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Fecha: 19990514
Título: "Senor, Tu que penetras el corazon de todos, muestranos al que has elegido"
Original en Audio: 27 min. 23 seg.
La historia de Matías es una historia muy humilde. Este es un hombre que aparece sólo en esta ocasión en la Sagrada Escritura, podemos decir que él sale de la sombra, del anonimato. Aparece en este momento y luego otra vez se sumerge en la sombra del anonimato.
Además, lo único que sabemos de Matías es eso, que se llamaba Matías, del otro que hubieran podido elegir sabemos que lo llamaban Barsabá, de sobrenombre “Justo”, pero de este Matías lo único que sabemos es que se llamaba Matías.
Primera enseñanza entonces para el día de hoy: tenemos a un hombre que Dios los saca del anonimato, lo constituye Apóstol, ese es el sentido de la respuesta que hemos dado en el Salmo: “Lo sentaste con el príncipe de su pueblo” Salmo 112,8.
Lo sacó por allá de la sombra, de la oscuridad y del anonimato y resultó Apóstol, pero después no sabemos nada más de él, puede decirse que regresó, por así decirlo, a su anonimato, o sea que estamos ante un hombre del que sólo sabemos cómo se llamaba.
Algunos santos son conocidos por algunas cualidades que tuvieron, o por algunos milagros que hicieron, o por algún martirio que padecieron, y esto hace que los asociemos con alguna cualidad o característica.
Por ejemplo, se sabe que Santa Lucía perdió sus ojos, ese género de pérdida, pues, hace que el pueblo cristiano lo asocie con la intercesión por las enfermedades de la vista.
Se sabe que Santo Domingo fue un gran predicador, entonces quienes tenemos el oficio, la responsabilidad y la alegría de ser predicadores, pues entonces acudimos a Santo Domingo para que nos ilumine; se sabe que San Martín de Porres era muy humilde, podríamos decir que Martín de Porres es algo así como el Patrono de la humildad.
Así como Santo Tomás de Aquino es el Patróno de la enseñanza católica, Santo Domingo es el Patrono de los predicadores.
¿De qué sería Patrono Matías? ¿Para quién podría servir de modelo este Apóstol? Pues Matías podría ser Patrono de los anónimos, de los que no tienen nombre, de los que nunca aparecen, de tantas personas que son testigos de Jesucristo, pero que no sobresalen, que no aparecen ni brillan nunca.
Si nosotros vamos a asociar a Santa Lucía sólo con los problemas de la vista, pues va a haber muchas personas que no van a ser devotas de santa Lucía, porque, por ejemplo, están malas del oído, entonces buscarán el patrono por otro lado.
Si vamos a pensar en la predicación, hay muchas personas que no tienen oficio de predicadores, o porque no les atrae, o porque no sienten carisma, o lo que sea, pero a mí me parece que San Matías debería ser el santo más popular de todos, porque es el santo de las personas que no tienen nada especial, es el santo de la gente normal, el santo de la gente del montón.
Es el santo que fue sacado del montón, para que se viera que era santo, y luego, metido en el montón, es una comparación rústica; es decir, San Matías es como el Patrono de los santos que no sobresalen demasiado, es el santo de los que tantas veces hemos vivido en el anonimato, cosa que es muy particular.
Porque estamos tan acostumbrados a que los santos tienen que sobresalir por algo, que es refrescante encontrarnos con un santo que lo que tiene de particular es que no tiene nada de particular, este es San Matías.
Entonces, hay que hacerse amigo de San Matías, este es el santo que no tenía nada de particular.
De hecho, si uno lee los Evangelios, los Evangelios nos hablan de los Apóstoles, leyendo los Evangelios uno casi se puede imaginar cómo era, por ejemplo, San Pedro, él estaba como bien dibujadito, su personalidad, su manera de ser está como bien presentada y tan completamente presentada, que uno dice: "Es como si yo me hubiera encontrado con él, yo sé cómo es".
Uno se puede imaginar a Juan, tal vez también a Mateo, de pronto a Bartolomé, desde luego, a Judas Iscariote, a Felipe, Andrés, sabemos datos de muchos, pero en todos los Evangelios no se nos dice una palabra sobre Matías, y sin embargo resulta de que Matías andaba con todos ellos.
fíjese lo que dice aquí, cuando Pedro explica lo de la elección de Matías, dice: “Hace falta que uno se asocie con nosotros como testigo, uno de los que nos acompañaron mientras anduvo con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan Bautizaba hasta el día de su Ascensión” Hechos de los Apóstoles 1,21.
Eso es bastante tiempo. O sea que durante todo ese tiempo Matías estaba como anónimo, ahí entre el montón, que nadie se diera cuenta, pero él era discípulo y nunca se le menciona para nada.
Que van a multiplicar los panes, Matías estaba ahí al lado como que no hace, como que solamente ve, no se mete con nadie, nadie se mete con él, y todo el mundo sabía que él estaba ahí, era uno del montón.
Cuando fueron a buscarle reemplazo a Judas Iscariote, entonces propusieron dos nombres: a un tal José, apellidado Barsabá, de sobre nombre Justo, y a este Matías, y resultó Matías el Patrono del montón.
Yo creo que en nuestro grupo, en nuestras asambleas, en nuestras iglesias, hay muchas personas que pueden ser grandes apóstoles, de ellos no se ha escrito ni una línea, no aparecen metidos en la crema, están ahí en el montón. Cuando todos se paran, ellos se paran, cuando todos se sientan, ellos se sientan, nadie se da cuenta de que existen, aparentemente no existen.
Pero esas personas han visto a Jesús, conocen a Jesús, saben de Jesús y de pronto a esas personas les llega la hora, como le llegó a Matías, rezaron así: “Señor, tú penetras el corazón de todos, muéstranos a cuál de los dos has elegido, para que en este ministerio apostólico ocupe el puesto que dejó Judas, para marcarte el suyo propio" Hechos de los Apóstoles 1,24-25.
"Echaron suertes y le tocó a Matías, y lo asociaron a los doce" Hechos de los Apóstoles 1,26.
Vea usted, le llegó el momento a Matías, y nadie se lo esperaba, fíjate la oración que ellos hacen: “Muéstranos a cuál de los dos has elegido” Hechos de los Apóstoles 1,24.
Ya Jesús lo tenía elegido, ya Jesús se había fijado en esa persona, como los Evangelistas no habían contado nada sobre él, seguramente nadie se había fijado en él, pero Jesús ya lo tenía visto, Jesús ya se había fijado en él.
Por eso yo creo que la puerta del cielo va a ser el lugar de las sorpresas, de las sorpresas grandes: "¿Y usted qué hace aquí?" "Yo estaba ahí, pero nadie se daba cuenta, lo que pasa es que yo iba despacito, escondidito".
Algunos de nosotros, por ejemplo, su servidor, somos como entusiastas de hacer visible el Evangelio y que se note y que se vea, y tenemos que construir y tienen que verse las cosas.
Matías está ahí discreto, como siempre; no tenemos ni un solo retrato de Matías, no sabemos cómo era, pero él está ahí discreto, por ahí en un rincón, muerto de la risa de nosotros. Cuando hay tantos santos y tantos apóstoles que andan por ahí escondiditos.
Y en la puerta del cielo, allá sí vendrán las sorpresas, cuando tal vez nos presentemos muchos que hacemos mucho ruido y que tenemos muchas nueces, nos presentemos allá en la puerta del cielo y entonces nos digan, como se dice allá en el colegio, “A usted le faltan algunos logros, por ejemplo, le hace falta lograr superar esa su prepotencia".
Carlo Carreto hizo un cuadro de cómo era el cielo, y él se imaginaba el cielo que todos volaban como los angelitos. Entonces uno se presenta al cielo con la mochila, y dentro un yunque; llega uno al cielo así. "-¿Y usted?" "No le parece todo lo que yo he trabajado? Le voy a contar de mis amistades. Usted sepa, ¿empiezo por cardenales, por obispos, o por dónde quiere que empiece?"
Y entonces dice Jesucristo: "-Empiece usted por los pequeños, ¿había gente pequeña?" No los vio; "-Ay, qué pena, no sé, debe ser un error, algo que pasó"; "-sigamos, misericordia, ¿qué calificación se da usted? "-Por ese lado estoy un poquito flojo.
"-Pero eso se compensa con su intercesión por sus enemigos". "-No, también en esa parte estoy mal". "-¿Tal vez con la paciencia en las tribulaciones?" "-Tampoco fue mi fuerte, no me fue muy bien por ese lado". "-¿Entonces en la oración cuando nadie te estaba oyendo? "-Sí, verdad, me faltó ese detallito".
Todos esos detallitos que faltaron conformaron un inmenso yunque. Entonces, siguiendo la imagen común de San Pedro a la puerta del cielo, San Pedro dirá: “-Entonces, ¿cómo va a volar usted con ese inmenso yunque? "Qué cree usted que va a hacer con ese yunque? le faltan muchos logros”.
De pronto hay otras personas, Dios sabe qué le ha dado a cada persona, que han pasado escondidas, nunca hicieron mucho ruido, pero quizá son personas en las que la voluntad de Dios cumplió mejor y más perfectamente, tal vez no eran de los que nosotros contábamos o seleccionábamos, o tal vez lo que necesitamos es orar.
Nosotros para evangelizar necesitamos hacer esta oración: “Señor, tú penetras el corazón de todos, muéstranos a quiénes has elegido” Hechos de los Apóstoles 1,24.
Esta es la oración que hay que hacer muchas veces en la Iglesia, esta es la oración que hay que hacer antes de ordenar sacerdotes, es la oración que hay que hacer antes de admitir personas para que pronuncien sus votos.
Esta es la oración que hay que hacer cuando se quiere admitir algunos laicos para que se consagren en ciertos caminos de servicio al Evangelio, hay que preguntar esto: “Señor, tú penetras los corazones” Hechos de los Apóstoles 1,24.
Y aquí vuelve a nuestra memoria la historia aquella de la elección del rey David. El papá de David, Jesé, tenía como seis o siete hijos y cuando fue el profeta Samuel a la casa de Jesé y le dijo: “Mira, es que el Señor ha escogido un rey entre tus hijos” 1 Samuel 16,1, entonces Jesé llamó al hijo mayor del que se sentía orgulloso y dijo: "venga, hijo, le tocó su turno".
El muchacho alto, bien plantado, de pronto un poco gordito, como yo, se presenta el muchacho y Samuel dijo: "No, Dios no mira como mira el hombre" 1 Samuel 16,7, bueno entonces no fue este, llamemos al otro y había uno que no contaban como su hijo, por allá estaba guardando las ovejas.
Hoy tenemos una imagen muy romántica de los pastores, yo también tuve una imagen muy romántica de los pastores, a mí me parecía tan bella la imagen pastoril, cuando uno lee el Evangelio de Lucas, cuando uno canta los villancicos, esos pastores que lo único que tienen que hacer es recoger requesón y vino.
Pero cuando uno conoce las ovejas, pues resulta que en mi concepto las ovejas están como un poquito mal diseñadas, porque las ovejas se les acumulan una cantidad de excrementos, me perdonan que yo defina estos detalles, uno se imagina las ovejas como plumones limpísimos, y entonces uno llega y encuentra que no hay por dónde mirar y tocar a la bendita oveja.
David era el que cuidaba las ovejas, además los pastores tenían muy mala fama porque eran gente mañosa, mentirosa, ladrona; David apenas era como una especie de adolescente, aunque sin embargo era de muy bella presencia, según nos cuenta la Escritura, y cuando trajeron a este David, que venía por allá del monte con un poco de musgo, ese es el que eligió el Señor.
"La mirada de Dios no es como la mirada del hombre" 1 Samuel 16,7. De aquí vamos a sacar dos conclusiones, primera: que nuestros ojos se equivocan demasiado con las personas, y por eso todo el tema que hemos dicho de las sorpresas que habrá en las puertas del cielo.
Y la segunda enseñanza: que tal vez usted, con todo lo que está tratando de esconderse, usted no logrará esconderse a los ojos de Cristo; a David lo tenían por allá escondido y por allá Dios le había puesto los ojos, así también muchos de nosotros tal vez parezcamos que no hacemos nada, de pronto somos nosotros aquellos en los que Dios ha puesto sus ojos.
Si vemos el texto del Evangelio, vemos que eligieron a Matías y lo asociaron a los once Apóstoles, si no me falla la memoria, es la última vez que se habla de Matías en la Escritura y esta es entonces la segunda parte de nuestra enseñanza.
Para una persona como yo, es muy fácil escuchar como con cierto agrado que le digan a uno: "Usted está para cosas grandes, padre", y uno dice: "Es cierto, yo creo que sí".
Fíjese que cuando dan esos mensajes, a mí me han dado una cantidad de mensajes, unos por cariño otros como venidos de Ángeles, como venidos de la Virgen y todos los mensajes son de las personas que oran por uno, y dicen: "El Señor tiene para ti algo muy grande".
De lo que yo me conozco y de lo que yo he visto con otras personas, nunca ha sucedido que oren por uno y digan: “El Señor pensó para ti algo pequeño, común y ridículo”, eso nunca le dicen a uno. A todo el mundo el Señor le ha preparado cosas grandes, interesantes y fecundas.
Si Dios lo eligió a usted fue para cosas muy grandes y uno siente, "¡qué cosa! Pensar que todas estas personas todavía no saben que la historia está dividida antes de mí y después de mí". Y uno cree que uno va a cambiar todo, que va a revolucionar todo.
Como decía tan hermosamente un padre, me decía en un coloquio, con esa simpatía y ese cariño: "Mire, cando yo estaba jovencito, -creo que me decía que estaba todavía en el seminario-, dice, yo llegué a una conclusión: lo que pasa en la Iglesia es que todavía no han descubierto cómo se debe de predicar".
Yo a veces creo que estoy muy cerca de esas palabras, peligrosamente cerca de esas palabras, como que estoy a punto de descubrir el agua tibia, claro, esta es la clave. ¡Ay, qué ridículos somos!
En este tema Dios tiene como humor en esto de las elecciones. En los últimos dos siglos ha habido varios Papas que han tenido un origen muy humilde.
Cuando a Juan XXIII lo eligieron como Nuncio de su santidad en Francia, Juan XXIII estaba como David, perdido en las montañas, perdido en no se qué república socialista, donde la Iglesia ni importaba ni pintaba, y allá llegó la noticia que de Nuncio en Francia, creyó que era un chiste, y luego Cardenal, y de pronto Papa.
Juan XXIII tenía una costumbre muy saludable y muy propia de los hombres humildes, llevar un diario, la gente que tiene la certeza o la convicción de que va a hacer cosas grandes no lleva diario, la gente humilde es la que lleva diario.
Juan XXIII llevaba un diario y en ese diario consta que él de pequeño, llamémoslo así, de seminarista, de sacerdote recién ordenado, él pensaba que iba a ser párroco, probablemente párroco de Sotto il Monte, del pueblito donde era él.
Y se imaginaba el final de sus días como el final de la vida de un buen párroco: rodeado de su feligreses, hizo el bien, bautizó los niños, hizo los matrimonios y se duerme plácidamente en el Señor.
Pero resulta que no fue párroco de Sotto il Monte, sino párroco del mundo, por darle nombre a esa labor, a esa vida que él tuvo, párroco del mundo. Un hombre que estaba por ahí escondido. Pero eso significa que cuando Juan XXIII estaba siendo Papa, hay muchos que estaban haciendo la carrera y el curso, y que ya iban impulsados y que no llegaron.
Entonces tenemos que sacar de aquí la conclusión, muchas veces, como dice la Santísima Virgen en su cántico: "El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes" San Lucas 1,52.
Estemos, pues, de acuerdo en que el Señor nos puede llamar; pero estemos también de acuerdo de que Dios puede dejarnos en un rincón, no todos estamos hechos para cosas grandes.
La frase más hermosa en este sentido se la leí a San Francisco de Sales, decía San Francisco de Sales: "Mira, es que tal vez Dios va a hacer cosas más grandes a través de otras personas y no a través de ti". Y no es que todas las veces vamos a estar en el centro, se necesitan indios, no solo caciques.
De manera que uno no va a estar todo el tiempo en el centro, ni todo el tiempo deliberando para conocer el carácter de un hombre. Decía un pensador francés: "Hay que darle el poder, pero para conocer la verdad de un hombre hay que quitarle el poder".
¿Cómo se vuelve una persona cuando se le da poder? Ahí la conocemos. ¿Cómo se vuelve cuando sale del poder? Ahí la terminamos de conocer. Porque mientras somos centros de atracción, mientras haya gente alrededor de nosotros y tenemos cierta importancia, ahí también es como cierto alimento y cierto estímulo.
Pero cuando nadie se fija en nosotros, cuando nos van arrinconando, cuando las enfermedades, el atraso, la falta de conocimiento, el cansancio o el resurgimiento de otros líderes, nos deja a un lado, ¿en qué nos convertimos? ¿Quiénes somos nosotros en ese momento? Ahí aparece la verdad de lo que nosotros somos.
Bueno, mis queridos amigos, que el ejemplo y la intercesión de San Matías nos iluminen, para no juzgar a las otras personas por las apariencias, para revivir el llamado de Dios cuando Él a bien lo tenga, para prestar nuestros servicios con humildad y con alegría, y para dejar el servicio que tenemos que dejar, y dejar esta tierra cuando haya que dejarla, en el momento en el que Dios lo disponga.
Recibir con gozo la oportunidad de servir, y recibir con paz la ocasión de ser llevado al rincón o a la periferia.
Que Dios, en su bondad, nos lo conceda, yo lo necesito; y que nos dé ese regalo a todos.
Amén.