Pasion de Cristo 33

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Fecha: 20070926

Título: Jesus resucitado da el Espíritu Santo a la Iglesia.

Original en audio: 17 min. 56 seg.

San Juan 20, 19-23

                                     CONTINUARÁ LA REVISIÓN

Mis Amigos muy Queridos:

Nosotros meditamos en la Pasión de Cristo, meditamos en su dolor, meditamos en su muerte, pero sabemos también y proclamamos con voz muy alta y clara que la muerte de Cristo no es el final de esta historia.

Jesús, con su muerte, estaba como presentando la ofrenda máxima. Hay que mirar la muerte de Cristo como una Eucaristía, y hay que mirar cada Eucaristía, en unión con el misterio de la muerte de Cristo; Jesús hace la ofrenda, Él es el Sacerdote, Él es el Altar, Él es la Hostia, ha entregado la ofrenda, y esa ofrenda tiene un efecto maravilloso, porque esa ofrenda santifica.

¿De dónde viene la palabra sacrificio? Viene del latín, quiere decir sacrum facere, “hacer sagrado”, “hacer santo”. El efecto propio de los sacrificios, es purificar, es santificar; purificar es hacer puro, santificar es hacer santo; un sacrificio es un modo de limpieza, es un modo de ofrenda. Pero claro, se queda muy pequeño si únicamente depende de nuestra voluntad y de nuestro esfuerzo, ¡son tantas las limitaciones que tiene nuestra capacidad de amar!

Yo creo que toda persona que se conozca bien a sí misma, estará de acuerdo cuando afirmamos que el ser humano está marcado por tantos egoísmos, pero tantos, y tantas vanidades, y tantos orgullos, y tantas mentiras, y tantas envidias. Entonces, esta es la tragedia del ser humano, que al presentar la ofrenda, uno mismo se da cuenta de esa limitación que tiene, y por eso la gran pregunta es: ¿Quién podría presentar una ofrenda que nos hiciera gratos a Dios?

En el Antiguo Testamento, que vino a ser como una especie de camino pedagógico para el Cristo que iba a venir, para que nosotros pudiéramos recibir el mensaje, la gracia de este Cristo, en ese Antiguo Testamento había un modo de enseñar eso, y era que los sacerdotes tenían primero que ofrecer sacrificios para purificarse ellos, y después, entonces, ofrecían sacrificios a Isis, por el perdón de los pecados de todo el pueblo.

Nadie tiene esa limpieza, nadie tiene esa pureza que sería necesaria para verdaderamente reconciliarnos con Dios, nadie la tiene, sino el mismo Dios. Y es por eso que Jesucristo, que es Dios como el Padre, ha querido este sacrificio. Y Dios Padre ha querido que su Hijo sea ofrecido en sacrificio, como decimos en el pregón Pascual: “Para rescatar al esclavo, así le decimos a Papá Dios, entregaste al Hijo”.

¿Y el esclavo quién es? Cada uno de nosotros que hemos estado esclavizados por el pecado. Entonces, Jesús entrega esta ofrenda, este sacrificio, y con este sacrificio nos santifica, nos purifica a nosotros, esto es una maravilla, es la maravilla de maravillas, es la fuente de todo nuestro gozo, por eso existe la Pascua, por eso existe la celebración de la Pascua, para que este gozo jamás se apague.

Es hermoso ver en el evangelio según San Juan 20,19-23, cómo la eficacia del sacrificio de la Cruz, parece clarísimamente cuando el Cristo resucitado se manifiesta, se deja ver de los Apóstoles.

Leamos el texto: “Al atardecer de aquél día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas del lugar donde los discípulos se encontraban, por miedo a los Judíos, Jesús vino, y se puso en medio de ellos y les dijo: "¡Paz a vosotros". Y diciendo esto, les mostró las manos y el costado. Entonces los discípulos se regocijaron al ver al Señor” (véase San Juan 20,19-20).

Jesús les dijo: “¡Paz a vosotros!" Como el Padre me ha enviado, yo también os envío. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, estos les quedan perdonados; a quienes retengáis los pecados, estos les son retenidos”(véase San juan 20,21-23). Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Yo amo este texto, porque como que nos muestra todos los frutos de vida, todos los frutos maravillosos, los frutos de santidad, los frutos de cielo, que Jesús trajo para nosotros a esta tierra; ¡y qué digo yo¡, la manera misma como Él levanta nuestra tierra, como Él levanta nuestro barro para que participe de la naturaleza del cielo.

¿Cuáles son esos frutos maravillosos? La clave está sobre todo en Juan 20,22: “Sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo” (véase San Juan 20,22. Ya hemos explicado que el objetivo de un sacrificio es hacer sacro, es hacer santo, al que lo celebra a aquellos por quienes se celebra.

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Precisamente eso es lo que produce el sacrificio de Cristo, eso precisamente, nosotros somos santificados, el mismo amor que recorrió las venas de Cristo, lacarne de Cristo, la boca de Cristo y el corazón de Cristo, ese amor que lo ungió a Él, el día de su bautismo para la misión publica que había de realizar, ése amor que lo consagro a Él, ése amor que los consagro Cristo.

Por que la palabra Cristo, quién decir eso: Ungido, untado en el Espíritu, marcado por el Espíritu, ése mismo amor, ese mismo Espíritu Santo viene sobre nosotros; entonces el sacrificio de Cristo es eficaz, por encima de toda medida imaginable y el sacrificio de Cristo viene a nosotros y nos santifica con la fuerza misma de Dios, por eso aquellos primeros cristianos utilizaban una expresión muy fuerte, decían que nosotros éramos constituidos nuevas creaturas, es una nueva creación, es el Espíritu de Dios que viene para que en nosotros -¡oigan esto que voy a decir¡- para que en nsostros puedan suceder la misma clase de cosas, que sucedían en Jesús.

Por que Dios no tiene dos espíritus santos: uno para Jesús y otro para los seguidores de Jesús, es el mismo Espíritu de Dios, es el mismo y único Espíritu santo que ungió a Cristo, y que a nosotros nos unge; que llega a nosotros en el bautismo, en el sacramento de la confirmación, bueno llega en muchas otras ocasiones, pero creo que hay que destacar estos momentos centrales en la vida del cristiano.

Y el mismo pasaje que hemos leído, nos muestra cuál es el resultado, qué es lo que esto produce, nos dice: “Como el Padre me ha enviado, así también yo los envío”, el Espíritu nos hace misioneros, el amor nos hace testigos, el volumen de amor que recibimos nos pone a hablar, nos obliga a dar testimonio, dice Santa Catalina de Siena: “El alma sintiéndose tan amada, no puede defenderse de amar” ¡qué hermoso¡, y entonces el mismo Cristo que fue enviado, ahora envía; porque el mismo que lo consagro a Él ahora nos consagra, que es el del Espíritu.

Entonces uno de los frutos de este Espíritu es que nosotros somos “enviados”, pero viene algo maravilloso: el perdón, Jesús dice a sus apóstoles: “ A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados”. En alguna parte de los evangelios encontramos que algunos de los que rodeaban a Jesús, cuando perdonó los pecados del paralítico y luego lo curo, y lo primero que le dice Jesús es : “Tus pecados te son perdonados”, y algunos se quedan con una desconfianza, con un escepticismo y dicen: “¿Pero como así, quién perdona pecados sino Dios?”.

Y efectivamente, tenían razón, solo Dios perdona pecados entonces la frase que Jesús dice a los apóstoles no significa menos de esto, que hay una participación en la naturaleza divina, y si esto les parece escandaloso, recuerden que el mismo apóstol San Pedro, lo dice en su Carta: que nosotros somos participes de la naturaleza divina; pero aquí se trata de una participación singular que va a acompañar al ministerio de los apóstoles, ellos son enviados son enviados como testigos del perdón, y como instrumentos del perdón, ellos son señales del amor perdonador de Dios, y ellos son instrumentos del amor perdonador de Dios.

Aquello es lo que nuestra Iglesia Católica llama un “sacramento”, por eso con toda razón nosotros los católicos vemos en Juan 20,23, uno de los textos fundamentales para entender el Sacramento de la confesión. La gente dice: “ ¿Y yo por qué le voy a confesar mis pecados a otra persona?, pero un momento... es que ésa persona ha recibido finalmente de los apóstoles, y de los sucesores de los apóstoles que son los obispos.

Esa persona, ese sacerdote con el que te confiesas, ha recibido por virtud del mismo Espíritu Santo, ha recibido éste encargo de perdonar pecados, ha recibido una misión que es auténticamente divina; entonces es maravilloso comprender cómo a través de esta acción del Espíritu Santo se construye la Iglesia, se construye la misión, se hace posible el perdón y se robustece y se consagra de estos apóstoles y luego de los sucesores de los apóstoles, que serán cabezas visibles de nuestras comunidades, es decir, los obispos.

Por eso en principio el sacramento de la confesión lo debe realizar el obispo, por supuesto dadas las necesidades inmensas, las necesidades pastorales inmensas, desde relativamente pronto en la historia del cristianismo, los obispos delegaron esta potestad también en nosotros sus colaboradores que somos los sacerdotes; nosotros somos colaboradores de los obispos, recibimos en virtud del sacramento del orden y en virtud de la licencia o permiso explicito que nos da el obispo, recibimos esa capacidad, para que ese versículo ( véase Juan 20,23) se haga realidad en cada uno de los que quieran acercarse a recibirlo.

¡Es grande el fruto del Espíritu, todo brota de la eficacia del sacrificio de Cristo, todo brota del amor que lo llevo a Él hasta ése punto¡, y que a nosotros quiere renovarnos como sólo Dios puede hacerlo.

Mis hermanos, con esta meditación, y con este tono de gratitud de alabanza y alegría, terminamos éste ciclo de meditaciones sobre la Pasión del Señor, demos siempre gracias a Dios por ese amor y sepamos que en ése Cristo, en esa fuente inagotable, ahí está nuestra misericordia, ahí esta nuestro ejemplo, ahí esta nuestro camino, ahí esta nuestra salvación.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Estuvo con ustedes Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores; guárdenme siempre en sus oraciones, por favor, para que yo sea siempre fiel ministro del Señor. Amén.