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Fecha: 20030125
Título: La obra de Ananias en San Pablo, ejemplo de servicio a la conversion
Original en audio: 31 min. 59 seg.
¡Cómo son las cosas de la vida! Resulta que Pablo recibió el mensaje central de su vocación a través de Ananías. Y que yo sepa o conozca, no hay una fiesta de San Ananías.
Existen dos relatos extensos de la conversión del Apóstol Pablo en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Son las dos posibilidades de lectura, que nos dan para el día de hoy.
Uno es en el capítulo noveno, el más conocido, que aparece descrito en tercera persona: "Iba Pablo hacia Damasco, cayó..." Hechos de los Apóstoles 9,3-4. El otro es en el capítulo veintidós, donde Pablo lo dice en primera persona: "Yo iba, me pasó,sucedió..." Hechos de los Apóstoles 22,6-7.
En el relato del capítulo noveno, simplemente se dice de Ananías: "Había en Damasco un discípulo llamado Ananías". El Señor le dijo en una visión: "Ananías". Él respondió: "Aquí estoy". El Señor le dijo: "Levántate, vete donde Pablo" Hechos de los Apóstoles 9,10-11.
En el otro relato, en el del capítulo veintidós, se da un pequeño detalle que es muy importante, sobre Ananías. Dice Pablo, relatando lo suyo en primera persona: "Los que estaban conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz. El Señor me dijo: "Levántate; vete a Damasco. Allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas". Un tal Ananías,..." Hechos de los Apóstoles 22,9-12.
Y viene la característica de Ananías: "...hombre piadoso según la ley, bien acreditado por todos los judíos que habitaban allí" Hechos de los Apóstoles 22,12. Esas dos características no aparecen en el primer relato, en el del capítulo noveno.
Pero resulta que esas dos características son muy interesantes, y son muy importantes para esta Fiesta: "Hombre piadoso según la ley, bien acreditado ante los judíos" Hechos de los Apóstoles 22,12. Digo que es interesante, porque Ananías evidentemente era cristiano, Ananías conduce a Pablo al bautismo en Cristo Jesús, y en cierto sentido lo envía.
En cierto sentido, porque he aquí lo que le dice Ananías: "El Dios de nuestros padres",-es un judío el que habla-, "te ha destinado para que conozcas su voluntad, veas al justo, escuches la voz de sus labios, pues le has de ser testigo ante todos los hombres" Hechos de los Apóstoles 22,14-15. Le enuncia la misión y lo envía. O sea que es muy importante Ananías.
Ananías es importantísimo por dos razones: primera, que es la más evidente, porque Ananías es el que le da un sentido a la experiencia alucinante que ha tenido Pablo. Lo relaciona con el pasado lejano, el Dios de nuestros padres.
Lo relaciona con el pasado cercano y lo que está viviendo: "Tú has conocido la voluntad, has visto al justo, y has oído la voz de sus labios" Hechos de los Apóstoles 22,14; ese es el momento presente.
Y de una vez lo envía al futuro: "Ahora tienes que ser testigo ante todos los hombres de esto que has vivido" Hechos de los Apóstoles 22,15. Es decir, Ananías es el que le reconstruye el mundo a Pablo.
Por favor, entendamos que la experiencia que vivió Pablo camino de Damasco, lo fragmentó, lo despedazó. Sus convicciones quedaron rotas. Él creía que estaba sirviendo a Dios, y de pronto Dios lo detiene, lo derriba, lo confunde, lo enceguece. El mundo de Pablo ha quedado vuelto añicos.
Ananías tiene la labor de un enfermero, que en nombre de Dios le reconstruye el mundo: "Mira, detrás de esto está el Dios de nuestros padres". Ese es el lenguaje propio del judío: "El Dios de nuestros padres" Hechos de los Apóstoles 22,14, es lo mismo que decir el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.
¡El Dios de nuestros padres! ¡Ah! Entonces sí tiene que ver con la fe. Y luego le cuenta, qué es lo que ha vivido: "Ahora conoces la voluntad de Dios; ahora sabes qué es la justicia; ahora tienes la voz de Dios en tu alma" Hechos de los Apóstoles 22,14. ¡Impresionante! Le reconstruye el mundo.
Pablo estaba hecho pedazos. Ananías reúne los pedazos, le da un sentido a la experiencia, vinculando el pasado lejano y próximo, el presente y el futuro. "Ahora tendrás que ser testigo" Hechos de los Apóstoles 22,15; ese es el futuro lejano.
Pero para ese futuro lejano, hay un futuro cercano: "A bautizarse, hermano, a bautizarse, porque usted de aquí en adelante, tiene que ser testigo de esto" Hechos de los Apóstoles 22,16.
¡Qué importante el papel de Ananías! ¡Qué importante! Bueno, pero eso es apenas la mitad: Ananías le reconstruyó el mundo a Pablo. La otra mitad está en las características que Pablo da sobre Ananías: "Hombre piadoso según la ley", -y además dice esta traducción-, "bien acreditado por todos los judíos que habitaban allí" Hechos de los Apóstoles 22,12.
Ananías era un cristiano piadoso según la ley. ¡Analice eso! Ananías era un cristiano bien acreditado por los judíos.
Hemos pensado realmente poco en Ananías. Uno se deslumbra por la conversión de Pablo, y no piensa que Dios en ese momento, le acercó a un hombre verdaderamente singular, el hombre que podía reconstruirle el mundo, y el hombre que podía también darle un testimonio maravilloso. Y esta es la segunda parte.
Porque la reconstrucción del mundo es sólo la primera parte. La segunda parte es esta: Para Pablo había una cosa que era clarísima: "Si yo soy fiel a la ley, tengo que luchar contra el cristianismo, tengo que luchar contra los seguidores de Jesús". Para Pablo era evidente, que seguir a Jesús era desobedecer la ley.
Eso era clarísimo: Seguir a Jesús es desobedecer la ley. Y por eso él, con ese temperamento enérgico, fervoroso y coherente que tenía, sentía, que como él era judío y amaba la ley, tenía que perseguir a los que siguieran a Jesús. Porque seguir a Jesús era desobedecer la ley.
¿Y qué hizo Dios? Le puso delante un hombre, que seguía a Jesús y que era piadoso según la ley. ¡Qué lindo el modo de obrar de Dios! ¡Qué pedagogía maravillosa!
Pablo tenía en su interior un conflicto brutal. Ser cristiano significa romper con la ley, significa ser infiel a las promesas, significa rasgar la Alianza, significa darle la espalda a Dios. Eso era una cosa que Pablo tenía metida en su mente.
Y por eso sentía, que tenía que perseguir a los cristianos a como diera lugar, porque seguir a Jesús era desobedecer la ley. Y Dios le presenta a un hombre, que es piadoso según la ley y que sigue a Jesús.
Pero esa no era la única dialéctica, no era el único conflicto que tenía Pablo en su cabeza. Para Pablo, hacer amistad con Jesús, era hacer enemistad con el judaísmo. El que fuera amigo de Jesús, era enemigo de los judíos. Y resulta que Dios le pone delante a uno, amigo de Jesús y bien acreditado ante los judíos.
Para Pablo, seguir a Jesús era desobedecer la ley, y Ananías es uno, que es piadoso según la ley y que sigue a Jesús. Para Pablo, ser amigo de Jesús era ser enemigo del judaísmo, y Dios le pone delante a uno, que es amigo de Jesús y que es bien acreditado por los judíos.
¿Entendemos el papel tan importante de Ananías? Ananías fue la respuesta viva a toda la inquietud de Pablo. Esa visión, ese deslumbrarse de camino a Damasco, ese momento fue importantísimo. Pero ese momento no hubiera sido nada, sin este otro momento, sin el encuentro con Ananías.
Ananías fue el instrumento divino para dos cosas entonces: primera, para darle un sentido a la experiencia que había vivido Pablo, y segunda, para contestar a las grandes preguntas de su vida. Y las dos cosas eran de importancia.
Dios tenía que mostrarle a Pablo, que lo que él andaba persiguiendo con ese ardor incomparable, lo que él estaba buscando, esa perfecta fidelidad a la ley, eso sólo podía ser posible, eso sólo alcanzaba plenitud, según nos enseña el evangelio de Mateo, en Cristo.
Porque Él no vino a derogar la ley, no vino a destruir la ley, sino a darle plenitud. Esa es la conversión de Pablo, descubrir eso, que Cristo no vino a invalidar o derogar la ley, no vino a invalidar o quebrantar las promesas, vino a darle plenitud a la ley, y vino a cumplir las promesas.
Y Dios, con ese instrumento maravilloso que fue Ananías, le mostró eso a Pablo: "Mira, yo no vengo a destruir lo que tú has creído siempre".
Hay un acto de tanta misericordia en este encuentro, no sólo la compasión de Ananías, que sentía un temor apenas explicable: "¡Si ese señor vino aquí a perseguirnos!" ; no sólo la compasión de Ananías, sino por encima de eso, la compasión de Dios, que le da a Pablo un instrumento, para que Pablo comprenda que su vida sí tiene sentido, que su lucha sí tiene sentido.
Y en el fondo Pablo va a seguir luchando. Antes de encontrarse con esa luz en Damasco, era un luchador, y después de esa luz, pues más luchador. Dios, a través de Ananías, reconstruye y le da un cauce al alma generosa, ardorosa de Pablo.
Esta reflexión sobre Ananías, ¿cómo la podemos aplicar a nuestra vida? De más de una forma, creo yo. Por ejemplo, nosotros podemos ser Ananías para otras personas. Tal vez es de lo más bello que se puede ser, aunque no tenemos más detalles de Ananías.
No sabemos qué pasó con él, ni cómo murió, si quedó en el ancianato de Damasco y finalmente un día le dio un ataque, y se acabó Ananías. No sabemos si fue mártir. Realmente, a él le correspondió un servicio muy específico, muy hermoso. Después desaparece discretamente, como tantas figuras en la Escritura.
Pero Ananías realizó una misión, que es quizá lo más lindo que puede hacer un ser humano: ayudó a que otro se encontrara con Jesús. Y aquí vienen a cuento aquellas palabras: "El que convierte a un pecador, cubre la multitud de sus pecados" Carta de Santiago 5,19-20. ¡Qué hermosa misión la de Ananías!
Nosotros de alguna forma, también podemos ser Ananías para otras personas. De acuerdo con eso, ¿qué hay que ser? A ver, vocaciones para ser Ananías: ¿Cómo es el perfil de una vocación ananíaica? ¿Cómo tiene que ser una vocación de Ananías?
Mira lo que hizo Ananías. Ananías fue fiel al mandato de Dios. Fue fiel: eso se presupone en cierto sentido, fiel a la voz de Dios, dócil y obediente ante Dios; número uno. Ananías, -número dos-, no escoge a quién servir. Si a él le hubieran preguntado: "¿Tú sientes simpatía por Pablo?", Ananías hubiera dicho: "¡Ni cinco!"
Muchas veces las mejores conversiones, las más bellas y las que le dan mayor gloria a Dios, no son con la gente que nos cae bien. A veces uno cree, que hay que tener empatía para poder servir, y eso no es cierto. Muchas veces nuestros mejores servicios los realizamos a personas que no nos caen muy bien. Y muchas veces gente, que no nos cae muy bien, nos hace grandes servicios.
O sea que uno no puede hacer la ecuación: primero logremos la empatía, y cuando ya haya la empatía, la simpatía, y no haya llegado la antipatía, cuando haya todo eso, entonces ahí sí podemos trabajar.
La evangelización no es un asunto de simpatía, ni de empatía. No digo que no pueda ayudar en algunos momentos, pero ya vemos que no siempre. Y uno no puede esperar que la gente le caiga bien para servirla.
Porque si uno esperara que la gente le cayera bien para servirla, uno pondría primero el afecto según la carne y la sangre. Y eso no es lo que Dios quiere. Además, si uno está esperando a que le caigan bien, y a que sean simpáticas y nunca antipáticas con uno, pues uno se va a perder de grandes bienes que Dios le quiere dar.
Yo personalmente, cuando recorro mi historia vocacional, encuentro que una cantidad de gente, que me hizo un bien maravilloso, fue gente que no me caía muy bien, y a la que yo no le caía muy bien. Pero me hicieron un bien inmenso.
Porque Dios está por encima de eso, por encima de las previsiones, por encima de los afectos y de las simpatías humanas. Y cuanto más pronto uno se levante de ese nivel, de los afectos, si me cae o no me cae bien, si me gusta o no me gusta, cuanto más pronto uno se levante de ahí, más pronto puede obrar Dios en el alma de uno.
Llevamos dos cosas: primero, que Ananías fue fiel, obediente, dócil. Segundo, que Ananías dejó de lado el tema de la simpatía o de la empatía, y fue a servir, porque estaba haciendo un encargo de parte de Dios.
En esto también sirven de testimonio los Santos Ángeles. Yo no sé qué tan simpáticos seamos nosotros para nuestros Ángeles. Es probable que a veces seamos más o menos simpáticos, y muchas veces no seamos tan simpáticos. ¿Qué de interesante puede encontrar un Ángel en un ser tan inconstante, tan tibio, tan voluble y tan sucio como suele ser un ser humano?
Un Ángel, que conoce la belleza de Dios y de todos sus Santos, un Ángel, que se regocija en los cantos de adoración al Señor en los Cielos, ¿qué puede encontrar de simpático, y qué puede encontrar de agradable estando con nosotros, que somos tan inconstantes, que además somos tan tibios, que además retrocedemos tantas veces, y que además estamos tan manchados?
Y sin embargo, ahí están nuestros Ángeles ayudándonos, inspirándonos, intercediendo por nosotros, dándonos ejemplo.
Bueno, Ananías le reconstruyó el mundo a Pablo. Esta es una labor muy linda que se puede hacer. Muchas veces, la gente con quien nos encontramos, es gente que siente desarmado el mundo. Ayudar en el Nombre del Señor, a reconstruir el mundo, ayudarle a una persona a descubrir que Dios sí estuvo presente, sí está presente y sí va a estar presente, eso es un ministerio maravilloso.
Porque la cantidad de gente que siente: "¿Pero dónde estaba Dios cuando...?" "¿Qué se hizo Dios cuando se murió mi padre?" "¿Qué se hizo Dios cuando secuestraron a mi hermano?" "¿Qué se hizo Dios?", es muchísima. Siente, que Dios desapareció de la escena.
Ayudar a encontrar, con cariño, con compasión, el lugar y el momento de Dios, la presencia bendita de Dios, incluso en las horas más oscuras, es una labor de máxima compasión, y es algo que no se olvida jamás. Y eso hizo Ananías.
A veces uno piensa, que la conversión es como mochar lo que había; como quien dice, borrón y cuenta nueva. Pero las personas humanas no somos así. Mira, uno necesita, no que le corten el pasado, sino que le ayuden a superar el pasado. Aún en los cambios más drásticos, Dios deja siempre unos hilos.
A mí por lo menos, me parece tan tierno, que cuando Jesús le iba a cambiar por completo la existencia a Pedro, Andrés, Santiago, Juan, los iba a llevar a un mundo totalmente distinto, y a pasar unos trabajos completamente diferentes.
Sin embargo dejó un hilito, y les dijo: "Mira, tú vas a seguir siendo pescador; lo que pasa es que ahora vas a pescar hombres" San Mateo 4,19. Es decir, hay una continuidad.
Necesariamente, uno tiene que encontrar, cómo el pasado de uno tuvo un sentido. Lo que tú has vivido en el pasado, no lo has perdido. Todo eso que te sucedió, todo ese dolor, era una preparación. Esas pruebas, esas dificultades, esas caídas, míralas como manifestaciones de que Dios es el único que permanece siempre. Fíjate cómo uno necesita a veces desprenderse de cosas.
En fin, hay mil argumentos que el Espíritu Santo va dando, pero uno nunca le puede aplastar el pasado a una persona. Para Ananías hubiera sido muy fácil llegar donde Pablo y decirle: "¡Bonita la vida suya! ¡No haga más! No haga más sino perseguir inocentes" "¿Y con esa cara lavada se va a presentar ante Dios?"
Pero Ananías no hizo eso. No le machacó el pasado, no lo mutiló del pasado; más bien le mostró: "Mira, el mismo Dios de los padres, ahora te ha dejado ver al justo. Tú lo que estás es deslumbrado por la justicia, algo que buscaste, algo que predicaste, pero que no conocías.
Ahora ya lo conoces". ¡Qué caridad! ¡Qué suavidad! ¡Qué delicadeza! Todo para que la persona no sienta que perdió la vida.
Es que uno no puede llegar donde una persona y decirle: "¿Usted cuántos años tiene?" Yo conocí a un predicador que era así: "¿Usted cuántos años tiene?" Supongamos que la persona dijera 38 años. "Usted no tiene 38 años. Tendrá uno o dos años, lo que hace que se convirtió. El resto es perdido, hermano". Y entonces, ¿perdido? ¿Todo perdido?
¡No! En la sabiduría de Dios, todo se va preparando, todo se va gestando, todo sirve de abono, todo. Es que pensemos, que aún en el orden natural, hasta los cadáveres sirven de abono. ¿Cómo le va uno a mutilar el pasado a una persona y a decir: "Usted ha perdido toda su vida"? ¡No! Dios lo venía preparando.
Esa caridad de Ananías es maravillosa, porque eso le permitió a Pablo sentir, que ahora más que nunca iba a ser fiel a sus ideales de juventud. Fíjate cómo él recordaba con cariño el tiempo que "había sido educado con Gamaliel, a los pies de Gamaliel" Hechos de los Apóstoles 22,3, dice él. Él recordaba con cariño.
Uno se imagina a ese Pablo fervoroso, poniendo todo ese empeño, tratando de entender hasta el último detalle de la ley, admirándose de todo, ardiendo de amor y de celo por Dios. Eso no se puede perder. Ayudar a las personas a rescatar el pasado, y ayudar a la gente a encontrar una misión, eso es muy lindo, eso es muy hermoso.
Hay una hermana de nombre Susana, pero el apellido no lo conozco, que fundó una obra que se llama "Misioneros por el sufrimiento", o algo parecido, "Comisur". Bueno, esta hermana es muy enferma, ha tenido una cantidad de dolencias, y el gran don que tiene ella, que es tan bello, es el de entrar en comunicación con enfermos: les escribe, les habla, utiliza toda clase de recursos.
Y es tan linda, porque todo el objetivo de ella es lograr que la persona, cuando se siente más en el piso, se siente rastrillada contra el polvo, en ese momento esta hermana busca de mil modos cómo darle un sentido a eso, y cómo decirle: "Mira, tú puedes ser misionero, tú puedes ayudarme. Vamos a orar.
Esta semana estamos orando por la conversión en África, estamos pidiendo al Señor. ¡Ven! ¡Únete conmigo! Vamos a pedirle a mi Dios". Y tiene sus programas de radio. Ella es como una Ananías; ella ayuda a la gente a que reconstruya la vida.
Pero el reto más grande de la vocación ananíaica es ser nosotros respuestas vivas. Ananías fue una respuesta viva. Claro que él no lo sabía. Eso lo sabía Dios, que lo envió. Pero Ananías era una respuesta viva.
En la mente de Pablo no cabían dos cosas a la vez, seguir a Jesús y ser piadoso con la ley: "Eso no puede ser". Ananías, con su sola presencia, era una respuesta para Pablo.
Cuántas veces la gente tiene ese tipo de dicotomías, tienen esos conflictos interiores. Le voy a mencionar, por ejemplo, unos dos o tres de esos conflictos que la gente tiene . Por ejemplo, no se puede buscar amor y guardar la pureza: "No se puede". "No se puede tener amor y tener pureza a la vez". La inmensa mayoría de los jóvenes siente que eso es un imposible, que eso no se puede.
"Porque si me pongo con mucha pureza, nadie me va a querer, no voy a recibir amor, y por consiguiente, voy a ser una frustrada". Otros en cambio dicen: "Bueno, si yo le apuesto al amor, pues me toca. Como son las relaciones hoy y como se viven hoy, me toca someterme a todo eso".
"Son dos cosas irreconciliables: No se puede sentir amor, tener amor, y tener pureza. Eso no se puede". Es lo que siente la gente.
¡Qué bonito! ¡Qué bonita obra pueden presentar, por ejemplo, una pareja de verdaderos novios, que vivan en el amor y en la pureza! O desde otro punto de vista:¡Cuánto amor puede irradiar una vocación consagrada, que muestre al mismo tiempo el amor que siente, el amor que vive y la pureza que irradia! ¡Qué lindo! Ahí está siendo un Ananías, está resolviendo un problema que la otra persona tiene.
Le voy a dar otro ejemplo de otra cosa, que yo he visto que la gente tiene como irreconciliable: "Uno no puede ser humilde y al mismo tiempo defender los derechos". Uno no puede defender sus derechos y ser humilde, eso siente muchísima gente. Porque, "si defiendo mis derechos, me toca ser agresivo y aplastar al otro.
Y si soy humilde, entonces soy menso y me aplastan a mí". Así siente la gente, muchísima gente siente eso: "Uno no puede ser humilde y luchar por sus derechos. ¡No! Toca ser sagaz, agresivo, artero, o si no, ser humilde, bobito y perdedor. Esas dos cosas no se pueden juntar".
Hubo gente, ha habido gente, que ha mostrado que sí se pueden juntar. Un caso no cristiano interesantísimo, el de este líder indio, Gandhi. ¡Un hombre de una humildad! Y con su humildad, un liderazgo, y con su liderazgo, transformó la historia de su país: humilde y luchando por sus derechos.
Cuando un líder reúne cosas que parecen imposibles, adquiere un atractivo, adquiere el carácter de un regalo, de una respuesta maravillosa. Eso fue Ananías para Pablo, porque Pablo no veía cómo juntar esas cosas.
Bueno, queda de tarea buscar otras dicotomías, otros conflictos, porque son muchos los que la gente tiene, con respecto al dinero, con respecto al descanso, con respecto a las amistades, con respecto al estudio.
Pero yo voy a mencionar la tercera, -dije que dos o tres-. Mucha gente piensa: "No se puede ser un buen intelectual y ser piadoso. ¡No! Si uno es piadoso, entonces todo se le va en suspiros, en lágrimas, en sensiblerías, pero no es intelectual. En cambio, si uno es intelectual, entonces es escéptico, es distante, es duro".
Hay una cantidad de intelectuales que piensan, que por ser intelectuales, no pueden creer en milagros, no pueden creer en los Ángeles, no pueden creer: "¡No! ¡Esas devocioncillas! Devocioncillas, ahí para la gentuza".
"Pero por favor, yo soy un intelectual. Estoy preparado, estoy sumamente preparado, estoy tan bien preparado, que yo mismo me asombro de la preparación que tengo".
Fíjate ese caso: la intelectualidad en guerra con la piedad. "Esas dos cosas no se pueden juntar". Pero cuando uno se encuentra, por ejemplo, con un Tomás de Aquino: ¡Qué hombre más intelectual! ¡Qué hombre más piadoso y más delicado con las cosas de mi Dios!
Tomás hace la labor de un Ananías. Le muestra a la gente, que lo que parecía irreconciliable era mentira. Es maravillosa la obra de Ananías. Yo le pido a Dios, que nos conceda ser Ananías.
Hemos visto cuatro características de Ananías: Fiel, dócil y obediente ante Dios, la primera.
La segunda, no pone en primer lugar la carne, ni la sangre, ni la simpatía, ni la antipatía. ¡No! Todos tenemos antipatías y simpatías, pero, ¿quién va a poner eso en primer lugar? Primero el servicio a Dios, estar por encima de eso, por encima de la carne y la sangre.
En tercer lugar, ayudar a reconstruirle el mundo a las personas. No podemos aplastar una historia, así haya sido una historia de pecado. No podemos aplastarla. Hay que ayudar a encontrar los hilos conductores, que lancen a la persona hacia un futuro mejor.
Y en cuarto lugar, ser una respuesta existencial a esas cosas que parecen irreconciliables y en las cuales suele estar el quicio de una vocación.