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Fecha: 20130429
Título: Dejemonos cuestionar por Dios a traves de los santos
Original en audio: 4 min. 48 seg.
Cuando yo era novicio de esta mi comunidad, la Orden Dominicana, tuve ocasión de acercarme a la vida de una gran Santa, Catalina de Siena. Esto sucedió hace muchos años, pero el fruto de ese primer encuentro con la vida de Catalina sigue dando fruto en mí. Y por eso considero que está todavía por reconocer esta perla preciosa en muchos de nosotros.
Hay varios aspectos que hacen de Catalina una Santa que parece lejana, inalcanzable. Su modo de penitencia, por ejemplo, su caridad extrema, su radicalidad en el cambio y la reforma de la Iglesia, estso son algunos de los elementos que pueden hacer antipática o distante a la Santa. Sus penitencias realmente son exageradas, no hay otra palabra para describirlas, como sacerdote, creo que no recomendaría a nadie seguir ese camino específico de penitencia.
Ese camino está bien descrito como la respuesta que ella quería darle a la radicalidad del amor que veía en la Cruz de Cristo, eso es lo que explica una penitencia de ese tamaño, pero eso no significa que ella acertara en todo, eso no significa que eso fuera un modelo que todo el mundo debería repetir. De hecho, ella misma, siendo tan penitente y siendo a la vez directora espiritual o maestra espiritual de muchas personas, nunca insistió en esos aspectos, más bien, advirtió de los peligros de quedarse solamente en la penitencia exterior.
También nos puede parecer que la caridad de ella es más que heroica, casi demencial. Esa manera de entregarse a los enfermos, esa manera de doblegar su propia voluntad, su propia sensibilidad, de luchar, por ejemplo, contra el asco, es algo que nuevamente nos parece excesivo.
Pero yo creo que es bueno preguntarnos: "Bueno, ella hizo eso, cosas extremas en la manera de atender las llagas de los enfermos, por ejemplo, pero eso hizo ella, ¿yo qué hago? No voy a repetir a Catalina de Siena, ¿pero yo qué hago para vencerme, para vencer mis ascos, para vencer mi resistencia, para no quedarme prisionero de mi egoísmo, yo qué hago?" Esa pregunta es válida.
Dejémonos cuestionar por los santos, no tenemos que ser fotocopias de ellos, pero sí tenemos que permitirle a Dios que a través de ellos, con sus aciertos mayores o menores, nos cuestione a nosotros.
Y luego está el tema de la radicalidad de la reforma de la Iglesia. Ella quiere que la Iglesia responda a la santidad de su Divino Fundador. Pero en esto no le podemos criticar que sea exagerada, el primer exagerado es Cristo cuando dice, por ejemplo: "Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre Celestial"Mateo 5,48, ¿o es exagerada la Biblia cuando dice: "Seréis santos por que yo, el Señor, soy santo y os he elegido para que seáis míos"? Levítico 11,44.
Más bien, lo que debemos hacer es tomar estos grandes ejemplos de santidad, dejarnos bañar por esa luz, dejarnos cuestionar por esa grandeza y también nosotros hacer propósito de responder, cada uno desde su lugar, a la obra que el Espíritu está haciendo en cada uno.
Sobre la enseñanza de ella habría tantísimo que decir, pero eso será en otra oportunidad. Por ahora, gocémonos a la luz de una vida que quiso darse sin reservas al Evangelio de Cristo.