Sman001a
Fecha: 19970908
Título: Los hijos son como versiones ineditas de humanidad
Original en audio: 5 min 1 seg
Decía hermosamente un pensador que, "cada niño que nace es una demostración de que Dios no ha perdido la esperanza en la Humanidad."
Deberíamos recuperar nuestra capacidad de admiración y de alegría por lo que significa cada vida que comienza. De pronto, insensiblemente, nos hemos vuelto fatalistas y antes de tiempo condenamos nuestra historia, -y a nosotros con ella-, a ser simplemente la repetición de vidas pasadas.
La reencarnación, como lo tenemos claro todos, es contraria absolutamente a la fe cristiana. La Carta a los Hebreos dice: "Está dispuesto por Dios que se nace una sola vez, se muere una sola vez, y luego el juicio" Carta a los Hebreos 9,27.
De modo que la reencarnación es completamente incompatible con la fe cristiana: yo espero que eso lo tengamos bien claro todos.
Sin embargo, hay una forma de "reencarnación" que se ha metido en el cristianismo, y es pensar que las nuevas vidas y que las nuevas generaciones simplemente van a repetir la historia nuestra. Entre ustedes espero que haya muchos padres de familia, y sobre todo, muchas madres de familia; lo puedo suponer por la concurrencia en esta iglesia.
Pues bien, aprendamos a ver a nuestros hijos como versiones inéditas de humanidad. No es el hijo el que tiene que parecerse al padre, sino el papá el que tendría mucho que aprender de su hijo. El hijo, y en general, el niño, el bebé, es una versión nueva de humanidad.
El hijo va a vivir en un mundo distinto del que el papá tuvo, y por ello nuestro mayor anhelo con los menores, -y para quienes tienen hijos, con los hijos-, es que ellos sean distintos de nosotros. Desde luego, entendiendo distintos como mejores.
En lo concreto, esto significa romper ataduras familiares. Quizá en nuestras familias hay taras que se van repitiendo: el bisabuelo era alcohólico, el abuelo es alcohólico, el papá es alcohólico, el hijo resultó alcohólico.
¡No! El nacimiento de la Santísima Virgen, Inmaculada, llena de belleza y de gracia, Amada de Dios, Sagrario del Espíritu Santo, Rosa, la más bella de la creación, es una invitación a que nosotros comprendamos que las taras de familia pueden romperse: ninguna familia está condenada a repetir indefinidamente sus mismos males.
El evangelio de San Mateo empieza precisamente con una lista de los antepasados de Jesús. En esa lista hay asesinos, hay prostitutas, como también hay incestuosos, ladrones y vanidosos; ¡esos son los antepasados de Jesús y de la Virgen María, por supuesto!
Pero de esa familia el amor de Dios, la gracia de Dios, y la santidad de Joaquín y Ana, que dieron su colaboración a la obra del Espíritu Santo, ofrecieron a la Humanidad y al Universo una Flor perfumada, limpia, hermosa, llena de armonía en su corazón y de buenas obras en sus manos: esa es la Virgen María, a quien contemplamos hoy recién nacida.
Las taras de familia se pueden romper. Los hijos no están condenados a repetir la historia de los papás. Y usted, si es padre de familia, a través de su oración humilde tiene un papel importantísimo en romper las cadenas intergeneracionales para que los niños que vengan no sólo no sean peores, sino que sean imágenes más acabadas y más bellas de la santidad, de la sabiduría y del poder de Dios.