Suma Conversación 002
Predicación original en video o audio
Perfil biográfico e intelectual de Santo Tomás de Aquino
Esta es la segunda edición de nuestra Suma Conversación. El propósito, como hemos dicho, es acercarnos a la persona y a la obra de Santo Tomás de Aquino, con el convencimiento, ante todo, de que estos grandes autores, estos grandes testigos de nuestra fe, no escribieron solamente para un grupo reducido de especialistas.
Es verdad que necesitamos cierta introducción y cierto acompañamiento para aprovechar al máximo lo que ellos hicieron. Pero, una cosa es que se necesite ese acompañamiento y otra cosa que sea imposible entrar. Muy al contrario, la manera como vivió y la manera como escribió Santo Tomás, son un modelo de apertura y de transparencia. Tomás escribió para ser entendido y escribió también para entender. Sus escritos, su obra, y una vez más lo digo, su estilo de vida, son una demostración de lo que significa la fe cristiana en diálogo, en contacto, en cercanía con quienes piensan como nosotros y quienes están en desacuerdo con nosotros.
De hecho, el desacuerdo, la diferencia de opinión, es el punto de partida para el trabajo de Tomás, exactamente lo contrario de lo que podríamos llamar dogmatismo o fundamentalismo. Si el dogmatismo es la postura existencial y filosófica que cree que la discusión es innecesaria porque ya todo está aclarado; si el fundamentalismo es la postura existencial y filosófica que cree que todo está definido en unos textos, por ejemplo, textos sagrados, entonces hay que decir que Santo Tomás de Aquino es lo opuesto, es exactamente el antípoda de esa clase de posturas: ni dogmático ni fundamentalista.
Cada uno de los artículos de su obra más conocida, la Suma Teológica, es entrar en un diálogo, diálogo de opiniones divergentes, en las cuales, sin embargo, es necesario rescatar aquello que es más perdurable, aquello que es más firme, aquello que tiene, podríamos decir, mejores títulos, mejores argumentos.
Es una gran obra, la Suma Teológica, pero también requiere de nosotros una especie de conversión, conversión para además salir de nuestros dogmatismos y de nuestros fundamentalismos. Porque, aunque no lo parezca, muchos no estamos acostumbrados a argumentar nuestras posturas. Es muy frecuente que acusemos a la Iglesia, o acusemos al Papa, o tengamos prejuicios sobre la enseñanza de la Iglesia en tal o cual materia. Pero, si luego se nos pide a nosotros mismos que argumentemos lo que tenemos que decir, muchas veces esos argumentos no son otra cosa sino lo que se dice, la moda, la opinión, y en eso consiste todo nuestro fundamento.
Así que entrar en el universo de Santo Tomás como también entrar en el universo de cualquier otro gran pensador, requiere esta clase de conversión, requiere este descubrir que estamos muchas veces cortos en nuestro modo de afirmar lo que afirmamos y de creer lo que creemos. Luego, nosotros no entramos en la vida y en la obra de Santo Tomás simplemente como quien hace un recorrido turístico. Entramos también para ser cuestionados, entramos también para descubrir que nuestro uso de la palabra suele ser pobre, entramos para descubrir que nuestras razones y que nuestros argumentos muchas veces flaquean. Y en ese sentido se trata, yo diría, no de un paseo turístico, sino de una peregrinación.
Este es un buen tiempo para preguntarnos quién está detrás de todo eso. Hemos mencionado continuamente las obras de Santo Tomás. Pero, esas obras no las hizo el azar, no se hicieron solas; hay una persona detrás de ellas. Por lo tanto, hablemos un poco de esta persona, hablemos un poco de este hombre que movido por, llamémoslo timidez, llamémoslo discreción, llamémoslo humildad, hasta cierto punto desapareció detrás de su obra: Santo Tomás evidentemente quiso desaparecer.
Incluso para describir su propia misión, descubrir y describir su propio proyecto de vida, utiliza palabras de otra persona. En la Suma Contra Gentiles, él describe su proyecto, describe su estilo de vida y su motivación más profunda. Pero, para ello requiere de las palabras de San Hilario. Y dice que su proyecto y su propósito es que todo lo suyo hable de Dios.
Evidentemente estamos frente a una persona que tiene una motivación de fe. Es una motivación esencialmente religiosa; es una motivación que podemos también llamarla una vocación. Santo Tomás es alguien que ha sentido el llamado del Señor y que quiere desde lo mejor de sus capacidades (y sus capacidades eran muchas) hacer presente al Señor: quiere manifestar al Señor.
Es decir, Tomás es alguien que quiere convertirse en epifanía. Él quiere ser una revelación, él quiere ser una manifestación. O tal vez debería utilizar la palabra transparencia, porque es consciente a su vez de que lo que está transmitiendo no empieza con él, no tiene pretensiones de originalidad. Lo único que quiere es tomar el tesoro común de la Iglesia (hablamos de la Iglesia del siglo trece en Europa Occidental), él quiere tomar ese tesoro común y quiere ofrecerlo, quiere servirlo, quiere exponerlo. Esta labor requiere entonces de una profunda investigación.
No estamos frente a un creador literario, no estamos frente a un pensador que quiere lucirse o que quiere encontrar un ángulo exótico, desconocido, atrayente o curioso. Esa clase de motivaciones son ajenas al trabajo de Tomás. Él toma lo que era la herencia común, y la herencia común, ¿en qué consistía?
Recordemos algunas de sus fuentes. El gran autor en el occidente cristiano es por supuesto San Agustín. San Agustín es el gran maestro de la Iglesia en occidente. Las obras de Agustín, tanto sus sermones como sus tratados teológicos, como sus obras autobiográficas, son una especie de gran tesoro. Pero, Agustín mismo ha bebido de otras fuentes, ante todo de la Escritura. Y recordemos que en el sistema de enseñanza universitaria en la Edad Media, lo primero que debía hacer todo profesor de teología era enseñar Biblia.
Muchas veces se ha destacado el aspecto de Tomás como un pensador especulativo, un hombre familiarizado con la filosofía, sobre todo la filosofía de Aristóteles. Sin embargo, no se ha destacado lo suficiente, que Tomás ha recorrido, ha navegado por las aguas de la Escritura hasta familiarizarse con cada uno de estos textos. Y como el hombre gozaba de una memoria prodigiosa, podemos suponer que muchas de las citas que salpican los artículos de la Suma Teológica, simplemente los tenía Tomás cerca de su corazón y cerca de su lengua, porque eran parte de su ser.
Además, éste es un religioso convencido de la vida comunitaria, convencido de la oración litúrgica, convencido de la fuerza de los sacramentos. La vida de la Iglesia fluye a través de él de una manera espontánea. Muy a menudo Tomás cita no sólo los textos bíblicos, sino también oraciones, textos de los Padres de la Iglesia, es decir, todo aquello que un cristiano muy fervoroso podía tener en su acervo, si de veras estaba viviendo y practicando su fe.
Esto es bueno destacarlo, porque a veces se cree que la teología consiste sencillamente en tener unas fuentes de información y tener una gran capacidad de procesamiento, una gran capacidad de manejo de esa información. Con otras palabras, lo que estoy diciendo es que Tomás obra como un creyente, obra conscientemente como un creyente, y su teología es el fruto de una experiencia de fe y de una experiencia de pertenecer a un cuerpo, a una Iglesia en la cual él se siente como en su casa. La Biblia, pues, será el fundamento último de todo lo que Tomás escribe.
Destaquemos también que Tomás tiene sus propias obras bíblicas; es algo menos conocido. Por ejemplo, están Las Apuntaciones del curso que él dio sobre el Evangelio de San Mateo. Está el comentario al Evangelio según San Juan. Están los comentarios a varias de las Cartas del Apóstol San Pablo, recordemos sobre todo los comentarios a las Cartas a los Corintios y el gran comentario a la Carta a los Romanos. Se ha encontrado además un estudio, un recorrido por los salmos, y por si fuera poco, no podemos olvidar aquella obra que se llama "La Cadena de Oro", La Catena Aurea.
La Catena Aurea no es una obra original de Tomás. En La Catena Aurea lo que encontramos es una colección de comentarios de los antiguos autores, es decir, los Padres de la Iglesia, comentarios a los Evangelios. Lo que hace Santo Tomás en La Catena Aurea, es tomar cada pasaje de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y buscar qué dicen los Padres de la Iglesia sobre ese pasaje. Entonces, digamos, Las Bienaventuranzas en San Mateo: ¿Qué dice San Juan Damasceno? ¿Qué dice San Juan Crisóstomo? ¿Qué dice, por supuesto, San Agustín? ¿Qué dicen todos estos Padres?
Y de esa manera lo que encontramos en Tomás es una persona que se ha hecho cargo, es una persona que ha entrado en el edificio del pensamiento cristiano con todas las luces encendidas. Él ha utilizado el máximo de los recursos, él ha querido en primer lugar absorber, ha querido apropiarse, se ha apersonado del enorme tesoro de la fe cristiana, lo ha vivido, lo ha orado, lo ha celebrado, y de ese modo está dispuesto, está listo, para también hacer su propio aporte. Es inmensa su capacidad de absorción. Nada más tomemos esa última obra que he mencionado, La Catena Aurea. Suponte que tuvieras que hacer tú un trabajo como ése. ¡Imagínate cuántas horas de investigación hay en eso!
También ese período en el que Tomás trabajó en su Catena Aurea, nos ayuda a descubrir dos elementos que no hay que dejar pasar. Primero, cómo él, evidentemente, resulta mucho más familiar con los Padres latinos que con los Padres griegos.
Cuando se habla de la antigüedad cristiana, siempre se habla de patrología latina y patrología griega. Patrología quiere decir, "los Padres de la Iglesia", los antiguos grandes pastores y predicadores de la fe cristiana. Pero, algunos de ellos escribieron en latín como el que ya hemos mencionado, San Agustín, o San León Magno, o San Gregorio Magno. Otros, en cambio, escribieron en griego: por ejemplo, San Basilio. O si vamos a hablar de San Gregorio Nacianceno, San Gregorio Niceno, todos éstos escribieron fundamentalmente en griego.
Y aquí también hay entonces que destacar esa limitación. Tomás está mucho más familiarizado con los Padres latinos. Lo que él conoció de los Padres griegos es proporcionalmente menor, y lo conoció a través de traducciones. Porque, hasta donde llegan nuestros datos, él no alcanzó nunca a dominar la lengua griega. En ese sentido, aunque es grande nuestra admiración por el trabajo de Tomás, pues, es evidente que vamos a encontrar una limitación.
Otro aspecto que creo cabe destacar aquí, es que Tomás no es el primero que intenta esta clase de síntesis. Antes de Tomás, ¿cómo se estudiaba la teología? Aparte de lo que es la Biblia como tal, ¿cómo se estudiaba la teología? Pues, resulta que había una colección de estudios, de disertaciones, de artículos, que eran los escritos de Pedro Lombardo, se llamaban Las Sentencias de Pedro Lombardo. Ese mismo nombre tan genérico, Sentencias, quiere indicar que aunque la obra tenía un amplio espectro, todavía adolecía de cierta falta de sistematización. Y uno de los propósitos de Tomás al escribir La Suma Teológica, es avanzar en la misma línea del proyecto de Pedro Lombardo, es decir, llegar como a una presentación orgánica, razonada, sistemática de la fe cristiana.
Las Sentencias de Pedro Lombardo eran materia obligada de estudio para los clérigos de aquella época. De modo que Tomás, además de su recorrido, de su estudio de la Biblia como lo pedía el sistema universitario del siglo XIII, especialmente en la Universidad de París que era como la capital del pensamiento en el mundo, además de eso en la Biblia y además de su extraordinaria familiaridad con los Padres de la Iglesia, especialmente los Padres latinos, también Tomás tuvo que estudiar él mismo y tuvo que enseñar Las Sentencias de Pedro Lombardo.
Porque, el sistema típico de enseñanza, el sistema típico de docencia en la Edad Media, es lo que nosotros llamamos los comentarios. En aquella época no había muchísimos libros. No hablo ni siquiera de la parte física, libros manuscritos porque imprenta tampoco había, no me refiero a la parte material, muchos ejemplares, sino que tampoco había demasiadas obras para escoger.
Si uno se va, por ejemplo, a buscar obras sistemáticas que sean comparables con lo de Pedro Lombardo, pues, sí las hay; sí, ciertamente las hay. De hecho, en el siglo XIII empiezan a abundar esos textos que llamamos sumas. Una suma es como una recopilación, como una visión integral que intenta precisamente sumarlo todo. El verbo latino tiene ese mismo origen, sumarlo todo, lo que después nosotros estamos acostumbrados a llamar una enciclopedia.
Pues bien, lo que se hacía en términos de docencia en aquella época, era que se tomaba un texto de base y el texto base estándar era Las Sentencias de Pedro Lombardo. El profesor iba leyendo tal cual Las Sentencias; por eso se hablaba de lectores: el lector conventual, el lector de tal universidad. Lo que hacía el profesor era leer y luego comentar, leer y comentar. Pero, el texto permanecía vivo y permanecía como un núcleo que se iba enriqueciendo. Eso también hizo Santo Tomás.
Pero, además de estas fuentes encontramos otro elemento: los escritos de Aristóteles. No contento con ese tremendo tesoro de la antigüedad cristiana, Tomás entra en diálogo con el pensamiento pagano. Hay que reconocer que la Iglesia tenía muchos prejuicios sobre este ingreso del pensamiento de Aristóteles: sólo sus obras de lógica y sus obras de gramática habían entrado con paso franco en la cristiandad. Sin embargo, Tomás, y junto a él otros, dan un paso más: quieren entrar en un diálogo intelectual con esta antigüedad pagana. De ahí que Tomás quiera buscar cuánto hay de verdadero bajo el lema que, todo lo que es verdadero finalmente viene del Espíritu Santo.
Estas son algunas de las fuentes, esto es un poco el perfil de creyente y de intelectual que tenemos en Santo Tomás de Aquino. Demos entonces gracias a Dios por este hombre que dedicó lo mejor de su corazón, de su tiempo y de sus fuerzas, para servir el tesoro de la fe a todas las generaciones. ¡Bendito sea Dios! Su proyecto fue coronado con el éxito si podemos juzgar por el número de veces y por la calidad de los comentarios que el magisterio de la Iglesia ha tenido siempre para con nuestro hermano, Tomás de Aquino.