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Fecha: 19980102

Título: San Gregorio y San Basilio, dos grandes amigos en Cristo.

Original en audio: 20 min. 1 seg.


Apenas empezando el año, una celebración de dos santos con nombres extraños.

Yo de niño estudié en un colegio que tiene nuestra comunidad dominicana, allá en la calle 134, el Colegio Santo Tomás de Aquino, y muchas veces, para tomar el bus para el colegio, yo me había aprendido un indicación, había una ruta que se llamaba San Cipriano, el barrio de allá del norte de Bogotá.

Y de niño yo oía este nombre Cipriano, como oír el nombre de Nacianceno o Basilio, y eran nombres que sólo me provocaban como una especie de sonrisa, decía: “Qué nombres tan raros los de esa época”, todavía me faltaba conocer a uno de los santos de nombre más extraño, Quodvultdeus.

Entonces yo oía que había un hombre que se llamaba Máximo, y otro que se llamaba Gregorio, Hilario y lo único que yo pensaba de niño era que cómo debieron sufrir de niños; usted se imagina ser un niño pequeñito y que le digan: “-¿Usted cómo se llama?” "-Cipriano", yo pensaba: "De niño Tuvo que haber sufrido mucho."

Es un comentario intrascendente, tal vez un comentario tonto que les hago, pero que para mí hoy, hasta cierto punto, me duele, porque yo no conocí los santos; conocí un poquito la vida de San Martín de Porres, que me pareció hermosísima, conocí la vida de Santo Domingo de Guzmán que me impactó mucho, no más.

Tiene que pasar mucho tiempo para que estos nombres se convirtieran en lo que la Iglesia quiere que sean. Son los nombres de nuestros hermanos mayores, son los nombres de los que van delante, son ejemplo, es verdad, pero también son ayuda, porque de niño muy pequeño sentía esto con los santos, sentía "¡qué nombres tan raros!" Ese era mi único pensamiento.

Después pasó el tiempo, y entonces ya sentía una cosa distinta, y era: "Esos señores o esas señoras tienen que ser hechos de otra cosa", porque me parecían tan admirables en sus virtudes y me parecían tan maravillosos en sus milagros, que yo decía: “Esa gente tiene que estar hecha como de otra cosa”; “ese cuento es como para otras personas”.

Yo de niño escuchaba muchas veces en mi familia, por ejemplo, cuando se les acababa la paciencia a mis papás, entonces decían: “Yo no soy ningún santo”, era la frase para introducir un acceso, por ejemplo de ira, de indignación ante tal o cual cosa, como quien dice: “Como yo no soy ningún santo, entonces yo tengo derecho a portarme a lo humano, y como me puedo portar a lo humano, entonces yo me puedo dar ciertos lujos ciertos gustos, ciertos permisos, ciertas rabias”.

A mí esa posición, durante mucho tiempo me pareció un poco cómoda, yo decía: "Es muy rico, existimos por aquí en esta tierra el común de los mortales, la mayoría de los cuales somos gente más o menos buena, somos de esa gente que no mata a nadie, que no le hace mal ni daño a nadie, "yo procuro ayudar a los demás", en fin, lo que uno siempre dice, y nosotros somos todos como esa clase media, llamémoslo así, de la vida del Espíritu."

Los otros estarían en la clase baja, que son esos criminales y todas esas personas que tienen unos vicios terribles y arriba de nosotros estaría la clase alta, que serían los santos, de toda esa gente que hace ayunos terribles y tiene unas visiones raras y hacen unos milagros extraños, esos son los santos.

Entonces, así como muchos de nosotros más o menos nacemos, vivimos y nos morimos dentro de una misma clase social, así pensaba que era la cosa. Eso es más o menos lo mismo que con la situación económica, uno nace más o menos en una clase media, y ahí más o menos permanece y ahí más o menos se muere hasta que más o menos lo entierran.

Entonces yo decía que esa era la situación con la santidad también. Uno nace y uno no es ningún santo, pero tampoco es un criminal y ahí más o menos la pasa, y va transcurriendo el tiempo y luego después de mucho tiempo uno se muere; entonces seguro que allá en el cielo es lo mismo.

Habrá un palco de honor para la Virgen, San José, San Juan Bautista, y luego vendrá el coro de los pesos de gente ejemplar: San Antonio Abad, allá estará nuestro seráfico padre San Francisco de Asís, allá estarán todos los de la caridad heroica, y luego vendrá la tribuna general no numerada y allá estaremos todos nosotros, más o menos como estamos aquí.

Nosotros somos de la tribuna no numerada y allá entonces nos sentamos, como nos tocó a muchos en muchas de las reuniones que tuvimos con el Papa Juan Pablo II, que uno por ejemplo asistía allá por el parque Simón Bolívar y uno por allá lejos.

Entonces uno como que se imagina que el cielo tiene más o menos esas disposiciones, los que somos clase media, pues no estaremos por allá en un palco de los que reciben a Jesús, sino que estaremos por allá lejos saludando a Jesús. A veces creemos que lo de la santidad es así, en ese sentido.

Mis queridos amigos, la historia de la Iglesia me ha hecho tanto bien, que yo me atrevo a hacer una propaganda, por ejemplo, entre los muchachos, las niñas que estén aquí, algunos están en vacaciones; yo me acuerdo que en la parte final de las vacaciones me aburría, no sé si eso siga pasando, y en ese entonces yo empezaba a decir: "Y bueno, cuándo será…".

Y entonces íbamos donde la mamá: "-¿Mamá, qué hago?" Y la mamá bien ocupada, y decía: "-¡Maravilloso! Entonces trapéame la cocina”, "-¡no, mamá, no era exactamente la idea! No era como eso lo que yo quería decir, tú me entiendes, mamá”.

Mire, qué rico aprovechar este tiempo, por ejemplo, para leer un poquito de la historia de la Iglesia. Cuando yo empecé a mirar un poquito, yo no soy un experto en nada, pero leer un poquito de la historia de la Iglesia y empecé a descubrir que esos nombres raros de la época de mi infancia, como decir Cipriano, Basilio, Gregorio, eran nombres que contenían cada uno como una historia grande.

Y descubrí que detrás de cada uno de estos nombre había una historia fascinante de una persona que pasó trabajos, que sufrió, que lloró, una persona que fue tentada, una persona que seguramente experimentó el pecado, una persona que caminó, que creyó, que oró y una persona en la que se fue realizando el misterio de Cristo, y a mí esto me pareció tan grande, tan bello, tan hermoso descubrir a los santos en toda su humanidad.

Uno de los que más me impresionó fue el queridísimo San Jerónimo, un hombre de mucho estudio, el que hizo la famosa traducción de la Biblia al latín, la Biblia llamada Vulgata, porque vulgarizó, porque popularizó, no con el sentido de mala calidad, sino vulgar en el sentido de hacerla común a las personas, hacerlo popular, él popularizó la Biblia según la lengua de su tiempo.

Bueno, San Jerónimo, un santo tan grande, y me ponía yo a mirar: "Oiga, San Jerónimo parece que tenía sus defectos, pero por lo pronto tenía un genio la cosa más terrible, y San Jerónimo era muy drástico en sus escritos, en sus predicaciones, en sus cartas, y a mí me pareció que San Jerónimo era un poquito exagerado, y entonces luego me ponía a mirar más detenidamente, y resulta que sí era un ser humano al que Dios fue tomando con la gracia de su Espíritu.

Luego me encontré a ese gigante de la teología, San Cirilo de Alejandría. Resulta que este hombre defendió a la Iglesia y clarificó cosas en la Iglesia en un tiempo de controversias tremendas. Estábamos hablando ayer, que se celebraba a la Santa María, Madre de Dios.

San Cirilo de Alejandría defendió a la Iglesia en tiempos de confusión por otro obispo que se llamaba Nestorio, Nestorio se salió del carril y empezó a decir unas cosas rarísimas, que una cosa era el Hijo de Dios y otro era el Hijo de María, y que a nosotros nos había salvado el Hijo de Dios, pero el que murió en la cruz no era el Hijo de Dios, y bueno, era un revuelto terrible, y San Cirilo de Alejandria ayudó extraordinariamente a la Iglesia para defender la verdadera fe.

Pero va uno a ver a San Cirilo de Alejandría, y aquí para entre nos, era medio mañoso, Cirilo pensaba sus estrategias de una y otra forma, incluso dice por allá un historiador, hablando de San Cirilo de Alejandría, dice, cuando se hizo el Concilio de Éfeso en el año 431, dice: “En este caso el obispo Cirilo no obró como un santo”.

¿Por qué digo estas cosas? Para decir cómo los santos son nuestros hermanos mayores. Mire, en estos caminos de la vida del espíritu, cuánta faltan nos hacen los guías, uno necesita una persona que sepa por dónde es el caminito, por dónde uno no se va a perder, y en eso hay que seguir a los santos.

Por favor, no miremos a los santos como esos personajes inalcanzables, si a uno le presentan sólo la leyenda del santo, se le vuelve como una especie de supermán, que no le entra nada sino la kriptonita. Entonces a uno los santos se le vuelven como una especie de hombre nuclear, conozcámoslos mejor en una historia real, y descubramos en ellos amigos y amigas.

Voy a contar otra historia que me sucedió con los santos. Resulta que vivió en el siglo XIV una santa, Catalina de Siena, a la que yo quiero mucho. A mí me ha hecho mucho bien Santa Catalina de Siena, y siempre que se presenta la ocasión, o aunque no se presente, yo procuro hablar de ella.

Resulta que para mi Santa Catalina de Siena era mi heroína, yo decía: “¡Qué manera de seguir a Jesús!, “¡increíble!”, “¡Qué manera de orar!” “Qué manera de predicar!” “¡Qué manera de hacer penitencia"”, y mire, le tengo una admiración y un amor tan grande, que realmente yo decía: “Sí existe una persona que haya vivido así como con esa pasión el amor del carisma dominicano”.

Bueno, yo y mis amores con Santa Catalina. Y de pronto me encuentro con un libro, con un capitulito que decía: “Fracasos de Santa Catalina”, y dije: “¡Bueno, cómo así?” ¿Qué les pasa? ¿Cómo van a hacer esto? Esto han de ser calumnias de la oposición, ¿cómo es posible que mi querida Santa Catalina de Siena haya fracasado en algo?"

Ojalá hubiera sido en algo, en muchas cosas fracasó Santa Catalina de Siena, es decir, hubo muchas cosas que le salieron mal, y hubo muchos sinsabores y hubo muchísimos dolores, y eso no quita que fuera una gran santa.

Santa Catalina organizó el monasterio de Velcar y ya casi arrancaba el monasterio, ya casi, y se murió Santa Catalina, y no arrancó el monasterio, no se pudo hacer el monasterio, ¡a mí eso me impresionó tanto!

Catalina fue un fracaso como promotora vocacional, ella le escribía una belleza de cartas a una cierta condesa, invitándola a que ingresara a la vida religiosa, mire, pero eran unas cartas, yo decía: “Que a mi me llegaran unas cartas de Santa Catalina”, ¡yo creo que me encuentran tieso!"

Yo estuve en la casa de Felipe Gómez y él tiene enmarcada una carta que le mandó la Madre Teresa de Calcuta, ¡imagínese! Yo creo que usted haría lo mismo, que a usted le llegue una carta de la Madre Teresa, por favor, eso se enmarca. Bueno, Santa Catalina le envió no una carta sino muchas cartas llenas de palabras de sabiduría, con inteligencia, con belleza y sobre todo, le hablaba como una amiga a su mejor amiga.

Y la condesa: “ Umm, sí voy, pero... Umm, sí, puede ser…”. Nunca salió con nada, no fue más lo que hizo esta bendita condesa, no salió con nada esta bendita condesa, por lo menos en lo que ven nuestros ojos, vaya Dios a saber qué fue lo que pasó de cierto en realidad en ese corazón.

Hermanos, todo esto es una invitación a que nos acerquemos a la historia de la Iglesia, a que conozcamos de los santos. Pero ustedes dirán que hablo de todo menos de lo de hoy. Vamos a decir algo de San Basilio y de San Gregorio: San Basilio fue llamado Magno, él no se llamaba Basilio Magno desde pequeño, él se llamaba Basilio y Magno fue un apelativo que le dieron y que significa grande.

Basilio nació a principios a la primera mitad de siglo IV, es un santo muy antiguo, ¿sabe por qué quiero tanto a san Basilio? Por dos razones, en primer lugar porque San Basilio es de los hombres clave en la estructuración de la vida religiosa en la historia de la Iglesia, San Basilio organizó monasterios con una sabiduría muy grande y con reglas monásticas llenas de la unción del Espíritu Santo.

Basilio es admirable también en un tratado que tiene sobre el Espíritu Santo, hermosa la descripción que él hace, ustedes saben que estamos en el año del Espíritu Santo, las obras de San Basilio se consiguen en español, a mí no me vengan con disculpas, ya no estamos en los tiempos de que eso sólo está en griego, las obras de San Basilio se consiguen, usted se puede conseguir el libro escrito por un santo de la talla de San Basilio.

Le cuento más cosas. Basilio era un intelectual, un hombre de estudio, y muchos de nosotros nos imaginamos que la razón es incompatible con la fe, y hay personas que dicen: "Mo, yo prefiero no estudiar esas cosas porque se me confunde la mente, yo mejor no pienso en eso, yo mejor me quedo así simplemente con mi fe."

No. Basilio fue un hombre muy instruido, pero un hombre de una humildad, un hombre de una oración, de una sensatez y de un sentido humano, que en ningún momento sus estudios, lo alejaron de Dios sino al contrario, le entreabrieron, le ayudaron a degustar los misterios del Señor, admirable San Basilio.

San Gregorio Nacianceno fue obispo durante un tiempo de su vida, un hombre lleno de sabiduría, lleno de teología, ¿sabe usted por qué admiro especialmente a Gregorio Nacianceno? Porque fue muy amigo de San Basilio. Una de las grandes historias de amigos santos, una amistad en Dios.

La amistad que formaron Basilio y Gregorio fue una amistad en Dios, una amistad llena de Dios, y cuenta San Gregorio, como en una especie de memoria: "Entre nosotros, entre Basilio y yo había como una especie de competencia, pero nuestra competencia no era adquirir el primer puesto para uno, sino ganar el primer puesto para el otro, cómo lograr que mi amigo sea santo, cómo lograr que mi amigo esté más en Cristo Jesús. Estos dos gigantes de la teología, gigantes de la santidad.

Estos dos santos, que son padres de la Iglesia, nos enseñan a valorar el estudio teológico, nos enseñan a valorar la vida religiosa, la acción del Espíritu Santo, la vida contemplativa y la amistad santa en el Señor.

Bueno, demos gracias a Dios por estos santos, yo quería decir una palabrita sobre ellos. Por favor, cuando se encuentre con un nombre raro no haga lo que yo hacia cuando niño: “¡Ay, tan chistoso!” No. hay ahí una historia bella, una historia que a usted le puede servir, porque todos necesitamos ayuda, ejemplo, apoyo, intercesión en nuestro camino hacia Dios.

A Él sea la gloria por los siglos.

Amén.