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Fecha: 19970822

Título: Maria es Reina porque en su corazon cabe todo lo que Dios ama

Original en audio: 43 min. 21 seg.


Debo empezar reconociendo, que esta celebración de la Santísima Virgen como Reina, a mí personalmente me ha cuestionado, podría decir, bastante, sobre todo porque la Iglesia tiene una celebración grande de Cristo como Rey del Universo.

No sé si sea una pregunta demasiado infantil, demasiado racional, y demasiado dominicana; pero, ¿en qué quedamos? Si Cristo, el Rey del Universo, si Él es el Señor de todos, ¿cómo queda espacio para una Señora de todos, para una Reina de todos, para una Reina del Universo?

Esta pregunta, tal vez, no sea solamente mía; yo sé que muchos de los obstáculos que impiden la unidad con cristianos no católicos, quiero decir, está en nuestra manera de hablar sobre la Virgen.

Y Entonces llega a un punto en el que que mi conciencia de sacerdote me formulaba esa pregunta, y mi conciencia de predicador: "Bueno, ¿no será que seguir hablando de la Virgen como Reina, lo que hace es como dificultar un poco el encuentro con otros cristianos? Porque al utilizar ese lenguaje parece que le estuviéramos quitando algo a Jesucristo. Esta es una primera motivación que he tenido para meditar en la Santísima Virgen como Reina.

Pero, hay otras dificultades también. Alguna vez, en una conversación informal con dominicos, uno de nosotros decía que en la fórmula de profesión, cuando nosotros hacemos nuestro compromiso en nuestra profesión religiosa, nosotros decimos: “Yo prometo obediencia a Dios, a la bienaventurada María, al bienaventurado Domingo, y a ti, fray TimothY Radcliffe", en este caso, es decir, el Maestro de la Orden.

Nosotros prometemos obediencia al Maestro de la Orden; pero antes hemos prometido obediencia a Dios, a la Virgen, a Santo Domingo de Guzmán; y alguno de los Padres que se encontraban ahí decía que estas eran expresiones, en realidad, solamente devocionales.

Es decir: “Yo le prometo obediencia a Dios, le prometo obediencia a la Virgen”; pero, a ver, la obediencia a Dios se entiende en la medida en que es su Espíritu quien nos bendice.

"La obediencia a la Virgen, -decía él-, es una especie como de práctica piadosa, que viene allá desde el siglo XIII y que por consiguiente, es muy respetable, lo que él intentaba decir es que nuestra comunidad es muy tradicional en su fórmula de profesión.

La fórmula que nosotros utilizamos es la misma fórmula que se utilizó en el siglo XIII, cuando fue fundada la Orden.

y las palabras con las que yo me consagré a Dios son simplemente la traducción en castellano de las palabras con que, por ejemplo, Santo Tomás de Aquino hizo su profesión religiosa; las mismas palabras con que San Jacinto de Polonia se ofreció a Dios; las mismas palabras con las que San Luis Bertrán se consagró al servicio del Señor; las mismas palabras con que San Martín de Porres fue admitido a nuestra Comunidad.

Y son las mismas palabras, que venimos repitiendo desde hace muchos siglos. Y en esas palabras, repetidas tantas veces por nosotros, y por las monjas de clausura, siempre ha estado esa expresión: “Prometo que voy a obedecer a la virgen María”.

Y entonces a mí como, que no me sonó mucho esa idea, de que la obediencia a la Virgen era solamente como una especie de piedad, una especie de práctica piadosa.

Sin tener nada en contra de la piedad, pensaba yo, y pienso, que ahí hay más sustancia y hay más jugo, ahí hay algo importante, ahí hay algo que aprender; pero no lograba saber exactamente qué. Una pista adicional está en el hecho de que lo primero de la lista de los reyes de Israel y de Judá, con lo que se encuentra es, básicamente, con hombres.

Hay una sola excepción; hubo una reina en Israel, pero el recuerdo de esa reina ¡válgame, Dios! esa reina se llamaba Atalía, y esta Atalía intentó, cual película de estreno, intentó, por medio de todos los recursos, interrumpir la dinastía que venía desde el rey David; bueno, la historia es muy engorrosa, y tiene demasiadas vueltas para traerla aquí.

Sólo para decir que Atalía no dejo ningún buen recuerdo; y si miramos la historia de los reyes y personas relacionadas, nos viene inmediatamente a la mente un rey del reino del norte, Ajab.

Ajab tenía su esposa, Jezabel, porque, uno piensa en la reina como la esposa del rey; pues se supone que, por ejemplo, el rey Juan Carlos de Borbón, el rey español, está casado con la reina, y la reina es la reina Sofía; he ahí un pequeño error: entonces uno piensa en la reina como la esposa del rey.

Pero si uno mira las esposas de los reyes, tal como aparecen en la Biblia, el de Ajab es peor que el de Atalía, bastante peor.

Empecemos a recordar. Por ejemplo, David engendró a Salomón en una mujer que no era su esposa; ahí comenzó el misterio, ¿entonces vamos a llamar reina a la adúltera? Fuera por conveniencia, por fuerza, o por lo que fuera; si pensamos, por ejemplo, en la esposa de Ajab, el que había dicho, la esposa de Ajab se llamaba Jezabel.

Jezabel es de lo más perverso, -me disculpan la palabra-, de lo más asqueroso que aparece en la Sagrada Escritura como persona; su capacidad de iniquidad, su capacidad de volver todas las cosas a su favor, su cinismo para aplastar el derecho de los pobres, su altanería ante Dios, están ahí consignados, por ejemplo, en el Primer libro de los Reyes, capítulos XVIII, XIX, XX.

Jezabel fue una mujer tan supremamente demoníaca, podríamos decir, que quedó como ejemplo del poder femenino perverso.

El nombre de Jezabel vuelve a aparecer en el Apocalipsis, seguramente no para referirse a una persona que se llamara así, sino como un modo simbólico de referirse a una falsa profetisa, un pedazo de bruja, que existió en esos tiempos en el siglo I, y que tenía todas las características de Jezabel.

Entonces, fíjate, que si mi mente y mi corazón y mi fe, encuentran dificultades para meditar en el misterio de María como Reina, es que también, reconozcamos quela Biblia no ayuda demasiado para que uno encuentre cómo meditar en el reinado, en la realeza de la Santísima Virgen María.

Entonces yo revolvía todas estas vidas en mi corazón, y decía: "Bueno, ¿no será que en una época de muchísima piedad, de muchísimo fervor, a alguien se le ocurrió que Ella es la Reina, y entonces eso se volvió, por decirlo así, una especie de estribillo, una especie de lugar común, y por la repetición de palabras, pues viene siendo de María Reina? ¿No habrá más que eso ahí?

Otras reinas se pueden recordar, pero los recuerdos son todavía peores; en tiempo de Nuestro Señor Jesucristo, sabemos que fue una mujer la que se desquitó de la voz profética de Juan el Bautista.

A ver, algún profeta dijo que Elías tenía que volver antes de que llegara el Mesías. Elías tenía que volver; no se refería, desde luego, a la reencarnación, además, la reencarnación no dice que vuelve a Elías, sino que el alma de Elías se metiera en otro cuerpo, y ese no es el caso de la Biblia.

es una aclaración que debría sobrar hacerla; pero el hecho es que algún profeta habló de que Elías tenía que volver, que necesitaba a alguien con la fuerza de Elías, y eso, de acuerdo con lo que dice Jesucristo, eso fue Juan el Bautista, una persona que tenía el espíritu de Elías.

Elías tuvo que enfrentarse contra Jezabel, Jezabel la esposa de Ajab. Elías vivió la soledad más dura; de las soledades duras, duras, duras de la Biblia, la de Elías.

Porque Jezabel, mujer astuta, brillante, perversa había logrado aunar el poder religioso, el poder económico, el poder político y el poder del afecto, el poder del corazón; y ella era la que mandaba, o sea, Ajab era un monigote, Ajab era un títere, Ajab no tenía cómo oponerse a su propio esfuerzo.

Pues bien, una de las estrategias que utilizó Jezabel, para mantenerse en el poder, fue congregar a los profetas, ella hizo de los profetas de Israel una especie de cofradía, cofradía que llegó a tener más de cuatrocientos hombres; estos más de cuatrocientos profetas, Jezabel los alimentaba, les tenía sueldo, les tenía almuerzo, y onces, y comida, y apartamento, y vacaciones, y no sé cuántas cosas más.

Jezabel se preocupó de que, del tesoro real, se le pagara a los profetas; y, desde luego, estos profetas no profetizaban en nombre del Señor, y no iban a decir nada en contra de la nómina; de manera que estos profeticas mentirosos eran profetas de Baal, no profetas de Yahvé.

Elías se quedó solo como profeta; y hay un momento culminante y maravilloso en la Sagrada Escritura en que Elías se enfrenta con los cuatrocientos profetas de Baal; entonces va Elías, arriesgando su pellejo, porque se sabía que la que mandaba en Israel era Jezabel, y Jezabel ya le había dicho a Elías que lo iba buscar para matarlo.

Entonces, Elías se fue a Samaría, capital de Israel; y dijo, en público las siguientes palabras: "“¿Hasta cuándo vais a cojear de los dos pies? Si Yavé es el señor, seguid a Yavé; si Baala al es el señor, seguid a Baal". La gente se quedó callada" 1 Reyes 18,21.

Entonces Elías les dijo: ""Vamos a hacer una especie de competencia, vamos hacer una especie de duelo y lo vamos hacer en el monte Carmelo".

Aquí se inicia la espiritualidad del monte Carmelo, de donde viene aquello de la Virgen del Carmen, los carmelitas etc. En el monte Carmelo, Elías llamó a todos los profetas y dijo: "Preparemos dos holocaustos; y el dios que sea capaz de traer fuego del cielo, ese es el verdadero Dios" 1 Reyes 18,23-24.

"Empezad primero vosotros que sois más numerosos" 1 Reyes 18,25, dijo Elías, eso se llama un hombre, un hombre de fe. Estaba literalmente solo frente al pueblo.

Elías es necesario para los tiempos que estamos viviendo. Estos cuatrocientos profetas prepararon el holocausto y empezaron a invocar a Baal: "Baal, respóndenos; Baal,respóndenos" 1 Reyes 18,26, y hacían todos sus ritos y todas sus cosas; y no hubo ninguna respuesta.

Elías, no contento con el peligro que estaba corriendo su vida, y con el oso tan espantoso que iba a cometer, o que podía haber cometido, empezó a burlarse de los profetas y les decía: “Gritad más fuerte, gritad; tal vez Baal está un poco adormilado o fue de paseo, o está distraído” 1 Reyes 18,27.

finalmente, no hubo fuego del cielo para el holocausto que se le iba a dar a Baal; cuando ya iba llegando el final del día, Elías dijo: "Bueno, dejemos esto" 1 Reyes 18,30.

Y empieza a echarle agua, agua a la víctima que se le iba a ofrecer a Yahvé, agua; y le echaron agua, no sé cuántas veces, dos o tres veces, y empaparon, llenaron de agua a la víctima; y Elías rezó una sola vez; y dijo: “Señor, que se vea que tú eres el Dios del cielo; respóndeme, Señor" 1 Reyes 18,30.

Fuego bajó del cielo, que consumía la víctima, y el agua secó el lugar donde estaba. Ese milagro, de lo más grande que tiene el Antiguo Testamento, lo realizó este profeta, ante los cuatrocientos falsos profetas de Baal. Y ante toda la asamblea de Israel.

Sucedido ese milagro. Elías les dice a los profetas: “Ustedes sirviendo un dios muerto, merecen la muerte” 1 Reyes 18,40, y los degolló, y acabó con esos profetas.

Cuando hizo eso, Jezabel juró por sus dioses; ella, desde luego era pagana; juró por sus dioses que le haría lo mismo a Elías, y Elías tuvo que salir huyendo, y tuvo que seguir así, alimentado por los Ángeles, porque no tenía quien lo acompañara, de las criaturas humanas; alimentado por los Ángeles, llegó hasta el monte Horeb, también llamado monte Sinaí, a renovar ahí la alianza.

Bien, Elías es un personaje maravillo. Elías es ejemplo de lo que significa creer, creer, y creer hasta límites inauditos para el corazón humano.

Entonces, fíjate, la pareja, los rivales aquí ¿quiénes eran? Una mujer intrigante y perversa, Jezabel; y un hombre solo, débil y solamente apoyado en Dios, Elías.

El sucesor de Elías, se llama Juan Bautista; la sucesora de Jezabel, se llama Herodías, esposa adulterina de Herodes, el que estaba vivo en tiempos del ministerio de Juan Bautista; pues esta Herodías, como verdadera hija y discípula de Jezabel, cometió lo que había prometido Jezabel.

Jezabel le había prometido la muerte a Eláas, pero Dios no le concedió eso, porque Elías fue arrebatado, un carro de fuego se lo llevó, y no sabemos del final de su existencia; pero Herodías cobró la venganza de Jezabel, degollando a Juan el Bautista, según el relato que se encuentra en los Evangelios.

Creo que ya está bien de ese género de ejemplos.

Y de todo eso sacamos una conclusión: que la Sagrada Escritura, evidentemente, no piensa en una reina, no piensa en la reina, de la misma manera como piensa en el rey.

Es decir, la categoría "Reina", que tomamos para la Santísima Virgen María, especialmente en este su día, María Reina, reina no significa aquí la que ejerce la realeza a la manera del rey; y este es el comienzo de la respuesta para mis inquietudes.

Si las reinas fueran tan semejantes a los reyes, como las ministras se parecen a los ministros; las médicas, yo no sé si se dirá así, a los médicos; las profesoras, a los profesores; si las reinas hicieran los mismo que hacen los reyes, entonces tendríamos un problema teológico descomunal.

¿Cómo hacemos para decir que Cristo es Rey de todo el Universo, y además María es coronada Reina del Universo? ¿Entonces qué? "Tales constelaciones para Jesús, tales para María"; o sea, la cosa tiene que ir por otro lado.

Y el principio de la respuesta es la afirmación que hemos dicho: en la Sagrada Escritura, la reina nunca es la que ejerce la realeza al modo de los reyes de esta tierra, eso no significa la palabra "reina"; y por eso me he tomado el trabajo de presentar a Atalía, a Jezabel, a Betsabé, a Herodias, para que nos quede perfectamente claro que ese no es el sentido.

“Reina” no es una especie de primera ministra, a la manera de Margaret Tatcher; no es tampoco una especie de presidenta, como esta señora Chamorro; la reina no es eso. Bueno, ahí tenemos una primera conclusión.

Hay un pasaje en el que se habla de “una mujer coronada de estrellas” Apocalipsis 12,1, en el capítulo XII del Apocalipsis, se habla de “una mujer coronada de estrellas” Apocalipsis 12,1.

Y algunas personas han buscado una especie de imagen de la Santísima Virgen; además, las coronas parecen que son propias de reyes, propias de reyes y propias reinas.

Pero entonces mi problema se plantea en este momento así: nosotros los dominicos prometemos obediencia a la Virgen, esa es nuestra fórmula de profesión en la Iglesia; pero estamos diciendo que las reinas en la Sagrada Escritura no ejercen la realeza del mismo modo que los reyes.

Pregunta: ¿entonces qué significa que María sea Reina? Por una parte, significa que Ella tiene una voluntad, porque no es concebible la obediencia a alguien, si no estoy admitiendo la voluntad de esa persona, la voluntad de la Virgen María.

Porque ahora caigo en cuenta, de que lo que a mí me fastidiaba, lo que a mí no me gustaba de ese comentario de mi hermano dominico, cuando decía que era un asunto solamente devocional, es que yo pensaba: "Bueno, pero ¿cómo así? Si es solamente devocional, ¿qué es? ¿Es que la Virgen no tiene una voluntad a la que se pueda obedecer?

La Virgen debe tener una voluntad, es una persona humana; yo tengo una voluntad, Cristo tiene una voluntad, Mónica, Rosa, Catalina, tienen una voluntad, Mará tiene una voluntad.

Entonces podemos decir que la realeza de la Santísima Virgen supone que su voluntad se realiza en el Universo, ¿de qué manera? Ahí está lo más hermoso, también lo más profundo y también lo más difícil de decir en palabras humanas. ¿De qué manera se cumple la voluntad de la Virgen María en el Universo?

Con la ayuda de Dios, con la unción de su Espíritu, a quien me encomiendo, eso es lo que deseo comentar ahora.

Hay que decir que la Santísima Virgen María es el universo nuevo. Decía hermosamente uno de los Padres de la Iglesia: “Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo en María”; ¡hágame el favor, esa afirmación!,“se hizo a sí mismo en María”; en María recomienza el Universo, ese es un modo de decirlo.

Pero hay otro modo más bello y quizá más verdadero: “En María empieza el Universo nuevo”. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que el pecado que cometieron nuestros primeros padres, el pecado que ha cundido por la creación, efectivamente ha cundido por la creación.

Mira, Jesús al final del evangelio de Marcos dice: “Id y predicad el Evangelio a toda la creación” San Marcos 16,15; tomando, entre otras cosas, muy literalmente esa expresión, San Francisco de Asís le predicaba, por ejemplo, a los pajaritos, y se recuerda siempre con mucho cariño el famoso milagro del “sermón a los pájaros”.

Iban de camino con algunos frailes, de pronto pararon en un claro del bosque, y Francisco, con esa sencillez, ese candor y ese carisma extraordinario, empieza a llamar a los pájaros para que escuchen la predicación; y entonces, llegan bandadas de pájaros y se posan en los árboles y se ponen a escuchar al predicador Francisco de Asís.

Francisco habla, entonces, de las grandezas de Dios, de lo importante que es cantar bien para el Señor, de todo lo que significa, en ellos, como belleza y alabanza en la creación. Termina el sermón, les da la bendición y entonces los pajaritos se van. Típicamente franciscano!¡Hermosamente franciscano! Hay que predicar a toda la creación.

Si nosotros los dominicos fuéramos franciscanos, pues buscaríamos, yo no sé, habría algún dominico que estaría tratando de predicar a las lombrices, a los ratoncitos; de hecho, San Martín de Porres le predicaba a los ratoncitos, porque los ratoncitos estaban acabando con la despensa de los Padres.

Entonces, fray Barragán, que era por allá una especie como de administrador del convento de Lima, donde estaba San Martín, dijo: “Voy a comprar veneno, voy a acabar con los ratones”; San Martín sintió que su corazón se hería, porque iban a lastimar a los ratones; y Dios no hizo los ratones para que se los destruyeran.

¡Qué tal! Entonces propuso a fray Barragán un remedio distinto: “Mira, hagamos una cosa distinta: déjame, y yo hablaré con ellos”. Fray Barragán, desde luego, se rió del cuento; pero San Martín llamó a los ratoncitos, entonces les explicó: “Lo que pasa es que los Padres tienen que comer, entonces ustedes no pueden estar mordisqueando aquí y allá, porque así es muy difícil, hay que ponerle orden a ese asunto”.

Entonces San Martín les llevaba al patio, a determinadas horas, les llevaba el alimento a los ratoncitos. Llegaban los ratoncitos, comían ahí, ya no iban a la despensa, y así los ratoncitos pudieron alimentarse. San Martín quedó contento.

Sin embargo, creo que, muerto San Martín, compraron una cantidad de trampas, venenos, gatos; porque parece que era más fácil, para los prácticos dominicos, por el temperamento racional y práctico de los dominicos, era más fácil, conseguir muchas otras trampas, veneno, gatos, que esperar a que llegara otro San Martín; de pronto, falta de fe de los dominicos.

Pero yo estoy con la historia de que el pecado anda ahí en toda la creación; es que efectivamente, las cosas inanimadas, las cosas que no tienen vida, sólo se vuelven hacía Dios a través del ser humano, es decir, de nuestro pensamiento, a través de nuestra oración, a través de nuestro afecto, a través de nuestra adoración, ese es el único camino por el que las cosas se vuelven hacia Dios.

Por consiguiente, si el pecado ha destruido el corazón humano, no es sólo el corazón humano el que se ha dañado, sino que, puesto que el ser humano es como el administrador de esta finca, que se llama el universo; si el administrador anda mal, la finca anda mal, porque la finca sólo puede sólo puede volverse hacia Dios, sólo puede ser alabanza al Creador, en los labios, en el corazón, en la bendición del ser humano.

La creación entera entonces está destruida, esto lo dice claramente San Pablo, allá en el capítulo octavo de Romanos, pero el asunto tiene solución. Y María es una imagen realizada, es como el sacramento de la gracia, la Santísima Virgen María; es que en Ella, Dios puede hacer el Universo como quería hacerlo.

Hubo un filósofo, Aristóteles, que dijo una frase, que le encantaba a otro filósofo, el teólogo, Santo Tomás de Aquino, dijo Aristóteles: “El alma humana, de alguna manera es todas las cosas”, porque cuando nosotros contemplamos, comprendemos, amamamos las cosas, de alguna manera existen ya, no sólo fuera de nosotros, sino en nosotros.

Pues bien, hay que decir, que a través de los ojos, de la oración, del corazón, del amor, del entendimiento, de la voluntad también de la Santísima Virgen María, el Universo conocido, contemplado, amado y ofrecido por Ella, vuelve hacia Dios.

María es la realización, sin trabs, del amor de Dios; realización completa entonces, la realización íntegra del plan de Dios. Podemos decir, que eso que Dios realiza en nosotros, sólo a pedacitos en nosotros, es decir, hasta donde uno deja, en María lo puede realizar completamente. María es la realización completa del plan de Dios, ¿y eso cómo se llama? Se llama el Universo.

María es la perfección de la realización del plan amoroso de Dios; esa es la Santísima Virgen María, porque en Ella no hay pecado, ni sombra de pecado; y por consiguiente, la voluntad de Dios se puede realizar completamente en Ella.

Pero Ella no vive para sí misma, por consiguiente, todo aquello que es conocido por María, todo aquello que es amado por María, en Ella y a través de Ella, se vuelve hacia Dios. Ahí vamos entendiendo qué quiere decir que María sea Reina.

Podemos decir entonces, que hay dos modos de ser rey, y sólo dos modos de ser rey. Uno es lo que podríamos llamar el reinado que se realiza desde la palabra exterior, hasta la conversión interior. este es el reinado de Jesucristo.

y otro es el reinado que se realiza, desde el amor interior, hasta la obediencia exterior, este es el reinado de la Virgen María. Estos son los dos modos de reinado que existen. No son dos modos paralelos.

Imaginémonos que hubiera dos reyes en el Universo, cosa que desde luego, no existe. Uno se imagina dos reyes, más o menos como los procónsules romanos; es decir, dividiéndose la torta: "Tú gobernarás las Galias, yo gobernaré los Cumanos; tú gobernarás Cartago, yo gobernaré Germania; esa es la manera de reinar de nosotros los hombres, los varones, digo.

Nosotros pensamos las cosas en términos exteriores, para nosotros, que haya dos reyes significa que hay que dividir, eso es lo que significa para nosotros: ¿En qué va a mandar usted y en qué voy a mandar yo?"

Es decir, "dentro del mismo mundo en que vivimos, ¿cuál va a ser su parte y cuál va a ser mi parte? Esa es la manera como nosotros los varones, los seres humanos hombres, nos imaginamos el reinado; dividir las cosas afuera de nosotros.

María no es Reina porque tenga una porción que le fue asignada, y después le fue aumentada, y finalmente debería ser todo. Ese no es el reinado de la Virgen; el reinado de la Virgen, como dice hermosamente Ignacio Larrañaga, el predicador franciscano: “Eres Señora del Universo, porque primero eres Señora de ti, porque tú eres Señora de ti misma”; es decir, María empieza siendo Reina.

El reinado de María, ¿en dónde empieza? Empieza en el orden y belleza de su corazón vuelto hacia Dios; un corazón en el que Dios puede realizar por completo su voluntad. Ahí empieza el reinado de la Santísima Virgen.

¿Por qué? Porque corazones así, no existen, ¿y por qué no existen corazones así? Por lo que, como dice la Carta de Santiago: “guerrean las pasiones en nuestro interior” Carta de Santigo 4,1. El corazón de María es un corazón unido por un solo amor, por un solo anhelo: la perfecta, la plena realización del plan de Dios.

Entonces, el corazón de la Santísima Virgen, un corazón unido por un solo amor, es un corazón donde Ella empieza siendo Señora; como quien dice: María es Reina del Universo, en primer lugar, porque Ella es dueña de sí misma, y esto, nosotros hombres y mujeres, difícilmente lo entendemos, más difícilmente lo practicamos, y sólo con la gracia de Dios lo realizamos en plenitud, como la misma María, en quien este plan se realizó y se llevó a cabo por la obra de la gracia.

Nosotros no tenemos el corazón unificado, y por eso, porque nuestro corazón está dividido proyectamos afuera las barreras que llevamos adentro. Las divisiones que hay en la exterioridad de las cosas, empiezan en las divisiones que hay en la interioridad de los corazones. Estamos divididos en las cosas, y cada uno quiere ser rey de su pequeño imperio, porque tenemos el corazón fragmentado.

Pero si una persona no tiene el corazón fragmentado, ese es el caso que estamos viendo, ese es el misterio que estamos celebrando, ¿qué quiere decir que yo tengo el corazón fragmentado? Que en mi corazón no cabe, ni deseo por esta banca, ni deseo ser amigo tuyo, por consiguiente, divido mi corazón, lo rasgo y digo: "Por este lado de mi corazón, yo quisiera ser amigo tuyo; pero por este lado, yo quiero estar dueño de esta silla.

Po consiguiente, cuando no logro resolver este conflicto que llevo, te saco a ti y digo: "Me quedo con mi silla, y vete tú a la porra".

Nosotros no somos reyes del Universo; nosotros hemos pecado contra el designiooriginal de Dios que nos mandó ser reyes; hemos pecado contra ese designio, porque tenemos el corazón fragmentado, porque tenemos el corazón dividido, y por eso, nuestra manera de entender el reinado es: "Tú te vas, y yo me quedó. No hay espacio para los dos".

El corazón de la Santísima Virgen María es un corazón unido por un solo amor; es un corazón que no tiene fragmentos, por consiguiente, es un corazón que no tiene que excluir a nadie, y por eso, es Reina, porque en ese corazón caben todos los amores.

Bueno alguien diría: "¿Y usted cómo sabe que ahí están todos los amores? Porque Ella tomó una resolución: "Amar lo que Dios ama".

¿Sabe cuándo tomó María esa resolución? Ese es el misterio que celebramos el 21 de noviembre, la Presentación de la Santísima Virgen María; más allá de las historietas de una niña que iba al templo y que no se qué; más allá de esas fábulas, aunque piadosas y hermosas, el misterio de la Presentación de la Virgen es la resolución de una mujer, que cuando tuvo su primer acto racional consciente, quiso no querer nada distinto de lo que Dios quisiera.

Esto le dio una unidad fantástica al corazón de la Virgen, esto hizo que su corazón no tuviera aplazamientos, esto hizo que su corazón no tuviera que excluir a nadie, y por eso, en el amor de Ella, se realiza la realeza de Dios.

Esta voluntad de la Santísima Virgen María, fijate que no nace de Ella, ésta es la diferencia entre la realeza de Cristo y la realeza de María; la realeza de Cristo sale de Cristo, sale de Cristo, sale de Él, sale del misterio de su unión personal,hipostática, indescriptible, con la persona del Verbo.

Jesucristo es Rey, y Él puede decir, como lo dice en el evangelio de Juan: “Yo para esto he nacido, no existo sino para esto, para ser Rey” San Juan 18,37; Jesucristo es Rey porque, como dice la carta a los Colosenses: “Por Él y para Él fueron creadas todas las cosas” Carta a los Colosenses 1,16.

María no es Reina porque a través de Ella hayan sido creadas todas las cosas, sino porque a través de Ella hayan sido redimidas todas las cosas; María es Reina, no porque en Ella hayan sido creada todas las cosas, no por eso; sino porque aceptando la voluntad de Dios, une su voluntad a la del Creador, y se convierte, por eso mismo, en aquella voluntad, en la que cada uno de nuestros corazones encuentra su propio lugar.

Cuando María se resolvió a no amar sino lo que Dios amara, ya tenía poder en mi corazón, ¿no te parece bellísimo? ¿Cuándo adquirió María realeza, potestad, majestad sobre mi corazón? ¿En qué momento empecé yo a ser súbidito de Ella? ¿En el momento en que se le entregó un cetro? No, en el momento en que María quiso amar a Dios, y en razón de Dios, sólo en ese momento, empezó a reinar, porque en ese momento, cada cosa que existe en el Universo tiene un lugar en Ella.

La realeza no brota en Ella, sino de su aceptación a la Palabra Divina, por eso decía antes: la realeza de Cristo parte de una palabra, que siendo exterior, la palabra de la predicación, un día convierte mi corazón; así me vuelvo yo súbdito de Jesucristo.

La realeza de María empieza en un amor interior, me descubro amado irremisiblemente amado, irrevocablemente amado por Ella; descubro que ya tengo un lugar en ese nuevo Universo, el Universo que Dios quiso; y precisamente, cuando descubro eso, descubro que la voluntad de Ella no es distinta de mi salvación.

No puedo rechazar el reinado de la Virgen María, no es un asunto de querer o no querer, es que no puedo rechazar, porque no puedo rechazar el amor con el que Ella me ama, que es el mismo amor con el que Dios ha querido amarme; en el momento en que la Santísima Virgen María quiso amar lo que Dios ama, en ese momento empezó a ser reyna y en ese momento yo empecé a tener un lugar dentro de su corazón y dentro de su vida.

Hay que hacer todavía una última reflexión aquí. Jesucristo es Rey, pero al mismo tiempo, Jesucristo, a través del don Espíritu Santo, nos ha comunicado todos los bienes; por ejemplo, el ser llamados hijos de Dios.

La Biblia, que llama Unigénito a Jesucristo, también lo llama Primogénito de muchos hermanos. Las dos cosas son ciertas; Él es el Unigénito y es completamente Único, pero es un Único, que a través del Espíritu, transmite incluso su unicidad.

¡Aquí hay un misterio tan profundo! Yo quisiera corazones que adoraran el misterio de estas palabras. Cristo el Único, el Unigénito, quiso ser el primogéntico de muchos hermanos; es decir, transmitió su unigenitura; transmitió que fueramos únicos, cada uno de nosotros fuera único.

Este misterio maravilloso, este misterio desbordante, es necesario comprenderlo, para saber qué significa casarse con el Verbo, para saber qué significa ser esposa de Jesuristo, y ese es el destino de cada alma humana.

Para entender la palabra “esposa de Cristo”, hay que entender de alguna manera, como Dios nos ayude, qué quiere decir que Cristo nos ha hecho participes de su unigenitura. Digo esto porque Cristo, que nos dio hasta su unigenitura, quiso también participar el misterio de su realeza.

O sea que otro modo de predicar esta fiesta de la Virgen María Reina, es decir que Cristo es Rey por naturaleza, y María es Reina por participación. María tiene una realeza participada; Jesús es el Rey, pero Jesús es un Rey que no reina sino para dar, y da todo, hasta vaciarse como se vació en la Cruz.

Este Jesús que da todo, da incluso el ser Rey. Con esto estamos diciendo que nosotros también podemos reinar; o sea que el misterio de la Santísima Virgen María, Reina, no es solamente para ponerle unas medallas, joyas, inciensos a la Santísima Virgen; sea Ella bendecida, amada, cantada, celebrada por todos; ¡bendita sea!

Pero, quiero decir que las celebraciones de la Virgen, no son para añadirle premios, cadenitas, collarcitos, para añadirle ferretería a la Santísima Virgen María, ¡no!, no son para eso; las celebraciones de la Santísima Virgen son comprensiones del misterio de la redención de Cristo, en cada uno de nosotros.

Nada, ningún misterio de los que se dice de la Virgen, dejaremos de vivir nosotros en el cielo; yo sé lo que estoy diciendo, o sea que nosotros viviremos lo que significa ser inmaculados, y ser asuntos, y ser resucitados, y ser reyes.

San Pablo dice: “Nosotros reinaremos con Cristo” 2 Timoteo 2,12; y sin embargo, con la palabra "rey", sucede lo mismo que con la palabra "esposa"; es hermoso hablar de la esposa de Cristo, es terrible hablar de las esposas de Cristo; es hermoso hablar de Cristo Rey, es feísimo hablar de los reyes.

O sea que lo que estamos celebrando hoy, este es otro modo de decirlo, es la realeza participada de Cristo, no es que haya dos reyes, Jesús y María, no; hay un Rey, pero hay una realeza participada.

Yo creo que un día llegará un Papa, que va a instaurar una fiesta de la “unigenitura”, desde luego, buscará otro nombre; pero hay que celebrar eso. Jesús nos ha hecho partícipes de su unigenitura; lo que celebramos en María Reina es que la realeza de Cristo es participada.

Terminemos con una aplicación práctica entonces: ¿de qué manera es participada la realeza de Jesucristo? Nos lo muestra la Santísima Virgen. Dale mirada a tu corazón, en un solo amor, y tú serás rey; los reyes del Evangelio y los reyes de esta tierra se sirven; “yo he venido para servir, y no para ser servido” San Mateo 20,28.

Tú puedes ser rey, y tú puedes ser rey a la manera de Cristo; se necesita que tu corazón tenga un solo amor; se necesita que tu corazón este unido; se necesita que todos quepan en tu corazón; se necesita que no tengas barreras, que no tengas divisiones, que no tengas que excluir a nadie dentro de ti.

En la medida en que vivimos esto, vivimos el misterio de la fiesta que hoy nos ha propuesto la Iglesia. “Muchas más cosas tendría para decirles, pero no podéis con ellas ahora” San Juan 16,12, dijo alguna vez Jesucristo.

Que el amor de María dilate el corazón, dilate,dilate el corazón; quiero un pueblo lleno de hambre y sed de Dios; lleno de hambre de amarle, de conocerle, de celebrarle.

Cuando medite un poquito en este misterio, otro habrá que medite mejor en ellos; cuando medite un poquito, ¿sabe qué pienso yo? Digo: "Bueno, si yo me hubiera muerto antes de estas meditaciones y reflexiones, me hubiera quedado sin saber qué significan estas cosas.

Por favor, ¿cuánto falta? ¿Cuánto falta por iluminarse nuestro entendimiento? ¿Cuánto falta, sobre todo por caldearse el corazón? ¿Y cuántas obras de justicia y de bien faltan en nuestras manos? Estamos ayunos de buenas obras; estamos escasos de palabras sabias; estamos tibios de fervor, incapaces de renovar el Universo.

Pero hoy, amorosamente, filialmente nos recogemos, nos recostamos en el corazón bendito de la Virgen Madre y Reina, y le pedimos a Ella, que ese amor único que sale de su corazón, nos invada también a nosotros, para gloria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.