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Fecha: 19960102

Título: Los diversos generos de santidad

Original en audio: 10 min. 1 seg.


Queridos Amigos:

La santidad siempre es igual y siempre es distinta. Siempre es igual, porque siempre tiene su corazón y su vida en Jesucristo, porque siempre tiene su fuerza y su belleza del Espíritu, porque siempre tiene su destino y su gloria en el Cielo.

Y si miramos desde Cristo, desde el Espíritu y desde el Cielo la vida de los Santos, lo único que encontramos es una palabra que recorre su existencia, y que se acentúa a medida que se acercan a la patria, la palabra amor. El amor es el único que hace santos; sólo el amor hace santos.

Pero tomando las palabras, precisamente de uno de los Santos que recuerda la Iglesia hoy, San Basilio, podemos decir, que este amor, este rocío de Espíritu, hace en los corazones humanos lo mismo que la lluvia hace en los jardines: A cada planta, a cada matica le hace dar frutos según su propia especie.

Y así, la gracia que santifica, no destruye a la naturaleza por Dios creada, sino que al contrario, por decirlo de alguna manera, lleva a su plenitud, lleva a su término a esa naturaleza. Muestra el designio, el deseo de Dios para cada una de esas plantas del jardín de la Iglesia.

Y por eso también hay diversidad en la santidad. Los libros litúrgicos nos presentan, por ejemplo, llamémoslo, clases de santos. Estos Obispos y Santos que recordamos hoy, Basilio y Gregorio Nacianceno, se clasifican de acuerdo con eso, dentro de los obispos, o dentro de los doctores de la Iglesia.

Y hay otras denominaciones así genéricas, que son como los grandes tipos de santidad que la Iglesia reconoce, y que están retratados en los Oficios Comunes, como ya dije. Así aparece el Oficio de los Apóstoles, el Oficio litúrgico para los Obispos; pero antes de ellos, para los Mártires. Luego vienen los Pastores, luego aparecen las Vírgenes, y así sucesivamente.

Estos diversos géneros de santidad nos están regalando, por una parte, la riqueza del amor de Dios; es un mismo amor, pero lleno de riqueza interior. Y por otra parte, nos están animando a que cada uno descubra su camino hacia la santidad.

No todos se santificaron como mártires; no todos se santificaron como doctores; no todos se santificaron como vírgenes; no todos se santificaron por la heroicidad de su misericordia, o por la constancia en una obra educativa.

De manera que el recuerdo en la Memoria de los Santos, nos anima a descubrir la riqueza interior del Espíritu de Dios, y nos anima también a buscar nuestro propio camino de santidad, y a confiar en que efectivamente, Dios todo lo hace bien, y lo que ha pensado para nosotros, sin duda lo ha pensado muy bien.

Ese es un modo de ver la santidad, ver los distintos estados, las distintas clases de vida que llevaron los santos. Pero hay otra clasificación un poco más general, y es ésta: Después de Jesucristo, que es desde luego la fuente de toda santidad, el mensaje de la gracia nos ha llegado a nosotros por los Apóstoles.

Y por eso celebrar la fiesta de un Apóstol, no es equiparable a celebrar ninguna otra fiesta, Así se ven casos, como los tiene la liturgia, de Apóstoles, de los que casi nada sabemos, y así hay ya Santos más recientes, de los que sabemos muchas cosas.

Pues bien, aunque eso suceda, de alguna forma es más importante el Apóstol, porque su oficio está más cerca del cimiento mismo. "Te hice edificado sobre el cimiento de los Apóstoles" ( véase Carta a los Efesios 2,20), dice San Pablo. Es decir, que otro modo de ver la santidad es ésa: Cristo es esa piedra angular; existe el cimiento de los Apóstoles.

Bueno, ¿y después de ellos? Después de ellos hay una serie de santos, una serie pequeña, pero de santos importantísimos, que son los llamados Padres Apostólicos, todos muy cerca en el tiempo e incluso en el espacio y la cultura, con el medio en el que se desenvolvieron los mismos Apóstoles.

Y cerca de esos Padres Apostólicos, hay otros que son los Padres de la Iglesia. Los Padres de la Iglesia, ¿qué característica tienen? Pues desde luego la misma santidad que la Iglesia confiesa en todos sus Bienaventurados.

Pero además de esa santidad, tienen por decirlo así, como un carácter fundante, un carácter de fundamento. Me explico: Los Padres de la Iglesia son aquellos, cuya enseñanza, de alguna forma, permanece en la Iglesia, y permanece, no de cualquier manera, sino como cimiento para la teología posterior, para la espiritualidad posterior, o para la vida religiosa posterior.

Y en ese sentido, los Santos que recordamos hoy, Basilio y Gregorio, Padres de la Iglesia, son grandes. Basilio, ya en vida, era reconocido como grande, por su inmensa sabiduría, por su erudición, y desde luego, por su santidad de vida. Por eso se le llama Basilio Magno, así como existen León Magno, Gregorio Magno, Alberto Magno.

Basilio el Grande, es grande, por la santidad de su vida, grande, por la profundidad de su doctrina, grande, por la influencia que esa vida y esa doctrina han tenido después en la enseñanza y en la vida misma de la Iglesia.

No debemos olvidar, que Basilio es importante para el desarrollo de la vida religiosa, es fundante para la vida religiosa. Junto con Pacomio, son como los grandes representantes de los inicios de la vida cenobítica, de la vida en común allá en Oriente. Y tiene Basilio para el Oriente una importancia semejante a la que San Benito tiene para el Occidente.

De modo que el conocimiento de estos Santos y el amor a estos Santos, en los que el Espíritu de Dios estaba regalando, no sólo una obra bella y grande, sino una obra duradera para la misma Iglesia, el conocimiento vivo y el amor a estos Santos, trae un inmenso bien al alma.

Porque normalmente en los santos posteriores, llamémoslos así, santos de finales de la Edad Media o de la época moderna, uno como que espontáneamente busca más las virtudes que a uno le llaman la atención, virtudes que quizá uno no tiene. Y en esas virtudes, uno encuentra como modelos para imitar, o uno encuentra motivos para dar gracias a Dios, para enfervorizarse.

Pero en estos Santos, en los Padres de la Iglesia, en estos Santos grandes, no sólo se encuentran esas virtudes que animan nuestro corazón a ser generoso; se encuentran también regalos que el Espíritu dio para siempre a la Iglesia, y por eso el conocimiento de la vida y de la obra de los Padres de la Iglesia, trae un bien insustituible al corazón.

Al celebrar esta Memoria, queridos amigos, demos gracias a Dios por la gracia del Espíritu. Devolvamos su gracia con nuestras gracias, retornemos su obra con nuestras obras, o mejor, dejemos que su obra se prolongue y se perfeccione en nuestras propias obras.

Y animados por estos Santos que son fundantes dentro de la Iglesia, caminemos también nosotros con prisa hacia lo esencial. No nos detengamos solamente en aquello pequeño o grande que nos hace falta. Busquemos lo pequeño y lo grande que Dios dio a la Iglesia, porque sabía que le hacía falta.

A Él nuestra alabanza, nuestro amor, y en Él nuestra fe.

Amén.