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Fecha: 19991227

Título: "He visto la vida"

Original en audio: 27 min. 54 seg.


Dentro del contexto de la Octava de Navidad, recordamos con gratitud, con alegría y con alabanza al Apóstol y Evangelista San Juan.

La razón de nuestro gozo es que, precisamente, este Evangelista fue escogido por Cristo, e inspirado por el Espíritu Santo, para conducirnos, casi tan adentro como es posible, en el misterio del origen de Jesucristo.

Y por eso, si la Navidad es una mirada al comienzo de Jesucristo, podemos decir que la más profunda Navidad es la que nos ofrece San Juan, porque nos lleva no sólo al nacimiento en nuestra carne mortal del Hijo de Dios, sino en cierto modo, al origen de Ése que ha nacido en nuestra carne.

San Juan fue el encargado, y el robustecido, y el inspirado por el Espíritu Santo para llevar a la Iglesia, de la Natividad terrena a la Natividad celestial de Cristo, porque en Cristo hay un doble nacimiento.

Antes de todos los siglos, en la eternidad, de un modo arcano, incomprensible, pero real, más real que toda la creación, ha sido engendrado del Padre. Ese es el nacimiento fundamental de Jesucristo, del cual tenemos algún rastro en ese nacimiento terreno que estamos celebrando en estas fechas, por eso queda muy bien esta liturgia de alabanza por las obras de Dios en San Juan Evangelista.

Porque ha sido él el que mejor ha penetrado el misterio del nacimiento de Jesucristo hasta llegar, como he dicho, más allá del nacimiento terreno, incluso, hasta el origen celestial y eterno del Hijo de Dios, a quien él llama "Logos", "Palabra", "Verbo", "Revelación".

En cierto sentido, como lo expresa la Carta a los Hebreos: “La impronta de su ser”, Carta a los Hebreos 1,3, o como dice la Carta a los Colosenses: “La imagen de Dios invisible” Carta a los Colosenses 1,15.

San Juan nos ayuda a celebrar la más profunda Navidad. San Juan nos ayuda a bucear en el misterio de la Navidad, para que esa Carne en la que se nos manifiesta Dios, no sea Carne, que manifiesta carne; sino Carne que manifiesta Dios. Esta fiesta está aquí en la Octava de Navidad, para que la Carne de Cristo sea discurso divino.

Y no sea sólo carne que habla de otra carne, de otros sentimientos, de otros afectos, de otras aspiraciones, anhelos, deseos nuestros; que los deseos del corazón humano en esta fiesta, por lo menos, cedan su lugar a los anhelos del corazón de Dios.

Que si ya son grandes los sentimientos que pueda tener un hombre o una mujer, mucho más grande es el designio salvador de Dios, que está en esa Palabra. La Palabra que atraviesa de uno a otro, la existencia de Jesucristo.

Este es el primer punto de nuestra meditación de hoy: alabar a Dios que inspiró a la Iglesia; situar, precisamente en estas fechas, la celebración de San Juan, y entender que él es el maestro de la Natividad más profunda del Verbo.

Pasamos a un segundo punto. Hemos escuchado dos textos del Evangelista, uno de su Primera Carta, y otro del Evangelio. El verbo que une a estos dos textos es el verbo ver: "Vio, y creyó" San juan 20,8.

El texto que está escogido para el evangelio de hoy, fundamentalmente, es importante por esa frase última que caracteriza, que resume, que es algo así como el epitafio, testamento y, al mismo tiempo, alabanza de la obra de Dios en Juan Evangelista.

Si hubiera que ponerle un epitafio a Juan Evangelista, habría que escribir esto, tal vez en griego, ----------------------, “vio, y creyó” San juan 20,8; este fue el que vio, y creyó; ya en otras ocasiones que hemos meditado sobre ese uso particular de San Juan, el uso del verbo ver.

Porque, casi siempre se oponen, el ver y el creer. Uno como que cree en lo que no puede ver, porque para nosotros ver significa comprobar, y por lo tanto, el creer para nosotros a veces se interpreta como una especie de apuesta en el vacío. San Juan se levanta contra esa interpretación, creer no es apostar en el vacío.

Mientras estaba en Bolivia hace unas semanas, alternaba el ministerio de la predicación con la lectura de distintas obras, una de ellas, un libro de filosofía, que se llama “Los por qués de un escriba filósofo”, obra escrita por un divulgador de la ciencia y escritor prolífico norteamericano, Martín Gardner.

Cuando él habla en estos temas de la fe, él dice que él cree en Dios, que no cree en Cristo, pero sí cree en Dios, pero como este no es el día de Martín Gardner, sino de San Juan Evangelista.

Entonces, yo lo que quiero anotar es que para Martín Gardner, el creer es algo así como apostar en el vacío, uno no puede tener certeza de las cosas, uno no puede saber en últimas si Dios existe.

Si hay otra vida, eso no se puede saber, no se puede mostrar; los argumentos se confunden, todo se empantana, pero uno finalmente, en medio de la noche y de la angustia, hace una apuesta y dice: "Pues, yo sí creo".

Es un modelo que viene a nuestros tiempos modernos y postmodernos, a partir sobre todo de un filósofo danés, kierkegaard, ese fue el que empezó con la historia de que uno tenía una angustia la tenaz.

Una angustia tesa y templada en el alma, y uno salía de esa angustia a través de una especie de apuesta, y como un poquito antes, el pensador francés Blas Pascal había hecho una propaganda a la fe utilizando un lenguaje de apuesta, como diciendo que era mejor apostar que Dios sí existía a apostar que no existía.

Entonces se ha popularizado la idea de que creer es algo así como apostar en el vacío, una opción que se toma más por gusto, por capricho, por riesgo que por una verdadera atracción, por un movimiento exterior.

Lo grave de esta versión de la fe, es que es una fe completamente humana, es una fe que se convierte en la simple opción, en la simple decisión humana, y es muy terrible creer uno que una decisión de uno mismo, tomada en la noche, va a ser lo que lo va a salvar a uno.

Utilizando una comparación de un científico norteamericano, es como creer uno que si uno se agarra muy fuerte los cordones de los zapatos, y hala y hala duro, se va levantando; uno no puede levantarse a sí mismo, uno no puede redimirse a sí mismo.

Afirmar que la fe es una apuesta en el vacío, después es creer que esa fe lo va a salvar a uno, es por lo menos tomar del pelo a la razón humana.

Frente a esa visión que proviene de todo ese pensamiento modernista, San Juan es aquel que vio, y creyó, porque es que ver para San Juan, no es el ver del comprobar, más bien, ver es leer el símbolo, captar el lenguaje, acoger la palabra de la vida, acoger la realidad.

San Juan Evangelista, podría ser el patrono de la sanidad mental. Con los pocos psiquiatras con los que he hablado, -no en consulta-, siempre han dicho que toda enfermedad mental supone un rompimiento con la realidad.

Nos enfermamos por no aceptar la realidad, el esfuerzo de rechazar algo de la realidad de uno, eso es lo que lo enferma a uno, en esto parecen coincidir distintas corrientes psicológicas y psiquiátricas.

Pero aunque ellas no lo dijeran, sabemos que eso es cierto, nosotros lo sabemos porque nosotros sabemos que la creación tiene su fuente última, tiene su raíz última en el designio de Dios.

Por eso dice San Juan: “Es la Palabra por la que todo fue hecho” San Juan 1,3-10; el que rechaza la realidad, le está dando la espalda a la luz que es Jesucristo.

Dice San Juan: “La tiniebla no quiso recibir a la luz, y la luz era la vida de los hombres" San Juan 1,4-5, y esa luz y esa vida es también la Palabra que Dios nos da.

No se rechaza, nunca se rechaza impunemente la realidad; el que rechaza la realidad el que no quiere leer la historia el que no quiere acoger su verdad no le queda otro camino sino el suicidio o la locura, no hay otro camino.

Por eso, San Juan es el patrono de la sanidad mental “Vio y creyó” Pero, ¿Por qué esta humanidad moderna se siente angustiada? Como Kierkegaard, angustiado, yo me imagino a kierkegaard metido en su sillón, angustiado, con úlcera.

¿Por qué esta realidad causa angustia y obliga a una apuesta en el vació? ¿Por qué kierkegaard apuesta en el vacío? Porque si no apostaba en el vacío, le quedaban el suicidio, o la locura; el suicidio pregonado por los existencialistas, y la locura vivida por Nietsczche.

Eso era lo que le quedaba, "¿entonces ahora qué hago? ¿Me suicido, me enloquezco o apuesto? Apostemos". Pero eso dice el que no ha visto sino lo que vieron esos señores, pero cuando uno ve la Carne del Hijo de Dios, uno ha visto algo nuevo.

Claro, da miedo mirar, si no se ve nunca a Cristo, da miedo mirar, y por eso el mundo se enloquece, y por eso la figura humana se deforma. Uno se pone a ver, por ejemplo, toda esa agresividad en los peinados, en los maquillajes, ¿no?

Ayer iba a visitar a mis papás, me encuentro que sale un carro con un monstruo, iba manejando un monstruo, unos labios color cadáver, no había visto cosa tan repugnante, esa cosa que se echan en los párpados, sombra, creo que se llama, gris.

Un monstruo iba manejando ahí, obviamente, yo le dejé la vía, "que siga el monstruo", cuando ya siguió me di cuenta de que se asemejaba a una mujer el monstruo ese. Esa agresividad en el maquillaje, ¿qué es? Es vivir disfrazado.

Yo me imagino a esos muchachos haciéndose los peinados con el gel, ese afán de desfigurar el rostro, el cuerpo, es lo mismo que andar siempre disfrazado. San Pablo dice, “Nosotros, en nuestro rostro descubierto, reflejamos la gloria del Hijo de Dios, la gloria del Resucitado” 2 Corintios 3,18.

Pero el que no conoce de esa gloria, el que no conoce ese esplendor, le da miedo ver, y le da miedo ser visto, y por ese miedo tiene que disfrazarse, tiene que disfrazarse de algo terrible como esa señora, o señorita monstruosa.

Yo creo que si la para un policía no le pone parte alguno, porque asusta, repugna. De esa manera no puede ser vista, ella se esconde. Nuestro mundo teme ver, y teme ser visto, y por eso nos la pasamos como en un baile de máscaras.

La parte trágica de esa comedia, es que la gente quiere vivir en un baile de máscaras y quiere sin embargo que las cosas le salgan bien. Cuando venía para acá, se acerca un fraile para decirme, mire esta pareja le quiere pedir un favor.

Era una pareja de novios, querían pedirme el favor de que yo bendijera unas argollas, bueno para hacerles corto el cuento, resulta que esa es la historia de los noviazgos ahora, se conocen en medio de pachangas, ferias, y fiestas, rumba y ruido.

Después quieren que eso funcione, mejor dicho, se casan, o se unen, porque ya no se casan, se unen, sin saber con quién se están uniendo, y quieren que eso funcione, quieren que de ahí salga algo.

El mundo tiene miedo, nuestro mundo tiene miedo de ver, porque en nuestro mundo no tiene ojos para Jesucristo, pero este hombre de hoy, pudo ver la carne de Jesucristo y la carne de Jesucristo lo curó el miedo.

La Carne de Jesucristo lo curó del miedo. El mundo da miedo, la muerte da miedo, díganmelo a mí, la vida da miedo y desconcierta, causa perplejidad, desánimo, desesperanza, y por eso uno trata de tapar los ojos.Pero si alguien te ayuda a descubrir la Carne de Jesucristo, si tú ves la Carne del Hijo de Dios, tus ojos pueden descansar.

En la Carne del Hijo de Dios, puedo descansar. Cuando me encuentro con el Hijo de Dios, hecho Carne de mi carne, puedo descansar.

Se me quita el miedo, te equivocaste, Kierkegaard, la fe no es una apuesta en el vacío, la fe no es en primer lugar la opción que yo tomo, la fe es el regalo maravilloso que surge en mí cuando veo la Carne de Jesucristo, es que me he encontrado con Jesús, es que lo he visto.

Nos dice la Primera Carta: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto, lo que contemplamos os damos testimonio y os lo anunciamos” 1 Juan 1,1-2.

Ese es el servicio que presta el Evangelista. Mire, señorita monstruosa, usted puede quitarse ese rostro de cadáver, el treinta y uno de octubre ya pasó hace rato, usted ya no tiene que esconderse más.

Hay alguien que tiene una mirada de luz para usted, y hay alguien que tiene cómo alumbrar el mundo suyo; cúrese de su miedo, recupere la salud, abra los ojos". "-¡Ah! pero es que el mundo es enemigo", Tal vez es enemigo para el que sólo conoce el mundo.

Pero el que conoce a Cristo en el mundo, ya no tiene miedo, conocer al mundo sin Cristo da terror, conocer a Cristo en el mundo, conocer, saber que esa Palabra eterna del Padre está en nuestro mundo, obra en nuestro mundo, vive en nosotros, reina entre nosotros, eso es lo que nos salva.

Vamos a pasar al tercer y último punto de nuestra reflexión. Dice el Apóstol la frase más extraña, diría yo, de esa primera carta “La vida se hizo visible” 1 Juan 1,2.¡Calcule usted lo extraño de ese pensamiento!

"He visto la vida", ¿cómo puede decir uno que ha visto la vida? Decía Ortega y Gasset, -hoy estoy como con muchos filósofos-, que "la vida nunca la teníamos al frente", es que me acordé del filósofo oyendo a San Juan; decía Ortega y Gasset: "Es que la vida nunca la tenemos al frente".

Las cosas suceden, todas, en la vida, luego uno nunca tiene la vida al frente de uno, todo pasa dentro de la vida, pero la vida misma, uno no puede salirse de la vida, ponerla al frente y mirarla, uno nunca está ante la vida, decía Ortega y Gasset, que es conocido en la filosofía como un vitalista, precisamente, para él, el super concepto, el macro concepto que debía servir de rector a toda filosofía humana era, precisamente, el hiper mega concepto de la vida.

Y ahora, ¿qué hacemos? San Juan dice “La vida se hizo visible, nosotros la hemos visto” 1 Juan 1,2. ¡Qué frase tan rara! !Qué expresión tan extraña! "La vida se hizo visible, yo he visto la vida", ¿eso qué quiere decir?

La manera fácil de interpretarlo sería: es que Cristo dijo, que Él era "el Camino, la Verdad y la Vida” San juan 14,6, como he visto a Cristo, entonces igual hubiera podido decir: "He visto el Camino, he visto la Verdad, he visto la Vida".

Pero, uno como que presiente que hay algo más hondo en esa expresión: "Yo he visto la vida"; personalmente, encuentro que puede ser útil esta manera de reflexionar que ahora les comparto.

Cuando a una persona le sucede un terrible peligro, una terrible amenaza, puede decir, seguramente, lo que dijo San Pablo, en una de sus cartas: “Ya no esperábamos otra cosa, sino la muerte” (véase ).

Uno puede, tal vez, aprender qué significa esa frase tan profunda de San Juan: “He visto la vida”, comparándola con su contraria: "He visto la muerte". ¿Qué es ver la muerte? ¿Cuándo dice la gente que ha visto la muerte, o conceptos semejantes?

Por ejemplo, ahora que hubo el desastre este pavoroso en Venezuela, daba sus declaraciones una joven a los medios de comunicación y decía: "He visto el infierno, este es el infierno".

Allí donde toda esperanza humana naufraga, allí donde el mal campea, allí donde la muerte declara su victoria, ahí dice esa mujer, "he visto el infierno". ¿Qué quiere decir he visto la vida? Debe ser como lo contrario de eso.

"He visto la vida". Yo pienso que esa expresión hay que entenderla en el conjunto de lo que nos viene diciendo el Evangelista, “Lo que existía desde el principio lo que hemos oído, lo que contemplamos, y palparon nuestras manos” 1 Juan 1,1.

Acuérdate que estamos diciendo que el verbo ver para San Juan no es constatar, ni percibir; el verbo ver para San Juan se parece más a lo que nosotros entendemos por leer.

Ahora dígame una cosa, si a usted le dan un libro, y le dicen: "Léase este libro", ¿usted cuándo dice que ha leído el libro? Pues cuando ha llegado al final, no cuando ha empezado; cuando usted llega al final.

"-¿Ya se leyó la Iliada?" "-La empecé", -¿Y qué hizo?" "-Me copié del trabajo de un compañero, y así saqué buena nota".

"-O sea que usted es un tramposo". "-Si". "-¿Y usted sí se ha leído la Iliada?" "-Sí, yo sí me he leído la Iliada". "-¿La disfrutó?" "-No, no tenía dientes para ese pan. Muy duro". Uno dice que ha leído, cuando ha completado la lectura.

Si es verdad que ver en San Juan significa algo así como significa leer en castellano, cuando San Juan dice que ha visto la vida, quiere decir que al término de su lectura del misterio de Jesucristo, lo que encontró fue vida.

Esta es una interpretación que yo no puedo decir que sea la oficial, ni la de la Iglesia, porque yo no la he leído en ninguna parte, de manera que si esto es herético, que se sepa que me retracto.

Pero es que me parece que es muy ilustrativo, de pronto puede ser, ¿Qué tal que el Espíritu Santo esté obrando y nos pueda abrir caminos en la Palabra de Dios? Ver, en San Juan, es algo así como leer.

Y la expresión "he visto la vida", lo que significa es: “Yo empecé oyendo, contemplando, palpando con mis manos, y al término de mi lectura, del misterio de Jesucristo, he llegado a una conclusión: vida, hay vida”

He llegado a esa conclusión. “Hemos visto la vida, y damos testimonio, y les anunciamos la vida eterna, que estaba con el Padre y que nos manifestó” Creo que mi interpretación de pronto, no es herética,

Porque, fíjate, que cómo relaciona aquí vida, e inmediatamente, pasa a vida eterna. Es evidente, que la vida eterna es el fruto de toda la gesta salvadora del Hijo Unigénito del Padre.

He visto la vida, ¿qué quiere decir? ¿Que a ese señor nunca le pasaba nada, que nunca se le moría nadie, que nunca tuvo contradicciones, tentaciones, persecuciones? No.

Lo que quiere decir es: "Me leí el libro completico, y cuando acabé la lectura, cuando llegué hasta el final, vi que ganaba la vida, vi que la vida triunfaba, vi que la conclusión de la obra no era la noche, ni la muerte, ni el infierno, no era la obra de Satanás".

"He llegado a la conclusión, he llegado al puerto, he encontrado que, aunque todas esas cosas sucedan, el capítulo último, el capítulo decisivo es capítulo el de victoria. El señor vence, el Señor reina, hay vida, y la vida es la que vence".

Como les digo, no quiero imponer esta interpretación, pero de pronto sea útil para admirarnos de la obra de Dios en San Juan, y también para revisar nuestra propia vida.

¡Qué hermoso cuando uno repasa la propia vida y uno descubre que hay una cantidad de manchones, de borrones, una cantidad de suciedad, de incoherencia, la vida de uno está rota. He visto la vida es: "Me he asomado a todo eso".

"Pero resulta que llegó un reflector tan potente, que en medio de todas esas rupturas, incoherencias y dolores, he podido encontrar un lenguaje y he podido ver que los pedazos de mi vida desarmada, decían una palabra, y que esa palabra era amor. He visto que Dios me ama".

"Pero no ve que usted le pasó esto, y esto, y le hicieron esto, y esto; y usted además es un incoherente, y en estos pasajes, y en estas escenas, usted es un zarrapastroso. No se le puede olvidar eso.

Usted no puede olvidar lo crápula que ha sido, usted no puede cerrar los ojos ante eso" "-No, es que precisamente lo que hice fue no cerrar los ojos, los abrí tanto que vi que con todos esos pedazos de mi vida Dios escribía algo, y que esa Palabra es mi salvación.

"Y por eso le amo, y por eso he visto la vida, y doy testimonio, y anuncio la vida que estaba con el Padre y se nos ha manifestado"..