Pasion de Cristo 06

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20080401

Título: Primera Hora de Agonia en Getsemani

Original en audio: 18 min. 5 seg.

San Marcos: 14,32-42


Amigos:

Estamos recorriendo los caminos de Jesucristo, Él mismo se llamó Camino, y nosotros tenemos que aprender a caminar por Él, necesitamos recorrer sus misterios, necesitamos asomarnos a las distintas estancias, rincones de su Corazón.

Y por supuesto, ningún lugar mejor para conocer el Corazón de Jesucristo, sino es su bienaventurada, su divina y amorosa Pasión. Dice Santa Catalina de Siena que el Corazón de Cristo era como un saco lleno de amor, y ese saco quiso romperse, quiso reventarse, para derramar sobre este mundo un diluvio de amor.

El Libro del Génesis, nos habla de un diluvio, un diluvio de castigo, un diluvio que venía a reprimir la maldad del mundo, y por lo tanto un diluvio de destrucción. Afortunadamente para nosotros hay otro diluvio, que no es de destrucción sino de reconstrucción.

Y no es un diluvio de castigo sino de salvación, ese diluvio saludable, es el que ha brotado del Corazón de Jesucristo, según la expresión de Santa Catalina. Por eso no podemos encontrar un mirador mejor para el amor de Dios, un lugar donde se contemple mejor el amor de Dios, que no sea la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

En esta ocasión, queremos acercarnos como de puntillas, en silencio y con amor, queremos acercarnos a esa agonía que vivió Nuestro Señor Jesucristo en el Huerto. Desde hace muchos siglos, esas horas de agonía, esas horas de intercesión y de dolor, han cautivado la atención de los cristianos.

No en vano la oración de Jesús en el Huerto, ocupa el lugar de uno de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario. Si tiene ese lugar privilegiado es, ciertamente, porque el alma cristiana tiene que sentirse conmovida de ver orando y llorando al Hijo de Dios.

Sobre todo porque no está llorando Él por sus pecados, que no los tiene, está llorando por nuestros pecados. Creo que esas horas de agonía de Cristo en el Huerto, son una ocasión maravillosa para que nosotros entremos de lleno en el misterio mismo de la Redención.

Es Jesús sufriendo, y la causa de ese sufrimiento son los pecados nuestros. Jesús no está sufriendo ni por pobre, ni por enfermo; Jesús no está sufriendo ni por extranjero, ni por ser muy joven o muy viejo. Toda la causa, todo el dolor de Cristo en Getsemaní es el dolor porque el mundo le ha dado la espalda a Dios.

Dejemos que hable el Evangelista, acerquémonos al texto de San Marcos en esta ocasión, porque la meditación de la agonía de Cristo, la vamos a dividir en tres partes.

Tradicionalmente se habla de tres horas de agonía de Jesús en el Huerto, y la razón de esas tres horas, es porque sabemos que Él dice, como lo vamos a escuchar en el pasaje de hoy, Él dice a sus Apóstoles: "¿No habéis podido velar ni una hora conmigo?" San Marcos 14,37.

Y ese reclamo lo hace Jesús, en total tres veces, por eso hay una piadosa tradición que habla de las tres horas de agonía de Jesús.

Nosotros, siguiendo esa hermosa y piadosa tradición, vamos a reflexionar en esta ocasión en la primera de esas horas, tomando el texto del Evangelista San Marcos. Es San Marcos, el que nos cuenta en el Capitulo catorce, versículos del treinta y dos al cuarenta y dos, lo siguiente.

"Llegaron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: "Siéntense aquí mientras voy a orar". Y llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y comenzó a llenarse de temor y angustia; y les dijo: "Siento en mi alma una tristeza de muerte; quédense aquí y permanezcan despiertos"" San Marcos 14,32-34.

Jesús se adelantó un poco y cayó en tierra suplicando que, si era posible, no tuviera que pasar por aquélla hora. Decía: -Abba-Padre-, si para ti todo es posible, aparta de mi esta copa, pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú.

Volvió y los encontró dormidos, y dijo a Pedro: "Simón, ¿duermes?, ¿De modo que no pudiste permanecer despierto una hora?" Estén despiertos y oren, para no caer en la tentación. Pues el espíritu es animoso; pero la carne es débil" San Marcos 14,37-38.

"Y se alejó de nuevo a orar, repitiendo las mismas palabras. Al volver otra vez, los encontró dormidos, pues no podían resistir el sueño y no sabían qué decirle. Vino por tercera vez y les dijo: "¡Ahora ya pueden dormir y descansar! !Está hecho! ¡Llegó la hora! El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. Levántense. Vamonos. Ya viene el que me va a entregar" San Marcos 14,39-42.

Este es el relato que nos hace San Marcos. Vomo nosotros queremos reflexionar en estas series sobre la Pasión de Cristo, queremos reflexionar tres veces, por las tres horas de la agonía de Cristo.

En cada uno de estos programas, lo que vamos a hacer es tomar un Evangelista, entonces el primero que hemos tomado es San Marcos, luego la segunda hora, o la segunda meditación la vamos hacer basada en San Lucas, y la tercera basada en San Mateo.

¿Qué podemos aprender de este texto? ¿Qué podemos encontrar aquí? Yo quisiera empezar por un detalle que tal vez es el que parece más superficial: el sueño. El sueño que tienen los Apóstoles, ese sueño que se apodera de ellos, que los domina, ¿qué hay en ese sueño?

La Biblia muchas veces nos habla de sueño como imagen de otras cosas, por ejemplo, el sueño como una imagen de aquél que está descuidado. Jesús nos dice que, cuando la gente duerme, es cuando llega el ladrón y desocupa la casa. El sueño señal del descuido.

El sueño es también una imagen de aquel que es incapaz, entonces, de cuidar lo propio. Por eso le dijo Dios, al Profeta Ezequiel: -A ti te he puesto para que estés despierto sobre la casa de Israel" Ezequiel 3,17. Eso es lo que significa la palabra vigilante. ¿Vigilar qué es? Guardar, vigilia, estar despierto. El que vigila es el que está despierto, porque el que duerme es incapaz de cuidar lo propio.

Pero también, la psicología reciente nos ayuda a encontrar otro significado en ese sueño. Se ha descubierto que cuando una persona entra en un proceso profundo, Dios nos libre, en un proceso profundo de depresión, casi siempre ese proceso va acompañado de un sueño, que no es un sueño reparador, atención, sino que es un sueño que significa como rechazo a la vida.

La Biblia nos habla de esto en el caso del Profeta Elías. Ustedes recuerdan que Elías fue perseguido allá en tiempos del Rey Ajab. Ajab, fue un rey pusilánime, un rey de mentiras, que era completamente dominado por su esposa, una mujer pagana de origen, y sobre todo pagana en su corazón. Esa mujer se llamaba Jezabel.

Jezabel era idólatra y adoraba a Baal, y estaba resuelta, con un odio homicida, estaba resuelta a acabar con el culto al Dios verdadero, con el culto a Jhavé. Entonces Elías que era Profeta en esa época, tuvo que soportar durísima oposición, fue cruelmente vejado por los seguidores de Jezabel, es decir, por los seguidores mismos de Ajab.

Y Elías finalmente tuvo que salir huyendo al desierto, su vida se le había vuelto amarga en extremo, y sentía que todo su esfuerzo era perdido, entró en lo que nosotros llamaríamos una especie de depresión, y por eso, nos cuenta la Biblia, que él entró en una cueva y se quedó dormido; pero no es el sueño, repito, del cansancio, es el sueño del desengaño, es el sueño del que quisiera matarse, pero le falta valor.

Entonces busca lo que es más próximo a la muerte, el sueño. Elías, según nos cuenta la Biblia, de eso se deseó la muerte, no se suicidó pero se deseó la muerte. Agotado, hastiado de dolor y de persecución, un día le dijo a Dios: "Quítame la vida, yo no soy mejor que mis padres, ya está bien, ya quítame la vida" 1 Reyes 19,4, y se quedó dormido.

Entonces ese sueño de los Apóstoles, como lo vamos a ir encontrando en estas meditaciones especiales sobre la pasión de Cristo. Este sueño de los Apóstoles tiene que ver con eso, tiene que ver con ese desengaño profundo, con esa tristeza profunda, con esa indiferencia, con esa incapacidad de darle el corazón y la vida, a lo que había sido el motor de su existencia en los últimos meses o años.

La causa misma de Cristo había llegado como a un callejón sin salida, ellos sentían que eso no iba para ninguna parte. No encuentran un significado, sienten lo que dice el capítulo cuarenta y nueve de Isaías, en El Cántico del Siervo: "En viento y en nada he gastado mis fuerzas" Isaías 49,4, "no vale la pena servir a Dios, esto no va para ninguna parte", y en ese desengaño y esa tristeza se adueña de ellos, esa especie de sopor.

Jesús, experimenta también algo que es parecido a la muerte. Nos ha dicho San Marcos: "Comenzó Jesús a llenarse de temor y angustia" San Marcos 14,33, e incluso hizo esta confidencia: "Siento en mi alma una tristeza de muerte" San Marcos 14,35, tristeza de muerte; esa podría ser la definición misma de la depresión.

Jesús que entra en el absurdo mismo de la tristeza humana, Jesús que en ese instante se hace hermanos de todos aquellos, y de todas aquellas que en algún momento sienten lo que estaban viviendo los mismos Apóstoles. Mi vida no tiene sentido, no vale la pena esforzarse, para que voy a tratar de ser bueno, las cosas al fin nunca cambian, el mundo siempre va a ser lo que siempre ha sido.

Eso experimentaron los Apóstoles, pero hay una diferencia, mientras que ellos se dejaron llevar por esa corriente y se hundieron en ese sopor parecido a la muerte, Jesús, aunque siente ese impacto, aunque siente esa corriente que trata de succionarlo, que trata de hundirlo, esa vorágine, ese remolino que trata de tragárselo de hundirlo en la nada.

Su alma batalla, con una sola herramienta, con una sola arma: la oración. Y eso nos deja, sobre todo, esta hora de la agonía. Resumamos, nos deja algo muy claro: que la vida humana en ciertos momentos se enfrenta con algo que es muy fuerte, con algo que trata de envolvernos, con algo que trata de adueñarse de nosotros, como un remolino que trata de hundirnos en el absurdo y que succiona hasta la última gota de nuestra fuerza.

Nuestra alegría y nuestra energía, hay momentos en que uno se encuentra con cosas así. Y en esos momentos, aquí viene la segunda parte, la única arma la única herramienta es repetir con Jesús: -Padre, hágase tu voluntad. Es sostenernos en la oración, esto que dice Jesús, es supremamente sabio: "El Espíritu es animoso, pero la carne es débil" San Marcos 14,38, ¿qué quiere decir eso?

Que por nuestras solas fuerzas no vamos a poder vencer esa vorágine, ese remolino que un día tratará de hundirnos y tratará de comerse lo mejor de nuestras esperanzas, necesitamos algo más grande que nosotros mismos, necesitamos aferrarnos, como dice la Carta a los Hebreos, más allá de toda esperanza, necesitamos aferrarnos a la oración.

Es posible que entre aquellas personas que estén leyendo este mensaje, esto suene exagerado, pero yo te haría esta recomendación: si tu vida en este momento no está pasando por uno de esos trances, por uno de esos remolinos, dale gracias a Dios, pero recibe estas palabras porque te pueden servir un día.

O de pronto, tú estás pasando por este drama, y entonces me estás entendiendo mejor que nadie. De pronto este es el momento en tu vida en que tú sientes en estás realmente naufragando, sientes que el agua te llega al cuello y sigue subiendo. En ese momento mira a Jesús, aférrate a Jesús, abrázate a Jesús, así como el se abraza del Padre Celestial, y aunque pases por esa oscuridad, llegará el momento de la luz, llegará el momento de la victoria.

Sigamos, sigamos este camino de la Pasión, sigamos junto con nuestro Hermano Mayor, sigamos detrás de nuestro Capitán y vencedor Jesucristo, porque si es duro el combate, no estamos solos, y si estamos con Cristo, será seguro el triunfo, será segura la victoria.