Pres005a
Fecha: 20020202
Título: Hay que tener respeto, veneracion y distancia frente a los misterios de la vida
Original en audio: 20 min. 24 seg.
Muy bien, amigos, estamos en la celebración de esa Fiesta, que le da nombre al cuarto misterio gozoso, la Presentación del Niño Jesús y la Purificación de la Santísima Virgen. Así se enuncia a veces este cuarto misterio gozoso.
Y uno entiende, por qué se dice Presentación del Señor: porque fueron al templo a presentarlo. Eso estaba mandado en la ley. Cuarenta días después del nacimiento, llevaban al niño Jesús al templo, cumpliendo así con la ley.
Y si hacemos las cuentas, vemos que desde el día de Navidad hasta el día de hoy, hay cuarenta días. Por eso estamos celebrando hoy la Presentación del Señor. Esa presentación de Cristo en el templo es el cumplimiento de una promesa, porque Dios había anunciado, que iba a visitar, que iba a llenar de su gloria al nuevo templo.
Resulta, que el primer templo que tuvieron los judíos, fue el templo que hizo Salomón. Pero ese fue destruido. Y dice el profeta: "La gloria de este segundo templo será mayor" Ageo 2,9, y fue mayor porque Dios mismo visitó ese templo, lo llenó de su gloria en la humildad y en la hermosura del Niño Jesús.
Hay muchas enseñanzas en este misterio: por ejemplo, la obediencia; por ejemplo, la humildad. Y también es hermoso pensar en que, como dice San Pablo, "somos templos" 2 Corintios 6,16, y Cristo quiere también venir a nosotros.
En el salmo dice: "Que se alcen las antiguas compuertas, que se levanten los dinteles" Salmo 24,7.
Hay que hacer grande la entrada; es muy grande el que viene a visitarnos. ¡Qué hermoso prepararse uno para recibir la visita de Dios! ¡Qué hermoso pensar que Jesús mismo va a entrar en mi vida, y me va a llenar de su resplandor y de su luz!
Pero hoy quiero detenerme un poquito en la otra parte del enunciado del misterio gozoso del rosario. Nosotros decimos la purificación, y se queda uno como extrañado, porque desde luego, ¿qué purificación podía ser necesaria para María? La purificación es hacer puro, pero María, María Santísima, propiamente, no necesitaba esa purificación.
¿Fue un acto de obediencia en el vacío? Pues no, no es exactamente una obediencia en el vacío. La ley de Moisés decía, que después de que una mujer había dado a luz, debía permanecer en su casa, debía permanecer separada de la sociedad, podríamos decir.
Por una parte, recuperándose en su aspecto físico, en su salud, en su fortaleza. Por otra parte, porque también tiene que ocuparse más del recién nacido. Y la palabra que se utiliza en la ley de Moisés, es ésa, la purificación.
Por tanto, se tiene una buena oportunidad para hablar de lo puro y de lo impuro según la ley de Moisés. Para nosotros, la impureza implica siempre pecado. Pero en la ley de Moisés, existen las dos cosas. Existe una impureza que proviene del pecado, pero existe también otra cosa que se llama la impureza ritual.
Es decir, es como la conciencia de un misterio grande, que es necesario respetar, mantener a distancia, que es necesario cuidar, y que sólo cuando ha transcurrido, puede ser asumido, puede ser tomado por toda la sociedad, por toda la comunidad.
En general, en la ley de Moisés, hay una serie de leyes sobre la pureza. Pero no se refieren a la pureza, por ejemplo, de pensamiento, o a la pureza de costumbres, sino se refieren a la distancia, que es necesario mantener frente a los misterios grandes, sobre todo los que tienen que ver con la vida humana y con la sexualidad.
Por ejemplo, si una persona enfermaba de lepra, tenía que considerársela impura, y tenía que ser separada de la sociedad. Si una mujer tenía su período menstrual, durante el tiempo del período, tenía que estar separada. Hay algo extraño, hay algo raro, que está sucediendo ahí; hay que producir una separación, hay que separar.
Así que la purificación no indica necesariamente pecado. La purificación, más bien lo que indica es: "Hay un misterio, hay algo que está sucediendo, algo que no comprendemos, y mientras la situación no se normalice, no podemos recibir a la persona en el seno de la sociedad".
Eso es lo que significaba la purificación. Porque no es, que porque la mujer tuviera su período natural, entonces se convirtió en una pecadora. Desde luego que no. Ni tampoco la idea al principio era, que si una persona tenía un brote extraño, como de lepra, era un pecador.
Sino más bien, la situación es: "Algo raro está aconteciendo, algo que implica la vida, algo que renueva la vida. No sabemos qué es; ponemos un poco de distancia".
Y luego de un tiempo, por ejemplo cuarenta días después del nacimiento, ya como que la situación se considera normal. Se ha normalizado la situación. Entendemos, que todo ha vuelto a su cauce, y entonces puede ser recibida la persona en la sociedad.
Yo creo que esta aclaración es interesante, porque sé que muchos de ustedes son amigos de leer la Biblia. Y sé que cuando uno se encuentra con esos textos, allá en el Levítico, en el Deuteronomio, en el Éxodo, se habla sobre pureza y sobre impureza, y uno se queda como despistado, diciendo: "¿Y esto por qué? ¿Eso tan raro?"
¡No es tan raro! Simplemente es el infinito respeto, que Dios le inculca a su pueblo en medio de las características de su pensamiento precientífico. Pero es el respeto inculcado por Dios a su pueblo sobre los misterios de la vida: "Hay cosas que te superan; hay cosas, que hay que saber cuidar; hay cosas de las que es mejor mantenerse un poco a distancia, respetar, venerar".
A alguien le aparece una enfermedad extraña: hay que saber respetar, venerar. En la sangre hay que saber respetar. El que ha tocado un cadáver, queda impuro; algo raro ha pasado. Así razona la ley de Moisés: "Algo raro ha pasado, algo distinto. Espérate, no tomes la vida y la muerte de cualquier manera".
A mí me llama la atención esto, porque el tiempo en el que nosotros vivimos, es un tiempo, que ya no tiene nada sagrado, que ya no tiene nada que cuidar. Nuestro ritmo de vida es incapaz de detenerse y de tomar distancia frente a los misterios de la vida. Todo se puede manipular, todo se puede manejar, todo se puede administrar.
En la ley de Moisés, lo que se quiere es que la comunidad sepa contenerse: "Espera, porque en tu vida suceden misterios". Yo quisiera, hasta cierto punto, que nosotros recuperáramos un poco eso. No son solamente procesos biológicos: que vivió y luego se murió, o que se enfermó y luego se curó, o que tuvo un hijo.
Los ritmos del cuerpo, eso que sucede en tu cuerpo, la enfermedad también, el dar a luz, en ellos hay un misterio. Yo pienso que en ese sentido es hermoso.
La purificación, por tanto, es el acto de salir, es el momento de salir de esa reflexión, de esa especie de retiro, de esa conciencia de que algo distinto me ha pasado. Cuando se habla de la purificación de la Virgen, entonces, no es que Ella estaba impura y la purificaron, sino lo que se está diciendo es: Ella estaba viviendo intensamente un misterio.
En el retiro, en la soledad, vive el misterio del nacimiento de Cristo. Y hoy vemos cómo Ella sale de esa especie de retiro, va al templo, ofrece a Jesús y se integra en la comunidad. María ha vivido en estos cuarenta días el misterio; intensamente lo ha vivido: "No es cualquier cosa lo que me ha sucedido. Algo ha pasado en mí, he vivido algo, llevo algo por dentro".
María asimila ese misterio, lo integra, lo asume profundamente, y ofrece a su Hijo en el templo, así como después lo ofrecerá, lo presentará para todos nosotros en el momento de la Cruz. Porque el nuevo templo es la Cruz.
Entonces, ¿con qué nos quedamos de esta enseñanza? Lo primero, cuando nosotros leamos en la Biblia de purificación, o de impureza, no siempre es pecado. Muchas veces se refiere a los acontecimientos que marcan profundamente la vida. Esta es una enseñanza que nos ayuda a entender mejor el Antiguo Testamento.
Segunda enseñanza, la ley de Moisés mandaba esos ritos de purificación, sobre todo, porque quería que la gente tuviera conciencia de los misterios. Cuando suceden cosas, como el dar a luz, o como el período y ritmo de la mujer, o como un cadáver que no encuentro, o como una enfermedad que no entiendo, ahí hay algo profundo, ahí hay algo misterioso.
Misterio, que no significa que no se pueda estudiar, ni que no se pueda saber, sino es algo que me reclama una actitud de veneración, una actitud de respeto.
Yo quedo, por ejemplo, muy descontento de la manera como se tratan todas estas cosas de las mujeres en la publicidad; es algo que a uno le da pesar. Una cantidad de muchachitas y una cantidad de modelos, que salen ahí en las propagandas de la televisión a todas horas, siempre para darnos el mismo mensaje.
Y el mensaje es: "Mi ritmo de vida no me lo interrumpe nadie. Yo soy la misma y hago lo que quiera, cuando quiera. Tenga o no tenga período, yo hago lo que quiera y como quiera". Es decir, para esa publicidad, el ritmo de la mujer es un estorbo. Lo único que significa el período de la mujer en esa publicidad, es precisamente un estorbo.
Y viene la tecnología a decirle: "Eso no le importe a usted; nosotros le arreglamos el problema". Como quien dice: "Usted, mujer, tiene un problema mensual; yo le arreglo su problema, para que usted haga lo que usted quiera, cuando usted quiera." ¡Qué profanación!
¡Qué profanación! Yo no digo, que no se pueda tener esa tecnología, y que no se puedan tener sus soluciones para las mujeres. Lo que digo es: ¡Qué manera de tratar a la mujer! ¡Qué manera de tratar el cuerpo de la mujer! "Usted tiene un problema, yo le quito su problema". ¡Qué manera de tratarlo!
La Biblia nos invita a otra perspectiva: "Tú no tienes solamente una incomodidad; hay un misterio vital, hay un misterio de vida que está sucediendo en ti". Y así como María en este retiro después de dar a luz, así también en esos otros momentos vitales, la invitación de la Biblia es: "Mira, descubre, valora, venera. ¡Venera esa grandeza de misterio que hay en ti!"
Una sociedad, que sabe venerar, que sabe respetar, que sabe hablar con pudor y con cariño, con veneración, de los misterios de la vida, es una sociedad que también respeta la vida misma, es una sociedad que valora, es una sociedad, en donde la vida encuentra su lugar.
Y por eso yo creo, que es una mentalidad hermosa para nosotros todos, hombres y mujeres, frente a la enfermedad, frente a la muerte y frente a los ritmos de la vida, una actitud distinta, una actitud de cariño, una actitud de silencio, de respeto, de veneración, de amor. Esa es una revolución, que tiene que transmitirse. Esto es muy importante.
Bueno, ustedes extrañarán de pronto un poco de esta predicación, lo que resulta uno diciendo en una homilía. Pero es que todo lo enseña la Biblia. Y estas cosas son necesarias, porque muchas veces las mamás no saben cómo enseñar esto a sus hijos, o particularmente a sus hijas.
No hace mucho, me contaba una mujer sobre cómo había vivido el comienzo de su desarrollo, y me decía: "Cuando eso me sucedió, entonces mi mamá me dijo: ¡No! Vaya y hable con su hermana mayor, a ver, que le enseñe a arreglar eso". ¡No! No puede ser así. La Biblia nos invita a otra cosa.
Esa actitud es distinta; tiene que ser una actitud de un cariño, de un respeto. La madre ante la hija, el padre ante la hija, el hermano ante la hermana, tienen que tener una actitud muy diferente, una actitud realmente de veneración: "En mi hermana está sucediendo un misterio de vida, un misterio que la deja abierta a la vida, a la posibilidad de la vida".
Eso es maravilloso, eso es muy grande, eso provoca en nosotros una actitud de la distancia que implica el respeto.
Yo creo, que si un muchacho se ha acostumbrado a mirar así a la hermana, a mirar así a la mamá, cuando ese muchacho tenga novia, la mira en primer lugar como el lugar de la vida. ¡Y se mira tan distinto a la mujer!
En cambio, la muchachita esa brincona, las muchachitas brinconas que salen en la televisión y a las que nada las detiene, porque ellas pueden hacer lo que quieran cuando quieran, van generando una mentalidad, que es: "Ah, bueno, ésta se puede usar cuando sea".
Y cuando un muchacho llega a un noviazgo con esa mentalidad, ¡qué pobreza de noviazgo! Llega a utilizar a la mujer, no llega a quererla, no llega a venerarla; llega a utilizarla.
Hermanos, la Biblia tiene una espiritualidad de la vida, una espiritualidad de la sangre y una espiritualidad del sexo humano. ¡Una espiritualidad tan linda! El sexo para la Biblia, todo lo que tiene que ver con la vida, con la procreación, no es un asunto de usar y botar. Es un misterio, es un regalo de Dios, es algo que engendra cariño, distancia, admiración, veneración.
Y nosotros necesitamos mucho eso, necesitamos recuperar esa dimensión linda de la vida, de la sexualidad, de la sangre; tener esa actitud limpia, cariñosa, esa actitud hermosa.
Así se forman noviazgos distintos; así se aprende a querer especialmente a la mujer; así se aprende a venerar el misterio de la vida y de los hijos; así la familia queda unida en torno a la presencia sagrada de Dios, que da la vida.
Así nosotros, lo mismo que José y María, tendremos esa actitud de retiro y de interioridad, para también ofrecer nuestras vidas a Dios.