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Fecha: 20021028

Título: El verdadero Apostol

Original en audio: 3 min. 39 seg.


El Libro del Apocalipsis nos presenta una visión de la Ciudad Santa. "Tiene doce puertas y las puertas llevan los nombres de los doce Apóstoles" Apocalipsis 21,12-14.

Como desconocemos sobre la vida y sobre la muerte de San Simón y San Judas Tadeo, hoy es un día bonito para reflexionar sobre lo que significa ser apóstoles. Porque, lo único que podemos decir de Simón y de Judas Tadeo, es que fueron Apóstoles. No tenemos más argumento, prácticamente, que esa sola palabra. Pero, esa palabra llena por completo esta celebración.

El Apocalipsis presenta a los Apóstoles como "puertas de entrada para la Ciudad Santa" Apocalipsis 21,12-14. San Pablo, en la lectura que escuchamos, presenta a los Apóstoles como "cimientos del edificio de Dios" Carta a los Efesios 2,20.

Y el evangelio presenta a los Apóstoles como "nacidos de la oración de Jesucristo" San Lucas 6,12-13. Además, se trata de doce, el número de Israel, el número propio de la familia de Dios en esta tierra.

De aquí podemos deducir cuáles son las características de ser un verdadero Apóstol. Ha nacido del Corazón de Cristo. Es una expresión viva de la oración del Señor. Con su testimonio, con su palabra, con su forma de vida, es un cimiento para que otros se acerquen y pertenezcan también al edificio de Dios. Asimismo, es como una puerta de entrada que deja pasar la luz abundante del Cielo.

Estas reflexiones nos llegan muy hondo, especialmente a nosotros de la Orden de Predicadores. Porque, tal vez el elogio más grande que se ha dicho de Santo Domingo, fue el que hizo el Papa Honorio: "Conocí a un hombre tan cercano a los Apóstoles, que no dudo goce en el Cielo la misma gloria de ellos".

Santo Domingo modeló su vida, la fraguó, la troqueló en este hermoso y exigente Monte de los Apóstoles. Santo Domingo de Guzmán es una expresión de la oración de Cristo. Santo Domingo es un testimonio en el que uno puede apoyarse.

Santo Domingo es una puerta entreabierta, que deja ver la luz del Cielo. Santo Domingo, en fin, ha sido elegido, ha sido llamado, como cada uno de nosotros, por el amor de Jesús, para prolongar el ministerio y el misterio de Cristo.

Que Dios, en este día de estos Santos Apóstoles, bendiga con su Espíritu Santo nuestra Orden y a la Iglesia entera, para que nosotros seamos expresiones de la oración de Cristo, cimiento en que otros puedan apoyarse y puertas que dejemos entrever la luz del Cielo.

Amén.