Pres004a

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Fecha: 20010202

Título: Nadie puede estar tan escaso que no le pueda dar algo a Dios

Original en audio: 36 min. 31 seg.


Mis Hermanos:

Una de las maravillas de creer en Jesucristo es descubrir cómo Dios, en cosas pequeñas, tiene grandes mensajes.

Lo que sucedió aquel día fue relativamente sencillo: José y María estaban cumpliendo con una prescripción, una norma de la Ley de Moisés: “todo primogénito varón será presentado ante el Señor” San Lucas 2,22-23.

Y fueron con Jesús al Templo, y allá lo ofrecieron como tantas familias israelitas ofrecían a sus hijos varones, algo muy sencillo, pero también algo que Dios llenó de significado y de belleza.

Vamos a tomar algunas enseñanzas estirándolas de la lectura que hemos escuchado en este día. Simeón, un hombre anciano, se encuentra con el niño Jesús, Jesús tenía unos cuarenta días de nacido, es por esta razón por la que esta fiesta se celebra el dos de febrero, cuarenta días después de la Navidad.

Entonces Simeón tomó a ese bebé y dijo esa hermosa alabanza “Ahora Señor según tu promesa puedes dejar a tu siervo irse en paz” San Lucas 2,29.

Simeón encontró a Jesús, un hombre anciano encontró a un niño; Jesús en un anciano, y en sus manos de anciano, en sus brazos de anciano tomó al Niño Jesús, encontró a Jesús, abrazó a Jesús y sintió su descanso; toda una vida de trabajo, toda una vida de lucha, pero encontró a Jesús y con Jesús encontró su descanso.

Primera enseñanza para nosotros: encontrar a Jesús es encontrar el descanso, tomar a Jesús en nuestros brazos, porque hay una cosa muy bella, cuando tú tomas a Jesús en tus brazos, Jesús te toma en sus brazos; si tú sostienes a Jesús, Jesús te sostiene a ti.

Hay muchas maneras de tomar en los brazos a Jesús. Como Jesús te habla a través de su Palabra, si tú tomas por ejemplo la Palabra de Jesús, la Biblia sobre todo y especialmente el Evangelio, si tú tomas la Palabra de Jesús y la cargas, la Palabra de Jesús te carga a ti. ¿No es hermoso eso?

Jesús nos enseñó en una ocasión esto: “Eso que hicisteis a mis humildes hermanos, a mí me lo hicisteis” San Mateo 25,40.

Esto quiere decir que cuando tomamos en nuestras manos y en nuestros brazos a los pequeños, a los enfermos, a los ancianos, a los encarcelados, a los pobres, a todos esos que está unidos a Jesús, porque Él lo dijo. “lo que hagáis a uno de estos, a mi me lo hacéis” San Mateo 25,40.

Cuando tomamos a uno de esos, cuando levantamos a uno de esos, Jesús nos levanta a nosotros; es otra manera de cargar a Jesús. Hay una presencia de Jesús que es la más perfecta que existe en esta tierra, es la que estamos celebrando, la Eucaristía.

Cuando nosotros tomamos a Jesús, a Jesús Eucaristía y lo abrazamos y lo amamos y nos lo comemos, Jesús nos toma y nos abraza y nos ama y nos come. Así enseña San Agustín: “cuando tú comes carne, y la carne que tú comes se vuelve la parte de tu cuerpo, pero cuando tú te comes a Jesús, tú te vuelves parte del Jesús que te comes”

Al comulgar sucede al revés que con la comida ordinaria, con la comida ordinaria lo que yo como se vuelve "yo con Jesús", cuando yo comulgo me vuelvo El; yo me como a Jesús y es como si Jesús me comiera, porque yo me vuelvo Él; cuando yo sostengo a Jesús y Jesús me sostiene.

Primera enseñanza de hoy: “hay que sostener a Jesús, hay que cargar a Jesús, abrazar y amar a Jesús, levantar a Jesús y Jesús me levanta, me sostiene, me carga y me ama.

¿Qué más podemos espigar en este texto? Dice el evangelio que hemos escuchado que José y María ofrecieron la ofrenda que manda la Ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones. Si nosotros buscamos en la Ley de Moisés, está en la Biblia este pasaje, nos encontramos con este libro.

Lo que había que ofrecer era un cordero o un cabrito, sin embargo la Biblia dice, "pero si la familia es muy pobre, entonces se ofrezca un par de tórtolas" Levítico 12,7. La familia de Jesús ofreció la oblación de los pobres, pues José y María eran pobres y ofrecieron lo que podían ofrecer los pobres.

De aquí podemos tomar varias enseñanzas: “nadie puede estar tan escaso que no le pueda dar algo a Dios”; no hagamos de nuestras limitaciones, de nuestra pobreza económica, afectiva, intelectual, no hagamos de nuestra pobreza un pretexto para hacer egoístas con Dios.

La Ley de Moisés dice, ¿si es pobre, que entonces no ofrezca nada? ¡No, señor!; si es pobre, ofrezca lo que pueden ofrecer los pobres, ofrezca de acuerdo con su capacidad, ofrezca de acuerdo con sus circunstancias, pero ofrezca, dele a Dios, invierta en Dios.

Haga el experimento de invertir de su dinero, de su inteligencia, de su alegría, de su honor en Dios; no diga "tengo poco", sino piense, "de lo poco que tengo que es lo que le voy a dar a Dios", esto es lo primero que tenemos que aprender con respecto a la ofrenda.

Dios nunca patrocina la negligencia, la pereza: "es que tengo poco, pues cultive lo poco que tiene", "es que yo puedo poco, aporto de lo poco que puedo"; es que no tengo mucho, de de acuerdo con sus circunstancias.

Es la misma idea que Cristo expresó en otros pasajes. Desde luego, estamos pensando en aquella parábola de los talentos: el que tenía poquito y dijo: "yo con esto poquito, ¿yo qué voy a hacer?, con esto no puedo hacer nada", y recibió reprimenda, regaño.

Lo poco tuyo puede dar, puede rendir, puede crecer, no te detengas porque eres pequeño, y no pienses que tu pobreza te hace solamente capaz de recibir, tu pobreza también te hace capaz de dar.

Tienes poca inteligencia, ¿qué quiere decir eso? Que entonces yo no puedo predicar, yo no puedo leer, yo no sé orar, y yo sólo sirvo para tomar cerveza y oír música de carrilera, ¿porque qué mas voy a hacer si soy bruto? Pues con tu pequeña inteligencia tú puedes entender esta canción que dice: “Yo te alabo con el corazón, yo te alabo con mi voz”.

Esa canción yo la he oido cantar por niños de cinco o seis años. Tu tienes suficiente cabeza para entender la letra de una canción que dice: “en una cantina la encontré, y que si no quiere le vas a cortar la cara”. Si la cabeza te da para entender esa letra, esa misma cabeza te da para entender: “y si me falta la voz , yo te alabo con las manos", y todo lo demás.

Tu problema no es de cabeza, tu problema no es de inteligencia, con una inteligencia así de chiquita se puede alabar a Dios, con una inteligencia así de chiquita se puede hacer mucho bien, pero hay que cultivar la inteligencia, y muchas veces Dios toma a personas que parece que no tuviera mucha inteligencia y les da una gran sabiduría.

Mientras que hay otras personas que tienen mucha inteligencia que no les sirve sino para medir el tamaño de su desgracia y para descubrir que su corazón está vacío.

No vuelvas a decir "es que no tengo inteligencia, por eso mi destino es la vulgaridad, la obscenidad, y los vicios". Con tu pequeña inteligencia puedes hacer grandes cosas; "yo no tengo mucha simpatía, no soy una persona que tenga facilidad de palabra", puede decir alguien; "no tengo manera de ganarme a la gente".

"Yo veo personas que tienen una gran capacidad de ganarse a la gente, pero yo no tengo esa capacidad, soy insípido como una sopa; no sé cómo ganarme a la gente, yo no sirvo para el Evangelio, no tengo simpatía, no se me ocurre un chiste, si lo echo es para aburrirlos y ya todo el mundo se los sabe"; "soy feo como un camión por debajo, no tengo gracia, no tengo simpatía, no sirvo para el Evangelio".

"¿Eres pobre?" "Sí, en mi capacidad para mi relación soy muy pobre, no sé cómo llegarle a las personas" ¿y qué haces con tu pobreza?" "Pues no me meto con nadie, me aislo y me llamo cusumbosolo, como no me puedo relacionar con nadie, soy cusumbobosolo".

"-¿Y ¿qué haces en tu soledad?" "-Pues me gusta pensar las cosas, me gusta reflexionar"."-¿Tus reflexiones no hacen más profundas tus palabras? Tal vez tú no estás llamado para una predicación para grandes multitudes, pero tal vez tú eres el mejor consejero que existen en esta ciudad, tal vez sí tienes una gran capacidad de escucha.

Si tomas tu defecto, tu falta de simpatía y la conviertes en una oportunidad para escuchar a cada hermano que se acerque a ti, para comprenderlo, para acogerlo, para amarlo y luego le regalas una palabra de consejo, entonces tu estarás haciendo una obra magnífica, aunque seas muy pobre en las relaciones interpersonales.

Tú puedes tomar tu misma timidez y convertirla en humildad, sonrisa, capacidad de acogida, amor, ternura para el que está cansado, y seguramente un consejero muy sabio, no pienses que eres un inútil,

Un último ejemplo sobre este tema: "estoy postrado en una cama, estoy muy enfermo, ni siquiera puedo hablar bien, ¿de qué sirve mi vida?" ¡Un momento!, tú tienes dos posibilidades, postrado en esa cama tú puedes escoger.

¡oyeme!, la grandeza del corazón humano, debes escoger, debes elegir, "¿pero qué puedo elegir si ya estoy tirado en esta cama, en esta maldita y desgraciada cama, si estoy aquí tirado para que yo pueda escoger?"

No se me adelante, tampoco se me atrase, usted sí puede escoger. ¿Ha hecho una visita por un hospital? Es una cosa que le trae enseñanza a todo el mundo, ¿usted ha hecho visitas de amor en un hospital?

Si no lo ha hecho, permítame, ¿qué encuentra uno? Dos personas comparten una habitación, las dos están postradas en la cama, una empieza el día y apenas llega el primer rayo de sol echa la primera maldición: "este es otro desgraciado día", seguido de varios improperios.

Esa persona que empieza el día maldiciendo hizo una elección, incluso aunque no la diga con sus labios, ya ahí ya hizo una elección, porque la persona que está ahí al lado tiene otro rostro, tiene otra expresión, tiene otra manera de ver, y esa persona que está en la cama de al lado demuestra que uno escoge y esto se nota especialmente cuando llegan las desgracias.

En la última Navidad estuve en misiones en una zona que vivió desgracia en Armenia. ¡Cuántos hogares incompletos visitados por la muerte! Mirando personas y oyendo una y otra vez familias, niños, jóvenes adultos, ancianos, me di cuenta que nosotros escogemos.

La desgracia fue tal vez igual para todos, eso lo ve uno a cada rato; vi personas que lloraban, dos años llorando, maldiciendo, amargándose, criticando, y vi personas que llevaban dos años de amor, de sonrisa, de solidaridad, de ayuda, y dos años después del terremoto, eran mas cristianos que los cuarenta o cincuenta años antes del siniestro.

Esos dos años de desgracia los habian hecho crecer y eran y son verdaderos rascacielos, verdaderos monumentos a la solidaridad, al amor, a la generosidad; gente grande que aprovechó una desgracia para crecer; escogieron crecer, otros escogieron maldecir, criticar, renegar.

Tu tienes la capacidad de escoger: A estas alturas de mi vida, y no os creo yo que sea muy anciano, he visto gente soltera con bastantes años, solteras con años sin tren, y solteras con años, sin tren y sin humo; he visto gente que quería casarse y no pudo casarse y por consiguiente, ¿qué hicieron?

Empezar a creer en la reencarnación, de pronto en la otra vida, se sentaron al borde del camino a llorar: "no me llegó mi príncipe", y sueltan el llanto, y he visto otras personas que no les llegó su príncipe, ¿y qué descubrieron? Otros caminos, no detuvieron su vida ahí, ¿o es que vas a llorar toda tu vida lo que no te llegó?

He visto gente que perdió hijos. Hace unas semanas tuve la predicación más difícil de toda mi vida, de una mujer que estaba enterrando su segundo hijo por una terrible enfermedad.

He visto eso, he visto gente que después de pasar por una experiencia de violación, se dedicó a odiar y a amargarse y a suicidarse, y he visto gente que después de una violación, creció y se afianzó y descubrió otras facetas y otras dimensiones.

He visto gente que perdió al esposo y se hundió, y he visto gente que perdió al esposo y desde esa experiencia de soledad, descubrió otras claves de amor; he visto gente que ha perdido a la suegra y se alegró, y gente que perdió a la suegra y se entristeció, claro, de todo se ve, tú puedes escoger.

¿Qué hago para que entiendas que tú puedes escoger? Mira, no eres el primer ser humano que le pasa lo que te está pasando, no eres el primero ni vas a ser el último.

He visto hombres que les fracasó el matrimonio y llegaron a una conclusión, "ahora ábrame ese balón de fútbol, meta ahí el Catecismo de la Iglesia y déle una patada; la Iglesia no sirve para nada, el matrimonio no sirve para nada, conclusión, yo tengo derecho a rehacer mi vida".

Las palabras de Jesús y del Evangelio, a la porra, yo no puedo con eso, reniego de eso, y entonces que venga la próxima..." He visto eso, y he visto hombres a los que le han fracasado el matrimonio, y desde ahí han descubierto, parece increíble, la fe, la oración el amor la amistad, la castidad.

También si somos pobres, demos, porque la ofrenda del pobre Él la bendice.

A Él honor y gloria.

Amén.