. Pero entonces una serie de experimentos vinieron a llevar como a una especie de callejón sin salida y prácticamente a descartar el éter. Eso fue como una hipótesis que quedó rebatida y que por consiguiente ha sido descartada. Esto es lo propio de la razón.

La razón entonces es entendimiento en marcha, es el camino de nuestra manera de entender. Dicho sea de paso, esta no es la única manera de entender, es decir, existen otras formas de intellectus. Santo Tomás es supremamente amplio en su perspectiva y él se da cuenta de que así como existe el intellectus nuestro que avanza procesual, discursivamente, yendo de unos argumentos hacia otros, así también existe otra forma de intellectus que es el intellectus, por ejemplo, de los ángeles.

Los ángeles no están sometidos a nuestra condición temporal, para ellos el conocimiento es algo mucho más intuitivo, es decir, perciben la verdad como por impresión inmediata sobre el entendimiento. Y lo mismo sucede en el caso de Dios. Dios no tiene que avanzar en un proceso de argumentos para llegar a una determinada verdad. En ese sentido, aunque suene extraño, habría que decir que Dios no razona, Dios conoce pero Dios no razona porque el razonamiento es todo ese proceso que se va llevando, ese discurso que se va llevando.

Entonces ya vemos la diferencia entre intellectus y ratio. Ratio es una forma de intellectus. Ratio es la forma propia de nuestro entender que como está sometido al tiempo, tiene que avanzar entonces a base de argumentos y cuestionamientos y respuestas parciales. Pero hay algo muy bueno en esto del avanzar discursivo o el ‘avanzar racional’ y es que nos permite hablar de un conocimiento estructurado. El conocimiento que da la ratio en cuanto capacidad humana es una fuerza que permite estructurar conocimiento porque a medida que se va avanzando desde unas premisas hacia unas conclusiones, si ese proceso está bien hecho, estas conclusiones son firmes y me pueden servir de premisas para avanzar hacia otras conclusiones más altas y así sucesivamente. De modo que el conocimiento discursivo también es un conocimiento estructurado y por lo tanto es un conocimiento jerárquico. Esta palabra también es importante.

Para Santo Tomás, la verdad existe en nuestra mente de una manera jerarquizada. Nosotros, a medida que vamos avanzando racionalmente, nos damos cuenta que unas cosas sirven de base para las otras y esas para otras y tal vez el ejemplo más conocido y más utilizado de esta forma de conocer es lo que sucede digamos en las matemáticas. Se parte de unos principios, que se llaman los axiomas, y luego se van sacando conclusiones y se van haciendo deducciones entonces tenemos teoremas que van ampliando de alguna forma el conocimiento, y esos teoremas, una vez que están demostrados sirven de base para nuevos teoremas. Esto es lo que se llama un conocimiento estructurado y jerarquizado. Lo cual tiene muchas ventajas porque el conocimiento cuando es jerarquizado, puede hacer aprecio de qué es lo fundamental y qué no es tan importante.

Y esta es la gran diferencia entre internet y Santo Tomás: yo puedo tener en internet toda la información del mundo, yo puedo entrar a ese lugar archiconocido, la wikipedia, y en la wikipedia puedo encontrar información sobre prácticamente todas las cosas y miles de posibilidades; pero en una enciclopedia típica, y también en la wikipedia, los distintos artículos están puestos el uno al lado del otro. Entonces yo me puedo encontrar, por ejemplo, un artículo que me habla sobre marcadores secos y otro artículo que me habla sobre la existencia de Dios y ambos artículos están en el mismo lugar y están en el mismo internet. Pero ¿qué es más importante?, pues, uno intuitivamente diría es mucho más importante saber si hay o no hay un dios que saber cómo se elaboran los marcadores secos o cuáles son las fábricas más prestantes en esa industria. Entonces, el conocimiento jerarquizado es un conocimiento que nos lleva a valorar, que nos lleva a ponderar y por lo tanto es un conocimiento que nos conduce hacia la sabiduría.

Para Santo Tomás, la sabiduría es el fruto más dulce y es el tesoro más grande en lo que tiene que ver con el entendimiento, porque la sabiduría es ese conjunto de conocimiento estructurado que hunde sus raíces en los primeros principios. De modo que cuando una persona es realmente sabia, no solamente tiene mucha información sino que la tiene estructurada; puede reconocer qué es lo fundamental, qué es lo primero, qué es lo segundo, y puede por lo tanto valorar. Dentro de esa valoración llegará finalmente –eso cree Santo Tomás, eso creo yo, eso creemos muchos– llega finalmente a un fundamento, a un cimiento último de la realidad que no es otro que el mismo Dios.

Bueno, esto es lo que quiere decir la ratio como facultad, como manera propiamente humana de entender, esta es la ratio. Es el discurrir, es el avanzar de unos argumentos a otros. Y así tenemos las dos áreas de significación de ratio. Ratio puede significar el Criterio Organizador, el Principio Iluminador de algo o ratio puede aludir a la facultad por la cual nosotros llegamos a conocer a través del razonamiento, a través del discurso. Uno se da cuenta que cuando ese discurso está finamente estructurado, pues finalmente, nos lleva a la otra acepción. Es decir, estas dos acepciones están conectadas porque cuando yo llego a ese criterio unificador, cuando yo llego a esa estructura también llego al criterio unificador y entonces es ahí donde se relacionan estas dos maneras de mirar la ratio.

Siendo así las cosas, conviene que miremos qué papel puede cumplir esa ratio dentro de la fe, dentro de la teología y aquí lo más importante es distinguir entre lo que es explicar y lo que es exponer. Explicar, literalmente, quiere decir quitar todos los pliegues, es decir, mostrar con absoluta evidencia algo, eso es explicar literalmente. La razón no puede explicar la fe porque las verdades de la fe ciertamente trascienden lo que alcanza nuestra razón. Entonces, nosotros no creemos porque las cosas estén explicadas o porque estén demostradas.

Lo que hace la razón no es demostrar la fe, lo que hace la razón es más humilde, la razón expone la fe, es decir, en cuanto es un criterio organizador, la razón sirve para darle un orden a la presentación de la fe y, tal vez, uno de los ejemplos más elocuentes es precisamente la Suma Teológica de Santo Tomás, en la cual, una serie de grandes principios, una serie de grandes razones –por qué no decirlo– gobiernan la manera como se presenta el material.

El depósito de la fe es como una bodega en la cual tendríamos que tener en cuenta las vidas de los santos, la Liturgia, los decretos de los papas, los comentarios de los santos padres, y en el centro, y en el corazón de todo eso, la Sagrada Escritura. Esa bodega que podríamos imaginar que es el depósito de la fe, no la ha creado la razón, pero la razón si puede ayudar a disponer ese material y a presentarlo de una manera más accesible a nuestro conocer.

El otro papel que cumple la razón, y creo que esto ya lo hemos dicho en otras oportunidades, es que ayuda a defender ese depósito de la fe porque cuando llegan las objeciones, entonces nosotros nos damos cuenta que si son incoherentes o si son falsas pues realmente no destruyen –no pueden destruir– el depósito de la fe. Entonces, la razón es una organizadora, es defensora, es protectora de la fe. Y en este sentido, qué lejos está Santo Tomás de esa especie de mito repetido de una oposición entre la razón y la fe.

Lo que sucede más bien es que la razón tiene sus límites y en la medida en que la razón no puede sondear el misterio entero de la existencia humana pues hay otras luces y entre ellas, singularmente, la luz de la fe que pueden ser organizadas y presentadas por la razón pero que no provienen propiamente de la razón.

Estas son algunas ideas fundamentales de qué quiere decir ratio y qué quiere decir avanzar racionalmente dentro del esquema, dentro de la propuesta de Santo Tomás de Aquino. Con la ayuda de Dios, tendremos que referirnos luego a otras expresiones, sobre todo tendremos que hablar de la verdad, qué quiere decir eso de la verdad, en dónde está la verdad y cómo nuestra razón puede acceder a esa verdad, de esos tendremos que seguir comentando.