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Fecha: 20070101
Título: Los regalos que trae bendecir
Original en audio: 13 min. 41 seg.
Amigos Queridos:
Hay fiestas que son tan grandes, que no caben en un sólo día. Y la Iglesia sí que sabe de fiestas, porque sabe de alegría.
Y entre todas las fiestas nuestras, la más grande es la Pascua, la Resurrección del Señor, que no cabe en un domingo, y que por eso podemos decir, que se expande, o se derrama en ocho días maravillosos. Y entonces hablamos de la Octava de la Pascua, allá después de la Semana Santa.
Pero no es la única Octava que tiene la Iglesia. También existe la Octava de la Navidad, que estamos concluyendo ahora mismo.
La Navidad, la fiesta de la Encarnación, la presencia del Hijo de Dios en nuestra tierra, es una fiesta tan hermosa, que no cabe en un sólo día.
No cabe en el veinticinco de diciembre, sino que lo mismo que la Pascua, se extiende, se expande y cubre estos ocho días, esto que se llama la Octava de la Natividad del Señor, y que si contamos bien, va precisamente desde el veinticinco de diciembre hasta el primero de enero.
¡Qué cosa tan hermosa que comencemos esta Octava, celebrando a Jesús como Hijo de María, y terminemos la Octava, celebrando a María como Madre de Jesús! Es lo que estamos haciendo ahora mismo.
Y hay una coincidencia perfecta, porque el comienzo del año civil queda marcado, queda sellado y queda perfumado por la presencia de la Santísima Virgen.
La Iglesia, conocedora de este hecho, nos regala en la primera lectura una fórmula de bendición, una manera de bendecir, cosa que considero muy piadosa de parte de nuestra Iglesia, que nos enseñe a bendecir.
Porque el mundo nos enseña a maldecir. Maldecir es quejarse, maldecir es pensar que uno no tiene esperanza, maldecir es desear el mal para otras personas, o creer que uno sólo merece el mal. Y hay muchas personas que llevan una vida como si estuviera bajo maldición, porque sólo conocen esa clase de sentimientos y expresiones.
Mientras tanto, nuestra Santa Iglesia nos enseña a empezar el año, y a empezar el día, y a empezar la vida, la vida nueva, bendiciendo. El Señor habló a Moisés, y dio una fórmula de bendición.
Es una lectura muy breve la que hemos escuchado, esta primera lectura, pero contiene tres regalos preciosos, las tres grandes bendiciones para empezar el año: "El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz" Números 6,24-26. Ahí hay tres regalos: la luz, la gracia y la paz.
Y es muy importante bendecir. ¡Es tan importante! Por favor, papás, bendigan a sus hijos. Hay que corregir a los hijos, pero hay que bendecirlos mucho. Los hijos tienen que sentir, que de los papás les llueve una bendición.
Hay papás que tienen la saludable costumbre de bendecir a los hijos, por ejemplo, cuando salen de casa. Y en otra ocasión también he contado, que mi papá, cuando nosotros éramos bebés,-nosotros fuimos cuatro hijos en casa-, mi papá solía tomar los pies pequeños de esos bebés, que éramos nosotros, y los bendecía, trazaba con fe sencilla la señal de la Cruz sobre nuestros pies, pidiéndole a Dios que nos llevara por buenos caminos.
La bendición de un papá, la bendición de una mamá es muy eficaz. Bendigan por favor a sus hijos. Bendigan a sus vecinos, bendigan a sus amigos, bendigan a los que aman, bendigan a los que los aman, y bendigan también a sus enemigos.
Es importante; no sólo porque la Biblia lo enseña, sino porque el poder de nuestra bendición es más grande que cualquier maldición que traiga Satanás.
Un gran exorcista, que ejerce su ministerio en la Diócesis del Papa, es decir, en Roma, el Padre Gabrielle Amorth, dice, que él no hace exorcismos; por supuesto que sí los hace. Pero él no llama a sus exorcismos, exorcismos, sino los llama bendiciones. Y él dice, que el poder de la bendición echa afuera a Satanás.
La bendición nuestra es fuerte. Bendigan, bendigan mucho. Si tienen un mal vecino, no lo maldigan, no hagan eso. No maldigan jamás a sus malos vecinos. Bendíganlos mucho, desde el fondo del corazón, deseando que se cumpla en ellos el plan de Dios, la voluntad del Señor. Ustedes verán cómo Dios, o les cambia a esos malos vecinos, o los aleja.
La bendición que Dios nos ha dado es poderosa, y la bendición tiene tres regalos que son: la luz, la gracia y la paz.
La luz es una bendición que necesitamos todos. Es tan fácil equivocarse en esta tierra, y todos los días tenemos que tomar decisiones importantes: "¿Este amigo me conviene? ¿Esta es la carrera que debo estudiar? ¿Debo invertir mi dinero en éste, o en este otro negocio?" Necesitamos mucha luz.
Necesitamos luz también para reconocer cuáles son los libros que nos van a hacer bien, cuál es el programa de televisión que edifica y cuál es el que destruye, cuál es la página de Internet que nos va a llevar a crecer en nuestra cultura, o cuál es aquella página que nos va a llenar de basura. Necesitamos luz para tomar decisiones todos los días.
Dios tiene caminos de bendición para ti, pero necesitas luz para encontrar esos caminos. Primer regalo que pedimos, la luz: "Dame luz, Señor".
Segundo regalo, la gracia, que no aparece con esa palabra aquí, sino aparece en su versión bíblica: "Que el Señor te conceda su favor" Números 6,25.
Cuando el Santo Arcángel Gabriel se le aparece a la Santísima Virgen, lo que le dice es: "Has encontrado favor delante de Dios" San Lucas 1,30. Es una de las posibles traducciones de lo que dice el Arcángel Gabriel: "Encontrar favor".
Nosotros, en español, o en colombiano, decimos "caerle bien". Eso es muy importante, caer bien, caerle bien a Dios. ¿Habías escuchado esa versión de lo que es la gracia? ¿Qué es estar en gracia de Dios? Es que uno le cae bien a Dios.
Y cuando una persona le cae bien a uno, uno trata de buscarle como el lado positivo, trata como de ayudarle. Llega una persona que pide algo muy difícil, pero: "Me cae tan bien, que yo hago lo mejor para tratar de complacerla, para tratar de ayudarla, o cuidarla".
Y Dios Nuestro Señor nos ofrece su favor; Dios quiere que nosotros le caigamos bien a Él. Es decir, quiere entablar con nosotros una relación de amistad, en la cual no estemos corriendo, escondiéndonos de Él.
Adán, cuando se alejó de la gracia de Dios, empezó a esconderse entre los matorrales del Paraíso. ¡Esconderse! Y hay mucha gente que vive escondiéndose de Dios, escondiéndose de su Palabra, escondiéndose de los Sacramentos. Hay gente que para confesarla, hay que enlazarla y traerla amarrada para ver si logra confesarse, porque están como escondiéndose.
No hay que esconderse de Dios. Dios tiene una oferta maravillosa que es su gracia, su favor. Estar en amistad con Él, no tener nada que ocultarle a Dios, eso es estar en gracia de Dios, esa es la gracia de Dios.
Pero además tú sabes, que esto es un lenguaje de reyes, esta es una bendición regia. Estar en gracia del Rey, significa que el Rey pone a tu disposición las fuerzas, los recursos, el tiempo, las personas que necesites, para que tus planes, porque tú estás en amistad con el Rey, salgan bien.
Dice el Salmo: "Haz del Señor tu delicia, y Él te concederá lo que pide tu corazón" Salmo 37,4. Estar en amistad con Dios es sentir que de una manera amable pero tan eficaz, Dios va empujando nuestros planes, nos va llevando.
Y esa es la alegría de los Santos. Ustedes querrán explicarse, por qué hay tanta alegría en los verdaderos Fundadores de las obras de Dios. ¿Por qué se sienten alegres? Ustedes han visto eso: La Madre Teresa de Calcuta tenía una alegría maravillosa; Santa Teresa de Jesús tiene una alegría maravillosa, y ustedes tienen un fundador aquí con una alegría maravillosa.
Esa alegría no es un asunto de temperamento, terapia; no es concentración mental. Ustedes no se imaginen a este Padre Ignacio todas las noches: "Lo voy a lograr, lo voy a lograr, lo voy a lograr".
No, esto no es un asunto de sugestión mental; esto no es control mental, no es meditación trascendental; es la caricia de la gracia, es el viento del Espíritu que va llevando a este hombre.
Claro, eso produce, ¿Qué? Eso produce que los recursos van llegando a cuentagotas, sufriendo, llorando, con sudor y sangre, pero van llegando los recursos, van llegando las personas, van llegando las vocaciones, porque está la gracia de Dios.
Hay que creer en el poder eficaz de la gracia de Nuestro Señor, que va guiando a los hombres y a las mujeres de Dios. Los va conduciendo, los va llevando.
Yo quisiera que cada uno de ustedes tuviera la experiencia de lo que es estar en amistad con Dios. Estar en amistad con Dios, es como dicen vulgarmente las personas: "Ser cachas; es que Dios es...; somos del mismo parche; es que somos de los mismos; es que el Hombre me entiende, yo lo entiendo".
Sentir que se está en amistad con Dios, es sentir que los planes de Dios me interesan, y mis planes le interesan a Él, que cuando yo lloro, a Él le duele, y cuando Él se entristece, a mí me da pesar.
Eso es estar en gracia de Dios. Es sentir, que cuando el Corazón de Dios palpita, a mí se me acelera el pulso, que cuando Cristo muere, yo me muero con Él, y cuando Cristo se levanta, yo tengo nueva vida con Él.
Esa es la gracia de Dios, y ese es el segundo de los regalos. Hay que estar en gracia de Dios el año que va a empezar, el año que está empezando. ¡Hay que estar en gracia de Dios!
Y el último regalo es el que Santo Tomás de Aquino llamaba el resumen de todos los regalos, la paz, esa paz que proviene, según explica el mismo Santo, de una especie de armonía de bienes.
Yo creo que esa es la definición más bella de paz que yo he encontrado: Es una armonía de bienes. Es sentir que cada bien ocupa como su lugar justo; es sentir que tu vida se hace bella y unificada, entera, se hace entera de nuevo.
Las vidas están tan fragmentadas. Muchas veces, la gente que llega, por ejemplo a este hogar que yo amo tanto, ¿cómo llegan las personas aquí? En pedacitos; yo lo he visto con mis ojos, y ustedes también. La gente llega vuelta pedazos; así decimos también en español: "Vueltos pedazos";llegan en pedacitos.
¿Y qué es la obra de bendición que sucede en esta casa, en este hogar maravilloso de misericordia y de amor de la Trinidad? ¿Qué es lo que pasa aquí? Que Cristo Jesús, valiéndose de unos servidores y servidoras, empieza a juntar esos pedacitos hasta que queda la persona reconstruida.
La paz es esa unidad en el bien, que hace que nosotros sintamos que somos unos, que hemos sido reunidos, reunificados en Cristo Jesús, cada uno de nosotros ante Cristo, y luego todos nosotros, porque la paz no es solamente un bien individual, sino que es eminentemente un bien colectivo.
Que Dios Nuestro Señor conceda estos tres bienes maravillosos a cada uno de ustedes, y que ustedes los lleven a sus familias. Sientan, hermanos, que les va llegando por virtud de esta Eucaristía.
En cada Eucaristía, Cristo se entrega entero. Cristo es uno, precisamente es uno. Cristo no sabe darse a pedacitos; Él se da entero.En cada Eucaristía, el Señor se entrega entero, y así entero se entrega Jesús a tu vida.
Con esa potencia de bendición, Cristo quiere traerte torrentes de luz, para que tú no vayas a tomar una decisión equivocada en este año que empieza, que no te vayas a equivocar, que siempre vayas por los senderos que te marca el Señor.
Y viene una gracia poderosa, para que tú sientas que estás en amistad con el Señor, que Él está contigo, que "eres de los mismos". Es lo más grandioso.
Ahí es cuando uno grita: "¿Quién contra mí? Si Cristo está conmigo, ¿quién contra mí?" San Lucas 11,23. Se siente uno fuerte. Pero no se siente con la fortaleza de la vanagloria o la soberbia, sino fuerte con la humildad, la fe y el amor unidos a Jesús.
Y luego el don precioso de la paz; que haya mucha paz, hermosa paz en las parejas, en los niños, en los jóvenes, en nuestra amada Colombia y en el mundo entero.
Amén.