Sjne010a
Fecha: 20091227
Titulo: El apóstol San Juan refutando teorías de la época nos habla de lo que Él ha visto, oído y palpado como testigo privilegiado. Esta carta es el resumen de la Biblia
Original en audio: 23 min. 30 seg.
Amados hermanos, el evangelista San Juan es al autor del cuarto Evangelio pero también a él se atribuyen tres breves cartas que se encuentran en el Nuevo Testamento a las que se conoce simplemente como primera, segunda y tercera carta de San Juan.
Especialmente, la primera carta, es un poco más extensa y podemos decir que es una especie de meditación sobre la verdad de la carne de Cristo.
Por eso la iglesia toma esa primera Carta de San Juan y la lee con especial atención y amor en este tiempo de navidad, porque para la iglesia, la navidad no es simplemente una noche ni una gran comida.
La navidad es un tiempo, un tiempo bendito durante el año, en el cual tomamos mayor conciencia y mayor alegría al contemplar a Dios en nuestra carne.
La primera Carta de San Juan, nos puede servir como una guía para apreciar mejor lo que significa la encarnación.
Hay que saber, mis hermanos, que ya desde el principio del Cristianismo, así como hubo una predicación buena y sana, -la que venía de los apóstoles-, también había doctrinas extrañas, y hubo confusiones desde el primer momento.
Una de esas confusiones está relacionada con el origen de un movimiento que todavía existe en nuestra época, es como un monstruo de mil cabezas que se llama la gnosis.
Existe también en nuestro país un movimiento gnóstico. Se escribe con una “g” inicial, que nos recuerda que esa palabra viene de la lengua griega. Gnosis, escrito con una “g” inicial, quiere decir conocimiento.
Quizás, no había exactamente un movimiento gnóstico en la época de San Juan, pero sí había semillas, había tendencias, y en cierto sentido, la primera Carta de este gran apóstol es una respuesta a estos gnósticos, a esas interpretaciones que no valoraban realmente la carne de Cristo.
Después de esta primera Carta de Juan hay toda una serie luminosa de documentos antiguos, escritos y predicaciones que tratan igualmente de mostrar el valor del cuerpo y de la carne de Cristo.
Después de San Juan, tenemos que mencionar a San Ignacio de Antioquía, a San Ireneo de Lyon y muchos otros que a lo largo de los siglos han mostrado que la encarnación es el centro, es el corazón de nuestra fe.
Con la ayuda del Espíritu Santo, yo quisiera que comprendiéramos un poco qué era lo que estaba en discusión en aquella época, porque, a veces, uno puede pensar que estas enseñanzas extrañas, heréticas, se han quedado solamente en el pasado.
Lamentablemente no es así, lo mismo que sucede con la mala hierba en los antejardines o en las sementeras, que siempre está rebrotando una y otra vez y hay que quitarla, arrancarla y hay que echar plaguicidas y cuanta cosa.
Lo mismo sucede con estas ideas heréticas, como las ideas del movimiento gnóstico, son ideas que rebrotan una y otra y otra vez, y también en nuestra época se encuentran.
¿Qué es lo que sostiene esencialmente la gnosis? Ya dijimos que esta palabra quiere decir conocimiento. Para los gnósticos la vida es como una especie de enigma en el cual hay que encontrar las claves fundamentales, los secretos.
Para los gnósticos el conocimiento es, ante todo, un secreto celosamente guardado pero transmitido dentro de ciertos grupos, dentro de ciertas escuelas
Y esos secretos, los secretos de la vida son los que se supone que le pueden garantizar a uno lo que todos anhelamos, es decir una vida larga, placentera, pacífica, fecunda, feliz.
Para la gnosis, la vida humana es como un complicado problema, pero es complicado únicamente para el que no conoce la solución.
Los gnósticos creen que ha habido algunas personas, -y no tienen reparo en incluir entre esas personas, por ejemplo, a Cristo-, hay algunas personas que se supone que han descubierto esos secretos ocultos, esa sapiencia escondida, y por eso esas personas son especiales.
De modo que según los gnósticos lo que uno tiene que hacer es entrar en una especie de aprendizaje. Pero ese aprendizaje ellos le dan otra palabra más sofisticada, se trata de una iniciación. Ser un iniciado es ser uno de los que ha entrado a aprender esos secretos, secretos escondidos, secretos misteriosos.
De esta clase de tendencia son, por ejemplo, los rosacrucistas, los masones, la cábala y buena parte de lo que se llama la nueva era.
He aquí mis hermanos por qué decía que estas tendencias no se quedan en el pasado, simplemente cambian de nombre.
Por ejemplo, ¿qué es la cábala? La cábala (kábala o kabbalah) es una teoría que tuvo su origen en ciertos grupos heterodoxos del judaísmo, teoría que dice que en los números de la biblia están escondidos los secretos que permiten vivir bien y sacar el máximo provecho de cada circunstancia.
Sucede que en la lengua hebrea, lo mismo que en la lengua griega, no hay propiamente caracteres numéricos, así como nosotros tenemos en nuestra lengua.
Nosotros representamos las letras con unas ciertas, unos ciertos dibujos, una grafía, mientras que los números tienen su propia grafía. El número 8 o el número 7 existen por sí mismos.
Nosotros no utilizamos letras para representar esos números. En cambio en el hebreo o en el griego las mismas letras que sirven para hacer palabras se utilizan para decir números y esto crea una gran ambigüedad porque entonces las palabras mismas tienen un valor numérico.
Vamos a suponer, por ejemplo, que la letra “N” de mi nombre Nelson, que esa letra tuviera el valor de 10; y la letra “E” tiene el valor 2; y la “L” vale 3; y la “S” vale 4, y así uno va sumando y uno dice: el número propio de Nelson es 19 o 25 o lo que sea.
Hay un trazo de esta manera de leer las letras como números en el libro del Apocalipsis. Ustedes recuerdan que hay un pasaje que ha dado mucho que hablar en el Libro del Apocalipsis en el cual se dice que el enemigo central de Jesucristo a quien se le llama la bestia tiene su propio número y el número de la bestia es 666.
Cuando esa clase de lenguaje sale a la luz pública, normalmente la gente toma mucho interés porque la mente humana gusta de los enigmas, las adivinanzas. Los retos, los problemas atraen nuestra mente, lo mismo que un buen atleta cuando ve una pista difícil se pregunta si podrá recorrerla.
Así también nosotros llevamos un atleta en nuestro cerebro, nuestro cerebro cuando encuentra un enigma, una pregunta difícil, un acertijo, normalmente se siente atraído.
Ustedes recuerdan, por ejemplo, aquél acertijo de la esfinge, ¿cuál es el animal que cuando es pequeño camina en cuatro patas? y de adulto en dos y de anciano en tres.
Y entonces uno no sabe cuál es ese animal y le da y le da vueltas, hasta que, quizás, se le ocurre una solución: se trata del hombre, del ser humano, porque de niño gatea, de adulto camina y de anciano necesita la ayuda de un bastón.
Los enigmas tienen un gran atractivo para la mente humana y la cábala funciona de esa manera. La cábala quiere encontrarle un significado numérico, significado esotérico a todo lo que está en la biblia. Y hay gente que ha dejado de creer en la biblia y ha empezado a creer en la cábala y obrando de esa manera es como si en vez de tomarse la medicina arrojaran la medicina y se quedaran con el vaso.
Pues eso es lo que hace mucha gente. Un caso famoso y que considero que es una humillación más para la fe cristiana, es el de esta cantante mundialmente famosa, Madonna, que creció en un hogar católico, pero después de hacer todo tipo de barbaridades, escándalos y blasfemias, en el ocaso de su vida se ha vuelto hacia la cábala.
O sea que estos temas siguen teniendo interés. Tiene un gran interés preguntarse si la vida humana necesita píldoras, datos específicos, frases cargadas de sabiduría, principios organizadores de la realidad cósmica que le permitan a uno decir: yo armado con estas verdades, con estos principios, yo puedo batirme con lo que sea, yo puedo resolver lo que sea, yo puedo salir adelante y tener éxito.
Y ese es el atractivo de la gnosis. Ya se trate de números, como en el caso de la cábala, ya se trate de símbolos, como en el caso de los rosacrucistas, ya se trate de estructuras escondidas de poder, como en le caso de los masones.
Todas estas tendencias tienen algo en común: para todas ellas la clave fundamental de la vida está en apoderarse de unos cuantos secretos que son los secretos de la vida, los secretos del éxito, los secretos de la paz mental, los secretos de la victoria sobre los oponentes.
Esa es la gnosis. Como ustedes se dan cuenta, en la gnosis lo único que interesa son las ideas. Solo interesa el poder de una idea brillante.
Los gnósticos no atacan a Jesucristo y los gnósticos del siglo I tampoco atacaban a Jesucristo. Más bien lo que ellos decían era decir que Cristo era un gran gnóstico.
Fíjate que estrategia tan inteligente, en vez de atacar a Cristo elogiarlo. Pero es un elogio cargado de veneno, es un aplauso mentiroso, es una adulación hipócrita que desdibuja el verdadero carácter del Hijo de Dios.
¡Y es bueno que sepamos por qué! Porque para los gnósticos, lo único que interesa de Cristo es que es maestro. Es decir que Él, según las enseñanzas gnósticas, y lo mismo que otros muchos gnósticos, a repartido por el mundo una cierta enseñanza que se supone que es la que ellos mismos predican.
Y aquí hay dos cosas muy graves y esas dos cosas son las que combate el Apóstol San Juan en su primera Carta.
Primera cosa gravísima: para los gnósticos Jesús no es único ni es especial, es uno más dentro de una lista muy larga. Ellos pondrían al conde de San German, a Nostradamus, a Mahoma, a Buda, a Gandhi, junto a Cristo y para ellos toda esta fila de gente es lo mismo.
Todos ellos son simplemente personajes que conocieron secretos de la vida y que los predicaron a sus discípulos.
Nosotros en cambio afirmamos, por ejemplo en el Credo, afirmamos de Jesucristo, cosas que no se pueden decir ni del conde de San German, ni de Nostradamus ni de Simón Bolívar ni del indio Rómulo.
Nosotros afirmamos que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Nosotros afirmamos que no hay otro nombre por el cual podamos ser salvos. Nosotros afirmamos que la sangre de Jesucristo perdona nuestros pecados. Nosotros afirmamos que Él murió verdaderamente y que vive, que ha resucitado verdaderamente. Nosotros afirmamos que su cuerpo está verdaderamente presente en el sacramento del altar y que quien comulga recibe el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Jesucristo.
Esa clase de cosas no se dicen de Mahoma, ni de Gandhi, no se dicen de Buda ni de Nostradamus, pero en cambio, para los gnósticos, todos esos personajes son lo mismo y la razón por la que los gnósticos creen que todos esos personajes son lo mismo es porque para ellos el mensajero no importa, lo único que importa es el mensaje.
Entonces no importa si el mensajero es blanco, negro, judío, árabe, no importa si es hombre o mujer. ¡Ni siquiera es necesario que exista! Por eso, ya en el siglo I, en la época que escribió San Juan, había gente que decía que el cuerpo de Cristo era una ilusión, era como una especie de alucinación colectiva, o para los que estén familiarizados con la tecnología, decían que el cuerpo de Cristo era una proyección holográfica permanente, un holograma móvil, eso era Jesucristo.
El mensajero no importa para los gnósticos y aquí es donde entendemos por qué San Juan insiste en el tema de la carne.
No es lo mismo predicar amaos los unos a los otros ¡que dejar que le metan a uno clavos en las manos o en los brazos o en las piernas! No es lo mismo decir que hay que orar por los enemigos ¡que sentir la corona de espinas y que sentir que se vierte hasta la última gota de la propia sangre!
Por eso nosotros, mis hermanos, nosotros afirmamos que no somos salvados por una teoría, por un grupo de ideas elegantemente acomodadas. Nosotros no somos algo simplemente por una propuesta fantástica o un secreto escondido, nosotros somos salvados porque fuimos amados hasta la sangre y ese es el segundo aspecto que la gnosis niega.
El sacrificio de Cristo es una pantomima, para los gnósticos. El sacrificio de Cristo no tiene ningún valor o para decirlo de una manera bastante gráfica: si Cristo se hubiera muerto de una gripa acostado en su cama, igual sería lo que es para los gnósticos, porque la muerte de Cristo no significa nada para los gnósticos.
Porque lo único que interesa de Cristo es que sirvió de recipiente para unas ideas que otros también han contado. Otros como los que ya mencioné, Nostradamus según ellos o según algunos de ellos. O el conde de San Germán o el Ángel Gabriel, o Mahoma o lo que sea, el mensajero no importa.
Como esas tendencias se iban metiendo entre los cristianos, el apóstol San Juan escribe su carta y ahora creo yo que podemos entender mejor ese énfasis tan vigoroso que él pone en sus palabras: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palpamos con nuestras manos”
¿Qué es lo que nos está diciendo aquí San Juan?: que nosotros hemos palpado dice Juan. ¡Yo lo he palpado, yo lo he visto, yo lo he oído!, la carne de Cristo no es ilusión, su dolor no es una historia fantasiosa. Su muerte no es una fábula piadosa.
¿Y por qué insiste San Juan en esto? Porque de esto depende toda nuestra redención, como lo diría elocuentísimamente San Ignacio de Antioquía: Si el sufrimiento de Cristo fue falso, falsa es la redención.
Precisamente lo grandioso de Jesucristo es que su carne es verdadera y por eso su dolor es verdadero y por eso su amor es verdadero y por eso la salvación es verdadera.
Esa es la cadena que a uno no se le debe olvidar después de celebrar la fiesta de San Juan.
Se la repito: la carne de Cristo es verdadera, el dolor de Cristo es verdadero, el amor de Cristo es verdadero, la salvación que me ha traído Cristo es verdadera.
Esos son los cuatro eslabones que San Juan vio clarísimamente y que por eso están llenando de contenido su primera carta: “¡lo que vimos, lo que oímos, lo que palpamos es verdad, la carne de Cristo es verdad, la encarnación es verdad, Cristo es verdad, el amor que te salva es verdad!” Tú estás verdaderamente salvado.
Efectivamente, a los gnósticos no les interesa la salvación. Ellos no creen que nadie pueda salvar a nadie. Ellos creen que cada persona se salva a sí misma en la medida en que asciende por su propia fuerza.
La gnosis es una puñalada en el centro del evangelio. La gnosis es un enemigo mucho más grave que las sectas protestantes decía el gran teólogo Hans Urs von Balthasar.
La gnosis es la negación del amor de Dios que ha venido a alcanzarnos y a redimirnos y por eso que la protección santísima del apóstol San Juan nos preserve en la verdad de la carne de Cristo, en la verdad de su amor hasta el extremo, en la verdad de su sangre que redime, en la verdad de su cruz que es nuestra esperanza y nuestra salvación.
Amén