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Fecha: 19961226
Título: La muerte de San Esteban, una muerte que acaba en nacimiento
Original en audio: 6 min. 12 seg.
¿Qué o quiénes somos los cristianos que ayer estábamos celebrando vida y hoy ya muerte? Ayer nos alegrábamos porque Cristo nace, y hoy nos gozamos porque Esteban muere.
Bueno, no es simplemente un nacimiento, tampoco es simplemente una muerte. Ese nacimiento es el principio de una historia que acaba en la Cruz; de la humildad del pesebre, a la humillación de la Cruz.
Y así como ese nacimiento acaba en una muerte, así también esta muerte de Esteban acaba en un nacimiento. De hecho,blos antiguos cristianos llamaban "díes natalis" o día de nacimiento de un mártir, aquel día en que era entregado a la muerte.
O sea que en realidad estamos celebrando también hoy un nacimiento. Si ayer era el de Cristo, Verbo Eterno, nacido en nuestra historia, hoy celebramos el nacimiento de Esteban, que de nuestra historia nace para la gloria.
De todas maneras, hay un contraste muy fuerte entre estas dos celebraciones. Indudablemente, está colmada de ternura la Navidad, la inocencia, la fragilidad, la belleza del Niño del pesebre, pero por lo visto ese Niño creció y hoy lo escuchamos decir: "Todos os odiarán por mi nombre" San Mateo 10,22.
¿Cómo puede ser causa de odio esa ternura, esos cacheticos, esos ojitos, esas manitos? ¿Qué puede haber en Cristo que cause ese odio? ¿Cómo puede estar Él, en algún sentido, involucrado en esas muertes de hermanos por hermanos, de hijos por padres y de padres por hijos?
Este es un misterio muy grande; como decía Simeón: "Puesto como signo de contradicción" San Lucas 1,34, y como decía en realidad el evangelio que escuchábamos ayer: "Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron" San Juan 1,11.
Hemos escuchado hoy en la lectura de los Hechos de los Apóstoles cómo los detractores de Esteban se tapan los oídos, y como esto no parece haber sido suficiente, para dejar de oír gritan, para que su grito sepulte a la palabra; gritan para imponer su palabra humana sobre la palabra divina, y sepultan con piedras esa pequeña flor de la predicación evangélica que ya estaba en Esteban.
Con sus gritos y con sus piedras sepultan esta flor que de nuevo, sin embargo, reverdecerá y florecerá en otros cristianos, en otras culturas, en otras fronteras hasta llegar incluso a nosotros.
De manera que hoy estamos viendo que se cumple el evangelio que escuchábamos ayer: "vino a los suyos y los suyos no le recibieron" San Juan 1,11. Efectivamente, quisieron imponer su palabra humana sobre la Palabra de Dios. Pero también decía que la palabra de ayer: "Pero a cuantos le recibieron les dio potestad de ser hijos de de Dios" San Juan 1,12, y eso también vemos que se cumple en Esteban, el primer mártir.
Esteban puede decir a las puertas mismas de la muerte: "Veo el cielo abierto" Hechos de los Apóstoles 7,56 ¿y quién abrió ese cielo, sino el Niño de Belén? Ese cielo que abrió Cristo para venir a la tierra, quedó para que nosotros por Él y con Él subiéramos al cielo.
Verdaderamente, como dice San Fulgencio de Ruspe, "la misma caridad que hizo bajar a Cristo del cielo a la tierra, hoy hacer subir a Esteban de la tierra al cielo".
Entremos entonces en esa corriente de amor, y que así se forme Cristo en nuestros corazones; así nazca y crezca Cristo en nuestros corazones de modo tal, que sin perder la ternura y la belleza del pesebre, no nos horroricemos del escándalo y el dolor de la Cruz.