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De Wiki de FrayNelson
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El 22 de agosto nuestra Iglesia Católica celebra la Memoria de Santa María, Reina del Universo. Es una fiesta preciosa, pero se necesita un poco de atención para descubrir en dónde está su belleza. No se trata simplemente de acumular títulos sobre títulos cuando hablamos de la Santísima Virgen, esto es más profundo y más bello.

La frase que mejor nos ayuda a comprender esta fiesta es aquella de San Pablo, refiriéndose a Cristo: “Si hemos muerto con él, viviremos con él. Si somos constantes, reinaremos con él” (2 Tim 11-12). Algunos protestantes dicen: “bueno pero dónde aparece en la Biblia que María reina”, ¡mira! no sólo María reina, no sólo ella, cada uno de nosotros está llamado a reinar con Cristo. Jesús en otra ocasión le dice a sus doce discípulos que ellos recibirán doce tronos (cf. Mt 19,28) , por supuesto lugares desde los cuales se ejerce el Reino. De manera que cuando hablamos de “reinar con Cristo” no debemos ser mezquinos, “reinar con Cristo” significa que nuestro Dios no es egoísta, que reserva sólo para sí, como celoso de su propio poder, ese no es nuestro Dios. Nuestro Dios comparte su Reino ¿qué quiere decir eso?, pues que es lo propio del rey, que es reinar, es ejercer poder; y efectivamente como dice el apóstol San Pedro: nosotros somos herederos, somos partícipes de la naturaleza divina (cf, 2 Pe 1,4); quiere decir que así como participamos del amor de Dios y cuando estamos en amistad y unión con Él, nuestro amor no es solamente humano, sino que podemos amar con el amor del Señor. Y así por participación la luz de Dios, llegando a nosotros, hace que también podamos contemplar las realidades de este mundo y escuchar la divina Palabra con el mismo Espíritu con el que fue pronunciada; es decir, así como también participamos de la sabiduría de Dios, pues así también al hacernos partícipes de su naturaleza divina, Dios no hace partícipes de su propio poder, de manera que nosotros participamos del poder de Dios; esto se nota muy bien en el caso de los santos ya en esta vida, recordemos santos grandes, como por ejemplo el Padre Pío, cuántas cosas maravillosas se cuentan del Padre Pío, este hombre de verdad participaba de la sabiduría, del conocimiento de Dios; muchas personas se quedaban asombradas de las cosas que decía el Padre Pío: “¿cómo puede conocer algo que yo no le he dicho?”, pues es que él, con ese don especial, con esa ciencia que le daba Dios, con esa palabra de conocimiento llegaba a saber cosas de las personas, cosas que las personas no le habían dicho a él; es decir que él participaba de esa sabiduría. Pero luego el mismo Padre Pío muchas veces fue partícipe del poder de Dios, y hay muchas personas que cuentan como fueron rescatadas, literalmente rescatadas de la muerte por la intercesión de este santo.

Para una canonización la Iglesia siempre pide que haya certificado, que haya certeza de que por intercesión de la persona se ha realizado un milagro; y ¿esos milagros qué son? participaciones del poder Dios y ¿qué es participar del poder de Dios? significa que el único Dios que reina nos hace partícipes también a nosotros de ese poder único, no para que reinemos en paralelo o en reemplazo de Él; sino para que en Él y gracias a su amor y generosidad, también nosotros podamos ejercer ese poder. Si esto vale para todos los santos, si Pedro y Pablo hicieron milagros, si ellos participaron del poder Dios, cómo le vamos a negar esta participación a aquella que estuvo asociada de modo absolutamente único, irrevocable, maravilloso como es la Santísima Virgen, ¡cómo vamos a negar esto!.

Esta memoria litúrgica de María como Reina del Universo, nos está recordando algo que no es solamente de ella, sino que es un elemento de toda nuestra vida cristiana. ¡Bendito, alabado sea el Seño!