Pasion de Cristo 32

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El Sepulcro Vacío

Tiempo Real en Audio: 20 min. 50 seg.

Fecha: 20070212

Juan 20,1-9

¿Qué nos puede decir hermanos, ése lugar el sepulcro vacío de Jesús? ¿Qué podemos aprender de él, con el que con toda razón llamamos “El Santo Sepulcro”? ¿Hay un mensaje? ¿Hay algo que podamos recibir ahí?

Creo que para encontrarlo primero debemos recordar cual era la costumbre de los judíos para enterrar a sus muertos; porque cuando se habla de sepulcro, muchos podemos imaginar los mausoleos que conocemos en nuestros cementerios, o tal vez la costumbre que hay en muchos lugares del mundo de abrir un hueco en la tierra y depositar el cadáver ahí.

Ciertamente los judíos tenían distintas maneras de tratar a sus muertos, siempre con mucho respeto. En el caso de Jesús, podríamos decir que Nuestro Señor recibió-podríamos decir- lo que era costumbre para la gente pudiente, para la gente adinerada, y la razón obviamente no es que Jesús tuviera cómo pagar ese sepulcro; sabemos de la absoluta generosidad, sabemos del total desprendimiento en el que vivió Cristo, hasta el punto que Él mismo podía decir que no tenia donde reclinar la cabeza.

Y en realidad el único lugar donde pudo reclinar su cabeza, después de entregar toda su vida por nosotros y después de derramar su ultima gota de sangre en la cruz, ese lugar donde reclino la cabeza, ese sepulcro no era suyo sino que alguien se lo presto; el dueño de ese sepulcro era un hombre adinerado, un hombre pudiente de esa época, cuyo nombre es José de Arimatea.

Éste hombre, José de Arimatea que era discípulo del Señor, aunque en secreto por temor a los judíos, había comprado una pequeña propiedad donde estaba ese sepulcro y él lo tenia para el mismo, como muchas personas harían hoy, es decir, asegurarse ése lugar que se va a convertir en su mirada postrera.

Eso había hecho José de Arimatea, pero cuando Jesús muere, éste hombre toma una actitud valiente por una parte y generosa por otra parte. Valiente, porque se atreve a ir donde Poncio Pilato a pedirle el cadáver de Jesús y a pedirle permiso para depositarlo en ese sepulcro que como dije era el sepulcro que él mismo tenia preparado para sí; y José de Arimatea, logro ese permiso y digo que fue una actitud valiente porque hablando así realmente se estaba mostrando como discípulo del Crucificado.

En este sentido José de Arimatea fue más valiente que los mismos apóstoles, puesto que conocemos bien que los apóstoles huyeron, se retiraron de la cruz, y realmente tuvieron temor de ser reconocidos como discípulos de Cristo, el caso más notable de negación de Cristo es lo que sabemos que hizo el apóstol San Pedro, que llego al extremo de perjurar en vano diciendo que jamás había conocido a Jesús.

José de Arimatea en verdad fue valiente, se presento como discípulo del Señor por lo menos en cuanto pidió el cadáver de Jesús, fue valiente y también fue generoso porque ese sepulcro tenia que valer bastante dinero según los estándares de esa época.

¿Cómo era aquel sepulcro? No era algo tan sencillo como un hueco en la tierra, tenia como dos pequeños lugares que eran como sepulcros excavados en la ladera de las colinas o montañas y tenia como dos recamaras, dos pequeños espacios que quedaban conectados pero como separados; entonces fíjense que esa ya significaba que tenia un espacio más o menos notable.

Esas dos recamaras tenían una sola entrada, entonces vamos a llamar la primera recamara la que daba directamente hacia fuera y luego esa quedaba conectada como por una pequeña puerta e iba a dar más hacia la montaña, mas hacia dentro donde quedaba una segunda recamara; entonces la primera era la que daba hacia fuera y la segunda era la recamara interior que quedaba más metida hacia la roca, hacia la montaña.

Observemos este tipo de construcción, o esta clase de diseño que repito no la podía pagar todo el mundo, era realmente el sepulcro de los adinerados de esa época, y de todo se vale Dios nuestro Señor, esa clase de sepulcro vino a significar que el testimonio de los primeros cristianos tuviera una certeza, una autenticidad particular.

Pero no adelantemos los hechos, por ahora lo que sabemos es que eran excavados en la roca, que había una recamara que la vamos a llamar exterior y otra recamara interior y que estaba comunicada con la recamara exterior ¿Y cual era el objetivo de esas dos recamaras? En la recamara interior era donde se dejaba el cadáver; el procedimiento era este: el cadáver se desnudaba, se lavaba, se envolvía en una tela, luego se le ponía una venda a la cabeza sobre todo para asegurarse que la mandíbula quedara cerrada, con mucha frecuencia se ponía sobre los ojos un par de monedas de manera que los párpados quedaran abiertos. Eran pequeñas, piadosas precauciones que muestran que la religión judía tenia o tiene hacia los cadáveres.

Entonces imaginemos la escena: esta el cadáver que se ha desnudado, que se ha lavado, se envuelve en esa tela que se llama el sudario, luego se pone otra tela con la que se ajusta la mandíbula para que la boca quede cerrada y los ojos se quedan como en posición cerrada, toman la precaución de que haya unas monedas para evitar que los distintos espasmos que tiene un cadáver en sus horas posteriores a la muerte y entonces que vayan a quedar los ojos abiertos.

Luego ese cadáver se untaba profusamente, abundantísimamente con sustancias muy olorosa, obviamente con el propósito de evitar y hasta cierto punto enmascarar la subsiguiente corrupción de la carne, entonces envolvían el sudario y se echaba abundante perfume, incienso, mirra, sustancias aromática, cuando decimos que era muy abundante, estamos hablando de 40 o 50 kilos, de esas sustancias con las que el cadáver quedaba allá metido en esa recamara interior.

Ustedes se pueden preguntar entonces para qué era la cámara exterior, el propósito era que cuando se iba a visitar, cuando se iba a hacer oración, pues obviamente la gente no entraba hasta la recamara interior a ver el cadáver, sino que solo entraban hasta la recamara exterior había espacio suficiente para que un pequeño grupo de personas, unas dos o tres personas se pudieran sentar y recitar algunos salmos, hacer un poco de duelo; era como una casita que se hacia ahí para el difunto.

Algo pequeño pero muy digno y así fue el caso con Cristo, ahora bien como Cristo murió un viernes que era víspera de un sábado muy solemne, entonces en los procedimientos, todos estos ritos asociados con el sepulcro, tuvieron que realizarse de una manera muy apresurada; porque para los judíos el día sábado empezaba con la caída del sol del día viernes.

Los judíos contaban los días no empezando como para nosotros es a las 12 de la noche, sino empezando por la caída del sol, entonces cuando cae el sol el día jueves, ya ahí comienza el día viernes, cuando cae el sol el día viernes ya ahí comienza el día sábado, cuando cae el sol el día sábado ahí empieza lo que nosotros llamamos el domingo, ellos llamaban el primer día de la semana.

Según eso como Jesús murió hacia las tres de la tarde, tuvieron muy poco tiempo para arreglar el cadáver porque ya iba a empezar el sábado, con la caída del sol del día viernes empezaba lo que ellos consideraban el día de descanso, el día sábado; y ya no era permitido hacer ningún trabajo, por ejemplo esa especie de embalsamamiento del cadáver no se podía hacer el sábado.

Eso explica porque Jesús fue puesto casi deprisa en ese sepulcro y sin embargo aquí hubo un testigo y aquí es donde yo quiero llegar, hubo un testigo de estos hechos, un testigo entre los apóstoles, el cuarto Evangelista, él nos cuenta en el capitulo 20 del evangelio de San Juan versículos del 1 al 9; nos cuenta como él fue testigo de eso, deque Jesús fue puesto ahí.

Fijémonos como pudo haber sucedido con una gran velocidad, casi vertiginosamente; Jesús muere hacia las tres de la tarde, tienen que llevarle la noticia a Pilato de que ya ha muerto, José de Arimatea pide la autorización para que le den el cadáver, lo preparan de carrera, lo llevan al sepulcro que era de José de Arimatea; todo eso tiene que suceder en el curso de dos horas y media o tres, antes de la caída del sol que pudo se hacia las seis y media de la tarde.

Todo fue muy deprisa pero el apóstol Juan se dio cuenta como el cadáver de Jesús había sido puesto ahí en esa recamara interior del sepulcro que José de Arimatea, había comprado para él mismo, Juan fue testigo de esos hechos, vio como quedaron las cosa, vio como quedo el cadáver, vio como quedo el sudario, vio como quedo la venda con la que le envolvieron la cabeza, él vio todo eso.

La importancia de subrayar que Juan vio todo eso, es porque termino el día sábado, terminaba el día sábado con la caída del sol, pero para ellos obviamente sabían que el cadáver de Cristo, como todo cadáver se iba a corromper y suponían que como todo cadáver –especialmente tratándose de quien era- merecía ser tratado con ese respeto y había que untarle esas sustancias aromáticas y todos esos rituales.

Como no habían podido hacer eso en la prisa del viernes entonces querían hacerlo apenas pasara el sábado, pero el sábado pasaba con la caída del sol, y con esta caída del sol empezaba el que ellos llamaban el primer día de la semana, que nosotros llamamos domingo.

La palabra “Domingo” quiere decir “Día del Señor”, ese no era el termino que ellos usaban, para ellos el día del Señor, era el día sábado. Para nosotros el día del señor es el domingo, el que ellos llamaban el primer día de la semana, precisamente por la resurrección del Señor.

Lo importantes qué es, lo importante es que termina el sábado con al caída del sol, pero ellos ya sin luz no se iban a hacer ese arreglo del cadáver, entonces ellos esperan y sobre todo no ellos, sino ellas “las piadosas mujeres”, esperan que con las primeras luces del alba del primer día de la semana, es decir, el domingo, con las primeras luces del alba, ya están estas mujeres presurosas yendo hacia el sepulcro.

El sepulcro como ya sabemos tiene dos recamaras y la recamara exterior quedaba cerrada con una gran piedra, y la pregunta que ellas se hacían era muy natural: “¿Quién nos va a mover la piedra? –esa piedra que servia como de puerta-.

Llegan ahí y entonces Jesús mismo se les parece- como sabemos- en particular hay una aparición a Santa María Magdalena; corren ellas presusoras hacia los apóstoles y Pedro y Juan van corriendo hacia el sepulcro, Juan llega primero – es más joven, puede correr más rápido- llega primero al sepulcro pero no entra, entonces entra primero Pedro, y él ve lo que está hi y obviamente no entiende nada.

Pero sabemos que Pedro, no había estado cerca de la cruz, no había visto el descendimiento de la cruz, no había visto tampoco cómo había sido preparado el cadáver de Cristo; entonces Pedro no ve nada especial ahí, en cambio Juan entra después de que ha entrado Pedro, y Juan –este es el punto central- nos dice en su evangelio que él vio y que él creyó.

¿Qué fue lo que vio Juan? Lo que vio Juan es que estaba todo como lo habían dejado, todo estaba igual pero no estaba el cuerpo del Señor, y esta es la gran señal de la resurrección, Juan sabía cómo habían quedado las cosas, Juan tenia certeza porque él había estado allí, era testigo ocular, él sabia cómo habían quedado las cosas; y él se da cuenta que está el sudario, que está la venda de la cabeza, todo esta en su sitio donde lo dejaron todo esta igual menos el cuerpo del Señor.

Y eso solo puede significar una cosa, que Él que ese Cristo en ése lugar, en ese sepulcro que por eso llamamos “Santo”, venció la muerte, ese sudario, desinflado pero puesto en el mismo lugar, es decir, esa tela que está como la vio Juan, pero sin el cuerpo del Señor, solo puede significar que Cristo ha vencido a la muerte; porque si alguien hubiese querido robarse el cadáver, pues no se pone todo el trabajo de quitarle todas las telas y dejarlas exactamente en la misma posición y llevarse un cuerpo desnudo, eso no lo haría un supuesto ladrón del cadáver de Cristo, eso no lo haría.

Entonces lo que dice y lo que testifica el sepulcro vacío, para este discípulo amado que es Juan, lo que ese sepulcro vacío le esta diciendo a Juan es que Jesús ha resucitado, ese sepulcro vacío, que Jesús ha vencido a la muerte; porque todo esta igual, menos el cuerpo del Señor.

Cristo ha resucitado, la muerte no ha tenido poder sobre Él, y es maravilloso pensar que desde esa mañana, desde ese primer domingo, nosotros los discípulos de Cristo hemos comprendido que en Él, que en éste Cristo bendito, hay un poder que no puede ser doblegado, ni siquiera por la muerte, toda la iniquidad de la traición de los discípulos, la traición, de los romanos, las injurias y calumnias de los dirigentes judíos; todo eso no ha tenido poder suficiente para frenar a Jesús.

Cristo se levanta del sepulcro, cristo sale de ese sepulcro, por eso lo llamamos “Santo” y desde ahí esta anunciando una vida que no puede ser ya detenida; Cristo, nos dice San Pablo:”Una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, la muerte ya no tiene poder sobre Él”.

Alabemos a Cristo, alabemos al Señor por esta misericordia, alabemos al Señor por esta victoria y que Él siga glorificándose en nuestra vida y que Él nos haga salir también del reino del pecado y de la muerte, y que él nos conduzca algún día a la patria eterna.

Amén.