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Fecha: 20110425
Título: El gran fruto de la muerte de Cristo y de la Resurrección de Cristo es que nosotros podamos recibir el Espiritu Santo
Original en audio: 4 min. 26 seg.
Estamos empezando una semana muy especial que tiene ese nombre quizás poco conocido, poco familiar, a esta seman la llamamos una "Octava".
En el año litúrgico cristiano tenemos dos octavas: la Octava de Pascua y la Octava de Navidad. Octava, alude a ocho días seguidos, en este caso, de domingo a domingo, eso equivale a ocho días, lo mismo en la Navidad: son ocho días desde el veinticinco de diciembre inclusive, hasta el primero de enero inclusive. Es decir, como que la Navidad se prolonga por una semana más, como que la Pascua se prolonga por una semana más.
Son las dos únicas dos octavas en el calendario litúrgico actual. Y es bueno ver la relevancia que tienen estos dos grandes misterios, el primero que tiene sabor de encarnación: es Cristo entrando a nuestra historia, asumiendo lo nuestro, humillándose, y desde el silencio, la pobreza y la bondad, manifestando al Dios-Amor. Y luego la Pascua: es Cristo saliendo de esta tierra, saliendo por la puerta del dolor, por la puerta de la humillación, por la puerta del rechazo.
Así que hay un gran paralelo pero también una gran diferencia, porque una octava se refiere a la entrada de Cristo, y la otra octava se refiere a la salida de Cristo.
¿Qué lecturas vamos a tener durante estos días en que el tono es de Pascua? En cierto sentido, es como si estuviéramos en una gran fiesta; así como en los pueblos hay "ferias y fiestas" y siempre son varios días con distintas actividades, pues también litúrgicamente sucede algo parecido: estas son las ferias y fiestas de Cristo Resucitado.
Es tan grande lo que queremos celebrar, que no alcanzamos a decirlo y a celebrarlo y a gozarlo y a cantarlo todo simplemente en un día; necesitamos varios días, y por eso está esta octava.
Pero a diferencia de las fiestas mundanas, las octavas y las celebraciones litúrgicas no sobrecargan el organismo y no dejan sentimientos de culpa en la conciencia. La alegría cristiana está llena de pureza y de santidad, la alegría cristiana está llena también de la guía de la Palabra del Señor.
Es decir, el primero que tiene que alegrarse es nuestro entendimiento; tenemos que alegrarnos de conocer, de poder entender siquPera un poco de la grandeza del amor divino.
Cuando hablamos del entendimiento y de la Palabra, pues en el caso de la octava nos referimos sobre todo a la secuencia que llevan estas lecturas. Lo que vamos a oír, como ya empieza el día de hoy, lunes de Pascua, es fundamentalmente el discurso del Apóstol San Pedro el día de Pentecostés.
Es decir, durante estos días la primera lectura está tomada casi siempre de Hechos de los Apóstoles, capítulo dos. Lo vamos a ir leyendo poco a poco. Porque efectivamente, el gran resultado, el gran producto, el gran fruto de la muerte de Cristo y de la Resurrección de Cristo es que nosotros podamos recibir el Espíritu Santo.
Es decir, la Pascua viene a ser como romper el muro que nos separaba de Dios; y por consiguiente, roto ese muro, pues queda el torrente del amor divino, y ese torrente es el don de su Espíritu Santo.
Así que preparémonos para saborear durante estos días: Hechos de los Apóstoles, capítulo dos, y entender que el don del Espíritu es el fruto más grande de la Pascua.