Sacu001a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19981002

Título: ¿Como acercarnos a la obediencia a los Santos Angeles Custodios?

Original en audio: 25 min. 41 seg.


En la Palabra Divina, los Santos Ángeles aparecen como manifestaciones de la gloria y de la Providencia de Dios. Son una expresión de su majestad, pero también de su misericordia. En ellos, la sabiduría de Dios le da una belleza especial a la creación y abre caminos insospechados para la redención.

El Nombre de Dios está en esos Ángeles, como nos dice el libro del Éxodo, "Mensajeros del Nombre Divino" Exodo 23,21, son entonces expresiones de su poder, expresiones también de su querer, de su voluntad. Estas expresiones vivas, que con libertad amorosa obedecen a Dios, son entonces para nosotros como modelos, como prototipos de lo que nosotros estamos llamados a ser.

También nosotros, creados libres, estamos llamados a entregar esa libertad a Dios por amor; también nosotros, creados libres, estamos llamados a la obediencia amorosa que resplandece en los Ángeles, y que con ellos y junto a ellos, aprendemos a temerle al único Dios.

La pregunta que uno se hace es cómo se puede cumplir lo de la obediencia al Ángel. Está claro que la obediencia al Ángel es ante todo la búsqueda plena de la voluntad de Dios, porque puesto que el Ángel lleva el Nombre de Dios, su querer está expresando el querer de Dios.

Pero todo lo que hemos dicho sobre ellos nos ayuda a cumplir aquello de respetarle, ¿pero cómo obedecerle? Y la Palabra es enfática:" No te rebeles" Exodo 23,21, y al mismo tiempo una promesa: "Si me obedeces fielmente y haces lo que yo digo, tus enemigos serán mis enemigos y tus adversario mis adversarios" Exodo 23,22, se nos advierte en contra de las rebeliones y se hace una hermosa promesa en favor de la obediencia.

¿Cómo acercarnos a esa obediencia de los Santos Ángeles? Para responder, pues hay que hacernos alguna idea sobre cómo ellos pueden sugerirnos caminos, sobre cómo pueden sugerirnos lo que hay que hacer, y advertirnos sobre lo que hay que evitar.

De acuerdo con Santo Tomás de Aquino, los Ángeles son epíritus puros, "inteligencias separadas", les llama también, son formas sin materia, sin cuerpo, formas puramente intelectuales.

¿Y cómo puede uno percibir la voluntad de una forma puramente espiritual? He encontrado,-y de eso quiero compartir con ustedes-, he encontrado algo a partir de lo que nos enseña la Teología sobre el alma humana como forma, y por consiguiente, sobre la relacion que nostros podemos tener con estas formas espirituales.

Cuando nosotros conocemos a una persona con el tiempo necesario, con el tiempo suficiente suficiente, puede decirse que conocemos de algún modo su alma. El alma, en el ser humano, es nuestra forma de ser;la forma no es solamente la figura, en filosofía la forma no es la figura, la forma es lo que conforma, lo que configura, lo que estructura también el principio vital.

Cuando yo conozco a una persona humana, la trato suficientemente, y esa persona tiene confianza conmigo, puede decirse que de algún modo yo conozco el alma de esa persona, conozco su manera de ser, conozco su estílo.

Es evidente que para conocer esa manera de ser se requiere amor, porque solo el amor abre las puertas de las intenciones profundas de las personas. Cuando con un amor libre y limpio conozco suficientemente a una persona, puede decirse que puedo asomarme al alma de esa persona, conozco su estílo.

La percepción del estílo, de la manera de ser de las personas, el hacer el ejercicio de conocer el alma de las personas, es uno de los caminos para disponernos a recibir las inspiraciones de estas formas espirituales que son los Santos Ángeles. Lo más cercano que tenemos en nuestro universo visible, a la percepción de las formas espirituales, es el alma humana.

Luego a mí me parece que el primer ejercicio para recibir estas inspiraciones de los Santos Ángeles, pues desde luego es el acto libre, repetido, voluntario, amoroso de buscar y servir a Dios sobre todas las cosas, eso está claro, porque es lo único que hará posible que yo esté buscando el querer dvino en todo querer que me llegu. Ese es el primer ejercicio: el continuo volver al hambre de la gloria de Dios.

Pero el segundo depende de esto que hemos dicho de la forma, de la percepción de la forma humana, porque el conocer limpia y amorosamente a otras personas, hace que nuestra alma, que también es una forma, sea capaz de recibir la impresión de otros, de recibirla, insisto, con pureza.

De modo que el trato de amor al prójimo, lleno de esta pureza, hace a nuestra forma, a nuestra alma, capaz de recibir a otra forma, por consiguiente, el trato sereno y amoroso con las personas, com aquel que es nuestro prójimo, y en últimas, el amor al prójimo, dispone nuestro corazón para recibir esas inspiraciones de las formas espirituales. Ese es como un segundo ejecicio.

Por constraposición, ya sabemos también cuáles son los dos primeros obstáculos para percibir las inspiraciones de los Ángeles: el apartarnos del afán, del hambre de la gloria de Dios, de entrada nos vuelve sordos y ciegos; y el encerrarnos dentro de nosotros mismos, el no poder acoger a las otras personas, nos vuelve increíblemente torpes para percibir el paso de los Ángeles

Un corazón que ame la gloria de Dios, y u corazón que esté dispuesto a acoger amorosamente a sus hermanos, ya tiene un par de bases sólidas para recibir, pra acoger a los Santos Ángeles. Corazones en adoración y corazones con una inmensa capacidad de acogida, son los dos primeros ejercicios.

Pero todavía hay más. La percepción de la forma, que en últimas es todo el problema éste del "obedécele" Exodo 23,21, que está en la Escritura; la percepción de la forma es también algo que se da a través de los acontecimientos de la vida, con el mismo estílo de lo que nos dice el libro del Éxodo en otra parte.

Cuando Moisés quería ver a Dios le dice: "Métete en la hendidura de la peña. Yo pondré mi mano y pasaré. Después tú mirarás mis espaldas" Exodo 33,22. Mirar las espaldas de Dios es como sacar la enseñanza.

Nuestro ser, por voluntad del Creador, es un ser temporal, por eso nosotros, salvo en aquellos momentos que Dios nos lo concede por apariciones expresas de los Ángeles, que no es el modo principal de cumplir con esta Palabra, o no es el único por lo menos, y además ese modo nosotros no debemos tratar de suscitarlo, de provocarlo. Se desorienta mucho el corazón.

Tratar de producir manifestaciones extraordinarias, causa más desorientación que otra cosa, porque puede volverse como una especie de concupiscencia espiritual o algo parecido que no nos va a ayudar nada, es mejor no pedir ese género de realidades extraordinarias. Si Dios las quiere dar, que Él las dé y sea bendito.

Pero bueno, estoy diciendo, si en esas manifestaciones extraordinarias, cuando Dios las concede, lo que podemos suponer es que nosotros los seres humanos, percibimos a los seres espirituales, incluído desde luego, al Espíritu de Dios, lo percibimos en las espaldas, como dice la Sagrada Escritura, es decir, percibimos más su paso que su presencia; percibimos más que estuvo y obró, que percibir que está.

Esta es una condición de nuesto ser temporal, percibir directamente a un Espíritu ante nosotros obrando, eso lo concede Dios a algunas personas, es cierto que sucede, y tiene, desde luego, una inmensa belleza, como todo lo que Dios hace. Pero para la mayoría de nosotros, y para la mayoría de nuestro tiempo en esta tierra, ese no va a ser el modo principal.

El modo principal está en percibir lo que ha sucedido, en darnos cuenta de lo que ha sucedido, y aquí surge un tercer ejercicio en la búsqueda de obediencia a los Santos Ángeles: la meditación sobre nuestra propia vida, el recordar lo que hemos hecho, lo que hemos dicho, lo que nos ha sucedido.

Casi más de lo que nosotros hemos hecho, lo que la vida, lo que la Providencia Divina ha hecho de nosotros; percibir nuestra historia, leer la historia pidiendo inteligencia espiritual, hace que en muchos pasajes de nuestra vida reconozcamos, ante todo, y es lo más importante, el paso de Dios.

Pero luego también es posible ir reconociendo la asistencia, el amor la amistad de los bienaventurados, empezando desde luego, por los Bienaventurados Ángeles Santos; también es posible ir descubriendo esa presencia.

De manera que el tercer ejercicio para mejorar nuestra obediencia a los Santos Ángeles, es mirar los acontecimientos de nuestra vida, pidiendo del Espíritu Santo inteligencia espiritual, y descubriendo las huellas de la Providencia.

Si además hemos tenido propósito expreso de amistad, de amor y de obediencia con los Ángeles, seguramente les hemos invocado muchas veces, entonces en este repaso de la historia no dejaremos de fijar más nuestra atención en aquellos momentos, en aquellos acontecimientos, en aquellos eventos en los que nosotros habíamos pedido particularmente el cuidado, la inspiración, la ayuda de los Ángeles.

Entonces, cuando repasamos así nuestra historia, atendiendo especialmente a los momentos en que hemos invocado la bondad divina en la providencia dé los Ángeles, nos hace más sensibles a su paso.

Hay todavía un último ejercicio que nos puede ayudar en la obediencia a los Ángeles, algo que tiene que ver con lo del amor al prójimo. He dicho que cuando nosotros conocemos a una persona, pues conocemos de algún modo su alma, lamémoslo así, podemos como sentir su presencia, como su estílo.

La presencia de una persona humana, por ejemplo dentro de un recinto, no es solamente la aparición de una figura física, es algo que de algún modo afecta el ambiente, por algo uno dice en ciertas circunstancias o en ciertos lugares: "Hay un buen ambiente, hay un mal ambiente".

El ambiente es algo que no depende solamente de los colores y de las figuras de las personas, sino que es algo que tiene que ver con el hecho de que tienen vida y de que están ahí.

Y si nostros estamos en la misma casa con otras personas, o en el mismo lugar de trabajo, aunque nosotros no las estuviéramos viendo, si sabemos que están, llega a haber como una especie conciencia interior de esa presencia.

Si uno hace estos tres ejercicios anteriores: la búsqueda de la gloria de Dios, la acogida continua, pura del mayor número de personas, la reflexión sobre la propia historia, sobre todo después de haber invocado muchas veces a los Ángeles, si uno ha hechos esos tres ejercicios, entonces uno ha ido descubriendo como ciertos rasgos, como ciertas características del estílo de la Providencia Divina en estos nuestros celestiales custodios y protectores.

Entonces, es aquí, me parece, donde se realiza de una manera más íntima, pero no menos real, la comunión de amistad y de amor y de compañía con los Ángeles, particularmente con el Ángel de la Guarda. Como que el corazón se va acostumbrando al estílo de esa presencia.

Así como, aunque yo cerrara los ojos, por el hecho de saber que ustedes están, queda como una impresión determinada en mi corazón, algo indescriptible, algo difícil de definir que uno a veces lo llama ambiente, así también cuando se han hecho estos anteriores ejercicios, poco a poco el corazón se va ejercitando como en percibir el estílo de esa presencia, la manera de esa presencia.

Y entonces es posible establecer una comunión que es casi similar, en algunos aspectos, más profunda incluso, de los que nos sucede con las personas humanas.

Un tipo de comunión, un tipo de amistad y comunicación que es difícil de describir, desde luego, pero que tiene que ver con un lenguaje del corazón; ya no es solamente la invocación de la protección o de la yuda, sino es algo así como un diálogo de corazones, podriamos decirlo.

Hay muchas diferencias entre el amor entre los Santos Ángeles y nosotros, y el amor que se da en una pareja humana; son muchas las diferencias, también hay algunas semejanzas.

Pues bien, una de las semejanzas, aunque hay muchas diferencias, es que los enamorados o los esposos, después de mucho tiempo, van estableciendo como esa especie de diálogo de corazones que estoy llamando, es decir, como esa manera espontánea, sencilla de descubrirse el uno al otro con los gestos más sencillos, requiriendo muy poquitas palabras, porque una mirada, porque un sólo gesto dice muchísimas cosas.

Del mismo modo, si una misma gracia de Dios desborda en ellos, está en ellos, y también está en nosotros y nos reviste a nosotros, y si todos estos otros que yo he llamado ejercicios, se van midiendo, entonces es posible establecer como esa especie de diálogo de corazones, del cual puede salir muchísimo fruto.

Porque me parece a mí que sobre todo en esa etapa, se puede cumplir más esto de la obediencia, se puede cumplir más como esa percepción del querer de una persona. A mí me parece que cuando nosotros estamos empezando, como es mi caso, en este amor y conocimiento de los Santos Ángeles, hasta cierto punto como que nos parecen muy semejantes o muy similares unos a otros.

Ya admitimos que existen y admitimos que tienen amor, inteligencia, voluntad, pero nos cuesta trabajo y sólo poco a poco, me parece que vamos descubriendo lo que podriamos llamar la personalidad del Ángel.

El Ángel tiene una personalidad, es persona, no persona humana, claro, su naturaleza no es humana, es naturaleza angélica, pero tiene un modo de ser particular, tiene una personalidad.

Hay que ir despacio, desde luego en estos caminos, hay que ir con prudencia, con cierto espíritu, llamémoslo como crítico hacia uno mismo, no escéptico pero sí crítico, sí despierto, no dejar que la fantasía sirva a estas cosas.

Pero es un un hecho que se puede avanzar en esto y que se puede ir conociendo, poco a poco, los rasgos de esa personalidad, y en ese diálogo de corazones, se puede recibir muchísimo, realmente mucho

La bondad del Señor, con el don de su Espíritu, nos bendiga, nos permita avanzar en el amor a Dios y al prójimo y nos conduzca, bajo la custodia y en la obediencia de los Santos Ángeles, hacia la Patria Celestial.