Sino001a
Fecha: 19951228
Título: Aprender a discernir cuales son los caminos de Dios
Original en audio: 28 min. 13 seg.
La Iglesia recuerda hoy el episodio crudelísimo que hemos escuchado en el Santo Evangelio, episodio que nos muestra, cuando todavía estamos en los ecos alegres de Navidad, nos muestra ya qué clase de vida va a llevar Jesucristo.
¿A qué niño le toca eso, no tener sitio donde nacer, y apenas nacido, huir, huir de la espada, huir de la muerte? Bien se ve y bien se entiende, de este evangelio, que la cruz no fue un accidente al final de la vida de nuestro Salvador, sino fue la señal misma de su vida; y precisamente, porque lo había acompañado toda la vida, lo pudo acompañar en la muerte.
De aquí saquemos, hermanos, enseñanza para nosotros: se muere como se vive. Cristo murió en una cruz gloriosa, porque la cruz había acompañado su vida. Se vive como se muere, hermanos, y se muere como se vive, si haz rechazado cruz en tu vida, no esperes de la muerte más que aniquilación.
No debemos olvidar nunca, hermanos, que la cruz tiene característica de remedio, si Dios Padre quiso cruz para su Hijo fue como remedio, de otra manera tendríamos que los católicos adoramos a un Dios sádico, si a Dios le gustara el dolor, lo que tendríamos es a un Dios perverso y torturador, pero no es así.
La cruz es dolorosa pero es saludable, esto vale para la Cruz de Cristo y para nuestras cruces, en la medida en que se parecen y se unen a la de Cristo.
De modo pues, que si se rehúsa el remedio, se rehúsa la sanación. Hay personas que creen que sus dolores, a los que fácilmente llaman sus "cruces", son algo así como el precio que Dios les está cobrando por salvarlos.
Me opongo, ¡no corresponde al Nuevo Testamento! No vuelvas a mirar tus dolores como cruz, si con esa cruz vas a significar tu manera de comprar la salvación, si la tienes que comprar tú, ¿para qué Cristo? ¿Para qué la Sangre? ¿Para qué la gracia?
¿Dios envía cruz a nuestras vidas? Sí, tampoco caigas en el extremo en el que suelen caer protestantes de distintas denominaciones, que en su afán por atraer a la gente, les hablan sólo de prosperidad cuando la conversión: “Yo me convertí y todo empezó a salir bien”.
Pues entonces no te convertiste a Cristo; “yo me convertí y me llegó casa, carro y beca”, entonces no fue a Cristo a quien te convertiste, no fue hacia Él hacia quien volviste, seguramente no fue hacia Él.
Entonces fíjate, no caigamos en el extremo protestante de creer que la vida cristiana es algo así como un jardín de delicias en el que la Cruz de Cristo se convierte en amuleto para nosotros, una especie de fetiche, o una especie de seguro de vida, o una especie de certeza de éxito, de prosperidad indefinidas, esa no es la fe cristiana.
Pero la fe cristiana tampoco es aquello en lo que caemos a veces los católicos de creer que "nuestras cruces", como las llamamos, están comprando la salvación.
Si nos encontramos al Niño Jesús perseguido ya desde aquí, y si nos encontramos con el asesinato de estos niños, asesinato decretado por Herodes, si eso nos encontramos, la única explicación es porque la cruz es remedio.
Y si Dios te trae algunos dolores, que tú probablemente llamas "cruz", es que eso es lo mejor. No es entonces que tú podrías estar muy tranquilo, pero Dios para desquitarse o para cobrarse, dice: "No, siempre toca que sufra uno un poquito". No. Aquello que nosotros llamamos "cruz", es aquel camino por el que Dios sabe que nos va a conducir hasta Él.
Si así son las cosas no todo puede llamarse cruz. Uno siempre repite los mismos ejemplos. La señora que sufre continuamente la infidelidad de su esposo y dice: “Eso lo mejor ya es resignarse”, pero como mujer y como persona sigue doliéndose de ser burlada así por su marido, ¿podrá llamar "cruz" a eso?
Pasémoslo por el criterio que hemos dicho: cruz es aquello que es remedio y produce salvación en la persona. ¿Y qué vemos en esta mujer? ¿Cada vez más dolor? ¿Cada vez más arrepentimiento? No tanto eso, cada vez más dolor, sí, pero arrepentimiento, no, sino un resentimiento, así suene parecido, un resentimiento creciente.
Señora, lo suyo no se llama cruz, se llama de pronto cobardía, o se llama que usted está haciendo un negocio, está asegurando la papa, usted está haciendo un negocio, usted está tratando de evitar problemas, llámelo como quiera, pero no llame a eso "cruz".
La palabra "cruz" se parece demasiado a la palabra "altar" y a la palabra "hostia", y tú no dejarías que se hablara de la hostia de cualquier manera, ¿cierto? Entonces no dejes que se hable de la cruz de cualquier manera.
Cruz es una cosa muy distinta, ¿la cruz significa dolor? Claro que sí, ¿no estaba angustiado, y muy angustiado el corazón de María y José, cuando en medio de la noche, en el afán más terrible, tienen que partir para una tierra prácticamente desconocida?
¿Y no es dolor ese llanto de Raquel en Ramá? Claro que es dolor. La cruz supone dolor; pero la cruz produce salvación, y en medio de la angustia tiene un sello de paz, y en medio de la desolación tiene un signo de compañía de Dios, y en medio de la noche tiene un brillo típico de Pascua.
Si no es así, no es cruz, no la llames cruz, que no es cruz. Esa es una reflexión que podemos hacernos en este día.
Conviene que cada uno de nosotros, -terminemos esa primera reflexión con estas palabras-, conviene que cada uno de nosotros revise, porque lo único que te va a llevar al cielo es tu cruz, si Dios lo quiso como remedio para ti, y remedio significa que es el menor de los males, si Dios lo quiso como remedio para ti, quiere decir que ese es tu camino.
Y que si no has descubierto tu cruz, pero esa cruz será aquella en la que puedas estar en paz, en alabanza etcétera, etcétera, si no has descubierto tu cruz, tampoco has descubierto camino para lo que Dios quiere en tu vida.
Dejemos esa primera reflexión y pasemos a una segunda.
Nos asombra la crueldad de Herodes, ¿cómo se le ocurre asesinar bebés? Uno tiembla de solo pensarlo, ¿qué corazón, -eso no se llama corazón-, qué palpita en el pecho de un hombre así?
y uno inmediatamente dice: “Herodes no fue allá, mandó matar”. Dice aquí el Santo Evangelio: “Mandó matar a todos los niños” Mateo 2,16, esto significa que la orden fue cumplida por otros: soldados de su ejército.
Señores soldados, ¿ustedes son sólo máquinas? ¿Se oprime un botón y matan? ¿Ustedes son sólo herramientas? ¿Se mueve una palanca y matan? Si le hubiéramos preguntado a uno de esos soldados seguramente nos diría: “Estoy cumpliendo órdenes”.
Pregunta: ¿hay que cumplir esas órdenes? ¿Hay que ser cómplices de esas cosas? ¿No es esa red, perdón la palabra, no es esa red maldita la que produce muertos? ¿Que todo el mundo cumple ordenes?
¿No será que necesitamos cristianos que no cumplan ese tipo de ordenes? ¿No será que necesitamos cristianos que no sean herramientas, instrumentos a los que les oprime un botón o se les mueve una palanca y hacen lo que mande el poder? ¿No será que necesitamos aprender o recordar a pensar con nuestra propia cabeza y a discernir en nuestra propia conciencia?
Ustedes me oyen como con mucha tranquilidad y atención porque dicen: “A mí difícilmente me mandarán a matar a un niño”, pero extendamos la enseñanza: ¿cuáles son las complicidades tuyas?
Yo estoy pensando, por ejemplo, en ¿qué haces tú si trabajas en un almacén donde se vende pornografía? "- Ah, no, yo esa pornografía, mire, yo no la compro ni yo estoy de acuerdo con ese negocio" "-Pero si alguien la compra tú se la vendes", “estoy cumpliendo órdenes”.
¿No será que necesitamos cristianos que tengan el coraje de la desobediencia civil? Usted por contrato no me pude obligar ni a vender pornografía ni a vender cosas con las que yo no estoy de acuerdo con mi conciencia, ah, entonces yo ya me pasé al otro extremo, ¿cierto? Ahora sí ya la cosa es complicada, p sí porque sí puede peligrar su puesto.
Yo te puedo asegurar que a estos soldados les peligraba el puesto si ellos se oponían, estaba en juego el puesto, ¿el puesto en dónde? El puesto en la máquina de la muerte, ¿no? Cuidado voy yo a perder el puesto, ¿el puesto en qué? El puesto de la máquina de la muerte.
Sirva esta segunda reflexión entonces, ¿cuáles son tus complicidades? ¿A quién le estás cumpliéndole órdenes tú?
Aplícale eso, por ejemplo, a quienes trabajan en ventas, aplica eso, por ejemplo, cuando estás en una empresa y todo el mundo se pone de acuerdo en hacer una trampa, en hacer un desfalco y sólo falta tu firma, sólo falta que tú apruebes, sólo falta que tú no veas, complicado, ¿no? Complicado ser cristiano y complicado no cumplir ciertas órdenes.
O si quieres las cumples, unos niños más o unos niños menos, qué tanto es, ¿no? Qué tanto es, Pregúntaselo a las mamás, pregúntale a los esclavos del vicio, pregúntales a los esclavos del pecado, si no te hubieran agradecido un millón de veces que tú hubieras roto esa cadena.
Si ustedes, hermanos, rompen y enseñan a romper las cadenas de complicidad en el mundo, empieza a ser mal negocio decir mentiras, y empieza a ser mal negocio desfalcar, y empieza a ser mal negocio prostituir, y empieza a ser mal negocio asesinar niños.
Una tercera reflexión de tipo histórico: ¿cuántos niños podía haber en Belén y las comarcas? De acuerdo con los historiadores y los mejores estudios de población sobre la época, el número de niños asesinados por este decreto de Herodes no pudo haber llegado a treinta, uno que hubiera sido es demasiado.
Pero me interesa el número: diez, o quince, o veinte, exageremos, veinticinco, desorbitémonos, treinta.
Y uno piensa en estos treinta niños asesinados y dice: “Es un cerdo ruin, ¿cómo se le ocurre matar niños?” Cotéjalo con las cifras de abortos, por favor, suena estúpido lo que voy a decir: ojalá hubiera sólo treinta abortos, ojala fueran sólo treinta abortos por día en una ciudad como esta, ojalá fueran sólo esos, son muchos más.
¿Qué hizo faraón cuando iba aumentado el número de los israelitas? “Mátenlos, maten a los niños” Exodo 1,16, ¿qué hace Herodes cuando siente que peligra su trono? “Maten a los niños” San Mateoo 2,16, ¿qué hace hoy el poder? “Maten a los niños”.
¿Cuándo acabaremos de convencernos de que el poder es enemigo de los niños? ¿Cuándo acabaremos de entender que el sistema financiero o económico o político, ¡qué importa!, no le importan los niños.
Y hay cristianos muy cristianos que creen que tiene que apoyar y respaldar y difundir las cifras de la multiplicación demográfica, “y hay tantos niños y hay que multiplicar los métodos de planificación, y hay que limitar los nacimientos".
¡Idiotas útiles! Claro, ellos no llegan al extremo de matar niños, a ese extremo no llegan; pero son colaboradores ideales de faraón y de Herodes.
Tengamos claro que sólo Dios y la Santa Iglesia defienden a los niños, Tengámoslo claro en la mente.
Un caballero, tristemente célebre, conocido como el rey del aborto, se convirtió después de cinco mil abortos, dicho por él mismo, después de cinco mil abortos, es decir, Herodes es un niño de Primera Comunión al lado de ese señor.
El caballero este se convirtió después de cinco mil abortos, y él declaraba: "En Estados Unidos, la única institución que se oponía a nuestras políticas abortistas era la iglesia Católica, téngalo claro, ¡Católica!
Que se paren los Adventistas, los Pentecostales, los Evangélicos, que se reúnan con los Presbiterianos y los Luteranos y todas las demás denominaciones, y díganme, ¿qué han hecho? ¿Qué están haciendo? ¿Qué están pagando para evitar que este evangelio se siga leyendo al revés en el mundo de hoy?
Esto significa que creer en este Dios que da la vida, nos compromete también a un modo de obrar con respecto a los niños y a la vida, pero no sólo el aborto, Herodes no mandó que esas señoras abortaran, mató niños.
Porque hay también católicos muy convencidos en su corazón, perfectamente resueltos en su alma, de que hay que evitar el aborto; pero es que yo te digo una cosa, evitar el aborto significa: que ante la mujer embarazada y no casada, hay que prestar ayuda.
¿Cuál es nuestro apoyo real, efectivo a las obras, a las fundaciones, a las instituciones en pro de la madre soltera o en pro del derecho de nacer? No es no más declarar en nuestra cabeza embarrada que hay abortos, no es no más declararlo así en nuestra cabeza.
Es saber, que el compromiso por la vida, requiere que nosotros hagamos algo para que esos niños puedan nacer y luego puedan crecer. Esa es una tercera reflexión que podemos hacernos aquí.
Una última reflexión: José huye con María y el Niño. José ha sido advertido en sueños. Los sueños fueron un vehículo de comunicación muy grande y muy importante en la historia de José el esposo de María.
Dios puede seguir utilizando ese camino contigo o conmigo o con otras personas. San Agustín dice que "los sueños, en sí mismos, pues son sólo sueños; pero hay que discernirlos, porque Dios también puede hablar ahí", en sí mismo puede no ser nada, pero puede decir algo.
Suena casi ridículo, ¿pero qué tal si José no hubiera creído ese sueño? Pues el Niño se muere, tan sencillo como eso; pero José también fue advertido, en sueños, de que "aquello que esperaba María era obra del Espíritu Santo" San Mateo 1,20.
La enseñanza que yo quisiera que tomáramos de aquí es que Dios siempre te dará la voz oportuna y a tiempo para mostrarte el camino, siempre te la va a dar, no te la va a imponer, pero siempre te la va a a dar.
Si tú quieres oír la voz de Dios, si tú quieres conocer el camino del Señor, ten despiertos tus oídos hasta en sueños; Dios te va a conducir, Dios te va a mostrar el camino, Él es el más interesado en que las cosas te salgan bien, Dios te va a mostrar el camino; pero hay que estar atentos a estos signos y hay que obedecerlos.
Sería muy largo aquí hacer toda una explicación sobre el verbo "discernir"; pero apenas doy estos tres indicios. Primero, prefiere los caminos ordinarios a los extraordinarios. Primer criterio.
Evidentemente, José no estaba al tanto de la política de Herodes, la política de Herodes no salía en “Caracol” de Palestina, entonces Herodes tenía oculta su política ante los hombres, pero no ante Dios, y Dios por eso utiliza este camino.
Nosotros prefiramos siempre, en primer lugar, lo ordinario a lo extraordinario, es decir, el discernimiento de las razones en pro y en contra, y el uso de la propia conciencia, obra a conciencia, prefiere eso.
Y si tú ves a conciencia que no debes hacer algo, y ya estás convencido de eso, si luego en un sueño te sale lo contrario, a la porra ese sueño, prefiere lo ordinario a lo extraordinario.
Segundo criterio en esta misma indicación: conforma tu pensamiento con aquello que enseña la Iglesia. Como lo han enseñado muchos santos, Dios no te va a inspirar a ti algo que esté en contra de lo que el mismo Espíritu enseña en la Iglesia.
Por ejemplo, si la Iglesia, por el magisterio autorizado del Papa, dice que los métodos de planificación artificial en sí mismo son malos para la humanidad de relación de pareja, así tú en sueños llegues a la conclusión de que no son malos, cuidado, aquello que enseña la Iglesia, con voz autorizada, lleva el sello del Espíritu, dale preferencia a eso.
Y en tercer lugar, evita, en lo posible, los cambios drásticos de rumbo, evítalos; evita el obrar a ciegas, es lo que quiero decir; trata siempre de tener claridad sobre de dónde vienes y a dónde vas.
¿Por qué digo esto? Porque suele el espíritu de tinieblas introducirse en nuestros razonamientos para obligarnos a obrar impulsivamente y sin reflexión. Evita obrar sin reflexión, evita el obrar instintivamente, evita las explosiones de entusiasmo, o de ira, o de lo que sea, esas no son buenas consejeras.
De manera, pues, que obedezcamos la voz de Dios y busquemos la que Él siempre nos va a indicar el camino, Él es el más interesado en nuestro camino. Pero en esa búsqueda, primero tu conciencia y los caminos ordinarios.
Segundo, la luz que te da la Iglesia; y tercero, evita obrar impulsivamente, evita los cambios drásticos.
Que Dios nos conceda así ser más fieles a su voluntad, que Dios nos conceda así obedecerle, para que también nosotros digamos como el Salmo: “Hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador” Salmo 124,7.
Gloria a Dios hoy y siempre, y que Él complete su obra en nosotros.
Amén.