Pasion de Cristo 07
Fecha: 20080506
Título: Segunda Hora de Agonia en Getsemani
Original en audio: 15 min. 35 seg.
San Lucas 22,39-46
Hermanos Queridos:
Estamos hoy aquí para meditar juntos en la segunda hora de intercesión y de agonia de Nuestro Señor Jesucristo en el Huerto de Getsemaní.
Estoy seguro que muchos de nosotros volvemos nuestros ojos hacia ese tiempo particular de la oración de Cristo, y creo que descubrimos por primera vez, con asombro, casi con espanto, las profundidades del dolor que vivió por nosotros y para salvarnos.
¡Demos gracias al Señor por ese amor¡ Y dispongamos nuestros corazones para acompañar a Jesús en esa segunda hora de su oración en el Huerto de Getsemaní. ¿Por qué se habla de tres horas de oración? Porque Jesús por tres veces pide a sus Apóstoles, pide a sus amigos que lo acompañen en oración; y esa invitación va unida a un reclamo de amor de Cristo.
En uno de esos reclamos Nuestro Señor les dice: "¿No habéis podido velar ni una hora?" San Mateo 26,40. Como son tres llamados a los Apóstoles y como Jesús usa esa expresión, por eso se habla de tres horas de oración, tres horas de intercesión, tres horas de agonía.
De esta agonía en el Huerto nos hablan los tres Evangelios Sinópticos, y por eso es a veces tradicional meditar cada una de las horas de agonía en el Huerto, siguiendo uno de los evangelios.
Cuando reflexionábamos en la primera hora de la Pasión, seguíamos el texto según San Marcos, es decir, la manera como Marcos nos describe le tiempo de agonía, de oración allá en el Huerto; en esta segunda hora vamos a tomar el texto de Lucas, y para la tercera hora tomaremos el texto según San Mateo.
Cada uno de los Evangelistas se refiere al conjunto de la oración de Jesús en Getsemaní, de manera que no es que Marcos nos esté contando los primeros sesenta minutos, y le pase el micrófono, o le pase la pluma a Lucas, y luego Lucas a Mateo; sino simplemente nos valemos de estos distintos relatos, para recordarle a nuestro corazón que Jesús verdaderamente sufrió, que su agonía fue prolongada, y también tomamos estos distintos textos para percibir qué tiene de particular cada Evangelista.
Por ejemplo, el texto de hoy. ¿Qué es lo que encontramos cuando se describe Getsemaní? Hay elementos que son comunes a los tres relatos; los tres relatos nos muestran el dolor de Cristo, la tristeza de Cristo, el terror de su alma, los tres relatos nos muestran que Jesús percibe en su voluntad: "Yo no quisiera que esto sucediera"; pero hay algo en lo profundo de esa voluntad, que es el deseo de unirse en todo y para todo en la voluntad del Padre.
Esto también lo destacan los tres relatos: que Jesús por una parte se siente aterrorizado al extremo, se siente dolido, se siento solo, se siente triste hasta la muerte; pero al mismo tiempo está pegado, está uniéndose con todo su amor, con toda su fuerza a la voluntad del Padre Celestial.
También los tres relatos nos cuentan cómo Jesús se queda solo, porque los Apóstoles no son capaces de acompañar al Señor en ese trance, a pesar del amor que Él manifiesta, y a pesar de todo lo que le han dicho: "Yo moriré por ti, yo jamás me apartaré de ti". Hay algo extraño, se sienten cansados, se sienten pesados, se sienten somnolientos y no oran, sino que se dejan como caer en ese sopor.
Y aquí tengo que referirme a cosas particulares del evangelio de Lucas. Él es el único de los Evangelistas que nos habla de la tristeza de los Apóstoles. Tanto Marcos como Mateo, hablan del sueño pesado de ellos; pero solamente Lucas dice que estaban "profundamente tristes" San Lucas 22,45.
Yo creo que esto es interesante, porque las observaciones de Lucas son siempre muy elocuentes, y fíjense en lo que dice aquí: que ellos estaban tristes.
Es muy interesante, porque los psicólogos cuando nos hablan de depresión, que es una verdadera enfermedad de nuestro tiempo, una de las características de la depresión como enfermedad es que las personas tienen severos desarreglos en sus horas de sueño, algunas veces no pueden conciliar el sueño, entran en un insomnio agobiante, algo que les impide descansar.
Pero se da también el caso contrario, hay personas que sufren de esta depresión y entran en un sueño, en una somnolencia, pero no es un sueño reparador, no es un sueño que descanse, no es un sueño que rehace las cosas, sino es un sueño de huida, es un sueño que se parece a la muerte.
En el Primer Libro de los Reyes, es un libro donde se cuentan las terribles tribulaciones que padeció el profeta Elías. Él se quedo solo, estaba siendo perseguido, era en los tiempos de la reina Gezabel –ella era la esposa del rey, pero en realidad ella tenia el poder-, y esta mujer era terriblemente adversa en la fe a Yahvé, y ella perseguía a Elías y en su afán de destruirlo, le hizo la vida imposible; Elías tuvo que convertirse en un fugitivo.
Cansado de esa vida de fugitivo, cansado de estar siempre huyendo, Elías llega a un cierto punto en el que se desea la muerte, la expresión que dice Elías es: "Yo nos soy mejor que mis padres, quítame la vida" 1 Reyes 19,4, le dice a Dios; no comete suicidio pero de alguna manera rencunacia a vivir, y después de decir esto cae en un sueño profundo; es ese sueño depresivo, ese sueño que en realidad es una huida hacai la muerte, es un escapismo.
Lo despierta un Ángel y le da algo de alimento, Elías come algo, pero se vuelve a dormir; esa somnolencia tiene que ver fundamentalmente con la muerte, es un deseo de muerte, es una incapacidad de entender, es una incapacidad de esperar, es una incapacidad de luchar, es como entregar todas las armas.
Solamente Lucas, solamente él destaca este hecho de los Apóstoles, que ellos no solamente estaban cansados o somnolientos, sino que tenían esta especie de depresión. Y es muy interesante, porque San Pablo nos dice que Lucas tenia por profesión ser médico.
Y por supuesto, en aquella época no estaban los oficios tan delimitados, tan clasificados como ahora: tenemos médicos que son especialistas en los huesos, otros en las articulaciones, otros en el sistema circulatorio, otros en los problemas hormonales y cada vez nos especializamos y nos especializamos más, porque ese es el fruto del conocimiento científico.
Pero en la época del Evangelista Lucas, esta super especialización no existe, de manera que Lucas debía tener no solamente de médico sino también de psicólogo, y de lo que hoy llamarías un terapista o de una persona que brinda asesoria. Lucas es una persona de una sensibilidad, y él destaca en este relato esa tristeza de muerte que hace soñolientos a los discípulos.
Yo creo que es una experiencia que mucha gente está teniendo en nuestro tiempo, algunos, porque específicamente o propiamente están sufriendo de depresión; otros, porque aunque no tengan ese diagnóstico, de todas maneras sienten que la vida no tiene sabor y escapan o tratan de escapar de ella de muchas maneras, refugiándose, por ejemplo, en placeres o refugiándose en sustancias como la droga o el alcohol.
Hay algo de esa tristeza de los discípulos: "La vida no me sabe a nada, y tengo que echarle algo de sabor"; "o la vida no me sabe a nada y quiero huir por completo de ella", algo así era lo que estaban viviendo los Apóstoles.
Lucas es el único que nos habla del sudor que caía como gotas de sangre, de este Jesús que en su terror siente que su Cuerpo se deshace, se descompone, se desarregla, se desconfigura la estructura misma de su ser; padece se remece con el terror. ¡Bendita Sangre redentora de Cristo!
Hay un aspecto muy hermoso en este sudor de sangre de Cristo y es que bañó todo su Cuerpo, este sudor baña todo su Cuerpo, mientras que las Llagas van a puntos específicos, allí, por ejemplo, donde un látigo ha golpeado o los clavos han entrado; el sudor este de sangre es algo que cubre todo el Cuerpo del Señor, es como un bautismo; Él había dicho una vez a los Apóstoles que Él tenia que sufrir como un bautismo, y esto es lo que presenciamos en ese sudor de sangre.
Y también es Lucas el único que nos cuenta que, venido del cielo, un Ángel consuela a Jesucristo, ¡qué hermoso meditar en ese Ángel del consuelo! No es un Ángel que vaya a cambiar las cosas, no es Ángel que pueda quitarle a Cristo los clavos, no es un Ángel que pueda evitarle a Cristo los azotes, las espinas, los insultos.
Pero es un Ángel que esta ahí ofreciendo ese amor, esa cercanía; y ahí también, por supuesto, hay una enseñanza hermosa para nosotros. A veces creemos que las personas, cuando tienen dificultades, sólo necesitan soluciones, y no es cierto.
Hay veces que podemos ofrecer soluciones, pero muchas veces, me atrevo a decir, no son las soluciones, muchas veces es lo que hizo el Ángel, es esa compañía, esa cercanía, esa oración y ese amor.
Que Cristo, por los méritos de su segunda hora de agonía en Getsemaní, toque nuestros corazones, los haga agradecidos ante este maravilloso volumen de amor, y nos haga mucho más solidarios con los hermanos que sufren.
Que Dios los bendiga.