Smat001a
Fecha: 19960921
Título: El seguimiento de Cristo no es solo para los sacerdotes y los religiosos
Original en audio: 24 min. 49 seg.
La pregunta que hacen los fariseos y que acabamos de escuchar en el Santo Evangelio, no hay que darla ya por respondida, esa pregunta no ha quedado respondida.
"¿Cómo es que vuestro Maestro come con publicanos y pecadores?" San Mateo 9,11. Lo que dice Jesús es respuesta, pero es una respuesta por lo menos igual de misteriosa que la pregunta.
"¿cómo es que vuestro Maestro come con publicanos y pecadores" San Mateo 9,11. ¿Por qué resulta Jesús mezclado con gente de tan mala ley? ¿No será que se va a ensuciar tanta blancura, en tanto lodo? ¿No será que va a cumplirse, también en este caso, aquello que dice el refrán: "El que anda con la miel algo se le pega"?
Entonces Jesús ¿qué, no andaba con la miel o no se le pegaba nada? ¿Por qué Jesús es la excepción de ese refrán? ¿Por qué nosotros decimos en nuestra experiencia humana: "Una manzana dañada hecha a perder a todas las de la caja? ¿Qué diremos entonces de una sola manzanita buena, en medio de todas las manzanas dañadas? Porque ese es Cristo en esta tierra.
Y eso es lo que preguntan los fariseos. Su pregunta, desde luego llevaba una mala intención, en el sentido de que suponían juicios sobre Jesucristo; pero si hacemos caso omiso de esa mala intención, en ella encontramos como una puerta para una misterio bastante grande.
¿Qué le va a pasar a este Cordero en medio de tanto lobo? ¿Qué sucederá con esta manzanita buena y sana, en una caja de manzanas tan dañadas, como son las manzanas que encontró Dios al venir a esta tierra? ¿Por que Él, precisamente Él, parece no ensuciarse?
Los fariseos habían tomado su nombre de una palabra hebrea que significa algo así como "fieles" y también como "apartados", como quien dice, "nosotros somos los que conservamos el bien, los que conservamos la ley, los que conservamos la plenitud de la fe y de la práctica".
Entonces el contraste está entre el modo de obrar de los fariseos y el de Jesús. El bien del fariseo es un bien que intenta no contaminarse; y el bien de Jesús es un bien que busca revolverse con el mal, para salvarlo. ¿Por qué hay estos dos tipos de bienes?
La pregunta no es tan sencilla, si uno la piensa otra vez; por ejemplo pienso en una familia, ¿qué le dicen los papás a los hijos?: "Usted tiene que cuidar sus amistades", y uno ve que es razonable que el papá le diga al hijo: "Cuide sus amistades , cuide con quien se mete, no se meta con cualquiera".
Pero entonces empieza uno a enredársele la cabeza, se le va a uno enredando la cabeza, porque ¿cómo aí? A ver, a un niño hay que decirle eso, ningún papá va a decir: "Mijo, busque en el curso los que sean más calavera, los que usted vea más desaplicados y hágase amigo de ellos, y sálvelos"Eso no lo va a decir ningún papá a los hijos.
¿Qué quiere decir eso? ¿Entonces ahora qué hacemos? ¿Quiere decir entonces que los consejos que los papás les dan a los hijos son consejos de fariseo? Pero, por otra parte, ¿resulta razonable que algún papá le diga al hijo algo distinto?
Pensemos en una comunidad religiosa. Se supone que nosotros estamos en el seguimiento de Cristo, hemos leído quizá con cierto orgullo, con gran alegría la carta, la exhortación apóstolica de Juan Pablo II "Vita Consacrata", en la cual no ahorra elogios para lo que significa la consagración religiosa, y uno siente: "¡Qué maravilla!, he sido llamado al seguimiento de Cristo, sequela Christi".
Nosotros, de una manera especial dentro del pueblo cristiano tenemos que manifestar el seguimiento de Cristo, y uno siente en eso una gran alegría.
Pero por ahí algún dominico dijo: "Bueno, ¿y qué tal que Dios llamara a las comunidades religiosas gente como este criaturo, como Mateo?" Y ahí también la cosa se complica, y ahí también las ideas se le revuleven a uno un poco en la cabeza.
Si uno habla por ejemplo con los promotres o las promotoras vocacionales, ¿qué le dicen?: "Mire, lo primero es ver cómo es la familia. "Bueno, cuénteme, usted está muy interesado, caballero, en la vida dominicana, hábleme un poquito de su familia".
El hombre rompe a llorar: "Mi familia es una tragedia, mi papá antes de enloquecerse era un borracho; mi mamá después de que se casó la tercera vez, por la desesperación de la hija que se fugó, vio que había un tío que estaba preso". "-¡Ah, muy bueno, bien, vamos a orar mucho por ti".
¡Qué tal, con ese pasadito! ¿Qué tal si lo recibimos en el convento? Y se miran los antecedentes, las enfermedades, las taras familiares, los problemas. Discretamente la gente averigua: "¿Usted, cuando atraviesa la autopista, siente algún atractivo por los carros, tirarse, cosas así?" Se intenta ver qué clase de persona es, cómo reacciona la persona.
Imaginémonos que lo mismo se aplicara en el caso de Mateo. Se van complicando las ideas.Imaginemos que lo mismo se aplicara e el caso de Mateo: "-Bueno ¿cuáles son sus antecedentes?" "-Yo vivo de ladrón público, declarado, unos doce años; tengo enemigos a diestra y siniestra; vivo armado, porque sé que pueden intentar matarme".
"-¿Y cuáles son sus amistades? Fulanita, la prostituta, el otro, el alcohóico, y..." Esos son sus amigos.
Bueno, la conclusión es muy complicada de sacar. ¿Entonces qué? O la vida religiosa no corresponde tal cual al seguimiento de Cristo, o el seguimiento de Cristo es otra cosa que no hemos entendido. Por eso digo que predicar sobre san Mateo no es nada fácil, es bastante difícil, especialmente cuando hay tan gran número de personas consagradas, de vidas consagradas.
¿No será que más bien una persona tendría que decir: "Pues si yo tengo un pasado tormentoso, éste es mi Patrono y éste es mi día, y esto muestra que también yo puedo ser llamado.
Pero cuando uno conoce a las personas que han tenido un pasado tormentoso, uno se da cuenta de que efectivamente, en su práctica de la vida religiosa encuentran dificultades serias, serias, y la guarda de los votos se vuelve un problema complicadísimo, y después de que han avanzado con gran dificultad, finalmente la comunidad recupera la paz cuando muere la persona.
Entonces dice uno: "Al fin ¿qué hacemos? ¿Sí es la vida religiosa expresión del seguimiento de Cristo cómo aparece en un texto de éstos?
Vamos a tratar de concretar bien nuestras inquietudes, las que hemos planteado hasta aquí. Básicamente serían dos: la primera, la que he descrito con el ejemplo del padre de familia y su hijo en el colegio; y la segunda, la que he descrito con la tónica de una comunidad religiosa y sus vocaciones.
Porque si una comuniad religiosa tiene que escoger tanto sus vocaciones, vamos a decir algo bien duro y bien antipático, ¿no será que la escogencia se hace más según los criterios de los fariseos y no según los criterios de Cristo? Un asunto bastante complicado de plantear, sobre todo así en público y ante un grupo, repito, de personas consagradas.
Jesús, ¿qué respuesta le da a la pregunta de los fariseos?: "No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios". No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores" San Mateo 9,13.
Creo que lo primero que tenemos que decir es: que nadie puede tomar el papel de Cristo. Lo que hizo Cristo lo hace Cristo, no es que lo que hizo Cristo ahora lo hacemos nosotros. Lo que hizo Cristo, redimir, cambiar vidas, eso lo hace Él y solamente Él.
En este sentido, me parece que tenemos que ser muchisimo más humildes y muchísimo más realistas nosotros los religiosos. Es verdad que en la vida religiosa aparecen, y de modo brillante, eminente, algunos rasgos de la vida histórica de Cristo, el Verbo Encarnado; pero decir que nosotros retratamos continuamente en la historia todos los aspectos de Cristo, eso no es cierto.
Nosotros reprensentamos, presentamos de nuevo, presentamos continuamente en la Iglesia algunos aspectos de la vida de Jesús; pero el misterio de Jesucristo, especialemente en su redención, no cabe entero en ninguna comunidad religiosa, en ningún estilo de vida sacerdotal, en ningún estado concreto de vida.
El Papa, en su exhortación Vita Consacrata habla de que en la Iglesia hay tres estados: el estado clerical, o el estado de los ministros ordenados, ese es uno; el estado laical o seglar, él quiere que sean sinónimos; y el estado de la vida consagrada.
Pues bien, Jesús es modelo para esos tres estados, y Jesús revive sus misterios en cada uno de ellos, y por consiguiente, ni el sacerdote, ni el religioso retratan completamente la vida de Cristo.
La Iglesia está incompleta si no aparece la santidad del laico, la santidad del seglar. De manera que tenemos que matizar un poco cuando digamos que la vida religiosa es el seguimiento de Cristo, ese lenguaje hay que matizarlo.
Nosotros expresamos ciertamente, manifestamos algunos aspectos de la vida de Jesucristo; pero por ejemplo, el abandono de Cristo, para no hablar sólo del tema al que nos invita San Mateo, el abandono de Cristo, su dolor, su indigencia, no quedan fácilmente a la vista en nosotros los religiosos; al contrario, el religioso que se enferma, o que pasa hambre, o que tiene una crisis, o que tiene una dificultad, siempre tiene debajo una mano que lo recibe.
¿Había eso para Cristo? ¿Había una comunidad detrás de Él, un alguien que lo recibiera? ¿No le vemos, al contrario, especialmente en su Pasión, sentirse que se descuelga en el abismo y que no había ninguna mano humana sino sólo la mano, las manos de Papá Dios para sostenerlo?
Entonces nosotros los religiosos no retratamos del todo la indigencia de Cristo; Cristo indigente, Cristo abandonado, más aparece en el abandono, en la pobreza y en la enfermedad de muchas personas que no tienen, como tampoco tuvo Cristo, una comunidad humana que lo soportara, que lo aguantara.
¿Es grande el misterio y es hermoso el misterio de la vida religiosa, sí, pero más grande es el misterio del seguimiento de Cristo, y San Mateo nos invita a que hoy agradezcamos el seguimiento de Cristo, que tiene una de sus expresiones en la vida religiosa, pero no es la única, es una expresión y es bellísima, y nosotros aprendemos de textos como el de hoy.
Pero precisamente porque no es la única, tenemos que aprender a relativizar un poco nuestro modo particular de seguir a Jesús y saber que existe algo más grande que el seguimiento de Jesucristo,es algo más grande, tal vez mayor que nosotros, que noostros no tenemos los derechos de autor, los derechos reservados del seguimiento de Cristo.
¿Cómo es que vuestro Maestro come con publicanos y pecadores?" San Mateo 9,11. Tratemos de dar alguna respuesta al problema que planteaba del padre de familia y su hijo. Efectivamente, el consejo que el padre de familia le puede dar al niño es: "Escoge bien tus amistades".
¿Y qué hacemos con este evangelio? Nada, pues este Jesús no es un niño, así de sencillo. Al que es necesitado de ayuda, al que es pequeño y débil, al que no se ha acabado de formar en la fe, no se le puede juntar con cualquiera. Y esta es una segunda lección de humildad.
Muy fácilmente nosotros los religiosos y los sacerdotes, especialmente, caemos en la tentación de tomar el lugar del Redentor, porque las personas abren ante nosotros los libros de su vida y nos cuentan cuitas y tristezas y nos plantean sus preguntas más hondas, y es difícil para uno no sentirse la "mujer maravilla" o "superman", y decir de alguna manera: "Yo voy a ser tu solución".
Yo creo que yo he caído en eso todas las veces que ustedes quieran, porque uno se apropia tanto de su papel, y como precisamente se le ha enseñado qué es una vida cristiana, que uno puede pasar de entusiasta a temerario y de temerario a soberbio y de soberbio a pecador.
Nosotros estamos formándonos en Cristo, nosotros todos, pero hablo especiamente para religiosos. Es verdad que Cristo puede tener delante a un endemoniado, o a un loco, o a un enfermo, o a un pecador de este tamaño, y hacer en él una maravilla, esto no significa que si a Fray Nelson lo ponen delante de cualquiera de esos personajes, entonces también él hará maravillas.
Estoy formándome en Cristo, y en la medida en que me vaya formando en Cristo, también yo podré acercarme al que está más débil, al que está más enfermo y ayudar al que está más enfermo.
Por eso he dicho que Cristo es irreemplazable, por eso digo que a Jesús nadie lo puede reemplazar. Él es Él y es el que salva, y nadie puede tomar el papel de Él; ninguna comunidad religiosa puede decir: "Nostros tenemos garantizado aquí todo el seguimiento de Jesús"; y ninguna persona particular puede decir: "Yo también he venido a llamar a los pecadores y no a los justos".
Nosotros corremos el riesgo de tomar el papel de Jesús. Jesucristo es absolutamente único y nosotros somos llamados por Él, llamados como las demás personas.
¿Cuál es la diferencia entonces entre un fariseo que se guarda de contaminarse, y el papá que le dice al muchacho: "Cuidado con las amistades"? ¿Cuál es la diferencia? Que el fariseo se guarda de contaminarse, pero él cree que está bien, él cree que todo lo hace bien, él cree que ya sabe cómo obrar y que está en la plenitud de la luz y de la santidad, y lo que no quiere es perder su supuesta limpieza o santidad ensuciándose con la gente.
Mejor dicho, para decirlo breve, la diferencia entre el fariseo y el muchacho que tiene que escoger sus amistades, o la novicia que tiene que decir: "Este caso yo no lo voy a poder resolver", o la comunidad que tiene que decir: "A esta vocación no la podemos recibir", la diferencia entre el fariseo y todas estas personas, es que el fariseo siente que no necesita salvación.
Mientras que la comunidad religiosa y la novicia y el muchacho cristiano que está con otros compañeritos en el colegio, esos, todos esos tienen que saber que sí necesitan de salvación.
O sea que lo que está mal en la manera como obran estos fariseos, en lo que ellos se equivocan, no es en separarse o en excluirse de los casos de pecado que les parecían demasiado difíciles, en eso no se equivocan; en lo que se equivocan es en creer que ellos no tienen pecado, en creer que ellos ya estan salvados, y que el pecado y la suciedad está solo fuera de ellos.
Efectivamente, en la medida en que se consideran tan salvados, se pierden de que Cristo los salve; en la medida en que se sienten tan justificados, se pierden de que Cristo los justifique; en la medida en que se creen tan limpios, se pierden de ser limpiados por Cristo.
Bueno, ¿qué enseñanzas podemos sacar para nosotros de este evangelio? Primera, este evangelio no es para que uno tome el lugar de Cristo, sino para que uno tome el lugar de Mateo; este evangelio no es para que uno se considere redentor de los desvalidos, sino para que uno, sintiéndose y reconociéndose desvalido, pueda aceptar al verdadero y único Redentor, Jesucristo.
Segunda enseñanza: nosotros estamos formándo en Jesucristo, y en la medida en que vamonos formándonos en Él, ciertamente, unidos a Él, en su presencia y con su Espíritu, podemos llegar a ser útiles para otras personas, podemos servir y ser expresiones de la misericordia de Dios para otras personas, pero será siempre con medida, es decir, será siempre con la conciencia de que nosotros mismos somos débiles y podemos caer.
"El que está en pie, mire no caiga" 1 Corintios 10,12, dice San Pablo. Será siempre con la conciencia de que el bien que se hace es para gloria de Dios, y no resultado de nuestros méritos o virtudes.
En tercer lugar, este Evangelio nos enseña que nadie tiene completo el misterio de Cristo, que no debemos acaparar la expresión "seguimiento de Cristo" y reservarla para los sacerdotes o para los religiosos.
Hay expresiones, expresiones humildes, expresiones ocultas del misterio de Cristo, y si tenemos los ojos suficientemente abiertos a esas expresiones, no dejará Jesús de obrar su redención en nosotros, porque en la medida en que sintamos que nosotros tenemos a todo Cristo, pues habremos recaído en el fariseismo, esta vez fariseismo cristiano.
Que Dios abra nuestros ojos a las manifestaciones humildes del misterio de Jesús. Si nosotros tomamos como propósito a aprender de todos, si nosotros tenemos nuestros ojos atentos a cualquier aparición de Jesús disfrazado de pobre, disfrazado de pecador, disfrazado de mendigo; si tenemos nuestros ojos abiertos ahí, seremos menos redentores, pero en compensación, seremos mas redimidos, pareceremos menos buenos, pero seremos mucho mejores.
Dios y Señor nuestro, abre nuestros ojos, permite que te reconozcamos en la humilde presencia, especialmente del pobre y del pecador, no para considerarnos redentores tuyos, sino para recibir de ti continuamente la redención.
Permite, Señor, que sepamos que tú vas siempre adelante, que se trata del seguimiento de Cristo, y yo no puedo seguir a Cristo si ya lo he pasado. Permite, Jesús, que tú tengas siempre el primer lugar en nuestra vida y que nosotros, gozándonos en tu redención, podamos dar testimonio de ella y colaborar contigo para la salvación del mundo.