Staq004a
Fecha: 20000128
Título: No escandalizarse por los pecados que hay en la Iglesia, sino buscar la pequena semilla de bien que hay en cada uno de sus miembros
Original en audio: 18 min. 8 seg.
La Iglesia nos presenta hoy lecturas bastantes conocidas, y nuestra Orden Dominicana recuerda hoy a un santo bastante conocido, Santo Tomás de Aquino. Pero resulta que yo veo una relación entre estas lecturas que hemos escuchado, sobre todo el evangelio, y el santo que estamos recordando.
El evangelio nos ha presentado dos comparaciones de semillas, una semilla que es pequeña como el grano de mostaza y una semilla que es oculta, incluso para aquel que la siembra. Quedémonos con dos palabras: una semilla pequeña y una semilla escondida; lo pequeño y lo escondido.
Y Jesús dice que el Reino de Dios se parece a eso que es escondido como la semilla, sobre todo de noche, pero una mañana aparece la cosecha.
Lo escondido se vuelve manifiesto, una semilla que es pequeña, pero que un día se hace grande, más grande que todas las hortalizas. Lo pequeño se hace grande, lo escondido se hace manifiesto.
Bueno, ¿y què diríamos nosotros de nuestro Santo? Pues resulta que si hay una corriente teológica, si hay una enseñanza teológica que es bien conocida en la Iglesia, tal vez la màs conocida en la Iglesia, es la de Santo Tomás de Aquino, ha sido llamado el Doctor común, algo así como maestro de todos.
Continuamente los Papas recomiendan la enseñanza de Santo Tomás de Aquino, parece que es común, no es escondido; además, es mucho y muy bueno lo que se ha dicho sobre Santo Tomás y aparece como grande, sobre la Suma Teológica sobre todo.
Y sobre las obras de Tomás, ¡cuàntas cosas se han dicho! Parece grande, no parece pequeño, no parece escondido.
Entonces hay una tensión entre las lecturas de hoy y la vida del Santo de hoy, porque las lecturas de hoy nos hablan de la importancia de lo pequeño y de lo escondido, y resulta que estamos recordando a un Santo que es grande, incluso corporalmente, y que no está escondido sino que es muy conocido.
Si lo pensamos bien, esa tensión también aparece en otras cosas. Por ejemplo, esta mañana estuve en una conferencia por asuntos de mi comunidad dominicana.
Un historiador, que está colaborando con nuestro archivo de provincia, hablaba de lo que han sido las comunidades religiosas en nuestro país y decía tanto como esto: "No había mucho papel moneda circulando, los bancos, oigame bien, los bancos, para la platica, en la Colonia, los bancos, en buena parte, fueron los conventos.
Ha habido un impacto inmenso de la vida religiosa, eclesiástica, clerical, instituciones, campos, haciendas, universidades, dinero, colegios, iglesias, una influencia cultural inmensa. Todo eso se parece a Santo Tomás, todo eso se parece a una cosa muy grande.
Y entonces aquí llego a la pregunta que yo quiero plantear, que creo que es una pregunta que uno se hace: ¿qué quedó de esa semilla pequeña, en esa Iglesia tan grande y poderosa? ¿Qué quedó de esa semilla pequeña en esa Iglesia tan robusta, tan fuerte?
¿Qué quedó de la semilla pequeña y de la semilla oculta en esa Iglesia que se muestra abiertamente? ¿En esa Iglesia que se siente fuerte, que a veces incluso, por què no decirlo, casi es ostentosa?
¿Dónde está la semilla pequeña? ¿Dónde está la semilla oculta en esa Iglesia que tiene una teología brillante que ya mucha gente no alcanza a entender, que tiene construcciones magnificas, que pueden asustar a los pobres? ¿Dónde está la semilla pequeña? ¿Dónde está la semilla oculta ahí? Es una pregunta candente.
Para todo cristiano que estè un proceso de maduración, esta pregunta yo creo que tiene que lacerar el alma. ¿Dónde está la semilla pequeña y oculta en una Iglesia que tiene tantos bienes materiales, que se enorgullece de tantas conquistas intelectuales, que se siente tan cómoda cerca de los que abundan en poder y en influencia? ¿Dónde está el Reino de Dios ahí?
Una vez que se plantea esa pregunta, mis queridos hermanos, estoy ante un auditorio que estimo maduro o en proceso de maduración en la fe, y por eso hablo abiertamente. Una vez que se plantea una pregunta de ese tamaño, yo diría que se pueden tomar tres actitudes, o tal vez cuatro, vamos a ver cuàntas me salen, yo creo que son tres o cuatro.
Una primera es, una actitud de indiferencia, tal vez el que no quiere complicarse la vida, dice: “Tendrán que responder ante Dios, esos curas o esos monjes, tendrán que responder ante Dios de sus cosas; esos obispos o esos frailes, allá ellos con Dios; yo no me meto en problemas, yo procuro vivir mi vida bien y que cada uno haga lo que pueda”.
Es una manera de actuar frente a este problema, ni siquiera enterarme de eso, ni siquiera preocuparme de eso.
Otras personas, en cambio, toman una actitud cómoda, usualmente cuanto màs influyente se convierte un religioso o un sacerdote, màs tiene el peligro de que empiece la gente a estar cerca de èl, no por ser sacerdote, no por ser predicador, no por ser de Jesucristo, sino por el poder, por la influencia, por la comodidad, por los bienes, por las cosas.
Y esas personas que se convierten en aduladores, en falsos amigos de los sacerdotes, de los obispos, de los religiosos, de las religiosas que están ahí chupando bienes materiales y bienes terrenales, esas personas ¿qué dirían ante esto? Responderían con cinismo: “Pues claro, claro que hay una gran alianza entre los poderes de esta tierra y la Iglesia, y eso me conviene”.
“De manera que no tengo el menor interés en que las cosas cambien, me parece muy bien que sea así, que la Iglesia es asì, me parece muy bueno, y el problema del Reino de Dios y eso, pues no sè, Dios es misericordioso y no sè".
"Por lo pronto, es muy bueno trabajar con estos padrecitos o con estas madrecitas, o con esta comunidad, o con esta parroquia; aquí estoy devengando lo mío”. Esta es como una segunda actitud.
Vamos con una tercera actitud. Otros, en cambio, toman una postura de denuncia profética y dicen: “Dentro de esa Iglesia ya no está obrando Dios, esa Iglesia ha adulterado, es una Iglesia adúltera, es una Iglesia que ha prostituido la pureza de su fe, en esa Iglesia ya no se reconoce el Reino de Dios, ¿me voy!”
Y se van, unos se van màs lejos que otros, algunos se van, por ejemplo, a fundar otras iglesias y entonces se vuelven protestantes, de una o de otra forma. Lo que es irónico de eso es que luego esas iglesias también empiezan a abundar en esos bienes y siguen el mismo curso.
Si tù visitas un país, el país donde nació la Reforma protestante, lo que te encuentras es que las catedrales luteranas, y las iglesias luteranas, y las universidades luteranas, y todo lo luterano, y los bienes de las iglesia luterana son perfectamente comparables, y los escándalos luteranos y los escándalos católicos, ese no es el punto.
Otros pretenden alejarse de la Iglesia y no creer en más iglesias: “Yo tendré mi relación con Dios como yo pueda, como yo la entienda”. Pero eso es traicionar la Palabra y la Palabra nos dice: “Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella” Carta a los Efesios 5,25.
La Iglesia es el amor de Jesucristo, es el Cuerpo de Cristo, es la esposa de Cristo, pretender tener un fe sin Iglesia es simplemente ser un cobarde, y además, traicionar la Palabra.
La tercera actitud es una actitud entonces de denunciar, sacar este instrumento de acusación y arrojárselo a la Iglesia: "Usted con sus cosas, con su teología, con su arte, con sus bienes le dio la espalda al Reino, así han obrado".
En parte todos estos escándalos con la Teología de la Liberación eran eso, eso tampoc vamos a creer, que todos los de la Teología de la Liberación eran unos ateos, crueles que no entendían nada de la Iglesia, no. Muchas de las denuncias de esos teólogos tienen mucho que decir, mucho.
Porque muchos de ellos, precisamente, estaban haciendo esas pregunta que yo he planteado hoy, que es la que se hace mucha gente: “Si el Reino es una semilla pequeña, una semilla escondida, claro que tiene que crecer y todo aquello, ¿qué queda de eso en una Iglesia que se vuelve poderosa, en una Iglesia que se vuelve ostentosa, una Iglesia donde ya no caben todos esos y todas esas que andaban con Cristo.
Una vez el Maestro de nuestra Orden dominicana Timothy Radfcliffe, planteaba la cosa de esta manera, decía: "Bueno, y si llegara un San Martin de Porres a nuestra Comunidad hoy, pues tal vez no se podría entrevistar ni con el Provincial".
"Si llegara una Catalina de Siena, sería tratada tal vez peor que en su tiempo; si llegara una Inés de Montepulciano, quizá no la reciben en el monasterio". Eso lo decía el Maestro de nuestra Orden.
Yo he mencionado tres actitudes, la persona que dice que eso no le importa, la persona que aprovecha la circunstancia y dice: "Sí, yo soy amigo de los padres y me va muy bien así", eso se llama saduceo, para mi saduceo significa herodiano, saduceo y herodiano significa aquel que condena a Jesucristo.
Precisamente la gente que estaba más acomodada fue la gente que hizo la fuerza para que Cristo fuera crucificado. Esa es tercera actitud: el dedo de acusación.
Pero nos falta una cuarta actitud y esa cuarta actitud es la que yo quisiera que nosotros encontráramos, esa cuarta actitud es la que hemos visto en los grandes santos, por ejemplo, en Santa Catalina de Siena, que tiene nuestra Orden, o en este Domingo de Guzmán que tiene nuestra Orden.
En ellos vemos esa cuarta actitud, ¿y cuál es? ¿Cómo describirla? Es una actitud de realismo; pero una actitud de realismo sereno. Hay tensiones, hay incoherencias, hay pecados, hay problemas, y què, ¿me voy a ir por eso? Es un realismo sereno, punto nùmero uno.
Segundo elemento de esta actitud. Como tiene el corazón unido a Dios, la persona que tiene esta actitud sufre. Si a usted no le da dolor ver que el Reino de Dios, el Reino de la semilla pequeña y oculta parece que no aparece, si eso no le duele a usted, pregúntese como le dijo Cristo a Santiago y a Juan: ¿usted de què Espíritu es?
Segunda punto de esta actitud es el dolor, primero, realismo sereno, realismo sin escándalos; segunda actitud de este punto es el dolor, dolor de amor, dolor de aquel que ama, dolor de aquel a quien le importan las cosas.
Tercero, misericordia con las personas, claridad con los vicios. Esto ha sido típico de todos estos grandes santos, una claridad absoluta, casi diríamos sobre lo bueno y lo malo; pero una misericordia absoluta con todo el mundo, incluido el que hace daño, incluido el que traiciona, incluido el que enferma el tejido de la Iglesia.
Una misericordia entrañable hacia la persona, una claridad casi absoluta sobre el problema y el vicio. ¿Y de dònde surgen estos elementos para esta actitud que es realista, serena, que es profunda, penitente, que es compasiva? ¿De dónde surge? ¿Cuál es la raíz de eso? Pues aquí terminan mis palabras. ¿Sabe de dònde surge eso? Surge de descubrir de otra manera la semilla.
Me explico: supongamos que usted va a entrar a un convento, como nuestro querido amigo Juan Carlos que va a entrar a esta Orden, esta Orden es grande, tiene un Santo Tomás de Aquino, es grande y tiene influencia, tiene universidad, tiene colegios, es una comunidad grande.
Si Juan Carlos entra a esta comunidad, y déjenme decirles que ustedes están entrando a esta comunidad, en la medida en que quieren asociarse apostólicamente con los Dominicos. Si Juan Carlos entra a esta comunidad prendado de lo grande, no hace nada.
El que entre, el que quiera ligarse, el que quiera unirse a esta o a cualquier comunidad porque la ve grande, porque la ve fuerte, porque la ve influyente, el que quiera unirse a esta comunidad por alguna de estas razones, sepa que seguramente llegará sólo a traicionar a Jesucristo, habrá venido sólo para traicionar a Jesucristo, habrá venido sólo para empeorar las llagas de la Iglesia.
Pero si la persona llega no buscando esas grandezas, aunque sepa que existen, sino buscando eso pequeño, eso humilde, eso escondido que Dios sigue haciendo entre las traiciones y las miserias, entre las bellaquerías y los escándalos que todos nosotros los pecadores hacemos en la Iglesia.
Si la persona entra a este edificio grande que es la Iglesia Católica, pero entra no buscando esas grandezas para aprovecharse de ellas, ni buscando los pecados para solazarse morbosamente de ellos.
Si la persona entra, pero entra para buscar la pequeña semilla de bien que sigue habiendo en cada corazoncito, y sigue buscando la pequeña semilla de amor que sigue habiendo en esos sacerdotes que le sacan la paciencia, y en esos pastores que desilusionan, y en esos frailes que no convencen, y en esas monjas que entristecen, y en esos laicos que no arrancan.
Si la persona llega y ve todo eso y sin embargo tiene ojos para encontrar una pequeña semilla de mostaza, esa persona tiene la cuarta actitud, esa persona sabrá encontrar el paso de Dios, esa persona sabrá ser realista, serena, penitente, compasiva, misericordiosa con los hombres y perfectamente clara con los pecados, con los vicios, con los problemas.
Eso es lo que yo deseo para ustedes, mis queridos dominicos seglares y dominicas seglares, eso es lo que yo quiero.
Quiero gente así, de una realidad, de una capacidad de realidad y de serenidad, y de dolor, y de oración, y de compasión, y de predicación que nace de buscar el pequeño bien que sigue naciendo en las grietas, en esas grandes edificaciones echas de piedra en la Edad Media siempre quedan grietas, y en esa grietas a veces crecen pequeños líquenes y musgos y a veces orquídeas.
Hay que buscar entre las grietas, no dejarse impresionar por la construcción, no dejarse envenenar por los problemas; busca en las grietas un poquito de musgo, alégrate por esa flor que inopinadamente, que inesperadamente, sorpresivamente pudo nacer ahí donde parecía imposible.
El que esté siempre buscando eso, èse será siervo de Dios, "a èse que es fiel en lo poco Dios podrá concederle lo mucho" San Mateo 25,21.
Dios envié su Espíritu sobre nosotros, nos conceda tener corazones así, dispuestos a descubrir ese poco bien y hacerlo crecer y florecer para Gloria de su Nombre.
Amén.