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Fecha: 20080323

Título: Por la resurreccion de Cristo hacer el bien si tiene sentido y si es posible

Duración: 27 min. 15 seg.


Amigos Queridos:

Algunas personas miran el misterio de la Cruz, o muchos de nosotros hemos visto el misterio de la Cruz como una cosa muy triste, muy deprimente que le pasó a un fulano allá. Un pobre hombre que lo juzgaron mal juzgado, lo torturaron como a tanta gente han torturado en esta tierra, lo mataron inicuamente y ahí murió, ahí terminó esa historia.

Uno a veces no logra conectar lo que le sucedió allá a Jesús con lo que ha sido la vida de uno, con lo que es la vida de uno. De pronto se hacen algunos intentos, de pronto uno dice: "Bueno, Él ha sufrido mucho, yo tengo también mis sufrimientos, entonces en algo nos parecemos".

Pero a veces uno no logra conectar con el misterio de Cristo en la Cruz. Hoy estamos celebrando el misterio de Cristo en su resurrección y nos puede pasar otra vez la misma historia, es decir, también podemos decir: "Dicen que Él estaba muerto, que lo habían metido en una tumba, que salió glorioso del sepulcro, pues sí, debe ser muy especial para Él".

Pero de nuevo, "¿eso qué tiene que ver conmigo? ¿Cómo puedo relacionar el misterio de la resurrección de Cristo con mi propia vida?"

Las lecturas de hoy nos ayudan a hacer esa conexión, porque no se trata de mirar la Cruz de Cristo como la desgracia que le pasó a un pobre hombre, y la resurrección de Cristo como algo muy extraño que dicen que le pasó a un hombre muy afortunado que volvió a la vida o que en todo caso venció a la muerte.

¿Cómo nos ayudan las lecturas de hoy? Tenemos a San Pedro en un discurso que pronuncia en el capítulo décimo de los Hechos de los Apóstoles. San Pedro estaba ahí en una casa de gente que estaba buscando a Dios. Ellos eran paganos, pero eran paganos simpatizantes del judaísmo.

Sabemos que el judaísmo en general no ha sido una religión misionera, no ha sido una religión que busca adeptos; muy al contrario, ha sido más bien diríamos reservada, y no es tan fácil volverse judío, eso no es tan sencillo.

Son bastante renuentes y, además, está toda la cuestión de raza, también. Entrar al judaísmo no es nada más "yo creo en Moisés o yo creo en la Ley". Es un asunto de entrar a la raza de ellos.

Entonces, ese era el drama que vivían estos paganos. Estos paganos están en el capítulo décimo de los Hechos de los Apóstoles. Eran gente que tenían simpatía por el judaísmo, pero de todas maneras ellos quedaban excluidos, porque como el judaísmo es tan cuidadoso, toma tantas precauciones en eso de admitir nueva gente.

Entonces estos, que leían los textos de la Ley de Moisés, y a pesar de que simpatizaban tremendamente con el mensaje del judaísmo, no terminaban de entrar; como que nadie les daba finalmente una entrada.

A esa clase de personas se le llama en la Biblia los "prosélitos", personas que estaban ahí como alrededor del judaísmo, eran paganos pero simpatizantes del judaísmo.

Entonces Pedro está en casa de estas personas. Observemos que lo que ellos estaban tratando de hacer se parece a lo que dije al principio, es decir, gente que estaba tratando de conectar todo este cuento de la fe con la vida de ellos.

Que ese es el problema que uno muchas veces vive: "¿Cómo hago yo para relacionar todas esas historias más o menos fantásticas o a veces deprimentes de la religión, cómo hago para relacionar todo ese cuento con la vida mía?"

Y Pedro utiliza un recurso muy interesante; él empieza por recordar lo que fue la vida de Cristo, qué fue lo que Cristo hizo, y describe a Nuestro Señor Jesucristo, la vida de Jesús la describe con estas palabras que son preciosas: dice que “Jesús pasó haciendo el bien” Hechos de los Apóstoles 10,38.

Esa es la manera de resumir la vida de Cristo, y ese es un elogio muy grande. ¿De cuántas personas puede uno decir eso? De cuántos sacerdotes, o políticos o médicos, o abogados, o arquitectos, o músicos puede uno decir: “Por donde esa persona pasó, pasó haciendo el bien”?

Yo creo que es un elogio que uno le daría a muy poquitas personas, y Pedro lo utiliza aquí mostrando de esa manera el extraordinario carácter de la vida de Cristo.

Pero lo más interesante es esta pregunta: Bueno, ¿y qué sucede cuando uno se la pasa haciendo el bien? ¿Qué pasa si uno intenta ser bueno, pero no por un ratico, ni con unas personas, por ejemplo, con los que me caen bien, o con los que son de mi familia, o con los que son de mi religión, o con los que piensan como yo, o con los que son de mi edad?

Porque eso es muy fácil. Un grupo de pandilleros puede tratarse con mucha solidaridad entre ellos, y entre ellos se hacen el bien y se ayudan los pandilleros. "Nosotros pertenecemos al mismo clan, conclusión, somos del mismo “parche”, decimos en Colombia.

"Somos del mismo parche, somos de la misma banda, entre nosotros nos apoyamos". Pero es que el reto de Jesús es una cosa mucho más grande. No es ser bueno con los de mi pandilla, ni con los de mi partido, ni con los hombres porque yo soy hombre, ni con las mujeres porque soy mujer.

Es pasar haciendo el bien, es algo muy profundo y es a la vez de un estándar altísimo. Pero viene la pregunta: ¿Y qué pasa si uno se dedica así a hacer el bien? Yo creo que la experiencia que uno tiene es: “Pues los demás se van a aprovechar de uno; si uno empieza a ser demasiado bueno, la gente se aprovecha de uno".

Y resulta que la historia de la Pasión de Cristo es exactamente eso, la historia de cómo se aprovecharon de Él, es decir, mientras le podían sacar milagros: "Que este hombre como que hacía muchos milagros; saquémosle todo ese poder de los milagros." Cuando ya no sirvió para nada, "a la caneca de la basura, crucifíquenlo".

Así es la humanidad, así somos la mayor parte de los seres humanos: egoístas, interesados, mientras la gente nos sirve ahí los tenemos al pie, los buscamos, los llamamos, les sonreímos.

Por eso la gente que tiene poder, la gente que tiene belleza, la gente que tiene influencias, la gente que tiene riqueza tiene muchos “amigos”. Porque hay muchos alrededor que dicen: “Uy, sí, yo quiero estar cerca de esa persona”.

Pero en realidad no hay nadie y esa es la soledad de Jesús en la Cruz. La soledad de Cristo en la Cruz es la soledad que cada uno de nosotros ha vivido, es la soledad terrible que uno experimenta cuando se da cuenta que en el momento malo desaparece la gente.

En el momento malo, es decir, cuando uno ya no tiene el poder que tenía, la riqueza que tenía o la belleza que tenía, ya la gente se le va alejando.

Entonces, el drama de Cristo ya no me parece una cosa tan lejana, ya me doy cuenta que se parece mucho a lo que yo también he vivido porque yo también he experimentado decepción, cuando la gente resulta que no responde como yo hubiera querido".

Pero Cristo en su Pasión, –y en esto concuerdan absolutamente todos los testimonios-, Cristo no se desdijo, es decir, lo asombroso de Cristo en la Cruz es que aunque la gente le falló, Él no falló; aunque la gente traicionó, Él no traicionó.

Aunque muchas veces la gente inventa o se contradice por evitar un mal momento, Cristo se mantuvo en la verdad que predicó, es decir, fue coherente hasta el último momento.

Y Él decía: “Hay que perdonar a los enemigos”, y murió perdonando. Y Él decía: “Bienaventurados los mansos” San Mateo 5,9, y Él murió así como oveja mansa, entregando su vida en un acto de coherencia impresionante. No mucha gente ha muerto así.

La historia de la humanidad recuerda, claro, a otras personas que también han muerto de una manera muy coherente. Fuera del ámbito religioso podemos recordar a Sócrates, por ejemplo.

La muerte de Sócrates impresionó muchísimo a los que vivían en esa época, y a los que les interese la filosofía no dejen de leer la apología de Sócrates hecha por Platón, que precisamente cuenta la condena a muerte de Sócrates, en lo cual muchos han visto paralelos con la muerte de Cristo.

No son muchas las personas que mueren con esa coherencia. En este país han sucedido muertes de esas, por ejemplo, por la liberación de la República. En la creación de la República de Irlanda hay una cantidad de sangre que fue derramada. Gente que también fue coherente hasta el último momento.

Entonces, ¿qué tenemos aquí? Que Cristo es una persona que cumple dos condiciones: primera, hacer el bien, y segunda, ser coherente. Uno se puede encontrar personas que son buenas, pero a veces no las vemos muy coherentes; y uno se puede encontrar gente que es muy coherente, pero únicamente con su propia causa política, o con sus amigos únicamente, pero no con todos.

Cristo resulta que reúne esas dos condiciones. Es increíble su bondad, es increíble el poder de su amor y es increíble, es fantástica su coherencia, nos impresiona su coherencia.

Pero es aquí, mis hermanos, donde surge un tremendo signo de interrogación: ¿Y qué sucede cuando una persona se arriesga a vivir esas dos cosas? Es decir, cuando alguien dice: “Voy a ser de veras bueno, y con todos, y además me voy a sostener en esas, voy a ser coherente hasta el final". ¿Qué pasa cuando alguien hace eso?

Pues la historia del Viernes Santo nos muestra lo que pasa: la persona fue abandonada, recibe burlas, recibe insultos, es atacado y finalmente muere. Si ese fuera el final de la historia, qué sabor tan amargo nos quedaría en la boca. Lo único que uno podría concluir es: “No vale la pena tratar de ser bueno y no vale la pena tratar de ser coherente”.

Y esa es la lección y esa es, podríamos decir, la convicción central que mucha gente tiene y por la cual gobierna su vida: "No vale la pena ser bueno; yo aprovecharé los diez, veinte, treinta, cuarenta años que me queden aquí para darme gusto yo en lo que yo quiera, es decir, voy a aprovecharme de todo el que pueda hasta donde pueda. Tengo que disfrutar todo porque este es mi lote, esto es lo que yo quiero".

Entonces, cuando uno no cree que vale la pena ser bueno, la única alternativa que queda es egoísmo, placer a tope, rapacidad, es lo único que queda. Pero uno no va ser tonto de que lo metan a la cárcel; entonces, ¿qué toca unir a todo eso? Astucia.

Y ese es el “evangelio”, que no es evangelio, por supuesto, pero esa es la mentalidad en la que mucha gente vive: egoísmo, placer a tope, rapacidad, pero con astucia.

Por supuesto, a medida que más y más personas van viviendo la vida de esta manera, el ambiente se va volviendo irrespirable, el mundo se va volviendo insoportable, porque lo que vamos encontrando son murallas de indiferencia, si no de odio, en muchas partes.

El mundo se va volviendo así cuando esta mentalidad se propaga. Pero es la única mentalidad posible si el Viernes Santo es el final.

"Si el precio de ser bueno es que a uno le pase eso y ahí acabe todo, entonces no perdamos el tiempo. Hay que utilizar el lenguaje únicamente para engañar a los demás, hay que prometer, no porque uno vaya a cumplir, sino para convencer en el momento al adversario".

Todo ese lenguaje, toda esa mentalidad que se aprovecha de los demás. ¿Y quiénes son los que resultan perdiendo ahí? Pues a ver, todos los que tienen esta mentalidad batallan unos con otros mientras tienen fuerzas, por lo menos.

Pero, ¿y el que no tiene con qué defenderse, el pequeño, el pobre, el desvalido, el enfermo, el que no puede hacer valer sus derechos? "¡De malas, de malas que se muera, que se hunda, que se pudra, sólo sirve para que lo explotemos".

Ese es el resumen de lo que el Papa Juan Pablo II, el Siervo de Dios Juan Pablo II llamaba “la cultura de la muerte”. La cultura de la muerte es eso.

Cultura viene de cultivo, los dos están relacionados, es como una cosa que está creciendo que hace que cada vez más nosotros nos sintamos por lo menos tentados; si no caemos, por lo menos nos sintamos tentados al vernos así. ¿Cómo? Egoístas, placer a tope, rapaces, me aprovecho del que pueda, pero con astucia. Que no se me note.

Esa es, entre otras cosas, la descripción del alma del Anticristo, el Anticristo es eso llevado al extremo, dicho sea entre paréntesis. Entonces, cuando eso se va propagando se va produciendo lo que Juan Pablo II llamaba “la cultura de la muerte”.

Y en la cultura de la muerte entonces ¿quiénes pierden? Los niños, porque no tienen otra cosa sino depender de los adultos; los pobres, los marginados; y ahí se exacerban al máximo las divisiones de nuestro mundo.

Mundo desarrollado-mundo en desarrollo, Norte-Sur, o como dicen en inglés: los que tienen, "los have", los que no tienen, "los have not". Los que tienen y los que no tienen.

Ahí se exacerban todas las divisiones, y vienen los choques, y viene la violencia, y viene todo lo demás. Todo eso que es tan triste sería la única conclusión posible si resulta que el precio de ser bueno y ser coherente es que a uno lo lleven a un sepulcro prestado. Porque Jesucristo ni siquiera tenía para pagar su propia tumba.

Pero resulta que ese no es el final; "ellos lo mataron, –dice San Pedro-, ellos lo mataron suspendiéndolo de un patíbulo, pero Dios lo resucitó al tercer día" Hechos de los Apóstoles 10,39.

Entonces, la resurrección de Cristo no es simplemente algo que le pasó a Él. La resurrección de Cristo es algo que nos concierne a todos, porque resulta que la vida de Cristo es la vida que muchos de nosotros quisiéramos llevar para que este mundo se pudiera respirar, para que este mundo fuera vivible.

La resurrección de Cristo entonces significa en primer lugar: que una vida así no termina así, es decir, que el final de la historia no es el Viernes Santo, que el final de la historia no es el sepulcro.

Pero, aquí se presenta un efecto de “bola de nieve” que es exactamente lo que vemos en un libro que ojalá leamos todos en este tiempo, sobre todo en este tiempo de Pascua. Ese libro se llama Los Hechos de los Apóstoles. Como decía Isaías: "No gasten el dinero en lo que no alimenta" Isaias 55,2.

En vez de estar comprando tanta basura de libros que a veces compra uno, compre, si no la tiene, una buena Biblia católica, lea el libro de Los Hechos de los Apóstoles en este tiempo de Pascua.

Porque ahí aparece el efecto “bola de nieve” y vamos a explicarlo. Resulta que las autoridades judías de aquel tiempo mantenían a la gente dominada y engañada de muchos modos. Y resulta que el Imperio Romano mantenía a la gente dominada y engañada de muchos modos.

Los medios con los que engañan todos los imperios son: “Mira, si no obras como los demás, si te vas a rebelar, te castigo”. Te castigo quiere decir: "Te dejo sin amigos, o te dejo sin trabajo, o te dejo sin vida, te mato. Ese es el dominio de todos los imperios".

Un ejemplo rápido nada más. Supongamos, por ejemplo, en esta cultura en la que vivimos, cultura europea, elegantísima, supongamos una muchacha está convencida de que su cuerpo vale mucho y que está convencida de que sí es posible y razonable vivir la intimidad y la sexualidad únicamente con su esposo.

¿Qué le pasa a esa muchacha? Desastre, desastre, esa pobre muchacha se va a quedar sin novio, se va a quedar sin nada.

Porque el primer novio que se encuentre le va a decir: “-Bueno, ya nos tenemos confianza, ya nos tomamos la mano, entonces, a ver, arreglemos tiempo, lugar y modo para proceder, señorita”. Y la señorita dice: “-Oiga, es que yo no creo en lo que tú dices, es que yo creo que la sexualidad se vive dentro del matrimonio”.

"-¡Ay no, no, no! ¿Tú eres de los que le cree al Papa y esas bobadas? Pues ahí te quedarás podrida en tu soltería. Permiso, me retiro y me busco otra que sí".

Por supuesto, esta muchacha como todo ser humano quiere cariño, quiere amor, quiere que la abracen, quiere que le pongan textos: “I love you”. "Ay, me mandó “I love you”. Ella quiere que le manden textos, quiere que le manden tarjeticas, quiere que la quieran.

Pero ahora el novio la extorsiona, eso se llama extorsión: "-¡Sexo o esto se acaba!" Eso es una extorsión. Y entonces ella dice: “-Me parece muy duro que se acabe". "-Bueno, ya sabe, entonces, ya sabe”.

¿Qué pasa? Los imperios funcionan siempre así: "-¡Te vas a quedar sin amigos! Si no entras en la rosca de los que hacemos trampas, de los que decimos mentiras, te quedas sin este trabajo; así te vas a quedar sin trabajo". "-No, es que yo no quiero firmar eso".

"-Te quedas entonces sin tu trabajo. Vete con tu honradez allá. Cuando estés en la calle muriéndote de hambre, entonces entenderás por qué uno hace estas cosas". Es un lenguaje real con el que tratan a la gente real.

Todas esas amenazas normalmente tienen poder sobre uno, porque todos somos afectados por el miedo. A uno le da miedo quedarse sin amigos, quedarse sin cariño, eso es muy tenaz llegar uno a la juventud y sentir: “Soy un pato feo”, nadie me quiere, no levanto nada", eso es terrible; "no tengo trabajo".

En fin, ¿qué es lo que produce la resurrección de Cristo? ¿Qué fue lo que produjo? Digamos, primero: la resurrección de Cristo produce un efecto de bola de nieve. Eso es como cuando hay un rebaño y hay uno solo que rompió la reja, rompió la valla; fue una sola vez que se rompió, pero por ahí se puede salir todo el rebaño, una vez que se abrió la puerta.

Entonces eso fue lo que hizo Jesús. Jesús mostró que sí era posible. Entonces estos empezaron a decir: “Oiga, pues si quiere torturarme, peor para usted, pero yo no voy a desmentirme".

Y los primeros que tomaron esa posición fueron precisamente los Apóstoles, porque resulta que los sumos sacerdotes no querían que se enseñara la resurrección, porque ellos decían: "Si se enseña la resurrección vienen los romanos y se acaba todo aquí", y los Apóstoles predicaban que Cristo sí había resucitado.

Entonces los agarraron, los metieron a la cárcel, les dieron palo, los azotaron, los insultaron, los intimidaron, es decir, les dijeron: “Te vas a quedar sin amigos”, bueno, y otras cosas más graves que esas. Los maltrataron y ¿qué dijeron los apóstoles? "Nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos oído y lo que hemos visto".

Y siguieron, y a algunos de ellos los mataron. Muy pronto mataron a Santiago, llamado el Mayor. ¡Lo mataron! Y entonces dijeron: “Bueno, ya les matamos uno, imposible, pues, que esta gente…"

Y resulta que no. Cuando ellos mataron a Santiago el mayor entonces dijeron: “Oiga, ya no es sólo Cristo y Esteban, porque Esteban fue el primero que murió por Cristo. Ya no es sólo Cristo y Esteban sino Santiago también mostró que es posible”. Y se siguieron saliendo por esa puerta que había abierto Cristo.

Eso es lo que dice la segunda lectura de hoy: “Si hemos muerto con Cristo, entonces pongamos nuestro corazón en los bienes del Cielo” Carta a los Colosenses 3,1.

Es decir, uno empieza a llevar otra lógica. Uno empieza a decir: “Mire, lo peor que me pueden hacer es esto, esto y esto otro, pero, en el Nombre del Señor, ni siquiera a eso le tengo miedo, ni siquiera eso tiene poder sobre mí”.

Y cuando uno vence esa clase de temor, cuando a uno se le acaba esa clase de temor ya a uno no lo puede dominar nadie. Todos los emperadores que persiguieron al cristianismo y que torturaron a niñas inocentes porque decían: “Imposible que una muchacha aguante tortura”. Y fue terrible, las cosas que sucedieron fueron terribles.

Hay que leer las actas de los mártires: ¡terribles! Lo que le hicieron a niñas inocentes, ¡terrible, espantoso! No entremos en descripciones en este momento por razón del tiempo. Pero una vez que uno dice: “Yo tengo una esperanza mejor”, uno empieza a no tenerle miedo a nada.

"No le tengo miedo ni a este gobierno, no le tengo miedo ni a la cárcel, no le tengo miedo a la tortura". Y eso es terrible, porque un grupo de gente que no le tiene miedo a nada es un grupo de gente a la que nadie domina.

Ya presentábamos el ejemplo de Cuba. Cuánta gente fue torturada, perseguida en Cuba, lo mismo que en China, lo mismo que en Vietnam, lo mismo que en Corea del Norte, lo mismo que en Rusia, por razón de su fe.

Perseguidos, encarcelados y tenemos el caso de este obispo Vietnamita: treinta y tantos años en la cárcel, lo tenían ahí con una sola razón: "Hasta que se muera, se pudra y se muera ahí". Pero resulta que no se pudrió ni se murió. Y sale este obispo de su cárcel y lo primero que hace es salir a celebrar Misa. ¿Eso qué significa? "No pudimos".

El imperio romano no pudo contra Cristo. Lenin, Stalin, Mao, Marx, Feuerbach, Nietzsche, Freud, no han podido, no pueden. De aquí a un tiempo esos nombres cada vez van a sonar menos. ¿Para quiénes de ustedes Ludwig Feuerbach es una persona crucial? Levanten la mano los que sientan que Ludwig Feuerbach es un personaje crucial en la vida.

Yo no veo ninguna mano levantada. Se muere Feuerbach, que dedicó cuarenta años de su vida a atacar el cristianismo, y a ya se quedó muerto Feuerbach, y aquí estamos gozosos proclamando que Cristo vive.

La resurrección de Cristo produce un efecto de bola de nieve que no lo para nadie. Ya Él rompió la puerta, ya se nos acabó el miedo y ya entendemos que aunque es difícil hacer el bien, porque siempre va ser difícil, sí que tiene sentido y sí que es posible.