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Fecha: 19960124
Título: San Francisco de Sales
Original en audio: 6 min. 50 seg.
Un refrán popular dice que la verdad duele, y sin embargo en Francisco de Sales encontramos una verdad amable, porque este hombre, este santo obispo, fue al mismo tiempo testigo de la verdad en un momento difícil para la Iglesia y en diálogo constante con personas que se habían retirado de la Iglesia, es decir, cristianos no católicos.
Este hombre fue testigo de la verdad y al mismo tiempo testigo del amor. Y es conocido especialmente por esa ternura, por esa mansedumbre, por esa amabilidad; y si es cierto que nuestro mundo requiere verdad, necesita verdad en medio de la ignorancia, el error y la confusión, no menos cierto es que necesita verdad amable, necesita el amor que haga creíble esa verdad.
Porque esto es lo que sus fieles en Ginebra, y esto es incluso lo que sus enemigos, los detractores, encontraron en Francisco de Sales: una verdad susceptible de ser amada, una verdad que provoca amar, una verdad que llama al amor.
Francisco de Sales es también Patrono de quienes difunden la verdad, de quienes, a través de los medios de comunicación, prestan un servicio a la sociedad.
Efectivamente, en los primeros años de su servicio episcopal descubrió el inmenso bien que se puede hacer a través de las publicaciones, especialmente de las publicaciones breves.
Y así, haciendo gran uso de la imprenta para claridad de los fieles y también, por qué no decirlo, para iniciar o fomentar de algún modo esto que hoy llamamos diálogo ecuménico, repartía folletos, plegables, volantes, que poco a poco iban iluminando la conciencia de sus fieles.
Y en este sentido bastante falta nos hace nuevos Franciscos de Sales, porque da la impresión de que nuestros medios de comunicación, en su mayor parte, fueran ajenos a la verdad y sobre todo, fueran ajenos al amor.
Pronunciar una verdad amable, decirla a la sociedad es una vocación sublime, alta y abnegada. Por eso también él tuvo que sufrir estrecheces económicas y también tuvo que sufrir las dificultades del ministerio en un ambiente que no le era favorable.
A veces, cuando se piensa en esto de publicaciones, uno le da muchas vueltas al aspecto económico: si esto tendría o no tendría salida o venta.
Pienso que el mismo arrojo que el apóstol debe tener para irse a tierras quizá inhóspitas, el mismo arrojo que necesita el apóstol para buscar una cultura, para aprender un lenguaje sin saber si será escuchado, ese mismo se necesita en los medios de comunicación; es un lenguaje que necesitamos aprender y hoy más que nunca aprender de contínuo, a la velocidad de los cambios que se suceden.
Pero es un lenguaje, que aprendido así de contínuo, requiere más allá de las expectativas y pronósticos de nuestras estrategias; requiere que nuestro esfuerzo, como todo viaje misionero, esté puesto en las manos de Dios y esté ungido por el Espíritu.
Esta unción profunda del Esprítu Santo en la vida de Francisco ha quedado especialmente plasmada en aquella fundación suya: en las Hijas de la Visitación.
Unción del Espíritu y una verdad amable, dulce, que se difunde, que hace inmenso bien al pueblo de Dios. Francisco de Sales, obispo según el corazón de Dios, preside y acompaña este día en el pueblo santo.
Que él traiga a nosotros resplandores de esa claridad, que él traiga a nosotros el ardor de esa caridad, que él traiga a nosotros el perfume de esa unción y que él traiga a nosotros la urgencia de comunicar esa unción, esa verdad y ese amor.
Así sea.