Sdom014a
El 8 de Agosto nuestra Iglesia Católica recuerda a Santo Domingo de Guzmán, como hay varios santos que llevan el nombre de Domingo es bueno decir el nombre completo, Domingo de Guzmán es un sacerdote nacido en España que vivió a finales del siglo XII y comienzos del siglo XIII, no confundirlo con otros Domingos como el muy querido Santo Domingo Savio quien fue un jovencito que murió antes de cumplir 15 años de edad, de los discípulos más queridos de San Juan Bosco.
Santo Domingo de Guzmán cuya fiesta la tenemos hoy, en esta ocasión quisiera compartir una reflexión solo mirando a los lugares, por ejemplo él nace en Careluega que queda en el corazón de Castilla; su familia que tenía por parte de la mamá amplios terrenos en esa zona, destacó por la caridad; la mamá de Santo Domingo, la beata Juana de Aza es conocida por su generosidad para con los pobres, una de aquellas personas que sabe que lo que ha recibido, lo ha recibido sobretodo para la administración; es decir no somos dueños realmente de lo que creemos tener, somos administradores y hemos de pensar siempre en el bien, no solo propio, sino de otros; eso tuvo esta querida beata Juana de Aza, la mamá de Domingo; y ese aspecto de misericordia, de compasión, de generosidad acompañó toda la vida de nuestro santo.
Unos años después lo encontramos en la ciudad de Palencia, también en la región de Castilla; Palencia es una de las ciudades españolas que tiene vida universitaria desde más temprana época y allá fue Domingo a estudiar. En aquella época no había libros impresos, sino que cada libro tenía que ser escrupulosamente y pacientemente copiado a mano, esto hacía que los libros tuvieran un gran valor, y se recuerda de la época de estudiante, que Domingo al terminar sus estudios no conservó esos valiosos libros que también eran su lugar de tomar apuntes, prefirió venderlos porque en ese tiempo se desató una hambruna terrible en esa región, la frase que él dijo se recuerda hasta nuestros días: “no quiero estudiar sobre pieles muertas, mientras manos con hambre se tienden yertas”. Domingo con ese acto de generosidad estaba realmente continuando esa tradición de compasión de su propia mamá, Juana de Aza.
La compasión de Domingo no tenía que ver solamente con las cosas materiales, esa misma compasión brilló de un modo realmente estelar cuando tuvo contacto con las inmensas necesidades espirituales de una región del sur de Francia, por la zona de Carcasonne y la zona particularmente de la actual Tolosa, había mucha confusión en la gente, muchas personas habían perdido la fe, se habían apartado de la Iglesia y entraban en distintas sectas o movimientos heréticos. El mismo Domingo que sintió compasión por los pobres que no tenían pan para su alimento corporal, sintió que faltaba también el pan espiritual y por eso se entregó totalmente a la oración y a la predicación; el grito de su oración también se recuerda hasta nuestra época: “Dios mío qué será de los pecadores”. Domingo ora con insistencia, pide a Dios esa compasión que ya no es solo para esta tierra sino también para el cielo.
Es conocido como predicador de la gracia y es el fundador de la Orden de Predicadores también llamada Orden Dominicana a la que pertenezco por misericordia de Dios, la celebración de esta fiesta de Santo Domingo tiene un carácter todavía más relevante porque precisamente en este año, nuestra comunidad dominicana está cumpliendo 800 años de su aprobación.
Demos gracias a Dios, encomendemonos a la protección de Domingo y pidámosle que nosotros, los dominicos seamos fieles al hermoso carisma de la predicación desde la misericordia.