Pasion de Cristo 24

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20080615

Título: Segunda hora de agonia en la Cruz. Tercera palabra: “Mujer, ahi tienes a tu hijo; hijo ahi tienes a tu madre”

Tiempo en audio: 17 min. 32 seg.

Juan 19, 25-27

Considero que es un regalo para nosotros la meditación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, es un regalo porque allí se encuentra el testimonio del amor más grande, como lo hemos dicho muchas veces; y es un regalo también porque de alguna manera está envuelto, está como protegido, como resguardado.

Cuando nosotros damos regalos casi siempre los envolvemos en un papel especial y ese papel ayuda a que aumente la sorpresa, la expectativa y por consiguiente la alegría, cuando uno desenvuelve el regalo y descubre lo que le han dado.

Pues algo parecido es la Pasión de Cristo, también este regalo maravilloso viene envuelto en un papel muy especial, es un papel vistoso, es un papel empapado en sangre, es el testimonio de los Evangelio, es el papel el pergamino de los Evangelios que está empapado en la sangre del Hijo de Dios.

Y uno tiene que mirar a través de ese misterio y tiene que mirar a través de esa sangre para descubrir semejante regalo, que es fundamentalmente el amor, y junto con el amor el perdón, la remisión de nuestros pecados, la adopción como hijos del Dios y eterno Padre.

Por eso considero que somos afortunados nosotros los que separamos este tiempo para posar nuestra mirada en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo y aprender lecciones a través de los siglos.

Porque el conocimiento que da la ciencia, que da la tecnología, el conocimiento que muchas veces recibimos en un colegio o en una universidad, ¿no es verdad que queda de asueto con relativa facilidad? En poco tiempo lo que ha aprendido un ingeniero se queda atrás y nuevas generaciones de ingenieros le dirán: “¡Oye, lo que tú aprendiste ya está superado¡”

¿Y qué pasaría si un gran abogado se quedara con el conocimientito de los códigos de la época? ¿Qué le diríamos?: “ Tu conocimiento esta desactualizado”; lo mismo podríamos decir de muchas actividades y profesiones, pero eso no lo podemos decir de la Pasión de Cristo.

Porque el amor que aparece en la Pasión es un amor nuevo, es un amor que esta ahí como una revelación, cual si hubiera sucedido todo esta mañana, este mediodía, es un amor que no envejece, es una gracia que es siempre joven, que es siempre bella.

Para apreciar, para disfrutar y para recibir esta gracia, nosotros tomamos la Pasión de Cristo, casi versículo por versículo. En esta ocasión, por ejemplo, vamos a referirnos a aquellas palabras que Nuestro Señor dice a la Santísima Virgen y a su discípulo amado.

La inmensa mayoría de los Padres de la Iglesia, de los predicadores y de los santos, nos dicen que este discípulo no es otros sino el Evangelista Juan, de manera que en este momento culminante de la Pasión de Cristo, que vamos a reflexionar el día de hoy, encontramos a Nuestro Señor en la cruz, y al pie de la cruz esta María y esta Juan.

Nos lo dice el mismo Evangelista: “Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. Jesús, al ver a la Madre y junto a Ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: Ahí tienes a tu Madre”. Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa” San Juan 19,25-27.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Observemos, mis hermanos, cómo aquí se cumple lo que muchas veces hemos dicho de los Evangelios en palabras tan sencillas que nos dicen cosas tan profundas. Teníamos aquí, al perecer, tres personas con el nombre de María: la Madre de Jesús, luego una hermana que también se llamaba Maria, que era esposa de Cleofás, y luego María de Magdala.

Jesús se dirige a la mamá y no la llama madre, no la llama mamá, no la llama María. Es tan interesante, es tan profundo, en el evangelio de Juan, Jesús nunca se dirige a la mamá llamándola “Madre”, nunca se dirige a la mamá llamándola “María”, –por su nombre propio-.

En las dos ocasiones, por lo menos en las dos ocasiones principales en que Jesús se dirige a la Santísima Virgen, utiliza ése titulo: “Mujer”. Debemos reconocer que es totalmente inusual ese comportamiento, por lo menos en nuestra cultura sonaria muy extraño que un hijo le dijera a la mamá: “Mujer”, ni siquiera el nombre propio, sino esa palabra: “Mujer”.

Y luego nos llama la atención como esa mutua donación, María se convierte en un regalo precioso para Juan y Juan o la casa de Juan se convierte en un lugar de acogida, y en ese sentido también un regalo para la Virgen.

Es decir, Jesús en la cruz, aunque lo ha perdido todo y está entregando su propia vida, es sin embargo capaz de dar regalos maravillosos. Y yo creo que lo mínimo que debemos aprender de esta escena es el regalo de Jesús, lo mínimo que tenemos que aprender es que la Santísima Virgen es un regalo, es tan hermosos reconocerla a Ella como el regalo que Jesús nos dio.

Yo te invito hoy, incluso si no perteneces a la Iglesia Católica y estás leyendo estas palabras por cualquier circunstancia o coincidencia, yo te invito hoy a que reflexiones en lo que significa, ese sencillo y profundo hecho, que Jesús mismo te dio la Santísima Virgen María como regalo cuando Él estaba colgando, entregando su vida por nosotros desde la cruz.

Pero sigue pendiente ese titulo, el titulo “Mujer”. Algunos Padres de la Iglesia hacen esta reflexión: esta muy claro que Jesús es el Hombre Nuevo. San pablo, por ejemplo, nos habla del antiguo Adán y del nuevo Adán, y el nuevo Hombre es Jesucristo, Él es el Hombre Nuevo que ha denunciado y ha destruido toda la vejez, la repetición del pecado.

No hace mucho tuve la oportunidad de escuchar una excelente predicación de un amigo sacerdote que destacaba cómo el pecado es la repetición de la repetidera, el mensaje del pecado siempre es el mismo, el menaje siempre es: “Tú no podrás ser feliz si no te apartas de Dios”.

Y una vez que uno se aparta de Dios, "tú y tu vida no valen nada"; desconectarnos de Dios por vida de idolatría y llevarnos a la depresión y a la desesperación, esos son los instrumentos, ese es el mensaje que repite el pecado.

Siempre es lo mismo, la novedad viene con la gracia, porque es la gracia la que nos reconecta a Dios, cuando recibimos la gracia, cuando recogemos la oferta de la gracia, cuando nos dejamos ganar por el amor, entonces sí descubrimos la novedad.

¿Qué destino le espera a una rama que es separada del árbol? Secarse, ahí ya no puede haber novedad porque se ha desconectado de la fuente de la vida. Cristo es el Hombre Nuevo y es el Hombre que nos renueva. En la misma línea dicen los Santos Padres de la Iglesia, María es la nueva Eva, y por eso, porque Ella es la nueva Eva, Ella es el modelo de la Mujer Nueva.

En la Biblia se describen mujeres terriblemente perversas, Gezabel, por ejemplo, fue una mujer que en tiempos del profeta Elías se dedicó a propagar la idolatría con todas sus fuerzas, y por eso en el libro del Apocalipsis se compara a la ciudad pecadora como esa gran ramera, porque no sólo se prostituye ella, sino que invita a la degradación y a la prostitución de todos.

De modo que el poder del pecado en la mujer está muy claro en la Biblia, como está muy claro el poder del pecado en el hombre, y también en el caso de la mujer sucede que el pecado es la repetición de la repetidera.

Uno mira los pecados de las culturas paganas y lo que encuentra parece sacado de las revistas de moda de ahora: la misma falta de pudor, los excesos, la crueldad, la intriga, la murmuración, es indudable que lo femenino, no menos que lo masculino, necesita ser renovado.

Es tan grande la vocación de la mujer, el Papa Juan Pablo II habló de la mujer como “Ministra de la Vida”, creo que es un titulo hermosísimo. Pero la mujer cuando se encuentra arrinconada por el poder del pecado, no se convierte en ministra de la vida, sino en instrumento de muerte, en pozo de soledad agria, oscura, en un vaso de veneno.

La misma Eva, que indudablemente tiene un poder muy grande, un poder suficiente para convencer a Adán de que desobedeciera a Dios, utilizó mal ese poder, como vemos.

A mí me gusta decir que la Biblia lejos de ser machista, diria yo que es bastante feminista, –en el mejor sentido de la palabra-, y siempre cito como ejemplo, que para hacer pecar a Eva fue necesario todo el poder de un ángel, mientras que para hacer pecar a Adán bastó con el poder de una mujer.

O sea que es grande el corazón de la mujer, y si el corazón de la mujer se envenena, se envenena toda la sociedad, por eso el corazón de la mujer tiene que ser preservado, tiene que ser educado, ¡qué responsabilidad de todos nosotros, los educadores, los papás, los hermanos con sus hermanas, con sus amigos, con sus amigas! Lo que le suceda al corazón de la mujer le sucederá a toda la sociedad.

Si el corazón de la mujer se convierte en un recinto de egoísmo, Dios santo, ¿qué podemos esperar de la sociedad? Si el corazón de la mujer se convierte en un pozo de lujuria, o si se convierte en un cementerio de abortos, ¿qué quedara para la sociedad? Por eso necesitamos a la mujer nueva, y en este sentido ésa palabra en labios de Jesús, esa palabra dirigida a María tiene una fuerza y tiene una hermosura muy grande.

Porque si Él le hubiera dicho: “Mamá”, hubiera sido como una explosión bellísima de ternura, pero una ternura que hasta cierto punto queda entre ellos dos únicamente.

En cambio, al darle esa palabra, al decirle esa palabra, ese titulo bellísimo: “Mujer”, no solamente la está presentando en el amor que sin duda une estos dos corazones, el de Jesús y de María, sino que la está presentando como la realización del plan de Dios para la mujer: "Tú eres la mujer, tú eres lo que Dios quiere para la mujer".

Y ése es el regalo que recibe Juan y ese es el regalo que nosotros somos invitados a vivir también ¡Qué hermoso cuando un corazón se abre y recibe a la Santísima Virgen¡ Como Juan recibió a la Virgen.

Hay algo muy hermoso, con lo que quisiera terminar esta meditación. El texto griego dice que Juan recibió a María y que la recibió, “en sus posesiones”, dice el texto griego:” Eis ta idia”. Idia es una palabra griega que significa lo propio, lo que uno tiene lo que es de uno.

Cuando escuchamos la traducción que Juan recibió a María en su casa, uno se puede quedar únicamente, llamémoslo así, con el aspecto únicamente externo, como quien dice, Juan le ayuda a María a resolver el problema del hospedaje o el problema de la vivienda.

Pero lo que dice el evangelio es mucho más profundo, no es simplemente: "¿Qué cuarto le vamos a dar a la Virgen?" ¡Y vaya si seria un privilegio eso! Imagínate decir: “¡En esta habitación se va a quedar la Madre del Señor!” ¡Ese seria un tremendo privilegio!

Pero es todavía mayor lo que dice el evangelio, no es simplemente recibirla así entre los cuartos de mi casa, es acogerla en lo mío, es hacerla partícipe en todo lo que yo llamo mío, es recibirla y hacer que Ella tenga su morada en todo lo que a mí me importa: mis pensamientos, mis creencias, mis amistades, mis sentimientos.

Hermanos, que este versículo precios según San Juan nos mueva a querer mucho más a la Santísima Virgen María y a agradecerle a Jesús, que cuando estaba entregando toda su vida, no se olvidó de dejar en su testamento a su propia y Santísima Madre.