Pasion de Cristo 02

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Fecha: 20071116

Título: Uncion en Betania y traicion de Judas

Original en audio: 17 min. 4 seg.

San Mateo 26,6-16


Esta es la meditación de la Pasión de Cristo. Seguimos paso a paso, casi quisiéramos detenernos en cada una de las gotas de Sangre de nuestro Salvador, porque ninguna fue derramada en vano, y todas fueron derramadas con tanto fuego de amor.

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, lo sabemos bien, es un testamento vivo, la Pasión de nuestro Señor Jesucristo es aquello que celebramos precisamente sobre el altar en la Santa Misa, no es un sacrificio distinto, sino el mismo sacrificio de la Cruz.

La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es la versión condensada, perfecta e inagotable de su propio Evangelio: el Evangelio del perdón y de la gracia, el Evangelio en el cual estamos fundados y en el que tenemos esperanza para tocar a las puertas del Cielo y entrar al Banquete Eterno.

En esta meditación estamos todavía en los preliminares, que aunque no contenían todavía ni los azotes, ni los insultos, ya eran una tortura en el Alma de nuestro Bienaventurado Salvador; porque hay que saber que el sufrimiento de Jesús, no empezó con el primer golpe que Él recibió; su vida entera, hasta cierto punto fue una preparación para ese momento espantoso y solemne a la vez.

Recordemos que el mismo Cristo dijo en una ocasión a sus Apóstoles-, y luego lo meditaremos en otra oportunidad en esta serie-, Jesús dijo a sus Apóstoles: "Con ansia he querido comer esta Pascua con vosotros" San Lucas 22,15; esa ansia no es el deseo de quien va a pasar un momento muy grato en compañía de unos cuantos amigos, a veces se mira a la Eucaristía solamente como eso: como un banquete de amigos, como un grupo de personas que simpatizan mutuamente y que quieren pasar un rato agradable.

En primer lugar, Jesús no estaba unido simplemente por la simpatía, y más bien hay que decir que su Corazón había tenido que ensancharse al máximo, para poder abrazar personalidades tan diferentes, que además estaban disputando todo el tiempo entre sí, porque sabemos que la discusión sobre quién era el primero, era una discusión de nunca acabar.

Así que no es una reunión simpática de gente que sabe pasarla bien, es una liturgia, debemos decir, en la que Él mismo está entregando lo más puro, lo más perfecto, lo más sublime de su propio amor, y esto significa también que el amor se vio exigido al máximo en estas horas de la Pasión.

Pero todo tuvo una preparación, y sabemos que antes de esa Última Cena, estuvo el momento en el que tuvieron que hacer los preparativos, y aún antes de eso, Jesús se encontraba en un lugar que era mucho más amable para Él, lugar que sin duda le costó mucho dejar, ese lugar se llamaba Betania. En Betania, estaba Jesús, y creo que lo mejor es leer el texto correspondiente al evangelio según San Mateo, capítulo 26,6-16.

"Hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se le acercó una mujer con un frasco de alabastro de perfume muy costoso, y lo derramó sobre su cabeza cuando estaba sentado a la mesa. Pero al ver esto los discípulos se indignaron y decían: "¿Para qué este desperdicio? Porque este perfume podría haberse vendido a gran precio, y el dinero habérselo dado a los pobres"" San Mateo 26,6-9.

"Pero Jesús dándose cuenta, les dijo: "¿Por qué molestáis a la mujer? Pues buena obra ha hecho conmigo. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. Pues al derramar ella este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. En verdad os digo: donde quiera que este Evangelio se predique en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho en memoria suya"" San Mateo 26,10-13.

"Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes y dijo: "¿Qué estáis dispuestos a darme para que yo os lo entregue?" Y ellos le pesaron treinta piezas de plata. Desde entonces Judas buscaba una oportunidad para entregarle" San Mateo 26,14-16.

¡Tántos detalles para meditar en este texto! Observemos, por lo pronto, esa frase, quisiera empezar por ella, esa frase que parece una expresión de pesimismo, pero que en realidad, como me parece entenderla ahora, es ya un grito de victoria. Me refiero a esa frase del versículo once, donde Jesús dice: "A los pobres siempre los tendréis con vosotros" San Mateo 26,11.

A primera vista, esta es una especie de concesión al desastre que causa el egoísmo humano, es una especie del reconocimiento del poder de la injusticia, que por lo visto va a enseñorearse del mundo para siempre. ¿Pero es realmente ése el mejor sentido de la palabra? Jesús les dice: "A los pobre siempre los tendréis con vosotros" San Mateo 26,11.

Si lo pensamos bien, los pobres siempre estuvieron con Él, si lo miramos mejor, fueron los pobres los que primero aceptaron el Evangelio, y por eso tiene tanto sentido aquella primera de las Bienaventuranzas: "Felices los pobres, dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos" San Mateo 5,3.

Esa frase que dice Jesús, la dice con conocimiento de causa, la verdad es que los pobres, es decir, los necesitados, de muchos modos necesitados, fueron los primeros en abrir su corazón, su casa a Jesús; de hecho, miremos en dónde pronuncia Cristo esa palabra, es la casa de uno que se llama Simón el leproso.

Incluso si este hombre ya estaba curado de su enfermedad, ¿ése apelativo qué está indicando? Uno de los excluidos, uno que quedó o que está tan marcado por su enfermedad, que de algún modo con ello mismo implica una distancia del resto de la sociedad. Sabemos cuál era la situación de los leprosos.

Y Jesús está ahí, en la casa del leproso, y en la casa del leproso dice: "Siempre habrá pobres" San Mateo 26,11; yo no creo que Jesús en ese momento tuviera una visión tan negativa de la pobreza, el mismo Jesús que antes había dicho: "Dichosos los pobres" San Mateo 5,3, y que incluso en la versión de San Lucas agrega: "¡Ay de vosotros los ricos!" San Lucas 6,24.

"Siempre habrá pobres" San Mateo 26,11, lo voy a decir de una vez, significa: siempre habrá oportunidades para el Evangelio, siempre habrá oportunidades para el amor, siempre habrá oportunidades para hacer el bien, y sobre todo, siempre habrá oportunidades en el corazón humano, si se reconoce en lo que es, es decir, en su pobreza; siempre habrá una oportunidad en el corazón humano para el Evangelio.

Y eso es lo que notamos, y es lo mismo que dice el Libro de la Sabiduría en otro contexto, el Libro de la Sabiduría dice, que por la codicia y el egoísmo el poder pasa de unas naciones a otras; también esa frase se puede mirar como una proclamación de pesimismo, pero se puede mirar también como una dinámica, una continua dinámica de la historia, que va haciendo frente a nuestros propios ojos una especie de justicia.

Allí, donde las Naciones se encierran en su egoísmo, están preparando su propio declinar, están preparando su propio desastre, el egoísmo trae su propio desastre, para quienes lo cobijan, para quienes lo hospedan.

De manera que esa frase de Cristo es al mismo tiempo una ley de la historia y una ley de la evangelización: Ve dónde los pobres, reconoce a los necesitados, sal al encuentro de los que tienen preguntas, de los que tienen urgencia, de los que tienen dolor, de los que tienen una búsqueda profunda.

Los demás, los que están demasiado satisfechos de sí mismos, no están, ciertamente, necesitados ni dispuestos de escuchar un Evangelio, que siempre les parecerá demasiado subversivo. Y efectivamente, el Evangelio tiene una capacidad de subversión en el sentido más auténtico de esta Palabra.

Subversión, es precisamente cambiar, dar la vuelta, una versión es un vertido, es una presentación de algo; y la subversión es el cambio que se hace, por ejemplo, un ejemplo muy rústico, cuando se voltea una tortilla y puede verse del otro lado.

El Evangelio muestra eso, lo muestra en el Cántico de la Santísima Virgen María, cuando ella dice: "Que el Señor despide de sí vacíos a los ricos" San Lucas 1,53, y ahí ricos significa evidentemente aquéllos que están satisfechos de sí mismos, sea por sus conocimientos, sea por su capacidad de poder político o de otro género, o sea, simplemente por su dinero.

Aquéllos que se sienten felices y fuertes en lo que son y en lo que tienen, muy poco esperan, muy poco desean y muy poco reciben del Evangelio. Yo insisto en este punto, porque me parece que esta es la clave para acercarnos a contemplar la Pasión de Cristo, en la Pasión de Cristo sólo hay dos posibilidades: o lo entendemos todo, o no entendemos nada.

O lo entendemos todo, porque ahí descubrimos que el verdadero plan de Dios trae ese modo sabio, suave, profundo y fuerte, a la vez, de la justicia. Porque este Crucificado y rechazado de todos es el Rey de la Naciones.

O lo entendemos todo porque ahí descubrimos nuestra propia pobreza, o lo entendemos todo porque ahí descubrimos nuestro pecado, nuestra necesidad de Dios, o no entendemos nada. Y simplemente miramos el castigo absurdo de un hombre que absurdamente rehúsa defenderse.

Para tener ojos que puedan entender algo en la Pasión de Cristo, necesitamos mirada de pobres, necesitamos descubrirnos necesitados, necesitamos realizar en lo profundo de nuestro corazón: "Oye, en verdad, si el Señor no me regala su salvación, jamás seré salvo".

Hay uno, que se llama Judas Iscariote, que simplemente no soporta esta visión de Cristo, no soporta ese derroche de misericordia con la mujer, que según él, ha desperdiciado el perfume, Judas no soporta eso, ha tenido ya demasiado; sus expectativas, al parecer, han quedado frustradas.

Lo que él esperaba de Jesús no se ha cumplido. Jesús parece demasiado terco, y no sigue las indicaciones que el mundo ha querido darle. Jesús parece demasiado obstinado en su camino de humildad y de compasión y de caridad. Y Judas quiere algo directo, quiere algo contundente, quiere algo que produzca un resultado en sí mismo en la Comunidad que está con el Mesías y en Israel, seguramente.

Entonces, pone primero sus intereses y va donde los sumos sacerdotes, y como buen negociante, no simplemente renuncia a una opción religiosa, sino que quiere hacer un buen trato, y entonces pregunta: "¿Cuánto vale Cristo?" Y le ponen un precio a Cristo, y con ese precio, Judas se dispone a su plan, que en el fondo está gobernado por las tinieblas.

Descubramos, mis hermanos, que el que le pone un precio a Cristo, tarde o temprano lo venderá. ¿Cuál es el precio de Cristo para ti? Por eso Jesús dijo: "El que considera a su hijo, a su hija, a su padre, a su madre, a su propia vida más que yo, lo considera mejor que yo, lo considera más digno que yo, no es digno del Evangelio" San Mateo 10,37, ¿por qué? Porque una vez que le pones un precio, así sea un precio alto, terminas vendiendo a Cristo.

Una vez que pones a Cristo en el Tribunal o en el escenario de las subastas, siempre hay uno que quiere pagar ese precio con tal de ver hundido al inocente. Treinta monedas de plata no era poco dinero, acuérdate que el Libro de los Hechos de los Apóstoles dice que ese mismo dinero sirvió para comprar un terreno, entonces no era poco dinero, monedas de plata, era bastante.

Pero así le llames bastante precio, si es algo finito, has traicionado a tu Señor. La única manera de seguir a Jesús es decirle: "Vales más para mí; eres más para mi; significas más para mí que todo, absolutamente todo. Así oraba San Francisco de Asís: "Mi Dios y mi todo", le decía. Y creo que ahí también necesitamos esa clase de oración, para tener los ojos apropiados cada vez que meditamos en la bendita Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.