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Fecha: 20110824

Título: Jesucristo no tiene temor a que nosotros busquemos la verdad, si estamos verdaderamente abiertos a la verdad

Original en audio: 4 min. 26 seg.


El veinticuatro de agosto tenemos la fiesta del Apóstol San Bartolomé. Es un Apóstol del que tenemos pocos datos, pero hay algo que no debe olvidarse, y es que otro nombre para este Apóstol es Natanael, por eso el evangelio que escuchamos el día de hoy menciona a un Natanael.

Y precisamente esa escena del evangelio nos lleva a una reflexión que puede ser útil. Todos recordamos al Apóstol Tomás, el Apóstol incrédulo, el que dijo: "Si no meto mi dedo en el agujero de los clavos, si no meto mi mano en la herida del costado, no creo" San Juan 20,25. Esa es como una presentación de lo que es la incredulidad, y por eso Jesús le dice a Tomás: "No seas incrédulo, hazte creyente" San Juan 20,27.

Pero la situación de Natanael no es de incredulidad, la situación de este Bartolomé, también llamado Natanael, es que él es más bien escéptico. Cuando le viene con la noticia: "Hemos encontrado al Mesías, Jesús de Nazaret" San Juan 1,45, entonces Natanael responde: "¿Y es que de Nazaret puede salir algo bueno?" San Juan 1,46.

Esto nos dice varias cosas, por lo pronto nos enseña que los Apóstoles no eran gente fácil en cuanto a la credulidad, no eran gente que se estuviera con fantasías, o a que estuvieran dispuestos a que cualquier historia o cualquier fábula ya conquistara sus corazones. Esta era gente que tenía claridad sobre la dureza de la vida, y tenía claridad también sobre la diferencia entre la realidad y la fantasía, entre la verdad y la mentira.

Natanael no es un hombre crédulo, no es un hombre fantasioso; es un hombre más bien crítico, más bien escéptico, y lo más hermoso es ver que el mismo Cristo que le da una oportunidad de fe al incrédulo Tomás, le da también una oportunidad de fe y de discipulado al escéptico Bartolomé.

Y si muchos podemos ver en el Apóstol Tomás una especie de patrono que nos ayuda en nuestros momentos de incredulidad o de falta de fe, pues miremos en Bartolomé a una especie de patrono que nos ayuda a vencer el escepticismo.

Lo más bello, sin embargo, es cómo se vence el escepticismo de Bartolomé; no es que Cristo quiera que Bartolomé se vuelva crédulo, al contrario, alaba a Bartolomé diciendo: "He aquí un israelita en el que no cabe engaño" San Juan 1,47. Y esta es una actitud de Cristo que también ha de tener y que ha tenido, históricamente hablando, la Iglesia.

Me refiero a una actitud que soporta la crítica, que soporta el escepticismo. Nosotros no debemos extrañarnos cuando una persona siente que en eso de la fe hay que ir despacio y hay que examinar las cosas con mucho cuidado. A Dios no le molesta que nosotros queramos examinar las cosas con cuidado, o que nosotros seamos parsimoniosos y muy medidos a la hora de ver qué es lo que nos están contando.

Casi que se necesita un poco más de este escepticismo en la Iglesia, ¿no te parece, por ejemplo, que hoy hay como demasiada credulidad en mucha gente que apenas le hablan: "Que hay un cometa, que va a venir y que le va a apegar a la tierra", empiezan a repartir correos electrónicos, "el cometa, el cometa que va a caer".

¿No te parece que nos hemos vuelto demasiado crédulos, corriendo detrás de cualquier aparición, que hay alguien que recibe mensajes, que hay un instrumento no sé dónde, que otro está teniendo unos milagros, que hay no sé cuántos estigmatizados".

Necesitamos un poco de esa serenidad, esa serenidad de Natanael, esa serenidad de Bartolomé que fue alabada por Cristo. Porque Cristo no tiene temor a que tú busques la verdad, si estás verdaderamente, oye esa expresión, verdaderamente abierto a la verdad.