Pasc007a
Fecha: 20020331
Título: Cristo, el de la Pascua, es el que nos libera de todos nuestros miedos
Original en audio: 13 min. 57 seg.
La primera persona que yo recuerdo que se murió en mi familia fue mi abuelita paterna. La mamá de mi papá se murió cuando yo era bastante niño. Y fue inolvidable ese impacto de la noticia; un golpe que nosotros recibimos.
Uno de niño no entiende lo que está pasando, pero sí se da cuenta de que los demás están tristes, que el ambiente está raro, algo muy serio está sucediendo.
Años después, mi papá nos contaba lo que él había vivido cuando recibió la noticia de la muerte de su madre.
Y siempre que él se refiere a ese momento, él vive todavía, siempre dice, que cuando recibió esa noticia, cerró sus ojos y vio como en una película lo que había sido la vida de mi abuelita. Como en una película, esa expresión es buena; como quien recuerda una película de principio a fin.
Cuando uno está tratando con una persona todos los días, uno no piensa en toda la vida de esa persona; por ejemplo, si uno está haciendo negocio con alguien, y quedamos de encontrarnos mañana para un cheque, o qué sé yo, pues yo me encuentro con ese socio, con ese compañero de trabajo o de negocios y yo no pienso en toda la vida de él, sino pienso en la última vez que nos vimos.
En cambio, cuando una persona se muere, uno no piensa solamente en la última vez que nos vimos, sino piensa en todo o que ha significado esa persona, en toda la vida como en una película..
Algo semejante sucedió con Jesucristo. Los que estaban con Cristo, los que vivían con Cristo, como que no caían en cuenta, como que no miraban el conjunto, no miraban la película completa, pero lo miraban desde cada punto.
Porque la vida, mis hermanos, es como una línea que trazamos en el tiempo. Pero mientras estamos viviendo sólo miramos un punto, otro punto, otro punto y otro punto.
Día por día, momento por momento, miramos cada escena. Cuando la vida termina, de pronto descubrimos que hay una línea que hemos estado dibujando, como mi papá describió, cerrando los ojos que se le inundaban de lágrimas, descubre la vida de esa mujer buena, generosa, la mamita de él, que ya estaba muerta.
Eso es lo que nos presenta el Apóstol San Pedro en el discurso que oímos en la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles. Ahí Pedro, que vivió con Jesucristo, está hablándole a un grupo de personas, un grupo de paganos, que se han reunido en la casa de un hombre llamado Cornelio.
Cornelio era un centurión romano, era un pagano. Y Pedro empieza a hablar de Cristo. Pedro había conocido a jesús como nosotros conocemos al papá, a la mamá, al hermano, viviendo con Él, punto por punto, día por día. Pero cuando Pedro va a hablar en este momento, entonces es toda la película, es toda la vida de Cristo lo que aparece ante él.
Es un discurso muy corto pero tan lleno de significado, tan lleno de amor y tan llenos de admiración. Pedro en ese momento descubre la grandeza de Jesús y nos deja ver en sus palabras para que también nosotros descubramos la grandeza de Jesús, la grandeza de ese misterio.
Y nos da algunas claves para que nosotros sepamos quién era Jesús, pero sobre todo para que entendamos quién es Jesús, por qué vive, por qué ha resucitado.
De lo que dice Pedro, yo quiero destacar tres puntos, para que crezcamos en amor a jesucristo.
Primer punto: dice Pedro o siguiente: "Me refiero a cómo ungió Dios a Jesús de Nazareth, llenándolo del Espíritu Santo y de poder" Hechos de los Apóstoles 10,38, por eso se llama Cristo.
Cristo es una palabra que viene del griego, una palabra que significa ungido, esa palabra en hebreo se dice Mesías. Cristo quiere decir ungido, Jesucristo es una abreviación para decir Jesús es el ungido, Jesús es el que tiene el poder del Espíritu.
Es el Espíritu Santo el que unge a Jesucristo, el que lo conduce en su misión, el que brilla en sus milagros, el que se vuelve sabiduría en sus palabras; es el Espíritu Santo, es la fuerza del amor de Dios el que levanta a Cristo del sepulcro.
Y esta es una gran noticia para nosotros, porque ese es el mismo Espíritu que nosotros recibimos en el bautismo, el Espíritu que recibimos cuando invocamos, el Espíritu que recibimos en la confirmación.
El mismo Espíritu que guió a Cristo y que hizo que Cristo realizara obras maravillosas, obras estupendas de amor, ese mismo Espíritu es el que nosotros podemos recibir en la Pascua, ese el Espíritu de la Pascua, el Espíritu Santo, que viene a nosotros. Y esa es la primera noticia.
Pedro se da cuenta de cómo la vida entera de Cristo en esta película, la vida de Cristo ha sido guiada, impulsada por el Espíritu, y es maravillosos porque ese mismo Espíritu puede venir a nosotros, y por eso no hay que extrañarse de que Dios haga milagros en nuestros días.
Dios tiene poder para transformar la vida, para sanar el enfermo; Dios tiene un Espíritu de amor que derrama en nosotros para que en nosotros esté la misma fuerza, óigame bien,: la misma fuerza que tuvo Jesús.
Segundo punto: dice Pedro: "Pasó Él haciendo el bien" Hechos de los Apóstoles 10,38,"-----------------------", se dice en la lengua original, en griego. Avanza obrando bien, haciendo el bien.
Pedro recorre la película de la vida de Cristo y siente que hay una bondad inmensa, que esa vida de Jesús chorrea bondad, destila bondad; Cristo por donde pasa deje un perfume de bondad, de amor.
Por eso dice una canción carismática: "Y cuando Él pasa todo se transforma, se va la tristeza, llega la alegría". Jesús pasa, y donde va pasando Jesús, va haciendo el bien.
¿Para qué es la Pascua? La Pascua es para invitar a Jesucristo, el que pasa haciendo el bien, y que ya no tiene ninguna barrera, porque Él puede atravesar las paredes, porque Él puede romper los cerrojos, porque no hay nadie que pueda detenerlo; la Pascua es par invitar a Jesús a que pase, a que difunda su perfume, a que extienda su aroma de bondad.
Vamos a invitar a Jesús a que se pasee por nuestra casa, a que limpie esa casa nuestra, a que limpie nuestros pensamientos, a que limpie nuestras amistades, a que limpie el corazón. "Ven, Jesús, tú que pasas haciendo el bien, pasa por nosotros, límpianos, Jesús; permite, Señor, que sintamos el aroma de la Pascua."
Jesús es el que pasa haciendo el bien. Una pregunta: Si usted se muere hoy, ¿se puede decir esto de usted? ¿Se puede decir de usted, caballero, señorita, niño, se puede decir pasó haciendo el bien? ¿Qué sabor deja usted, qué perfume deja usted por donde va pasando?
Y el último punto es la victoria. Cristo pasó curando a todos los que estaban bajo el dominio del diablo, porque Dios estaba con Él. Cristo, cuando se aparece a las mujeres, les dice: "No tengan miedo" San Lucas 16,6; Cristo de la Pascua es el Cristo de la victoria, el cristo que nos libra del miedo.
Cuántos miedos tenemos aparte de los miedos de la guerra, los miedos de los atentados, los miedos del terrorismo,, miedos y miedos por todas partes, y además de eso, que el miedo a fracasar, el miedo a que no me quieran, el miedo a que no funcionen mis negocios, el miedo a que se acabe mi hogar; miedos y más miedos.
Jesús viene a quitarnos esos miedo, "no tengan más miedo", es la misma expresión que utiliza el Papa Juan Pablo II en su obra: "Cruzando el Umbral de la Esperanza", empieza precisamente hablando de esto: "No más miedos".
Estamos unidos a uno que es fuerte. Dice la Primera Carta de Juan: "El que está en ustedes es más fuerte que el que está en el mundo" 1 Juan 4,4. ¡No más miedo!
"¿Será que me hicieron un maleficio?" "¿Será que la vieja esa me está haciendo brujería?" "¿Será que mi socio me pasó por allá un rezo raro?" "¿Será que me enterraron en ese cementerio?" ¿Será que....?" Miedos y más miedos.
¡No más miedos, no más! Cristo, el de la Pascua, está con nosotros; El Señor vive, el Señor está con nosotros y si está con nosotros, nadie puede nada contra nosotros.
¡Qué grave es cuando una persona se llena de miedo, porque entonces se llena de miedo y dice: "-Ay, me están tratando de quitar el esposo, y esa es una brujería que me está tratando de hacer la vieja esa, entonces ahora yo me consigo otro brujo para que le haga la contra a la vieja esa".
Y entonces la vieja dice: "- No, yo me tengo que conseguir otro brujo para que le haga la contra a la contra", y luego viene la contra de la contra, para la contra, retecontra.
¿Y con eso qué? Con eso pierden todos, todos pierden la fe, todos pierden la plata; y el brujo, que es el que se lleva la plata, ese el que más pierde porque pierde el alma.
¡No más brujo! ¡No más miedo! Está con nosotros el que ha quebrantado el yugo de Satanás, está con nosotros el que es Rey y Señor, está con nosotros el poderoso, y se llama Jesucristo. Él vive, y esa es la fiesta que tenemos en este día.