Smat009a
Fecha: 20110921
Título: La voz de Jesus reconstruye nuestra unidad para responder a la vocacion a la que nos llamo Dios
Original en audio: 4 min. 25 seg.
Celebramos hoy la misericordia de Dios en el Apóstol San Mateo.
Mateo era publicano, es decir, cobrador de impuestos, y esto lo constituía en traidor para su propio pueblo, porque cobrar impuestos significaba aumentar la gloria, el poderío y la opresión de los romanos en contra de los judíos. Así que el primer mensaje de hoy es el mensaje de la misericordia, pero no es el único mensaje.
Resulta que en el nombre de este Apóstol hay también un mensaje. Nos cuenta Mateo, en su propio evangelio, que él tenía otro nombre, él no sólo se llamaba Mateo, se llamaba Leví, y Leví es el nombre de uno de los doce hijos de Jacob. Jacob, el gran patriarca, también llamado Israel, tuvo doce hijos, y las doce tribus de Israel son las que reciben la alianza con Dios, y dentro de esas doce tribus hay una, que es la tribu de Leví.
Pero resulta que esta tribu es muy especial, porque las demás tribus recibieron una porción de tierra, allá en la Tierra Prometida, recibieron un lugar donde vivir, en cambio los levitas no, ellos en cambio recibieron una promesa que se expresa con estas palabras: "El Señor será su heredad".
La tribu sacerdotal, la tribu de los levitas tenía esa característica especial; de algún modo, su riqueza no podía ser de esta tierra, su única riqueza tenía que ser Dios. Ellos tenían como heredad, como posesión particular a Dios, y Dios los tenía a ellos como su heredad peculiar, en reemplazo de los primogénitos.
De modo que los levitas eran como los primogénitos de Israel, los llamados a la santidad, aquellos que debía tener como principal riqueza a Dios y solamente a Dios, eso es lo que significa el nombre Leví, ¿pero qué es lo que encontramos en la vida de este Leví publicano? Que en vez de tener como riqueza a Dios, tenía como riqueza las cosas de este mundo; en vez de ser Dios su heredad y su lote y su vida, él tenía la codicia, el egoísmo y la alianza con el enemigo como forma de vida.
O sea que Leví llevaba dentro de sí una profunda contradicción: su nombre es un llamado a la santidad y su vida, sin embargo, es un escándalo de pecados. De esta contradicción, de esta tensión espantosa viene a liberarlo Jesucristo cuando le dice aquella palabra: "Sígueme" San Mateo 9,9.
Porque cuando Cristo llama a Leví le revela la vocación más profunda de ese nombre, como diciéndole: "Lo tuyo no es acumular riquezas en esta tierra; acuérdate que tú eres levita, acuérdate que tu porción soy yo, acuérdate que tu riqueza tengo que ser yo". Y de ese modo, la palabra de Cristo reconstruye la unidad de Leví.
¿Cómo podemos aplicar esta palabra a nosotros? Pues también nosotros, cada uno, de algún modo recibe la voz de Dios, la escuchamos especialmente a través de nuestra conciencia, y nos damos cuenta que vivimos en muchas contradicciones, porque a menudo nuestra conciencia nos dice algo, nos llama a algo, pero nuestra vida no corresponde a eso que nos pide la conciencia, nosotros, en ese sentido vivimos traicionando lo que somos; antes de traicionar a otros primero nos traicionamos a nosotros mismos, traicionamos nuestra conciencia.
Y por eso necesitamos esta voz de Jesús que nos ponga en su camino, que nos ponga en su seguimiento y rescate lo mejor y lo más puro que hay en cada uno de nosotros, porque eso fue lo que sembró Dios.