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El 22 de agosto nuestra Madre la Iglesia celebra a la Santísima Virgen María con el título de Reina del Universo, quienes oran con frecuencia con el Santo Rosario reconocerán de inmediato al quinto de los misterios gloriosos dentro de la serie tradicional de los misterios del Rosario. Esta fiesta, esta memoria litúrgica es motivo de gozo para nosotros, pero es bueno conocer por qué, no se trata de acumular títulos sobre títulos, elogios sobre elogios, al referirnos a María; un poco de investigación, no se necesita excesiva profundidad, nos ayuda a descubrir las raíces bíblicas de esta hermosa festividad litúrgica.

Hay que abrir la Sagrada Escritura en la Segunda Carta del apóstol San Pablo a Timoteo y luego dirigirnos al capítulo segundo, una frase fundamental de San Pablo nos orienta sobre qué es lo que estamos celebrando en este día. Dice el apóstol de los gentiles: “si sufrimos con Cristo, reinaremos con Cristo” (Tm 2,12); la palabra importante que destaca inmediatamente es “reinaremos”, porque hay algunos cristianos no católicos dicen: “cuando ustedes hablan de la Virgen le están quitando el reinado a Cristo”; acusación ridícula y contraria a la Biblia, ya que dice en ella: “¡reinaremos, nosotros!, cuanto más la que no cometió pecado, la que es espejo del Evangelio, la verdadera discípula, “reinaremos” dice San Pablo.

Es muy importante este verbo “reinaremos”, sobre todo porque hay que relacionarlo con el capítulo segundo del Génesis, allí donde recordamos qué es lo que le dice Dios al ser humano al ponerlo sobre esta tierra. El Génesis lo que nos está contando es los orígenes, cuál es el lugar del ser humano dentro de la creación, y ese lugar no es cualquiera, es como administradores en nombre de Dios. El verbo que se utiliza en el libro del Génesis es “dominar” la tierra. Me permito recordar que “dominar” es un verbo que proviene de dominus que significa “señor”; es decir lo que está mandando Dios al ser humano en el capítulo segundo del Génesis es: “sean ustedes señores de la tierra”.

En el Antiguo Testamento el único que recibe el título de “señor” es Dios, entonces concluimos del capítulo segundo del Génesis donde Dios dice: “sean señores de la tierra” y del capítulo segundo de la carta a Timoteo donde el apóstol dice: “reinaremos con Él”, concluimos que no tenemos un Dios mezquino, egoísta, vanidoso ni envidioso, incapaz de compartir lo suyo.

La expresión de Pablo: “reinaremos con Él” no es “reinaremos en vez de Él” ni por encima de Él, no es reinaremos de mentira, es “reinaremos con Él”; y la primera en quien se manifiesta este reinado con Cristo, no en lugar de Cristo, no más allá de Cristo, no por encima de Cristo, sino este reinar con Cristo es precisamente ella, la bendita, la Virgen, la santísima, quien vivió en plenitud la voluntad de Dios, porque para eso dijo: “aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1,38).