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Fecha: 19970202
Título: ¿Que significado tiene la fiesta de la Presentacion del Senor?
Original en audio: 12 min. 57 seg.
Hermanos:
Como ya sabemos, la Iglesia celebra hoy, dos de febrero, la Fiesta de la Presentación del Señor. Siguiendo los datos que nos da la Sagrada Escritura, la Ley de Moisés prescribía que hubiera un espacio de cuarenta dìas entre el nacimiento de un niño y su ofrecimiento al Señor, y por eso cuarenta dìas después de la Navidad, celebrada el venticinco de diciembre, estamos hoy contemplando a Cristo que entra como Luz verdadera en el Templo de Jerusalén.
Era el mismo Templo en el que por generaciones y generaciones se habían ofrecido sacrificios, el mismo Templo que había escuchado las oraciones, los ruegos, suplicas de perdón, acciones de gracias de muchos israelitas; era el mismo Templo en el que la ofrenda del pueblo de Israel, como una especie de primicia de las ofrendas de la humanidad, levantaba sus brazos y sus ruegos al Dios Altísimo.
Pues bien, como una especie de conclusión de esas ofrendas, de resumen de esas oraciones, de sumario de todo lo que el corazón humano puede suplicar, de todo lo que se puede agradecer, como una especie de unidad en la que se condesan todas las intercesiones y todos los movimientos del alma humana hacia Dios, hoy es Cristo mismo quien entra a ese Templo.
Para ser, desde ese momento y hasta el altar de la Cruz, la ofrenda viva, la ofrenda perfecta, y digo más, para ser Él mismo el nuevo Templo en el que toda la humanidad, el universo entero presentaría a Dios el sacrificio como es debido: en espíritu y en verdad.
Los judíos llamaban a ese tiempo de cuarenta días la "purificacion". Se decía que la madre después de parir necesitaba un tiempo para purificarse. Esta palabra requiere un comentario: no quiere decir que el niño recién nacido hubiera ensuciado a la mamá, ni que María Santísima, Madre de Jesucristo, tuviera que limpiar su corazón, su cuerpo, su vida, de alguna mancha.
La palabra purificacion indica en la Ley de Moisés aquello que hace que algo sea puro, pero la noción de pureza que ellos tenían es lo que hoy llamamos una pureza ritual, es decir, cuando alguna ofrenda, un animal, una persona; cuando algo entra en una situación existencial nueva, extraña, se dice que necesita ser purificado.
Y por eso todo lo que rodea el milagro de la vida humana, en el cuerpo, en el tiempo, en el espacio; todo lo que rodea el origen de la vida humana que es, por decirlo así, sacro, santo y que implica desde el fondo la existencia del corazón humano, ellos decían que necesitaba ser purificado.
Creo que la palabra que se aproxima en castellano actual es: hay que esperar que la situación vuelva a ser normal.
El tiempo de purificación no era el tiempo para limpiar a nadie, sino era el tiempo para esperar a que la situacion volviera a ser normal, y ese fue el tiempo que hubo que esperar para presentar esta ofrenda.
Jose y María se acercan al Templo de Jerusalén. Es Lucas quien nos narra este acontecimiento y advierte qué fue lo que se ofreció por Cristo. Aquí también necesitamos otro comentario, ¿cuál era el sentido de esta presentación?
La Ley de Moisés prescribía que los primogénitos fueran presentados ante el Señor; no tenemos los detalles completos acerca de cómo era esa presentación, pero la idea es que los papás llevaban al niño ante alguno de los sacerdotes del Templo de Jerusalén, y el sacerdote acogía a ese niño y la ofrenda que presentaban los papás.
Por decirlo con el leguaje de la Biblia, la ofrenda que se presentaba era como la manera de rescatar al niño, y entonces el sacerdote recibía la ofrenda, la presentaba en sacrificio y lugar del niño, en lugar del primogénito y devolvía el niño a los papás.
¿Cuál era el sentido de este rito, y por qué se realizaba con el primogénito de las familias? El sentido era, según parece, recordar a los padres, no con palabras, sino con estos gestos, que la vida proviene siempre de Dios.
Cuando ellos presentaban sus primogénitos hacían lo mismo que cuando ofrecían las primicias de su cosecha, que sirve para recordar al agricultor que aunque la tierra es la que da el fruto, y aunque el trabajo hizo posible la cosecha, en el fondo todo viene de Dios.
Es el mismo sentido que tiene la ofrenda que nosotros los cristianos damos en nuestros diezmos a la iglesia; lo primero que hay que separar para ofrecer a Dios es el diezmo, esa es la parte que hay que asegurar, porque es la manera de recordar que aunque nos hemos esforzado trabajando, el poder trabajar, el tener inteligencia, el poder y la fuerza para hacerlo, nos ha venido de Dios.
Y por eso se presentaba al primogénito al Señor, así como Ana en el Antiguo Testamento ofreció a su hijo Samuel, lo dejó al servicio de Dios en el Templo y se devolvió sola a su casa. Como una especie de acto de misericordia Dios acoge esta ofrenda del primogénito, pero para que la familia pudiera llevarse a su primogénito, dejaba simbólicamente una ofrenda.
Había las ofrendas de los que tenían bienes, rebaños de corderos o cabritos, y la de los pobres, un par de tórtolas o pichones, dos pajaritos de los que se compran por nada en el mercado, o de los que el mismo pobre puede coger en cualquier parte.
Hermanos, esto fue lo que José y María ofrecieron por Jesús; presentan su Niño a Dios, y en el momento de la ofrenda, ellos ofrecen su propia pobreza, dan la ofrenda de los pobres, era una familia necesitada.
Tiene su enseñanza este hecho. Esta familia que presenta la ofrenda de los pobres, en realidad esta regalando a su Hijo, porque Cristo, ofrecido al Padre en este dia en el Templo, luego se ofrecerá fuera del Templo y fuera de Jerusalén, en la Cruz, para la salvación de todos nosotros.
Seguramente la mamá, María, era la que llevaba al Niño, y es hermoso meditar en que fueron los brazos de María los que sostuvieron a ese Niño, y que luego los brazos de este anciano del que habla el evangelio, acogieron a ese Niño. Ella una mujer joven, él un hombre anciano: dos abrazos para Jesucristo, el abrazo de María la jovencita, y el de Simeón el anciano.
En el de Maria, la Virgen, está aquello que está brotando, comenzando; en el de Simeón está una vida que extiende trabajosamente sus manos hasta acoger la salvación.
Los brazos cansados de Simeón son una imagen de la esperanza que todo el Antiguo Testamento tenia, porque todos los Profetas quisieron abrazar a ese Niño y no lo pudieron hacer; todos los profetas en sus palabras, llantos, profecias; todos los reyes y sabios del AntiguoTestamento alargaban sus manos hacia Dios, pero no pudieron tocarle.
Sólo los brazos de Simeón, como en representación de todo el Antiguo Testamento, pueden no sólo extenderse sino abrazar a ese pequeñito en el que está la salvación del universo.
Y de los brazos temblorosos, cansados y ancianos de Simeón, Jesús vuelve a los brazos jóvenes, bellos, fuertes de María. Porque Ella es el comienzo de la Nueva Alianza, porque en Ella empieza el universo nuevo.
Pero no será ese el último abrazo que recibe Cristo, porque de los brazos de María un día el Señor tendrá que pasar a los brazos de la Cruz y será en esa Cruz donde se selle la Alianza nueva y eterna, la Alianza en la que se perdonan los pecados y en la que todas las figuras del Antiguo Testamento alcanzan su realización definitiva.
Extendamos también nuestros brazos, hermanos, brazos quizá cansados como los de Simeón, quizá jóvenes como los de María, quizá dolidos como los de la Cruz.
Extendamos nuestros brazos y nuestras manos a este Cristo, acojámosle para poder decir con Simeón: "Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz" San Lucas 2,29, ahora tu luz ha brillado ante mis ojos, ahora tu fuego ha caldeado mi corazón".
A ti la alabanza por los siglos de los siglos.
Amén.