Sber001a

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Fecha: 19980820

Título: Ser equilibrados en las virtudes humanas y exagerados en las virtudes teologales

Original en audio: 6 min. 15 seg.


Decían los antiguos pensadores griegos y romanos que la virtud estaba en el medio, "virtas in medio est".

Este es un principio muy sabio que sirve para buscar el equilibrio en muchas cosas; por ejemplo, en la atención a nuestras necesidades corporales: no comer nada, no es posible; comer demasiado, no es saludable; no dormir nada, no es posible; dormir demasiado, descansar mucho, descansar muy poco. Buscar el equilibrio es sano; buscar el medio, buscar la medida.

Hay otro proverbio latino: "Ne quid minist", que va en esa misma línea; nada en demasía, todo en su medida. Pero también este proverbio, también estas enseñanzas sobre la mesura y sobre el equilibrio, hay que tomarlas con equilibrio. Porque si aplicamos estos proverbios exageradamente, tampoco dan su fruto en nuestra vida.

Me explico: no se puede aplicar a todas las realidades de la vida, aquello de que la virtud está en el medio; hay cosas en las que hay que saber ser excesivos; hay cosas en las que hay que saber ser exagerados.

Y estas cosas y estas realidades en las que sí es bueno exagerar, son las que tienen que ver con las virtudes teologales; por ejemplo, creer. La fe no tiene un medio, no es mejor medio creer; al contrario, cuanto más alta sea la fe, mejor; y lo mismo diríamos de la esperanza y sobre todo del amor.

Hay que saber ser medidos, mesurados, equilibrados en las virtudes humanas, en aquellas que dependen de las virtudes cardinales, pero en las virtudes teologales, hay que saber ser exagerados.

Y San Bernardo de Claraval es un exagerado, es un excesivo. Si miramos su celo por la Palabra de Dios, es desbordante; si miramos su amor a Dios, es excesivo; si miramos su pasión por la Iglesia, es inmensa; si miramos su oración, es incandescente. San Bernardo es Patrono de los exagerados, de los excesivos.

A veces creemos que la formación, y estamos en formación todos porque para eso se nos insiste en la formación permanente, es encontrar el equilibrio; atención, hay que saber encontrar el equilibrio en las cosas humanas: en la justicia, en la fortaleza, en la templanza, en la prudencia; ahí hay que saber encontrar el equilibrio.

Pero hay que enseñar a los demás y también tenemos que recordarnos y enseñarnos a nosotros a ser excesivos, a ser exagerados; tenemos que recordarnos que en el amor nunca será suficiente; tenemos que recordar que en la pasión por la gloria de Dios nada es bastante; tenemos que recordar que en los intereses de Cristo y de la Iglesia nada da la medida precisa.

Porque precisamente de Cristo se dice que, "nos amó hasta el extremo" San Juan 13,1. Es que el primer exagerado es Jesucristo; llegar hasta la Cruz, hasta la Pasión, hasta la Sangre, hasta la muerte, hasta el sepulcro; y luego presentarse a los Apóstoles para dar paz y para comunicar Espíritu, este es un amor exagerado.

Nosotros no hemos nacido de un amor con medida, sino hemos nacido de una amor sin medida. Juan Bautista dijo de Cristo que, "recibía el Espíritu sin medida" San Juan 3,33. Cristo es exagerado, Cristo es desbordante.

Entonces así también nosotros, unidos a Cristo y según elejemplo de San Bernardo, necesitamos aprender a ser excesivos y a ser exagerados.

George Bernard Shaw decía: "La fiebre de la juventud mantiene al mundo en la temperatura correcta, en la temperatura sana"; se necesita una cierta fiebre en la juventud para que compense otras frialdades, y así se tenga en conjunto una cierta temperatura sana.

Esto que decía Bernard Shaw, nosotros lo podemos aplicar a la juventud del alma, que es la santidad. Mira que los santos nunca envejecen; los santos los redescubrimos continuamente.

¿Quién le prestaría atención hoy, por ejemplo, a los conocimientos científicos del siglo XIII? Sólo un historiador, sólo un erudito, que no tenga otra cosa que hacer, rebuscará en esos libros cómo era la ciencia del siglo XIII.

Y sin embargo, cuando nosotros nos encontramos con un santo como Francisco, del siglo XIII, cuando le descubrimos, ¡le sentimos tan cercano! Los santos son eternamente jóvenes, son jóvenes para toda la eternidad.

Si nos encontramos con los escritos o con la vida de San Bernardo, lo sentimos como si estuviera caminando a nuestro lado. Esos son los eternamente jóvenes en la Iglesia. Y de esa juventud de ellos y de esa alta temperatura de ellos, nosotros también podemos recibir.

Vamos a acompañar el camino de estos santos como Bernardo. Se ha dicho que, "el que anda con la miel, algo se le pega"; pues vamos a pegarnos a esa miel; vamos a unirnos a ese fuego, para que también la temperatura de nuestro corazón mantenga el mundo en buena salud, hasta que Cristo vuelva.