Pasion de Cristo 31
Fecha: 20070926
Título: Sepultura de Jesús.
Tiempo en audio: 12 min. 42 seg.
Marcos 15, 42-47
Continuamos con la meditación de la Pasión de Cristo, estamos descubriendo en Jesús el amor más grande y estamos descubriendo en su muerte, ese libro maravillosos del amor que no termina, del amor que no se cansa; del amor que llega hasta el final, del amor que llega hasta el extremo.
No es mía esta comparación entre la pasión de Cristo y un libro, hace ya varios siglos aquella grande y santa mística Santa Catalina de Siena, hizo esa comparación decía que Cristo en la cruz era un libro y que había que leer ese libro, porque era el libro de la caridad, porque era el libro del amor, y decía ella que las grandes llagas que aparecen en Cristo crucificado, son otros tantos capítulos del amor.
Amor que se manifiesta, amor que con grandes letras de rojo intenso, nos esta contando el mensaje de Dios para cada uno de nosotros. Hoy por ejemplo queremos mirar, ya casi llegando al final de ese libro, queremos meditar en el momento de la sepultura de Jesús; también ahí hay un mensaje de amor ¿No lo habías pensado? , ahí también aparece cómo nos amo Él.
Vamos a basarnos en el evangelio según San Marcos 15, 42-47.”Ya al atardecer como era el día de la preparación, es decir la víspera del día del reposo, vino José de Arimatea, miembro prominente del Sanedrín, quien también esperaba el reino de Dios, y llenándose de valor entro donde Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús; Pilato se sorprendió de que ya hubiera muerto y llamando al centurión le pregunto si efectivamente ya estaba muerto.
Comprobando estro por medio del centurión le concedió el cuerpo a José, quien compro un lienzo de lino y bajándole de la cruz, lo envolvió en el lienzo de lino y lo puso en un sepulcro que había sido excavado en la roca e hizo rodar una piedra en el sepulcro. Y Maria Magdalena y María la madre de Jesús, miraban para saber donde le ponían.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Lo primero que hay que descartar en el hecho de la sepultura, es la realidad de la muerte de Cristo, verdaderamente murió nuestro Señor, se que esta afirmación puede parecer obvia a la mayor parte de quines escuchan estas palabras. Pero es que ha habido gente tan extraña o tan loca, o tan perversa que ha llegado a desmentir la muerte de Cristo; y desmentir la muerte del Señor, es desmentir que Él nos amo hasta el extremo.
Observemos cómo nosotros en la Eucaristía decimos: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús” en ese momento sacratísimo, nosotros anunciamos la muerte del Señor, verdaderamente murió, es lo que estamos diciendo, verdaderamente resucitó es lo que estamos diciendo, verdaderamente vendrá y reinara es lo que estamos diciendo.
En ese momento que es el mas sagrado de toda la Liturgia cristiana, lo que nosotros hacemos es afirmar que Él verdaderamente murió y lo afirmamos porque es importante que quede claro que su sacrificio fue total que fue hasta el extremo: que no era un juego, no era un ensayo, que no era una ilusión, no era una fantasía, no era una fábula.
Yo creo que conviene un poco recordar que es lo que han dicho los que han negado la muerte de Cristo: algunos, los más fantasiosos o quizás los de mente mas retorcida, dicen que Jesús después de sufrir un tiempo en la cruz, fue desclavado y se recupero de sus heridas; y hay incluso una cierta historia que en realidad es blasfema, que afirma que ese Cristo después de haber sufrido en la cruz, pero de no haber muerto en la cruz, pues llevo una vida normal, incluso se caso y tuvo hijos, esta es la base de aquella película de cine –insultante por demás- la de la “Ultima tentación de Cristo”.
Quienes hablan de este modo desconocen por completo cual era la misión del Señor, y si menciono esta fábula, esta locura aquí –eso de que no murió- es parta que estemos en guardia porque no es la ultima vez que esa clase de cosas se dicen, y por otra parte para que estemos en guardia, porque quines razonan de ese modo no han entendido qué significa la misión de Cristo.
La verdadera razón de Él ,era realizar la voluntad del Padre, Él mismo lo dijo que ese era su alimento, realizar la voluntad del Padre, y esa agonía que el sufre en Getsemaní es precisamente buscando fuerzas para que su voluntad fuera plena y perfectamente la voluntad del Padre; es la obediencia de amor el punto central de la vocación de Cristo, si podemos decirlo así, el punto fundamental de su misión es esa obediencia que lo une completamente, inseparablemente al designio de papá Dios.
Y ese designio no es otro que la de nuestra salvación, entonces cuando uno descubre que el Hijo de Dios vive y practica obediencia de amor hasta el extremo por nuestra salvación, uno descubre el núcleo mismo del Evangelio, sí ese es el núcleo mismo del evangelio y si ese es el centro de la vocación de Cristo, entonces la verdadera tentación, la terrible tentación no era un problema de sexo ni de mujeres.
La tentación terrible, y esto es lo que aparece en los evangelios, no en las fábulas que nos venden en las librerías , la verdadera tentación, la ultima tentación y la peor de las tentaciones, era separarse del plan de Dios, desobedecer el plan de Dios, esa era la ultima tentación, la peor de las tentaciones.
Fijense como en el proceso de la muerte de Cristo, que nos cuentan los evangelistas es como el demonio intenta arrancar a Jesús del plan de Dios, utiliza todos los recurso, incluyendo la burla el sarcasmo, la ironía y tal vez la peor y mas venenosa de las frases, es aquello que en realidad el demonio inspira en los labios de los que estaban ahí cerca: “Bájate para que creamos”.
Por supuesto que toda la vida, toda la misión de Cristo había sido enfocada había sido dirigida a eso, a que se pudiera dar el milagro de la fe en nosotros, y en realidad es como si Satanás, le dijera a Jesús: “Mira hay un corto circuito, hay un atajo, tu puedes lograr esa fe que quieres que la gente tenga, ahorrándote el sufrimiento de la Cruz, separándote del plan del Padre”; esa es la ultima tentación de Cristo, no es un problema de sexualidad, no es un problema de mujeres.
Pero los que tienen esa clase de obsesiones en la cabeza, han llegado hasta el extremo de negar que cristo verdaderamente murió, hay otros en cambio que piensan que la muerte de Jesús fue aparente porque en realidad niegan el misterio de la Encarnación, esta es la doctrina que se llama “El docetismo” eso viene de una palabra griega que quiere decir apariencia; es decir: Jesús parecia humano, pero era por decirlo así una imagen tridimensional más o menos como estos famosos hologramas.
Los “docetistas” dicen que Jesús era como un holograma permanente, de 24 horas y que no era un cuerpo permanente, sino que el mostraba una proyección mental, era como una fantasía, que era una especie de apariencia que estaba ante los ojos de la gente, como quien dice que Jesús era un actor, un actor que no sufría; este era el docetismo.
Por supuesto es una negación de la verdadera naturaleza humana que Jesús tenia, es una negación del misterio de la Encarnación , por supuesto si se niega el misterio e la Encarnación, se termina negando el misterio de la crucifixión y el misterio mismo de nuestra redención; entonces parece que para ellos tampoco hubo muerte, que Jesús en realidad no murió y no murió porque en realidad no era genuinamente no era verdadero hombre.
Muy al contrario la escena que nos ha presentado el evangelio de Marcos es clarísima: se prepara un sepulcro para un cadáver, José de Arimateo, prepara un sepulcro, prepara ese lugar y hay testigos como la misma María Magdalena y María la madre de José –es decir no es la Santísima Virgen, sino otra María, ese nombre era muy común en esa época- que están ahí pendientes, hay testigos de ese hecho del sepulcro.
Hoy mis hermanos y hermanas, yo quiero invitarlos a dar gracias al Señor, por “El Misterio de la Muerte”, esa muerte con la que Él mato nuestra muerte, esa muerte con la que Él quito de en medio de nosotros nuestro oprobio, esa muerte con la que Cristo destruyo el imperio de Satanás.
¡Bendito sea Jesucristo, bendita sea su muerte redentora¡. Que la fe que nosotros sostenemos en este misterio nos sostenga durante esta vida y hasta la eternidad.
Amén.