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Fecha: 20090101
Tìtulo: Cristo: Luz permanente y Fuego que no se apaga en nosotros
Original en audio: 14 min. 33 seg.
En este tiempo de Navidad y de Año Nuevo, en muchos lugares del muno se utilizan los fuegos artificiales. El brillo de la pólvora resplandece maravillosmente sobre esa tela oscura que es la noche.
Es una delicia para los ojos ver ese espectáculo en algunas ciudades del mundo más que en otras, esos cohetes y castillos, luces multicolores que traen alegría y que sirven de espectáculo.
El único problema es que duran muy poco, se desvanecen, queda un poco de humo y parece que la noche gana la partida. Porque esas luces de los fuegos artificiales están sólo por un instante y luego queda el frío y la oscuridad de la noche.
Algunas personas conocen a Cristo o han conocido a Cristo como una especie de fulgor pasajero, más o menos como quien mira un fuego de esos artificiales, un cohete, un castillo de esos. Han quedado deslumbrados, fascinados por Cristo o por un aspecto de la vida de Cristo, pero después esa luz se ha perdido de sus vidas y lo único que queda es de nuevo la oscuridad.
En Europa, por ejemplo, es común que se hable de una era "postcristiana". Hay muchas personas, hay un número significativo de personas que miran la fe cristiana como un largo paréntesis en la historia del viejo continente.
Y ellos piensan: "Ya el cristianismo es algo disuelto, es cosa del pasado; es una especie de anécdota, es una figura para el museo; sirve únicamente para recordarlo, y en cierto sentido, para tenerle miedo".
Porque todo lo que se dice de a religión, o casi todo lo que se dice de la religión en muchos países europeos, es sólamente para sugerir que la religión es una fuente de violencia, de fanatismo, de irracionalidad.
Como quien dice: si hubo algo bueno en el cristianismo es sólo ese esplendor que queda en el pasado, que se disuelve en la bruma de la noche.
El evangelio del día de hoy nos presenta el ejemplo de estos pastores que dormían al raso, dormían al aire libre y fueron despertados por la gloria de Dios en esos Ejércitos del Cielo que llegaron a visitarlos.
Una visión maravillosa interrumpió la noche, eran como fuegos artificiales; y el anuncio no era menos maravilloso: un nacimiento milagroso en circunstancias inesperadas.
Y los pastores, según cuenta el evangelio, fueron corriendo y estaban felices; los pastores estaban gozosos, dice aquí que "todos quedaron admirados" San Lucas 2,18. "Y los pastores se volvieron dando gloria y alabando a Dios" San Lucas 2,20.
Les gustó el espectáculo de la noche, pero prácticamente duró sólo esa noche. Efectivamente, muchos de ellos olvidaron por completo esto, y lo sabemos porque no queda ningún otro rastro, ninguna otra historia, no queda ningún otro recuerdo. Simplemente fue una noche bonita para ellos.
Pero luego, cuando Cristo empezó a predicar muchos años después, ese recuerdo se había disuelto en la bruma y lo único que quedaba por lo visto era oscuridad.
A la vista de estos hechos tenemos que preguntarnos qué significa la fe y qué significa la Navidad y qué significa Cristo para nosotros. ¿Es un fulgor pasajero? ¿Es un espectáculo maravilloso para un momento?
Algunos cristianos obran así. Mucha gente recuerda las fotos de la Primera Comunión. La Primera Comunión, oh, ese día fue hermoso, el vestido elegante, el desayuno suculento, la abundancia de regalos, una fiesta en un lugar exclusivo, entretenimiento, risa, dinero tal vez despilfarrado.
Pero todo fue como un castillo de fuegos artificiales; Cristo brilló por un momento en esos corazones, ¿pero cuántas personas después de haber comulgado, después de haber recibido por primera vez a Cristo en la Eucaristía, casi que se quedaron sólo con eso?
Yo conocí un sacerdote en Villa de Leyva que le hacìa propaganda a la segunda comunión; él decía que no preparaba a los niños para la Primera Comunión sino para la segunda, porque se había dado cuenta que para la mayorìa de los niños la atención estaba tan puesta en ese instante, que luego ya el domingo siguiente, Cristo no tenía sabor para ellos, Cristo no les sabía a nada.
Había sido un momento, había sido el fulgor de un instante. Para otros cristianos ese día espectacular puede ser el matrimonio. En medio de una parafernalia, un montaje impresionante, una logística, digna del FBI, se logra el matrimonio.
Hay que organizar miles de detalles, los pajecitos y los padrinos y quién se viste como quién y quién no se viste como quién, y dinero, ríos de dinero. En muchos matrimonios se van ríos de dinero. Y todo resulta finalmente perfecto hasta crear la ilusión de que la novia es bonita y el novio es feliz.
En ese momento todo brilla, todo es maravilloso, pero luego ese fulgor pasa y Cristo ya no sigue reinando en esa pareja; y cuando ya tienen que vivir juntos, su manera de conversar no es al estilo de Cristo, sino es al estilo egoísta, duro, cortante, ese estilo que tiene el mundo cuando dice: "Aquí me planto yo, porque usted no se va a meter en mis intereses".
Y esa persona a la que se le disparan esas palabras es la misma novia hermosa que estaba tal vez en este templo; este es de los templos de moda en Bogotá para casarse.
Ese día la novia estuvo aquí y ese día era la reina, la princesa. Había el castillo de fuegos artificiales, y ese día todo brillaba, pero Cristo era sólo un instante. Se van, y luego llega la vida cotidiana, llega la vida dura. Se van como en el ejemplo de los fuegos artificiales; la noche parece que ganara la partida.
La noche significa que ya los ojos no brillan y una mirada torva, oscura, la desconfianza parece que ha triunfado, la menrira, la infidelidad, el egoísmo; después, horror de horrores, entran los abogados.
Llegaron los abogados a sacar su propia tajada y a despedazar los bienes de unas pareja que un día fuera feliz, que se casó aquí, y aquí se prometieron que se iban a amar con luces y fuegos artificiales, y un coro magnífico con violín traído desde Italia, legítimo "Stradivarius", tenías que haber visto ese violín.
Pero ese violín no tuvo fuerza sino para sonar una noche, lo mismo que los fuegos artificiales no brillan sino un instante.
Todo termina en contraste, en agudo contraste. Con toda esta parafernalia y todo este espectáculo olvidamos la figura sencilla, la figura creyente, amorosa y purísima de la Virgen María. ¿Cuál es la diferencia entre los fuegos artificiales y María? Pues la clave está en la frase de ese texto que hemos escuchado hoy.
Observemos esta traducción que yo conseguí pero magnífica; una traducción hecha especialmente para nuestro país y aprobada por la Conferencia Episcopal y por el Vaticano.
Dice el pasaje pertinente; "Todos los que lo oyeron se quedaron admirados de lo que los pastores les contaron" San Lucas 2,18. "María, por su parte, conservaba todas esas cosas en el corazón pensando qué significaban" San Lucas 2,19.
Esa es la diferencia entre María y todo el espectáculo, toda la parafernalia. La gran diferencia está en el corazón.
Uno puede dejar que Cristo le impacte únicamente los sentidos, por ejemplo, cuando uno asiste a una Misa de sanación y hay gente que se cura, hay gente que se ha sanado. A mí me ha pasado que he orado por personas y se sanan. No me considero santo ni mucho menos, pero que Dios sana, sana.
Y eso cómo le gusta a la gente, sentirse sanos, ay, esa es una alegría, es una exhultación y es casi un paroxismo: "¿Dios está vivo! ¿Él no está muerto!"
Todo muy bonito, pero si todo se queda en los sentidos y no llega hasta el sagrario del corazón, hasta el santuario del corazón, si no llega hasta la recámara más profunda de tu alma, si no recibes ahí el mensaje de Dios y luego te quedas como María buscando el significado: "¿Por qué Dios ma ha dado tantas cosas? ¿Qué significa eso?"
Imaginémonos un niño que no ha hecho la Primera Comunión,- no sé si estos niños en particular ya la hicieron o no-; pero imaginémonos que el niño no ha hecho la Primera Comunión y que ese niño es amigo de la Santísima Virgen María. Imaginémonos que ese niño va a seguir el ejemplo de la Santísima Virgen María.
Cuando ese niño haga su Primera Comunión recibe muchas cosas. Muchas cosas de las que recibe son sólo para los sentidos, son sólo para el instante, para el momento.
Pero como este es un niño muy especial, como esta es una niña que sigue los pasos de la Santísima Virgen, no se limita a recibir una hostia en su boca, sino que hace lo que hizo la Santísima Virgen: medita en su corazón y se hace esta pregunta: "¿Quién soy yo para que me visite el Rey del universo?" "¿Quién soy yo para que Cristo me ame tanto?" "Gracias, Jesús".
Aunque sólo fuera con estas sencillas palabras repetidas unas cuantas veces, profundizadas en el corazón, estoy seguro que ese niño o esa niña sería transformado muy eficazmente por el poder de la Eucaristía; y lo mismo se puede decir del matrimonio.
Una cosa es decir: "Salió bonita la fiesta, estaba excelente el vino, el concierto salió de maravilla", todo eso es sólo para los sentidos; ese vino al cabo de unos pocos días habrá sido eliminado por el cuerpo.
En cambio, si ese hombre al casarse hace esta reflexión: "Esta es la esposa que yo pedí a Dios, Dios me la ha regalado". Si este hombre medita en su corazón, como la Santísima Virgen, "fue lo que Dios me dio", es diferente.
Hoy estamos celebrando a la Santísima Virgen María como Madre de Dios, hoy estamos celebrando la santidad eminente de María y estamos mirando al corazón de maría y pidiéndole que nos enseñe a ser discípulos de jesucristo.
Amados hermanos, al empezar este año 2009 el pensamiento que les regalo con todo mi amor es: Cristo no quiere ser y no debe ser un esplendor pasajero, fulgor de una noche; Cristo quiere ser luz permanente y fuego que no se apaga en todos los caminos que recorras en este año de gracia que estamos empezando.
Amén.