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Fecha: 20110823

Título: Aprender de Santa Rosa de Lima que los ninos deben ser evangelizados a temprana edad

Original en audio: 4 min. 27 seg.


El veintitrés de agosto tiene un perfume muy especial en nuestra América Latina, el perfume de una rosa que dedicó lo mejor de su hermosura, lo más entrañable de su afecto a Nuestro Señor Jesucristo y al servicio de la Iglesia.

Santa Rosa de Lima es una de las tres grandes figuras que nuestra Orden Dominicana tiene en el Perú, los otros dos personajes son San Martín de Porres y San Juan Macías.

Yo me he preguntado varias veces por qué Dios quiso derramar con tantísima abundancia sus dones, y especialmente el don supremo de la santidad sobre la nación peruana, otorgándole estos tres santos que compiten en su celo por la causa de Dios, cada uno de los cuales como un ejemplo más elocuente que los otros de lo que significa la presencia de Cristo y el poder del Evangelio.

¿Por qué Dios otorgó al Perú estos dones tan grandes? Pues no olvidemos que hay una providencia inmensa del Señor que rige los destinos de los pueblos, y más allá de los datos fríos de la historia, hay hilos de amor y hay corrientes de santidad que van modelando la historia de las familias, de las personas y de los pueblos.

Lima fue la gran sede del Virreinato de España en tierras de América. Sabemos que se llegó a esa posición de dominio a través de un proceso violento de encuentro y de choque contra el antiguo y bastante poderoso Imperio Inca. Toda suerte de excesos y crueldades cometieron los españoles contra ese Imperio Inca, y la única memoria que dejaría España en nuestra tierra sería memoria de sangre y de crueldad y de codicia, a no ser porque al lado de esa historia tan oscura y tan desastrosa hay otra historia, una historia de amor, una historia de generosidad.

Es algo muy confuso pero lo cierto es que al lado de estos conquistadores crudelísimos iban misioneros generosísimos, y si los unos querían arrancar de América las riquezas, y especialmente el oro, los otros, misioneros españoles, querían traer a América una riqueza que no se extingue, que no se corrompe, una riqueza que jamás muere, la riqueza de Evangelio.

Y así, a través de estos grandes santos, Martín de Porres, con su ejemplo magnífico de caridad, Juan Macías, con su ejemplo maravilloso de entrega a la Providencia, y Rosa de Lima, con el valor de su afecto, con su vida de penitencia y de inocencia, vinieron a mostrar es otro rostro, ese otro aspecto del legado español, esa otra herencia, que no es una herencia de crueldad, sino de mansedumbre, que no es una herencia de codicia, sino de generosidad, que no es una herencia de egoísmo, sino de bondad.

Y estas fueron las cualidades que florecieron en aquella Rosa de Santa María, como ella misma quiso llamarse, una mujer entregada completamente a la causa del Señor. Desde niña, atraída por Jesús, atraída por la santidad de Jesús. Y si un solo mensaje quisiera dejar de Rosa de Lima es este: los niños, los niños necesitan oír ejemplos de vidas santas.

Rosa de Lima conoció de la santidad de Jesús y de las narraciones del Evangelio siendo una niña, y eso quedó profundamente grabado en ella para toda la vida.

A veces creemos que los niños solo tienen que jugar y jugar; pues mira, esta niña, evangelizada a temprana edad, descubrió lo más puro de su alegría en el Evangelio de Cristo.