Pasion de Cristo 20

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20080317

Titulo: La Crucifixion

Original en audio: 18 min. 54 seg.

San Juan 19, 16b-24


Una vez hizo San Agustín una comparación; él decía que cuando uno recibe la Sagrada Comunión, por supuesto toma mucho cuidado de que no se vaya a caer, ni mucho menos perder un solo pedacito, una sola partícula de ese Pan que ha sido consagrado, y que ya no es Pan sino el Cuerpo de Cristo, por supuesto.

Y decía San Agustín, que lo mismo que no queremos que se pierda una sola partícula de ese Pan, de ese Cuerpo de Cristo, así también debíamos escuchar y meditar la Palabra de Dios, como queriendo que no se pierda ni un pedacito, ni un poquito de lo que Dios nos hadado para que nos alimente.

Porque la verdad es esa, nosotros recibimos la Palabra de Dios para ser alimentados, y también para ser sanados, y también para ser perdonados, y también para ser instruidos; es decir, a través de esta Palabra, es Dios mismo quien viene a realizar su obra en nuestra memoria y en nuestra voluntad y en nuestra inteligencia.

Por eso quiero invitarlos a que siempre que vayamos a la Santa Misa, tengamos esa actitud de no dejar perder ni un poquito de la Palabra de Dios que se nos ofrece; y sí esto vale de toda la Escritura, creo que vale muchísimo más cuando llegamos a ese centro al corazón de la Escritura que es el misterio de la Pasión de Cristo, porque no cabe duda que toda la Biblia mira hacia Jesucristo.

Y este Cristo que aparece en los Evangelios, nunca revela tanto de sí, como en estas horas decisivas, en estos momentos que llamamos precisamente "cruciales", los momentos de su Cruz (la palabra crucial quiere decir eso: allí donde sucede la cruz.

Pues bien, los momentos cruciales de Cristo son por supuesto los momentos, las horas de su Pasión, y es ahí en ese tiempo crucial donde nuestra atención al máximo; por eso han surgido estas meditaciones que miran al misterio de la Cruz.

Ahora bien, este pasaje se refiere a ese momento, el abrazo entre Cristo y su Cruz, no es muy poético el decir: “La hora de la crucifixión”.

Leamos del evangelio de Juan: “Tomaron, pues, a Jesús, y Él, cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota, y allí le crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio" San Juan 19,17-18.

"Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: “Jesús el Nazareno, el Rey de lo judíos”. Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad, y estaba escrita en hebreo, latín y griego" San Juan 19,19-20.

"Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: No escribas: “El Rey de los judíos”, sino este ha dicho: "Yo soy el Rey de los judíos” Pilato respondió: “Lo escrito, escrito está.” San Juan 19,21-22.

"Los soldados, después de que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, uno para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo" San Juan 19,23.

Por eso se dijeron: "No la rompamos, sino echemos a suertes a ver a quién le toca", para que se cumpliera la Escritura: "Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica. Y esto es lo que hicieron los soldados" San Juan 19,24.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Es el momento de la cruz, la cruz fue el tormento que los romanos aplicaron muchas veces contra los esclavos rebeldes. La sociedad romana, lo mismo que muchas sociedades de la antigüedad, funcionaba sobre la base de un numero enorme de esclavos, se dice que en el tiempo de Aristóteles, unos cuantos siglos antes de Cristo, nueve de cada diez personas eran esclavos en Atenas.

Era una aplastante mayoría, personas que nunca o casi nunca podrían soñar con tener ciudadanía, personas limitadas en sus derechos que tenían que obedecer de un modo inconsciente, es decir, como animales prácticamente, como máquinas, tenían que obedecer a la voluntad de sus amos.

Por supuesto, esta es una afrenta a la dignidad humana, y por supuesto, hay algo en el corazón humano que se resiste a que uno lo traten así.

Incluso si uno desde pequeño lo único que ha conocido es eso, es tan contraria a la vocación humana esa manera de vida que es apenas natural que se presenten revueltas de esclavos, allí donde se ha practicado la esclavitud.

Tal vez la revuelta más famosa de la antigüedad fue la revuelta de Espartaco, que dio origen a una película precisamente, y también en esa película se muestra, que la condena que el Imperio Romano infligía a los rebeldes, era precisamente crucificarlos.

La muerte en la cruz no solamente era dolorosa, sino que era prolongada, publica y siempre con un fin que podríamos llamar, quizás con cinismo, pedagógica. De lo que se trataba con el martirio de la Cruz, de lo que se trataba con la tortura de la Cruz, era de mantener bajo terror a la población.

No podemos saber qué proporción de esclavos había en el Imperio Romano en el siglo primero, pero sí podemos saber que era una enorme población, y si era tan grande, pues la manera de mantener dominada a una multitud muchas veces es a base del miedo; porque si se unían los esclavos entonces eran más fuertes, de manera que había que disuadirlos a toda costa y por eso la cruz.

Y por eso también el letrero. Pilatos, que conoce bien la costumbre romana, pone un letrero, justificando un poco la condena que él mismo sabía que era injusta, él dice: “El Rey de los judíos” San Juan 19,19.

Para que quede claro que ése que está ahí, que lo ha condenado porque se ha proclamado “Rey”, eso tiene que quedar claro a todo el mundo, esa es la causa de la condena; en el fondo era lo que le habían dicho las autoridades judías, cuando habían pedido la muerte de cristo.

Y por eso, eso queda ahí en ese letrero, y el letrero queda en varias lenguas, porque de algún modo Pilatos quiere sacar el máximo provecho de un sacrificio que a él le parece absurdo; pone el letrero en hebreo, en latín y en griego, de modo que eso sirva de escarmiento.

Y una muerte, que desde el punto de vista de Pilatos es absurda, por lo menos sirva para mantener a la gente tranquila y evitar que se rebele contra el Imperio Romano, por eso aparece ese letrero ahí.

Cristo es condenado en medio de dos ladrones, participa entonces del destino de ellos, y en esto hay un mensaje muy profundo para nosotros, mis hermanos: Cristo que comparte nuestra cruz.

Luego vamos a encontrar el diálogo que se da entre estos condenados, sabemos muy bien, en la historia del ladrón bueno y el ladrón malo. Pero en este momento lo que quiero destacar no es quién era malo de los que estaban con Cristo, sino el hecho de que Él, con su Cruz, viene a hacerse solidario de nuestras cruces, viene ha hacerse solidario de nuestro dolor.

El Papa Juan Pablo II, escribió una encíclica- una encíclica quiere decir una carta que se tiene que repartir en circulo, carta para que la lea todo el mundo-, escribió una encíclica sobre el sufrimiento.

Y en esa carta sobre el sufrimiento humano, nos dice el Papa Juan Pablo II que el problema del dolor, el problema del sufrimiento, sobre todo el sufrimiento inocente, siempre ha sido un misterio muy profundo para la mente humana.

¿Cómo responde la Biblia a eso? ¿Cómo responde Dios al sufrimiento, sobre todo al sufrimiento del inocente? Y nos dice el Papa Juan Pablo II: "La respuesta de Dios no es una teoría, la respuesta de Dios no es un conjunto de ideas debidamente conectadas, ¡no! La respuesta de Dios es Cristo".

"Bajando a lo profundo de la fosa del sufrimiento humano junto a nosotros, Cristo no solamente nos permite experimentar la dulzura del amor, la certeza de su cercanía, el consuelo de su amor, sino que se asocia con nosotros para que después unidos a Él, podamos dar un significado nuevo a ese dolor, y podamos con Él también resucitar".

Esta es una preciosa enseñanza del Papa Juan Pablo II, y en ningún momento la podemos recordar mejor que mirando aquí a Cristo en su Cruz. Muchas veces nos encontramos con circunstancias en las que el dolor nos visita, un dolor avasallador; yo me pregunto, en las personas que nos leen, cuántas circunstancias se pueden dar, ¡Dios mío, son tan variados los sufrimientos!

El dolor del que se queda solo, el dolor del enfermo, el dolor del secuestrado, el dolor del preso; y gracias a muchos recursos estas palabras pueden llegar a esas personas, personas que sienten ese calambre helado del dolor, que encoge el alma, que arruga el corazón, que humilla la inteligencia y uno se pregunta: ¿por qué? Y aquí Cristo parece al lado nuestro.

Estos que estaban condenados con Cristo, –estoy seguro que no esperaban eso-, realmente no podían esperar nada, una vez que habían sido condenados a la cruz, ¿qué esperanza les quedaba? La peor de las muertes, la más ignominiosa y sin duda una de las más dolorosas; ¿qué podían esperar?

Y sin embargo, más allá de su esperanza, y por supuesto mucho más allá de cualquier mérito que pudieran tener, ahí tienen junto a ellos al Hijo de Dios.

Yo por eso invito a todo aquel que en este momento, por causa de edad, enfermedad, o por cualquier otra causa, como un duelo, violencia, accidentes, tantas cosas que pasan en la vida, a todos los que por cualquier motivo se sienten así, yo los invito en este momento a que abran ese corazón, a que abramos este corazón y le digamos a Jesús: "¡Ven a visitar mi momento de dolor, ven a visitar mi tragedia, ven a visitar mi soledad, ven, Señor, ven aquí!"

Tengamos en cuenta también que éste Cristo que está ahí, humillado, desnudado, tratado ya como un muerto cuando todavía esta vivo, porque ese es el significado de repartir los vestidos: "¡Usted ya no cuenta, usted esto ya no lo necesita, usted no importa!" Entonces se reparte lo suyo. Es una humillación extrema, es una lanzada hacia el corazón, realmente.

Este Jesús despojado de todo, desnudado de todo, este Jesús, realmente nos muestra cada vez más su corazón.

Porque hay dos cosas que mirar en el corazón de Cristo: por un lado es el despojo que nosotros le causamos, por supuesto, es la vergüenza a la cual lo sometemos, eso es lo que nuestros pecados finalmente producen, esa humillación, ese dolor y ese abajamiento en Él.

Pero también podemos mirar la desnudez de Cristo de otro, este Cristo, en su desnudez, Él es Cristo que así nos revela su verdad más profunda.

A menudo utilizamos esa expresión, se habla, por ejemplo, de "la verdad desnuda", la verdad sin maquillajes, en el Libro de la Sabiduría capitulo 2, sobre cómo los impíos, cómo los malvados quieren poner a prueba al inocente que se proclama Hijo de Dios, y dice: "Sometámoslo a la prueba de la tortura y de la afrenta, dice que es el Hijo de Dios, pues que se vea" Sabiduría 2,17-18.

Porque efectivamente, cuando llegan los momentos de más dificultad, es allí donde se conoce la verdad del corazón humano, es ahí donde queda desnudo el corazón, es ahí donde se sabe quién es verdadero amigo; ahí es donde se sabe quién tiene verdadera paciencia, ahí es donde se sabe quién tiene verdadero amor, eso se sabe ahí.

Y por eso ya decía el refrán latino: "'Amicus certus in re incerta cernitur", que significa: "El amigo verdadero se conoce cuando las circunstancias son difíciles, son inciertas; el amigo cierto se conoce en las circunstancias inciertas" ¿Por qué? Porque aparece la verdad.

Entonces en estas circunstancias que corresponden al cuadro que nos describe el capitulo 2 del Libro de la Sabiduría, en estas circunstancias de suprema humillación de Cristo, ahí es donde le conocemos el corazón, ahí es donde sabemos quién es Él, ahí es donde sabemos que no estaba maquillando nada ni fingiendo nada, que lo suyo no era un papel que estaba representando.

Lo que sabemos, lo que aprendemos en la Cruz, es que de veras ama, y de veras es humilde, y de veras perdona, y de veras ora; lo que aprendemos es la sinceridad desnuda de éste hombre desnudo, además, esa denudez es prácticamente transparencia, y a través de ese cuerpo desnudado, y por las grietas, que podemos llamar son sus heridas, se deja ver Dios mismo.

Es la divinidad, la que está apareciendo ahí, porque ése modo de amar, no puede ser sino el modo de Dios.