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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20020819

Título: “ No quiero hacer ningun dano, y quiero hacer todo el bien”

Original en audio: 8 min. 56 seg.


Recordemos juntos algunos momentos de la vida de Juan Eudes, este Santo que estamos recordando hoy, un hombre apasionado por la evangelización; es el primer rasgo que nos llama la atención.

Puede decirse que como sacerdote no tuvo otra pasión, no tuvo otro interés, y no tuvo otro proyecto que evangelizar.

y para propagar la buena noticia del Evangelio, quiso en momentos muy difíciles, estamos hablando de los siglos XVII, XVIII, quiso fundar una comunidad específicamente para la formación de sacerdotes, que es el carisma de los Eudistas, dirigir seminarios, dirigir casas de formación de sacerdotes.

Primer rasgo de Juan Eudes: pasión por el Evangelio, celo por el Evangelio; es uno de esos hombres que no tienen frontera, que quieren ir más allá. Juan Eudes, hoy, nos deja una pregunta: ¿a quiénes no estamos llegando? ¿A quiénes no hemos llegado? ¿Cómo podemos llegar?

Si esa pregunta permanece viva en la Iglesia, -la Iglesia será siempre Iglesia misionera, Iglesia generosa, Iglesia fraterna, Iglesia de los pobres, Iglesia orante-, ¡qué gran pregunta para nosotros hoy! ¿A quién no estamos llegando? Ese es un primer rasgo de Juan Eudes.

Segundo, este hombre se dio cuenta, como nos recordaba la lectura de Pablo a los Efesios, que todo tiene su fuente en el amor, que el poder grande que existe en esta tierra no es el poder del dinero, no hay que llenarse de dinero para evangelizar, hay que llenarse amor.

No hay que llenarse de poder, hay que llenarse de amor; no hay que llenarse de gente para evangelizar, hay que llenarse de amor; Juan Eudes encontró las fuentes del amor en el corazón de Jesucristo, y en ese eco tan lindo que le hace en el Corazón de Cristo, el corazón de María.

Es el primero, me parece a mí, que descubre y se deleita en el misterio del amor en el Corazón de Cristo y el Corazón de María, pero esta no es una cuestión solamente de piedad, siendo tan importante la piedad, el Corazón de Cristo es el Corazón que evangeliza, y el Corazón de María es el Corazón evangelizado.

Del Corazón de Cristo brota toda gracia, y en el Corazón de María se encuentra toda la gracia; el Corazón de Cristo es la oferta de Dios, y el Corazón de María es el que recibe la oferta de Dios.

De manera que esos corazones entrelazados que veía Juan Eudes en su oración, no son solamente una asociación que nosotros hacemos, porque amamos a Jesús y amamos a María, y los entrelazamos.

Sino que hay un nexo, hay un vínculo precioso entre esos dos corazones, que brota del hecho de que Jesús es la oferta de Dios y María es la respuesta.

Jesús es la revelación y María es la fe. Jesús es la semilla y María es la tierra fecunda. Jesús es La Palabra y María es el silencio que acoge y que hace fecunda La Palabra.

Segundo aspecto de Juan Eudes, los corazones sagrados como fuente, como criterio, como modelo de toda evangelización.

Y el tercer y último rasgo que quiero compartir con ustedes que son evangelizadores, es casi una anécdota: en aquellos tiempos, siglos XVII, la medicina era muy precaria, y con facilidad las epidemias se adueñaban de poblaciones enteras.

No existía esa maravilla que nos dejó el siglo XX, que se llaman los antibióticos, y como tampoco había un conocimiento claro sobre la propagación de las enfermedades, y todo aquello de los microorganismos, las bacterias y todas esas cosas, las enfermedades se adueñaban de regiones enteras, asolaban sin piedad a Europa.

Juan Eudes vivió una parte de su vida en un tonel, utilizaba como lugar de descanso un barril, un barril grande, ¿por loco, por ermitaño? No, porque él mismo tenía conciencia de estar enfermo de alguna de esas plagas.

Y enfermo como estaba, no quería que nadie más se enfermara. De alguna manera, él conocía lo del contagio; y, entonces, pasó un tiempo de su vida en un tonel como acto de desprendimiento, de humillación, y como acto de amor para no dañar a nadie con lo que lo podía dañar a él.

Es una anécdota; es un rasgo tan sencillo, pero a veces, la gente la conocemos es en las cosas pequeñas; este hombre, si lo pensamos bien, quería dar todos los bienes a los demás, y no quería que le llegará ningún mal a los demás, ni siquiera una enfermedad.

Quería dar el bien grande del evangelio, quería dar el bien grande de los corazones de Jesús y María; y no quería que nada hiciera daño a sus hermanos. Es un modelo grande de caridad Juan Eudes, caridad que le lleva a preocuparse por los sacerdotes.

Caridad que le lleva atender de la mejor manera la predicación en el pueblo fiel, caridad que le lleva a orar larga y profundamente, caridad que le lleva a retirarse para no dañar con nada suyo a los demás.

Que este modelo de amor interceda por nosotros; para que nosotros, en primer lugar, seamos apasionados del evangelio y de la evangelización; para que nosotros, en segundo lugar, tengamos como fuente de nuestro evangelio, el amor.

Sin fiarnos mucho ni de la cantidad de gente, ni de la cantidad de dinero, ni de la cantidad de poder, y para que nosotros como Juan Eudes tengamos respeto, y caridad para no lastimar con nada nuestro a los demás.

Que esa delicadeza de corazón impregne todo lo nuestro, no quiero hacer ningún daño, y quiero hacer todo el bien; es un acto de amor que puede adueñarse también de nuestros corazones para que seamos evangelizadores en el Nombre de Jesús.