Pasion de Cristo 30
Fecha: 20070204
Título: Descendimiento de la Cruz
Tiempo en Audio: 16 min. 57 seg.
Juan 19, 38-42
Miremos ahora hermanos, como Cristo es descendido de la cruz; muchas veces la Iglesia hace una comparación entre el Altar y la Cruz, el Altar es el lugar donde recibimos el cuerpo de Jesucristo, y la Cruz es el lugar dónde fue ofrecido ese cuerpo para vida del mundo.
En el Altar nosotros recordamos la Ultima Cena y recordamos el mandato de Cristo, él dijo partiendo el pan: “Tomad y comed todos de el, esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros”: Y esa entrega se realizo precisamente en la Cruz, el hecho de que le pan fuera partido también tiene un significado profundo, porque Cristo fue roto, fue destrozado en su pasión.
Podemos decir que Cristo en la cruz es el pan partido para ser compartido, y por supuesto ahí hay una gran lección para nosotros, si queremos vivir el misterio del amor y si queremos transmitir verdaderamente amor a nuestros hermanos, tenemos que estar dispuestos a ser partidos y repartidos.
El verbo “compartir” seguramente nos gusta, seguramente también asociamos: amar y compartir, pero hay que dar un paso más, hay que entender que para trasmitir ese amor a los demás, algo tiene que romperse en nosotros, no podemos darnos, no podemos genuinamente entregarnos a los hermanos, sí nuestra vida no pasa por ese camino de Cristo; ese camino estrecho por ese Altar, por esa Cruz.
Jesús dijo también en la Ultima Cena:”Tomad y bebed todos de el, este es el cáliz de mi sangre” Es hermoso recordar que la sangre de Jesús cuando Él estaba en la cruz, era una sangre que estaba en el cáliz de su propio cuerpo, el cuerpo de Cristo era como el vaso sagrado, en el que estaba contenida esa sangre preciosa; la sangre de la redención.
En los sacrificios del Antiguo Testamente, por ejemplo, como están prescritos en el libro del Deuteronomio, en el libro del Levítico, se habla de “derramar la sangre”. Y eso es lo que ha sucedido también en el sacrificio de la Cruz, el vaso, el cáliz era el cuerpo de Cristo y de ese cáliz se ha derramado la sangre del sacrificio.
Ese sangre empapa el madero de la cruz, esa sangre riega a una tierra que esta sedienta de redención, la cruz que estaba firmemente plantada sobre la tierra, representa también ese misterio de contradicción y de dolor en el que muchas veces se debate nuestra vida, y es bueno saber que también de nuestra cruz brota esa sangre del sacrificio de Cristo; si nosotros nos unimos a la cruz de Él.
Así como si yo abrazo a Cristo, sus brazos me envuelven, así también si mi cruz de une a la de Cristo, su sangre empapa mi cruz, y su sangre bendice y transforma mi sangre; y en ese derramamiento de la sangre de la cruz de Cristo, yo puedo experimentar cómo soy lavado por la sangre del Señor, la tierra sedienta que es mi propia vida, se empapa con la sangre de Cristo.
Por todas estas razones se ha comparado a la cruz de Cristo con un altar ¿Y qué debemos entender ahora que cristo es bajado de ese altar? Ante todo debemos comprender que su ofrenda ha sido perfecta, que su ofrenda que es también la ofrenda de la Virgen ha sido perfecta, Ella ha entregado a su único hijo, a su magnifico a su perfecto tesoro, y Él se ha ofrecido, Él se ha entregado para dar vida.
A este Cristo que baja de la cruz, a este Cristo pálido, este Cristo que ha dado todo, representa ése Dios que se ha desocupado, el verbo que se utiliza en griego significa eso “kenosis” significa vaciarse, ese anonadamiento, es la entrega de todo.
En la preciosa, en la inmortal escultura de Miguel Angel que se llama “La Pietat” y que se encuentra en la Basílica de San Pedro en Roma, ahí encontramos el cadáver de cristo sobre el regazo de la Santísima Virgen, y ese cadáver esta representando la entrega absoluta, el amor que nada se reserva.
Si queremos meditar en el descendimiento de Cristo de la cruz, miremos ésa estatua, miremos ésa imagen, pero más que mirar el mármol o la habilidad artística de un hombre, miremos la realidad que Dios nos presenta ahí; ese amor que se ocupa completamente, así como ese cuerpo ha quedado pálido, después de entregar absolutamente toda su sangre.
Miremos ese cristo ahí descendido y encontremos el verdadero misterio del amor y encontremos como se ha hecho realidad en ese instante lo que Jesús había dicho una sola vez antes a sus discípulos: “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre” Ese es el cuepor partido y repartido de Jesús, esa es la sangre libada, ofrecida del Hijo de Dios.
Adoremos el misterio de ese amor, detengámonos a comprender lo que significa el amor en su expresión ultima, nunca como en este momento podemos abrazar tanto las palabras de Cristo “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida “. Y este Cristo así puesto sobre el regazo de María, es Aquel que ha dado la vida.
¡ Qué hermoso es nuestro lenguaje, que hermosa es nuestra lengua española con esa expresión: “Ha dado la vida” ¡ Porque dado la vida, significa que nosotros tenemos esa vida que Él nos ha dado, y ha dado la vida también significa que ha llegado hasta el extremo de la muerte por nosotros.
¡Bendita ambigüedad del lenguaje, en esa expresión¡ “Jesús ha dado la vida, Jesús nos ha dado la vida”. Ya el evangelista Juan, el mismo que nos cuenta el descendimiento, había dicho antes, no que Jesús murió, sino “Entrego el espíritu” como diciendo que en el acto mismo de su morir está dando vida, porque esa es la realidad de Cristo.
Cristo había dicho antes: “A Mí la vida no me la quitan, yo la doy, la entrego” Su sacrificio no es estéril, su sacrificio no cae en el vacío, su sangre que la carta a los Hebreos dice:”Clama, mejor que lo de Abel” Su sangre no ha caído en el vacío, ha caído ahí ante la mirada del Padre Celestial como una fuente de misericordia infinita, ha caído también en todos los cáliz donde celebramos la Santa Misa, ha caído sobre todo en todos los corazones de los que quieren recibir esa salvación.
El evangelista Juan, nos añade un par de detalles sobre este momento tan solemne del descendimiento de Cristo de la cruz, nos habla de dos personajes de dos importantes judíos de buena posición social, de gran respetabilidad entre los de su raza, incluso miembros –seguramente- del Sanedrín, es decir lo que equivaldría al Senado de los judíos en aquella época.
Estos dos judíos son: José de Arimatea, que había comprado un sepulcro para sí mismo y que lo cedió para que Cristo fuera sepultado en el, y el otro es Nicodemo, de Nicodemo oímos hablar al principio del evangelio de Juan, es aquel gran maestro con el que habla Jesús en el capitulo de ese evangelio según San Juan.
Y aquí nos podemos hacer unas breves reflexiones, mirando a estos personajes, lo primero que hay que recordar es que se trataba de discípulos de Cristo, pero de discípulos ocultos de Cristo; nos dice Juan 19,38:” José de Arimatea, era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos” Eran discípulos secretos de Jesús, quizás podríamos extender un juicio cruel, un juicio muy duro sobre José de Arimatea, o sobre Nicodemo, diciendo:”¡ Bueno si ellos eran discípulos de Cristo y teniendo tanta influencia, tal vez hubieran podido impedir la muerte de Cristo, tal vez hubieran podido oponerse¡.
Creo que esa clase de razonamientos, mis hermanos, no nos lleva a ninguna parte; lo mismo podríamos decir de pedro o de los demás apóstoles, si ellos hubieran podido oponerse, pero así como Pedro quiso oponerse usando una espada y que Jesús mismo impidió. ¿¡Qué armas hubieran podido utilizar estos hombres como José de Arimatea o como Nicodemo? No hubieran utilizado seguramente espadas, hubieran utilizado argumentos, discusiones, pero si pensamos en la manera como se dieron los hechos y si pensamos en que el Sanedrín tenia alrededor de setenta personas y si pensamos en la conjura previa que había para matar a Cristo a todo costo, yo creo que perdemos nuestro tiempo juzgando a José de Arimatea o a Nicodemo, como si nosotros fuéramos a obrar de otra manera.
Mas bien podemos aprender dos cosas de ellos, en primer lugar que talvez Jesús tiene más discípulos de los que creemos, a veces juzgamos al discipulado a veces juzgamos que alguien es discípulo de Cristo, porque aparece muy hacia al frente, porque parece que esta siempre con cristo como los discípulos estaban con Él; pero fíjense que cuando se baja el cadáver de Cristo de la cruz, cuando Cristo es por decirlo así, el gran derrotado ¿Dónde están esos apóstoles? Ahí esta Juan ciertamente, pero que diremos de los demás, todos han huido, aparentemente estaban más con Él, pero han desaparecido por miedo, ciertamente en cambio éste José de Arimatea, aunque fuera un hombre temeroso o cobarde ante los de su propia raza, sin embargo fíjense que aquí esta al frente.
Uno nunca sabe mis hermanos a veces el que parece muy valiente, sale corriendo y a veces el que estaba oculto parece al frente que se deja ver como discípulo de Cristo, porque es que además este José de Arimatea no hizo poca cosa, lo que hizo fue encarar a Pilato, pedirle el cuerpo de Jesús; evidentemente al actuar así mostraba alguna relación con Él y ya sabemos que Jesús era el proscrito en ese momento.
De manera que el acto de José de Arrímate, no se puede calificar sino de valiente, por eso digo que este texto y este momento de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, nos enseña a no juzgar, porque parece que el que esta muy con Cristo salir corriendo, da la espalda y huye; mientras que otro que parece ser muy cobarde que esta muy escondido, es el que pone la cara, es el que sale al escenario, y que se deja ver como discípulo del Señor, como lo hizo José de Arimatea, aquí. Seguramente Jesús tiene muchos más discípulos de lo que nosotros creemos.
Por otra parte observemos lo que hace Nicodemo, también él otro discípulo del Señor, aparentemente la discusión que habían tenido Jesús y Nicodemo, habían quedado en nada, el capitulo tercero del evangelio según San Juan nos cuenta todo eso y Jesús le dice a Nicodemo, palabras maravillosas, palabras sublimes, ahí es donde le dice a Nicodemo:”Hay que nacer de nuevo del agua y del espíritu” incluso lo regaña “ ¿Si tú que eres maestro en Israel, no entiendes estas cosas entonces qué?”. Y aparentemente no queda nada de esa discusión, porque si nos vamos a ese capitulo, hay no dice: “Y Nicodemo se volvió discípulo de Jesús”.
Aparentemente Jesús había perdido su tiempo pero no fue así, de nuevo la enseñanza es: No juzguemos tan rápido, a veces queremos ver las conversiones inmediatamente, a veces queremos que detrás de un sermón nuestro ya resulte la gente haciendo cola para confesarse, a veces esperamos que porque se transmite un programa radial o porque se pone una pagina en Internet, la gente va a empezar a decir: “`Oh ahora he encontrado la salvación¡”.
Algunas personas talvez lo digan pero la mayoría de las personas que reciben el bien que trae Cristo, lo reciben como una semilla que solo dará fruto a su tiempo, y por eso este pasaje también nos enseña a tener la paciencia de sembrar esa semilla, sabiendo como nos enseña San Pablo en otro pasaje, que el fruto depende de Dios; es Dios el que da el verdadero crecimiento, nos dice San Pablo.
Hermanos adoremos el misterio de éste Cristo que nos ha amado hasta el extremo, aprendamos que Jesús tiene más discípulos de lo que pudiera parece y démosle gracias, si nuestra fe está puesta en Él; Que nosotros como José de Arrímate reclamemos ese cuerpo, lo hagamos nuestro, lo llevemos a nuestras posesiones, porque ahí del fondo de lo que nosotros le entregamos a Cristo, Cristo se levanta como Señor, se levanta como Señor resucitado, se levanta como luz que ya nunca más muere.
¡Bendito sea el Señor a Él la gloria por los siglos de los siglos.¡
Amén