Simo004a

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Fecha: 20000506

Título: Una obra de la contemplacion

Original en audio: 13 min. 30 seg.


Yo no sé mucho de arte, pero quiso la bondad de Dios que estuviera hace poco en un país que está colmado de arte. Dicen algunos, que entre el setenta y el ochenta por ciento de las pinturas y esculturas más importantes de la humanidad, se encuentran en Italia.

Creo con toda sinceridad, que no tengo ojos suficientemente educados para descubrir toda esa belleza. Luego, de pronto es pobre lo que uno pueda contar en ese aspecto del arte.

Por esa misma razón, son pocas las cosas que realmente le impresionan a uno. Y casi siempre le impresionan debido a otras razones y no por su excelente calidad.

Como ejemplo, hay un cuadro del que me estoy acordando en este momento en esta celebración de Santa Inés. Pero, no era un cuadro de Santa Inés. Este cuadro se encuentra en la Basílica Supra Minerva, donde están también los restos mortales de Santa Catalina de Siena.

El cuerpo de Santa Catalina está en el altar mayor, o cerca del altar mayor de la Basílica, entrando como en el segundo o en el tercero de los altares laterales.

Protegido por una reja que casi no deja ver lo que hay allá, existe un cuadro que es del que les quiero hablar. Es un cuadro de la Anunciación.

Está, entonces, el Arcángel Gabriel a la izquierda, la Santísima Virgen a la derecha. El Ángel le está dando el Anuncio a la Virgen, que con un rostro recogido, amoroso, orante, puro, recibe las palabras de San Gabriel.

Como ese cuadro hay muchos. La escena de la Anunciación ha sido tomada varias veces por los pintores. El punto es que este artista, que no tengo ni idea quién fue porque soy muy ignorante, añadió unos personajes a ese cuadro.

De manera que si el Ángel y la Virgen tienen tamaño, llamémoslo así, natural, aparecen otros personajes que están de tamaño como de niños, de tres o cuatro años de edad.

Y esos niñitos, pequeñitos, ¿quiénes son? Están el Ángel, la Virgen, y aquí entre los dos, como si fueran niños asombrados, se encuentran unos cuatro personajes que son un hombre, Santo Domingo, como mirando hacia el Ángel y mirando hacia la Virgen, -lo que está pasando ahí-, y tres mujeres que no aparecen identificadas, tres consagradas que visten como esta ropa que se utiliza antes de la toma de hábito.

No es el hábito de una monja, sino más bien como ese vestido que iría debajo del hábito el día de la toma de hábito. Es algo así. Entonces, aparecen como con un uniforme, un uniforme sencillito, blanquito. Son tres consagradas.

Es un cuadro muy raro, porque tampoco se identifican. No son, ni Santa Catalina ni Santa Inés. De hecho, uno no puede saber si son monjas o si son seglares.

Se puede suponer, que como esa Basílica recuerda particularmente a Catalina de Siena, se refiere a algunas vírgenes seglares. O, se puede pensar que sean algunas monjas en el día de su toma de hábito.

¡Quién sabe qué habría en la cabeza de ese artista! No sé. Pero, el hecho es que protegido por unas rejas altas, estaba ese cuadro.

Yo no había visto nunca, -pues no he visto mucho arte-, que un artista agregara personajes a la Anunciación. Y los personajes son Santo Domingo y unas vírgenes, que están ahí, parecidos a niños pequeñitos. Creo que le dan, más o menos, como por la altura de lo que sería la rodilla, al Ángel o a la Virgen.

El cuadro es sumamente tierno, porque la Virgen se ve con esa pureza de niña, se ve grandísima, y al lado están éstos que se encuentran como medio asustados, conmovidos.

¡Es una obra de la contemplación! La obra de la contemplación es transportarnos, llevarnos al hecho salvífico con la imaginación, en primer lugar, por lo menos cronológicamente, pero sobre todo, con el corazón, con la realidad, con la verdad de nuestras almas.

Santo Tomás dice que es más perfecto el amor que el conocimiento, porque por el conocimiento yo traigo lo conocido hasta mí y lo vuelvo de mi tamaño. En cambio, por el amor, yo voy hacia él y me vuelvo de su tamaño. Tiende a volverme de su tamaño porque tiendo a fundirme con él.

La contemplación es un conocimiento amoroso, o mejor, es el conocimiento que da el amor. Es lo que sucede cuando una persona es llevada, transportada, conducida hacia aquello que ama.

Y este artista, -digo yo aquí especulando-, quiso representar éso. Santo Domingo, como tenía que hacer muy largas predicaciones en algunos pueblos, interrumpía de tanto en tanto la predicación, para rezar algo así como una semilla de lo que es nuestro rosario hoy.

En aquella época, no existía la segunda parte del "Ave María", es decir, el "Santa María, ruega por nosotros..." Eso no estaba, sino sólo existía lo primero, que es el Saludo del Ángel a la Virgen: "Ave, gratia plena, Dominus tecum, benedicta tu in murieribus, et benedictus fructus, ventris tui".

Esa era como la versión en semilla del rosario, la versión que históricamente consta, que Santo Domingo decía y enseñaba a decir.

Santo Domingo, que predicó de tantas cosas, tuvo siempre como una especie de horizonte mental. Dado que en su horizonte de amor estaba María, estaban este misterio, estas palabras y esta escena, Domingo es por excelencia el Contemplativo de la Anunciación, el Contemplativo del misterio de la Encarnación.

Nosotros sabemos que Santo Domingo es Contemplativo de Cristo Salvador en el misterio de la Cruz. Por eso, se postra en forma de cruz, levanta los brazos en forma de cruz. Es también el Contemplativo de la Encarnación.

Podemos decir que la entrada de Cristo a este mundo por el misterio de la Anunciación y la salida de Cristo de este mundo por el misterio de la Cruz, son los dos polos de la contemplación de Domingo y de la contemplación dominicana.

Y es muy hermoso relacionar eso que nos cuenta la historia: que Domingo recordaba el saludo del Ángel, estuviera predicando de lo que estuviera predicando. ¡Es muy hermoso recordar ese dato y relacionarlo con el cuadro! Ese cuadro, en donde el artista representa, realizado, por así decirlo, el sueño de Domingo.

Llegar a ese momento, llegar a esa escena, vivir esa escena, estar ahí, ¿cómo qué? Ninguna palabra emana. El Domingo de ese cuadro es un Domingo callado, es un Domingo que no está predicando ¡Le están predicando!

Y esas vírgenes que están ahí, de las que en cierto modo podemos hacer aplicación de la primera lectura, como Inés de Montepulciano, como tantas otras contemplativas, son discípulas de Domingo en la contemplación incesante de la Encarnación.

San Pablo dice: "Yo quise presentarlos a ustedes, como el que presenta una virgen casta, presentarlos ante Cristo" 2 Corintios 11,2.

Así está Domingo en ese cuadro; como presentando a sus hijas amadas, presentándolas ante ese Cristo que en ese momento está entrando al escenario de la historia humana.

Está llegando Cristo a nuestra historia, está entrando Cristo a nuestro mundo, y ya está Domingo ahí, con los ojos serenos, con los ojos iluminados, respetuosos, amorosos, con los ojos llenos de admiración y de fe. Ahí está Domingo y ahí están las hijas de Domingo.

No presentó más frailes, o yo no vi. Como no sé ver el arte, no sé si es que hay más. ¡No presentó más frailes! El único fraile que vi yo, fue a Santo Domingo. Tengo que volver a observar.

Sin embargo, en este momento lo que recuerdo es éso: estaba solamente Domingo. Pero, eso sí, representó a varias de las hijas de Domingo, enseñadas por él en la escuela de la contemplación, de la admiración y del silencio.

Realmente, los artistas son gente muy creativa. ¿A quién se le ocurre éso? ¿Representar a la Virgen, que para guardar las proporciones, si yo tuviera la estatura de Domingo en ese cuadro, Ella llegaría como hasta el techo? Entonces, se ven muy graciosos. ¡Se ven muy graciosos!

Es como una manera de representar la contemplación. La contemplación es así, es como un acto de admiración por el amor y por el conocimiento. Es como la admiración que queda, por decirlo de algún modo, suspendida por la gracia, por la potencia de la verdad en que se le presenta.

Así están nuestros famosos personajes allá, inmensos, ese Ángel grandote y esa Virgen inmensa. Ahí está Domingo y ahí están las hijas de Domingo, aprendiendo de él cómo se realiza esa contemplación, cómo se vive esa contemplación, cómo se ama a Cristo desde el primer momento de su existencia.

Hoy estamos recordando a esta gran Contemplativa, Fundadora de un Monasterio de contemplación, Maestra de contemplativas, Inés de Montepulciano.

Como ese Domingo está tan niño, como estas virgencitas están tan niñas, pues todavía no se les ve bien esa carita. Entonces, no se sabe quiénes son.

Seguramente, una de ésas era Inés de Montepulciano, que estaba ahí, simplemente fascinada por el perfume de amor que envuelve esa escena y que acompaña nuestra vida dominicana.