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Fecha: 19980416
Título: La gloria de Dios y el plan de Dios aparece en lo mas humilde, en lo mas pequeno
Original en audio: 2 min. 12 seg.
El precioso discurso de Pedro, que hemos escuchado en la primera lectura, relaciona el esplendor del milagro con la gloria de Jesucristo, el que había sido crucificado. De este modo, se trata no solamente de un prodigio, no se trata de un poder, se trata de la gloria.
Ser cristiano, en buena parte, es comprender la diferencia entre lo que es prodigio y lo que es gloria, lo que es alabanza de Dios. Porque lo extraño del milagro, o mejor, lo que Pedro quiere que sea el centro del milagro es, que invocando a una persona que murió como criminal, otro reciba salud.
Pedro quiere que se extrañen más de eso, que del hecho mismo de que un paralítico empiece a andar y saltar.
Lo verdaderamente extraño es, que habiéndole hablado de un muerto, habiéndole hablado de un condenado, habiéndole hablado de un proscrito, este hombre haya alcanzado salud. Y por eso, la salud de ese hombre se convierte en gloria de Ése que estuvo crucificado y que vive resucitado de entre los muertos.
De este modo, este acontecimiento no es solamente un acto de misericordia, no es solamente un milagro, sino es el comienzo de una obra de evangelización. Se está hablando de Alguien que fue condenado pero que da libertad, entonces la libertad que concede Ése, que se supone que era condenado, es alabanza suya y es puerta para el Evangelio.
Es el mismo lenguaje que utiliza después San Pablo: "No me avergüenzo de la cruz; ella es fuerza de Dios y sabiduría de Dios" Carta a los Romanos 1,16.
Haciendo que el ser humano apele como a lo más humilde, a lo más pequeño, a lo más despreciable, a lo último, se logra que de allí aparezca la verdadera gloria de Dios y resplandezca el verdadero plan de Dios.